Comentario – Viernes I de Cuaresma

(Mt 5, 20-26)

Aunque Jesús anula muchas exigencias del Antiguo Testamento, no elimina las exigencias esenciales; y esta simplificación tampoco implica que el seguimiento de Jesús sea menos exigente, ya que invita a poner todo nuestro ser, a empeñar todas nuestras fuerzas para vivir como a él le agrada. Cuando Jesús critica el legalismo de los fariseos, no está diciendo que sus discípulos se despreocupen de las exigencias del evangelio. Y particularmente en las exigencias con respecto al prójimo, Jesús espera que sus discípulos se destaquen más que los fariseos, y no se contenten con no matar. Tratar a otro con ira, llamarlo inútil o loco, bastaría para dejar sin sentido la propia existencia (para ser quemados).

Y siguiendo la línea de los grandes profetas del Antiguo Testamento, Jesús indica que el culto a Dios pierde todo valor cuando el creyente está enemistado con un hermano, especialmente cuando él ha hecho daño a alguien (“si tu hermano tiene algo contra ti”). Ya en Isaías 1, 15 Dios nos decía: “Cuando ustedes levantan sus manos, me tapo los ojos para no verlos. Aunque multipliquen sus plegarias, yo no los oigo, porque sus manos están llenas de sangre”. Y a esas oraciones de las personas que han hecho daño a un hermano Dios las considera “una pateadura en mis atrios” (1, 12). El amor al hermano está antes que el culto, y el culto está al servicio de ese amo al hermano.

Esto vale también para cualquier acto de culto, incluso para la celebración de la Eucaristía. De hecho, a los corintios ricos, que despreciaban a sus hermanos pobres y se reunían para celebrar la Eucaristía, San Pablo les decía: “Eso ya no es comer la cena del Señor” (1Cor 11, 20). La Eucaristía es culmen y fuente de toda una vida cristiana; deber ser la culminación de una vida de amor, y al mismo tiempo la fuente done vamos a buscar fuerzas para amar mejor a los hermanos.

Oración:

“Te entrego mi vida Señor, tú puedes renovarla con tu gracia para que te agrade más. Impúlsame con tu poder Señor, y no dejes que caiga en la mediocridad, que me conforme sólo con no matar y no sea capaz de vivir como hermano de todos”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día