Jesús, mal político

1.- Jesús fue un malísimo político y así fue que no acabó el término de una legislatura parlamentaria. Le faltó un consejero de imagen, saber consensuar con propios y ajenos, hablar sin decir nada, decir medias verdades.

El Señor se empeña en llamar a las cosas por sus nombres y el que tenga oídos para oír que oiga sin más. Él admite que es el Mesías, o sea el único líder del único partido político posible en la mente de Dios, capaz de conducir a la humanidad entera a la vida, a la felicidad, a la igualdad de todos, a la fraternidad.

Hasta aquí, Pedro y los compañeros del próximo gobierno, recordarán que Juan y Santiago le piden sentarse uno a la derecha y otro, a la izquierda, es decir dos buenos escaños. Por eso Pedro a la pregunta del Señor. “Vosotros quién decís que soy yo”, contesta con entusiasmo: “Tu eres el Mesías…”, el Mesías de los escaños.

Pero el Señor quiere dejar bien claro que ese Mesías lo es a lo divino, que ese mismo Dios, que pide a Abrahán el sacrificio de su hijo, envía su Hijo como Mesías perseguido, acusado, detenido, juzgado, sentenciado a muerte y ejecutado, porque el mundo no tiene oídos para oír la Verdad de Dios.

Pero no va a ser sólo el líder del partido, es que todo el que quiera afiliarse acabará en la cruz como el líder. Tome su cruz y sígame.

Y esto de la cruz lo hemos almibarado tanto nosotros que ya no nos suena como sonaba en los oídos horrorizados de los discípulos. Nuestra cruz es objeto de veneración y hasta de adorno. Pero la cruz de la que habla el Señor corresponde a la horca, ese ángulo fatídico con el nudo corredizo bamboleándose en el vacío.

“Tome su cruz y sígame” significa: “tome su horca en que va ser ejecutado y sígame”. ¿Os figuráis esta cruz transformada en horca y Jesús bamboleándose en ella? Hasta blasfemia nos parece y sin embargo es lo que en tiempos de Jesús significaba.

Un político que habla así se queda sin votos y el primero que le retiró el voto fue san Pedro, que regaña al Señor como diciéndole: “con esa imagen nos quedamos solos y el Señor lo llama Satanás. Porque el jefe iba en serio con lo de la horca, es algo que no admite consenso, ni con propios, ni con la oposición.

2.- Y ahí está su esfuerzo –la transfiguración– por convencer a los suyos de que los designios de Dios sobre la muerte y la cruz es un principio de vida, que la cruz es el lugar de encuentro con Dios que es amor. Y por eso encontramos a Dios en la cruz dando por amor su vida por nosotros. El Señor de transfigura ante Pedro, Juan y Santiago…

Pero en medio de esa gloria, Moisés y Elías hablan de la muerte de Jesús en Jerusalén. ¿Por qué? Porque el Señor no trata de disimular las cosas. No trata de engatusar, sino de hacer comprender la verdad: que por la cruz se va a la vida.

3.- Ni Pedro, ni vosotros, ni yo, comprendemos nada… A Pedro le deja mal el Evangelio. Lo deja más bien de tonto, de hombre que no sabe lo que dice. Porque la conclusión que saca es que como se está tan bien allí que lo mejor es establecerse allí para siempre. No ha entendido nada de la lección, que es como Dios nos muestra su vida por nosotros. Así nuestro amor verdadero a Dios se mostrará en seguirle cada uno con nuestra cruz. Y en eso está la vida y la gloria.

* No sabemos lo que decimos cuando atribuimos las cosas penosas que nos pasan a un castigo de Dios. ¿Castigó Dios a su Hijo en la cruz?

* No sabemos lo que decimos cuando nos quejamos de estar solos, cuando Jesús no sólo ha andado nuestro mismo camino antes que nosotros, sino que lo vuelve a andar hombro con hombro con nosotros.

* No sabemos lo que decimos cuando nos quejamos amargamente por al muerte de un ser querido, cuando el Señor Jesús le precedió en la muerte y vuelve a morir con él en su misma muerte.

Y todo se nos va en decir lo que no sabemos, cuando Dios lo que nos recomienda hoy es “Escuchad”. No es decir sino oír.

Nuestro líder no nos pide nuestra opinión. Que es lo que tendemos todos: a darle nuestra opinión y enmendarle la plana, como Pedro. Nuestro líder nos pide oídos, porque nos está siempre hablando y sólo Él nos puede dar a comprender el misterio de la cruz y del amor. Y del amor en la cruz.

Y hablando a los corazones, el Señor se ha hecho un gran partido de seguidores a lo largo de los siglos. Al fin y al cabo, el Señor no es tan mal político.

José María Maruri, SJ.