Vísperas – Jueves I de Cuaresma

VÍSPERAS

JUEVES I DE CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Te damos gracias, Señor,
porque has depuesto la ira
y has detenido ante el pueblo
la mano que lo castiga.

Tú eres el Dios que nos salva,
la luz que nos ilumina,
la mano que nos sostiene
y el techo que nos cobija.

Y sacaremos con gozo
del manantial de la Vida
las aguas que dan al hombre
la fuerza que resucita.

Entonces proclamaremos:
«¡Cantadle con alegría!
¡El nombre de Dios es grande;
su caridad, infinita!

¡Que alabe al Señor la tierra!
Contadle sus maravillas.
¡Qué grande, en medio del pueblo,
el Dios que nos justifica!» Amén.

SALMO 29: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN PELIGRO DE MUERTE

Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.

Yo pensaba muy seguro:
«no vacilaré jamás»
Tu bondad, Señor, me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.

A ti, Señor, llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte,
con que yo baje a la fosa?

¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»

Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
te cantará mi lengua sin callarse.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

SALMO 31: ACCIÓN DE GRACIAS DE UN PECADOR PERDONADO

Ant. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.

Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había vuelto un fruto seco.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación.

— Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,
fijaré en ti mis ojos.

No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.

Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el Señor,
la misericordia lo rodea.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

LECTURA: St 4, 7-8.10

Someteos a Dios y enfrentaos con el diablo, que huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y Dios se acercará a vosotros. Pecadores, lavaos las manos; hombres indecisos, purificaos el corazón. Humillaos ante el Señor, que él os levantará.

RESPONSORIO BREVE

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

R/ Sáname, porque he pecado contra ti.
V/ Señor, ten misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Pedid, y se os dará; buscad, y encontraréis; llamad, y se os abrirá.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Pedid, y se os dará; buscad, y encontraréis; llamad, y se os abrirá.

PRECES

Oremos a Cristo, el Señor, que nos dio el mandamiento nuevo de amarnos los unos a los otros, y digámosle:

Acrecienta, Señor, la caridad de tu Iglesia.

Maestro bueno, enséñanos a amarte en nuestros hermanos
— y a servirte en cada uno de ellos.

Tú que en la cruz pediste al Padre el perdón para tus verdugos,
— concédenos amar a nuestros enemigos y orar por los que nos persiguen.

Señor, que la participación en el misterio de tu cuerpo y de tu sangre acreciente en nosotros el amor, la fortaleza y la confianza,
— y dé vigor a los débiles, consuelo a los tristes, esperanza a los agonizantes.

Señor, luz del mundo, que, por el agua, concediste al ciego de nacimiento que pudiera ver la luz,
— ilumina a nuestros catecúmenos por el sacramento del agua y de la palabra.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Concede la plenitud de tu amor a los difuntos
— y haz que un día nos contemos entre tus elegidos.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Señor, la gracia de conocer y practicar siempre el bien, y, pues sin ti no podemos ni siquiera existir, haz que vivamos siempre según tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves I de Cuaresma

1.-Oración preparatoria.

Señor, gracias porque eres Tú quien nos mandas que recemos, que estemos en diálogo contigo. Muy pocas personas pueden presumir de tener un teléfono con línea directa con el Papa. Lo consideraríamos como un privilegiado. Aun así, tendría las horas muy limitadas. Y Tú nos dices que podemos dialogar contigo siempre que queramos, sin pasar por secretarios y en  la hora que a nosotros nos venga bien.   ¿Por qué no consideramos la oración como un privilegio que Tú, Señor, nos haces?

2.- Lectura reposada del Evangelio:  Mateo 7, 7-12

En aquel tiempo dijo Jesús: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! «Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

El Señor, nos manda “pedir”, “llamar”. “buscar”. San Mateo nos dice que debemos pedir cosas buenas, pero el evangelista Lucas matiza más y nos dice que debemos pedir lo mejor de todo: El Espíritu Santo. Sólo el E. Santo puede convertir “la piedra en pan” y “la culebra en pescado”. Nos dice que llamemos, pero ¿en qué puerta? Sólo podemos llamar en la puerta de Aquel que nos ha dicho: “Yo soy la puerta”. Las puertas humanas se nos cierran muchas veces y nos dan con la puerta en las narices. Tu puerta está siempre abierta y detrás de esa puerta “estás tú”. Tú que nos abres, nos acoges, nos sientas a tu mesa y nos invitas a cenar contigo. Nos dices que “busquemos”, pero ¿cómo debemos buscar?  “Como busca la cierva corrientes de agua”. Una cierva, con sus crías, atormentada por la sed, busca desesperadamente el agua. Para ella “beber es vivir” y “Dejar de beber es morir”. Sed ardiente,  apasionada, visceral, “existencial” es lo que nuestro mundo necesita. Y, lamentablemente, ocurre lo contrario. “La acequia de Dios va llena de agua”. Pero el hombre moderno ha perdido la sed. Por eso, hoy más que nunca, necesitamos “pedir”, “llamar”, “buscar”.

Palabra del Papa

¿Quién es el Dios a quien rezo?

«¿A quién rezo? ¿Al Dios omnipotente? Está demasiado lejos. Esto yo no lo siento, Jesús tampoco lo sentía. ¿A quién rezo? ¿Al Dios cósmico? Un poco común en estos días, ¿no? Rezar al Dios cósmico. Esta modalidad politeísta que llega con una cultura superficial. Es necesario, en cambio, «orar al Padre», a Aquél que nos ha genera­do. Pero no sólo: es necesario rezar al Padre «nuestro», es decir, no al Padre de un genérico o demasiado anónimo «todos», sino a Aquél que te ha generado, que te ha dado la vida, a ti, a mí, como persona indi­vidual… Es el Padre que te acompaña en tu camino, quien conoce toda tu vida, toda; quien sabe lo que es bueno y lo que no es tan bueno. Conoce todo. Pero, esto no basta: si no comenzamos la oración con esta palabra no pronunciada por los labios, sino dicha por el corazón, no podemos rezar como cristianos (Homilía del Papa Francisco. 20-6-13).

4.- Qué me dice hoy a mí este evangelio ya meditado.(Silencio).

5.- Propósito: Hoy me comprometo a rezar por los que no rezan, por los que no sienten necesidad de rezar.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, he comenzado dándote gracias por el privilegio de la oración, de poder dialogar contigo siempre que yo quiera, sin demoras ni interferencias. Al acabar quiero pedirte algo muy urgente: que despiertes entre los hombres y mujeres de nuestro tiempo el deseo de estar contigo, de hablarte, de escucharte, de conocerte, de descubrirte como el Dios de la vida, de la libertad, de la alegría, del amor.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Amor saca amor (Amor)

Amor saca amor (SANTA TERESA, Vida, 22, 14).

Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor (SAN JUAN DE LA CRUZ, Carta a la M.M. de la Encarnación, en Vida, BAC, Madrid 1950, p. 1322).

De todos los movimientos del alma, de sus sentimientos y de sus afectos, el amor es el único que permite a la criatura responder a su Creador, si no de igual a igual, al menos de semejante a semejante (SAN BERNARDO, Sermón 83 sobre el Cantar de los Cantares).

Comentario – Jueves I de Cuaresma

(Mt 7, 7-12)

Este texto invita a orar con plena confianza, descargando las preocupaciones en la presencia del Padre. Otros textos bíblicos invitan también a esta súplica liberadora (1Ped 5, 7; Sant 5, 13; Flp 4, 6) y sin dudar (Mc 11, 24; Sant 1, 7-8). Cuando suplico con un corazón sincero soy capaz de dejar mis preocupaciones en las manos de Dios, y así comienzo a sentir que ya no estoy solo con mis problemas, porque han comenzado a ser también una ocupación del Padre. Por lo tanto, ya no me interesa obsesionarme para que esa situación termine como yo lo he planteado. Lo importante es que terminará como al Padre le parezca mejor, ya sí estará bien, y así será mejor para mí, realmente mejor.

Pero la Palabra de Dios también nos indica que puede haber motivos que hacen que no consigamos lo que pedimos en la oración: cuando el que pide está obsesionado por sus necesidades pasionales (Sant 4, 2-3), o porque tiene un corazón cerrado a las necesidades ajenas (Is 1, 15-17; 58, 9-10, o porque Dios tiene un plan mejor para él (2Cor 12, 8-9).

En el v. 12 aparece la ley de oro: que cada uno trate a los demás como quiere que lo traten a él. Esta expresión aparece en textos antiguos de otras religiones, pero de un modo negativo, invitando sólo a no hacer daño; aquí se invita a dar un paso más, buscando para los demás el bien que uno espera de ellos. Esto sólo puede ser obra de la gracia de Dios, porque se trata de un corazón que rompe sus propias paredes y amplía su pequeño mundo para dar cabida a los intereses de los demás, hasta el punto que uno comienza a buscar el bien de los demás de la misma manera que busca su propio bien, capaz de alegrarse con sus alegrías y de preocuparse con sus angustias.

Oración:

“Señor mío, pongo ante ti todas mis preocupaciones, dejo en tus manos todo lo que me inquieta, y también todos mis sueños y anhelos, porque lo que está en tus manos termina bien. Confío en ti Señor, creo en tu amor y en tu poder. Y te pido también la gracia de actuar con los demás como desearía que actuaran conmigo”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Sacrosanctum Concilium – Documentos Vaticano II

Formación musical

115. Dése mucha importancia a la enseñanza y a la práctica musical en los seminarios, en los noviciados de religiosos de ambos sexos y en las casas de estudios, así como también en los demás institutos y escuelas católicas; para que se pueda impartir esta enseñanza, fórmense con esmero profesores encargados de la música sacra.

Se recomienda, además, que, según las circunstancias, se erijan institutos superiores de música sacra.

Dése también una genuina educación litúrgica a los compositores y cantores, en particular a los niños.

Jesús, mal político

1.- Jesús fue un malísimo político y así fue que no acabó el término de una legislatura parlamentaria. Le faltó un consejero de imagen, saber consensuar con propios y ajenos, hablar sin decir nada, decir medias verdades.

El Señor se empeña en llamar a las cosas por sus nombres y el que tenga oídos para oír que oiga sin más. Él admite que es el Mesías, o sea el único líder del único partido político posible en la mente de Dios, capaz de conducir a la humanidad entera a la vida, a la felicidad, a la igualdad de todos, a la fraternidad.

Hasta aquí, Pedro y los compañeros del próximo gobierno, recordarán que Juan y Santiago le piden sentarse uno a la derecha y otro, a la izquierda, es decir dos buenos escaños. Por eso Pedro a la pregunta del Señor. “Vosotros quién decís que soy yo”, contesta con entusiasmo: “Tu eres el Mesías…”, el Mesías de los escaños.

Pero el Señor quiere dejar bien claro que ese Mesías lo es a lo divino, que ese mismo Dios, que pide a Abrahán el sacrificio de su hijo, envía su Hijo como Mesías perseguido, acusado, detenido, juzgado, sentenciado a muerte y ejecutado, porque el mundo no tiene oídos para oír la Verdad de Dios.

Pero no va a ser sólo el líder del partido, es que todo el que quiera afiliarse acabará en la cruz como el líder. Tome su cruz y sígame.

Y esto de la cruz lo hemos almibarado tanto nosotros que ya no nos suena como sonaba en los oídos horrorizados de los discípulos. Nuestra cruz es objeto de veneración y hasta de adorno. Pero la cruz de la que habla el Señor corresponde a la horca, ese ángulo fatídico con el nudo corredizo bamboleándose en el vacío.

“Tome su cruz y sígame” significa: “tome su horca en que va ser ejecutado y sígame”. ¿Os figuráis esta cruz transformada en horca y Jesús bamboleándose en ella? Hasta blasfemia nos parece y sin embargo es lo que en tiempos de Jesús significaba.

Un político que habla así se queda sin votos y el primero que le retiró el voto fue san Pedro, que regaña al Señor como diciéndole: “con esa imagen nos quedamos solos y el Señor lo llama Satanás. Porque el jefe iba en serio con lo de la horca, es algo que no admite consenso, ni con propios, ni con la oposición.

2.- Y ahí está su esfuerzo –la transfiguración– por convencer a los suyos de que los designios de Dios sobre la muerte y la cruz es un principio de vida, que la cruz es el lugar de encuentro con Dios que es amor. Y por eso encontramos a Dios en la cruz dando por amor su vida por nosotros. El Señor de transfigura ante Pedro, Juan y Santiago…

Pero en medio de esa gloria, Moisés y Elías hablan de la muerte de Jesús en Jerusalén. ¿Por qué? Porque el Señor no trata de disimular las cosas. No trata de engatusar, sino de hacer comprender la verdad: que por la cruz se va a la vida.

3.- Ni Pedro, ni vosotros, ni yo, comprendemos nada… A Pedro le deja mal el Evangelio. Lo deja más bien de tonto, de hombre que no sabe lo que dice. Porque la conclusión que saca es que como se está tan bien allí que lo mejor es establecerse allí para siempre. No ha entendido nada de la lección, que es como Dios nos muestra su vida por nosotros. Así nuestro amor verdadero a Dios se mostrará en seguirle cada uno con nuestra cruz. Y en eso está la vida y la gloria.

* No sabemos lo que decimos cuando atribuimos las cosas penosas que nos pasan a un castigo de Dios. ¿Castigó Dios a su Hijo en la cruz?

* No sabemos lo que decimos cuando nos quejamos de estar solos, cuando Jesús no sólo ha andado nuestro mismo camino antes que nosotros, sino que lo vuelve a andar hombro con hombro con nosotros.

* No sabemos lo que decimos cuando nos quejamos amargamente por al muerte de un ser querido, cuando el Señor Jesús le precedió en la muerte y vuelve a morir con él en su misma muerte.

Y todo se nos va en decir lo que no sabemos, cuando Dios lo que nos recomienda hoy es “Escuchad”. No es decir sino oír.

Nuestro líder no nos pide nuestra opinión. Que es lo que tendemos todos: a darle nuestra opinión y enmendarle la plana, como Pedro. Nuestro líder nos pide oídos, porque nos está siempre hablando y sólo Él nos puede dar a comprender el misterio de la cruz y del amor. Y del amor en la cruz.

Y hablando a los corazones, el Señor se ha hecho un gran partido de seguidores a lo largo de los siglos. Al fin y al cabo, el Señor no es tan mal político.

José María Maruri, SJ.

Éste es mi Hijo amado

Seis días después Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó a un monte alto a solas. Y se transfiguró ante ellos. Sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente, como ningún batanero de la tierra podría blanquearlos. Y se les aparecieron Elías y Moisés hablando con Jesús. Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Es que no sabía lo que decía, pues estaban asustados. Una nube los cubrió con su sombra; y desde la nube se oyó una voz: «Éste es mi hijo amado. Escuchadlo». Miraron inmediatamente alrededor, y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos.

Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el hijo del hombre hubiera resucitado de entre los muertos. Ellos guardaron el secreto, pero discutían qué querría decir con eso de «resucitar de entre los muertos».

Marcos 9, 1-9

COMENTARIO AL EVANGELIO

¿Tú sueles escuchar a los demás?
¿Y a Jesús? ¿Cómo le podemos escuchar?.

Vamos a escuchar lo que nos dice Jesús con su Palabra: Mc 9, 2-10.
Jesús se “transfigura” delante de sus amigos, se muestra como Hijo de Dios, como Hijo amado del Padre. Y ellos, además de ver así a Jesús, escuchan una voz. ¿De quién será esa voz? ¿Qué les dice?

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • Esta semana piensa qué puedes hacer para escuchar más a Jesús.
  • Descubre y decora la palabra clave de hoy (Descargar). Después colócala en tu RINCÓN DE ORACIÓN

ORACIÓN

Este es un tiempo de cambio,
de la transfiguración, de la transformación
que necesitamos cada uno de nosotros
y que siempre necesitamos en toda la Iglesia.

Necesitamos cambiar
para que el mundo pueda cambiar,
Jesús siempre está con nosotros
para ayudarnos durante toda la vida.

Levántame y transfigúrame

Tú, que subiste a lo más alto.
Tú, Señor, que te elevas y transfiguras.
Tú, que elevas y transfiguras a la carne humana
y la vistes de dignidad y belleza,
elévame, transfigúrame;

haz que reverbere en mi rostro
la luz de tu cuerpo y tus vestidos.

Tú, Señor, que has venido a levantar al hombre,
a decir a la niña: «Levántate»,

y a la mujer encorvada: «Derecha».
Tú, que tendiste la mano a Pedro, que se hundía,
levántame a mí también por encima de mí mismo.

Y Tú, que te dejaste elevar bien alto
para atraer hacia Ti a todos los hombres,
atráeme a mí, atráeme hacia Ti;

y que ya no me despegue.

Tú, que bajaste primero
a lo más profundo de nuestras simas.
Tú que me cogías en los brazos
como a niño pequeño

y me cargaste sobre los hombros
como a la oveja perdida.

Tú, que te inclinaste hacia el herido del camino
y cargaste con él, como un burrito,
después de curarlo.

Tú, que has venido a levantarme del suelo,
elévame, cúrame con tu vino y aceite,

con agua y sangre,
y dime lo que estoy llamado a ser.
Tú, que subiste a lo más alto.

Tú, que subiste los Himalayas de la tierra
y aun lo más alto del cielo, donde habita el Padre,
no te olvides de nosotros que caemos;
sigue tendiendo tu mano fuerte y cariñosa,
curativa y liberadora;
levántanos a Ti.
Tú, que subes a lo más alto.

Notas para fijarnos en el evangelio

• Pedro, Santiago y Juan (2) son testigos de algunos de los hechos más importantes de la vida de Jesús: la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5, 37), éste de la Transfiguración, la oración en Getsemaní (Mc 14, 33). También los vemos con Jesús reflexionando sobre la realidad (Mc 13, 3).

• Los tres Apóstoles representan a la Iglesia, el nuevo Pueblo de Dios, el pueblo que es interlocutor de Dios, que está en diálogo con Él, que lo «escucha» (7). En ellos se expresa que la Iglesia recibe del Padre, a través de los Apóstoles, la afirmación central de la fe: el hombre Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios (7).

• «Elías y Moisés», que habían subido a la montaña para encontrarse con Dios, «conversando» (4) con Jesús en la «montaña alta» (2) parecen indicar que Jesús de Nazaret -que acaba de anunciar su pasión y muerte y resurrección (Mc 8, 31)- es Dios mismo.

• Por tanto, la Antigua Alianza, la Ley y los Profetas, ha sido transfigurada (2): ya no son tablas de piedra; la Nueva Ley es el mismo Jesús. Basta con «escucharlo» a Él, «solo con ellos» (8).

• «Escuchar» (7) a Jesús, el Profeta definitivo, es vida para la Iglesia y para cada discípulo: discípulo es quien «escucha» al «maestro» (5).

• El «mandato» (9) de jesús: «No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos» alude, por un lado, al anuncio de la pasión-muerte-resurrección que acabamos de encontrar (8, 31). E indica que sólo al final de todo el proceso, de todo el camino de Jesús, se podrá comprender quien es el Mesías de Dios, cuál es la manera de estar Dios con nosotros.

• La experiencia de los tres Apóstoles, anticipación de la resurrección, les será una fuerza para el camino que tienen que recorrer, que será duro: a partir de ese momento, Jesús sólo encuentra dificultades; en este Evangelio de Marcos ya no hallamos más al Jesús exitoso que hemos visto en la primera parte (capítulos 1-8).

• Con esta fuerza ya no es necesario «estar aquí» (5), en la montaña. La vida, por dura que pueda ser (cruz, muerte…), será vivida en otra perspectiva: la resurrección de Cristo lo transfigura todo, el pecado y la muerte no tendrán la última palabra sobre la vida de nadie.

Síntesis: Es un texto de una epifanía apocalíptica. La nube, la voz celestial, la presencia de Moisés y Elías evocan la manifestación de Dios en el Sinaí. El rostro resplandeciente y la túnica blanca recuerdan la visión del hijo del hombre de Dn 7. En Cristo, pues, se revela el Dios liberador de la esclavitud de Egipto, de la muerte de Elías, de la persecución helenista. En la Transfiguración Jesús quiere que comprendan que la muerte no significa la ruina del hombre. Quien ha sido rechazado y ha dado la vida por el bien de los demás no fracasa definitivamente. Simón, (“el Piedra” = el obstinado), Santiago y Juan (“los Truenos” = los autoritarios) son los tres que presentan mayor resistencia al mensaje. Quiere darles la experiencia de su condición divina, significada por el color blanco luminoso, y la conversación con la Ley y los Profetas. Pedro no comprende, no ve la novedad de Jesús. Dios interpreta el hecho: “este es mi Hijo amado; escuchadle”.

Comentario al evangelio – Jueves I de Cuaresma

Jesús nos invita a orar con confianza y perseverancia. Del mismo modo que nos revela como es el corazón del Padre que sabe dar «cosas buenas a los que le piden» (Mt 7,11), nos indica cómo debe ser la actitud de un corazón orante: «pidan, busquen, llamen…». Durante este tiempo de Cuaresma se nos invita a volver a lo que es esencial para nuestra vida y nuestras opciones vitales. Redescubrir en la sencillez de los momentos de oración que tenemos cada día una verdad profunda: Dios es nuestro Padre y nos ama con un amor sin límites, está obrando siempre, sin cansarse, para nuestro bien.

Probablemente no siempre experimentamos este amor, o por la fuerza de la costumbre hemos vaciado de contenido la expresión: «Dios es amor». El reto es hacernos consciente de esta verdad de nuestra fe, que damos muchas veces ya por sabida. Jesús nos invita a entrar en comunión viva con Dios Padre, esta experiencia nos sana interiormente. Como decía el papa Francisco: «Todos, todos tenemos enfermedades espirituales, solos no podemos curarlas; todos tenemos vicios arraigados, solos no podemos extirparlos; todos tenemos miedos que nos paralizan, solos no podemos vencerlos. Necesitamos imitar a aquel leproso, que volvió a Jesús y se postró a sus pies».

La oración humilde y sencilla, la oración de un corazón que busca amar, inicia siempre con un acto de gratuidad contemplativa, poniendo en su mirada interior el rostro del Padre bueno. Esta vivencia de la bondad de Dios en la oración debemos llevarla a nuestra vida cotidiana. Para hacernos conscientes que en la simplicidad de la vida se manifiesta la vida en Dios. Por eso, «la mística de la vida cotidiana es la mística más profunda». La clave para acceder a este kairos cotidiano es la confianza, la apertura, el dejarse sorprender, o como se decía en el lenguaje de la piedad: la simplicidad.

Pidamos al Señor que renueve en nosotros el valor de la oración sobre la que se basa cada día la audacia de compartir el dolor y la angustia de nuestros hermanos. Sobre todo, en este tiempo de sufrimiento, abandono y angustia a causa de la pandemia del Covid-19. Que el Señor nos conceda cada día, sobre todo en los momentos más difíciles, de hacer de nuestra propia vida un templo donde resuene el grito de la humanidad que sale hasta el corazón del Padre de todos.   

Edgardo Guzmán, cmf.