Crear el ambiente adecuado

En una reunión del Consejo Pastoral Parroquial se propuso reformar los locales parroquiales para crear el ambiente adecuado para impartir la formación cristiana, sobre todo de infancia, ya que los actuales resultaban “fríos y desangelados”. También en otros ámbitos (hogar, trabajo, centros culturales, deportivos, médicos…) se ve la necesidad de crear un ambiente adecuado puesto que el entorno favorece que quienes se encuentran allí disfruten más o reciban mejor lo que se les ofrece.

Este segundo domingo de Cuaresma nos presenta la Transfiguración del Señor. Como diremos en el Prefacio, Jesús, “después de anunciar su muerte a los discípulos, les mostró el esplendor de su gloria”. Jesús sabe que se acercan los duros momentos de su Pasión y quiere que tengan esta experiencia para fortalecerlos, mostrándoles como un anticipo de la gloria que tendrá después de su muerte en la cruz y su resurrección. Y por eso también quiere que escuchen la voz del Padre, que repite las palabras pronunciadas en su Bautismo: Este es mi Hijo amado; escuchadlo.

Esta experiencia de la Transfiguración podría haber tenido lugar en cualquier sitio, pero Jesús crea el ambiente adecuado para la misma: subió con ellos solos a una montaña alta. En primer lugar, no lleva a todo el grupo de los Doce, sólo a Pedro, Santiago y Juan. Y en segundo lugar, los lleva a una montaña alta, que en la Biblia es lugar de encuentro con Dios, de proximidad de Dios, el lugar de la revelación de Dios: a Abrahán, como hemos escuchado en la 1ª lectura, a Moisés, a Elías…

Nosotros, como cristianos, también necesitamos “experiencias de Tabor”, más aún en este tiempo de pandemia, con los duros momentos que muchas personas están pasando. También necesitamos recordar y tener presente ese “anticipo” de la gloria de Cristo Resucitado, y también necesitamos escucharle. Por eso, en esta Cuaresma, el segundo domingo nos hace una llamada a crear un ambiente adecuado para encontrarnos con el Señor.

Jesús subió con ellos solos: son muchas las tareas y preocupaciones que llenan nuestro día, y nos falta un tiempo de calidad para estar a solas con el Señor. Un tiempo que a lo mejor no puede ser muy largo, pero que debe ser “sólo para Él”, para estar a solas con Él, porque lo necesitamos.

Y para eso “nos vamos a una montaña alta”. Debemos crear el ambiente adecuado para estar a solas con el Señor, y eso requiere dejar de lado durante un tiempo otras cosas (radio, televisión, redes sociales…), pero dejarlas de verdad. Hacer lo que nos dijo el Señor el Miércoles de Ceniza: Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre… Acostumbrarnos a “cerrar la puerta” durante unos momentos: pedir que no nos molesten, poner el móvil en silencio…

Y una vez hayamos “subido a solas con el Señor a esa montaña alta”, escuchadlo, como ha dicho el Padre. Crear el ambiente adecuado incluye hacer silencio, no sólo exterior sino interior. Nuestra oración no debe consistir simplemente en repetir rezos, ni tampoco debe ser sólo oración de petición. Necesitamos aprender a silenciar nuestra mente para escucharle a Él, aprender a leer su Palabra para meditarla, dejando que el Espíritu nos vaya mostrando qué nos dice el Señor.

No es complicado hacerlo, aunque nos resulta muy difícil “subir solos con el Señor a una montaña alta”: nos cuesta desconectar y posponer otras cosas para cuidar el tiempo de encuentro con el Señor, nos cuesta hacer silencio interior y ponernos a la escucha, leer e interiorizar su Palabra…

Son muchos los creyentes y no creyentes que, sobre todo en esta época, se preguntan dónde está Dios. La Cuaresma es tiempo favorable, como dijimos el Miércoles de Ceniza, para descubrir los signos de su presencia, pero para ello necesitamos crear el ambiente adecuado. Podemos empezar por lo que se nos propone en el material de Cuaresma de Acción Católica General: “preparar en nuestra casa un espacio significativo, un lugar donde puedes poner un paño morado, en este lugar pon la Palabra de Dios abierta por el Evangelio de cada domingo (o si es la Biblia que utilizas para tu oración diaria, puedes tenerla abierta por el Evangelio correspondiente a cada día). Si es posible, pon junto a la Palabra un crucifijo”.

Es algo muy simple pero nos ayudará a crear el ambiente adecuado para “subir a solas con el Señor” y escucharle, para poder recibir mejor todo lo que Él nos ofrece en Cuaresma y así, cuando “bajemos” de nuevo a nuestra vida cotidiana, descubramos y señalemos los signos de su presencia.