Vísperas – Viernes II de Cuaresma

VÍSPERAS

VIERNES II CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto!…).
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. Amén.

SALMO 114: ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando y sin fuerzas, me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

SALMO 120: EL GUARDIÁN DEL PUEBLO

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

LECTURA: St 5, 16.19-20

Confesaos los pecados unos a otros, y rezad unos por otros, para que os curéis. Mucho puede hacer la oración intensa del justo. Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo encamina, sabed que uno que convierte al pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados.

RESPONSORIO BREVE

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

R/ Sáname, porque he pecado contra ti.
V/ Señor, ten misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Aunque buscaban echar mano a Jesús, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aunque buscaban echar mano a Jesús, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

PRECES

Adoremos al Salvador de los hombres, que, muriendo, destruyó nuestra muerte y, resucitando, restauró la vida, y digámosle humildemente:

Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

Redentor nuestro, concédenos que, por la penitencia, nos unamos más plenamente a tu pasión,
— para que consigamos la gloria de la resurrección.

Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos,
— para que podamos confortar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos confortas.

Haz que tus fieles participen en tu pasión mediante los sufrimientos de su vida,
— para que se manifiesten en ellos los frutos de tu salvación.

Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz,
— enseña a tus fieles a ser obedientes y a tener paciencia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso,
— y a nosotros danos un día parte en su felicidad.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Dios todopoderoso, que, purificados por la penitencia cuaresmal, lleguemos a las fiestas de Pascua limpios de pecado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Viernes II de Cuaresma

1.- Introducción.

Señor, hoy mi oración se torna temblorosa. Hoy, ante tu Palabra, caigo de bruces ya desde el principio. Abrahán, el padre de los creyentes, estaba dispuesto a obedecer a Dios y sacrificar a su propio hijo. Pero Dios no permitió que se llevara a cabo el sacrificio. Y aquí el Padre Dios entrega al Hijo por nuestra salvación y este hijo querido no escucha ninguna voz de lo alto que impida este sacrificio. Señor, no entiendo nada. Dame tu gracia para internarme en este misterio.

2.- Lectura reposada de la Palabra.   Mateo 21,33-43,45-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: «Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envío a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro, y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo. Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: «A mi hijo lo respetarán». Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: «Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia». Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron. «Ahora díganme: Cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?». Ellos le respondieron: «Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo». Entonces Jesús les dijo: «¿No han leído nunca en la Escritura: la piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular, esto es obra del Señor y es un prodigio admirable? Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos». Al oír estas palabras, los sumos sacerdotes y los fariseos comprendieron que Jesús las decía por ellos y quisieron aprehenderlo, pero tuvieron miedo a la multitud, pues era tenido por un profeta.

3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación-Reflexión 

Con esta parábola Jesús va demasiado lejos. Todos nos horrorizamos ante la escena de Abrahán dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac, el hijo predilecto, el hijo de las promesas. Pero ese sacrificio no se ejecuta porque hay una voz del cielo que le detiene. “No le hagas daño al niño” (Gn. 22,12). Dios nunca ha estado de acuerdo con los sacrificios humanos. En esta parábola, el Padre consiente mandar a la viña al propio hijo. Nos peguntamos: ¿Qué padre de este mundo, después de ver que han asesinado a sus criados, es capaz de entregar a su propio hijo? Un padre, por salvar al hijo, entrega todo lo que tiene. Se queda sin viña, pero se queda con el hijo. Sólo el amor loco y escandaloso de Dios es capaz de hacer eso. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Unigénito” (Jn. 3,16). El Padre, al entregar al hijo de sus entrañas, se entregó él mismo por nosotros. ¿Qué hará el dueño de la viña? La entregará a otros labradores. Con esta pincelada, el evangelista Mateo nos está diciendo que hay ahora un nuevo pueblo de Dios. La Iglesia debe dar los frutos que Dios esperó del pueblo de Israel y no lo consiguió. Para eso debe contar con la fuerza del Espíritu. Nuestros frutos deben estar en proporción con el amor derrochador de Dios. 

Palabra del Papa

“La historia de amor entre Dios y su pueblo parece ser una historia de fracasos, como sucede en la parábola de los labradores asesinos, que aparece como el fracaso del sueño de Dios. Hay un hombre que construye una viña y están los labradores que matan a todos los que envía el señor. Pero es precisamente de esos muertos que todo toma vida. Los profetas, los hombres de Dios que han hablado al pueblo, que no fueron escuchados, que fueron descartados, serán su gloria. El Hijo, el último enviado, que fue precisamente descartado por eso, juzgado, no escuchado y asesinado, se convirtió en piedra angular. Esta historia que parece ser una historia de amor, después parece terminar en una historia de fracasos, pero que termina con el gran don de Dios, que del descarte saca la salvación; de su Hijo descartado nos salva a todos. Es aquí donde la lógica del fracaso se cae. Y Jesús lo recuerda a los jefes del pueblo, citando la Escritura: La piedra que descartaron los constructores es ahora piedra angular. Esto lo ha hecho el Señor y es una maravilla a nuestros ojos. El camino de nuestra redención es un camino de muchos fracasos. También el último, el de la cruz, es un escándalo. Pero precisamente ahí vence el amor. Y esa historia que comienza con un sueño de amor y continúa con una historia de fracasos, termina en la victoria del amor: la cruz de Jesús. No debemos olvidar este camino, es un camino difícil”. (Papa Francisco).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)

5.- Propósito: Hoy me retiraré a un lugar solitario para pensar durante unos minutos en el amor loco de Dios-Padre.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Hoy, Padre, quiero darte gracias, necesito darte gracias por el inmenso amor que me has tenido al entregarme a Aquel que, desde toda la eternidad, ha sido el encanto de tus ojos, el sueño de tus sueños, el tesoro de tu corazón: Tu propio Hijo. En Él no sólo nos has dado todos los tesoros del cielo y de la tierra sino que Tú mismo te has entregado en Él. Gracias por esta locura de amor.

ORACIÓN EN TIEMPO DE PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Comentario – Viernes II de Cuaresma

(Mt 21, 33-43. 45-46)

La viña, como de costumbre, simboliza al pueblo (Is 5, 1-7), y los cuidadores representan a las autoridades políticas y sobre todo religiosas. Los enviados son los distintos profetas que Dios ha suscitado en el pueblo para invitar a la conversión, pero que fueron despreciados. Finalmente, el propio hijo representa al mismo Jesús, que de este modo anuncia su fin.

Los fariseos, al escuchar a Jesús, se da cuenta de que esta comparación iba dirigida a ellos, que planeaban su muerte, pero no pueden arrestarlo por temor a la gente. Una vez más se ve que el problema de Jesús no era con el pueblo, sino con las autoridades. El corazón de la gente sencilla suele estar más abierto a las novedades de Dios, pero los que tienen poder económico, intelectual o político se aferran tanto a esa seguridad falsa que no aceptan un cambio de planes aunque el mismo Dios lo esté proponiendo.

El propio Hijo, es lo más valioso que el Padre puede enviar para reclamar lo que es suyo, para pedirnos el amor que nuestros corazones humanos le deben. Pero en realidad, el mismo da lo que pide, porque Jesús quiere derramar en nuestros corazones su Espíritu Santo para que seamos capaces de amar al Padre, de darle la gloria que a él le corresponde. En la muerte de Cristo en la cruz, se realizó lo que describe la primera carta de Pedro: “Fueron rescatados de la vana conducta heredada de sus padres, no con bienes corruptibles, como el oro y la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha y sin defecto” (1, 19-19). Nosotros que no aceptamos darle al Padre nuestros frutos de amor, recibimos de su propio Hijo muerto y resucitado la savia de vida que necesitamos para ser fecundos y darle gloria con nuestro corazón sanado y liberado.

Pero no hay que olvidar que este texto no se dirige tanto a la viña, el pueblo amado que produce sus frutos, sino a los cuidadores, los que tienen otras personas a su cargo y prefieren ocupar el lugar del Redentor, y no aceptan que nadie sea amado más que ellos.

Oración:

“Señor, libérame de mis falsas seguridades, no dejes que me quede envuelto y asfixiado en mis propios proyectos que no me dejan ver tu luz, que no me permiten escuchar esa palabra que me llama a la entrega, al cambio, la vida nueva. No permitas que te elimine de mi vida para que no perturbes mis estructuras y mis planes”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Sacrosanctum Concilium – Documentos Vaticano II

Libre ejercicio de estilo artístico

123. La Iglesia nunca consideró como propio ningún estilo artístico, sino que acomodándose al carácter y condiciones de los pueblos y a las necesidades de los diversos ritos, aceptó las formas de cada tiempo, creando en el curso de los siglos un tesoro artístico digno de ser conservado cuidadosamente. También el arte de nuestro tiempo, y el de todos los pueblos y regiones, ha de ejercerse libremente en la Iglesia, con tal que sirva a los edificios y ritos sagrados con el debido honor y reverencia; para que pueda juntar su voz a aquel admirable concierto que los grandes hombres entonaron a la fe católica en los siglos pasados.

Misa del domingo: misa con niños

DOMINGO III DE CUARESMA

1.- ACOGIDA

  Hermanos y hermanas:

Continuamos preparándonos para la celebración de la pascua. En este domingo 3º de cuaresma recordamos el momento en que Jesús entró en el templo convertido en un mercado y todo enfadado gritó: “llevaos esto de aquí, no convirtáis no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”. Que vengamos cada domingo al templo a encontrarnos con Dios, que aprendamos a respetar el templo y que vivamos las celebraciones con mucha fe. Y empecemos esta semana dándonos una nueva oportunidad para convertirnos, para echar de nuestra vida todo lo que nos consume, lo que nos separa de Dios y endurece nuestro corazón.

(Podemos poner delante del altar un cartel de un corazón rojo tapado por trozos de papel que ponga lo que queremos limpiar de él: egoísmo, envidia, pereza, violencia, enfados, olvido de Dios… En el momento de perdón vamos retirando estas palabras. Se puede coloca una inscripción: “Llevaos esto de aquí”).

 

   -En el nombre… – El Señor que nos llama a la conversión, y quiere habitar no en templos de piedra sino en nuestro corazón, esté con vosotros.

2.- PERDÓN

Purifiquemos nuestro corazón que es casa de Dios y preparémoslo para la gran fiesta de la resurrección de Jesús.

-Porque entramos en el templo sin respetar el silencio y la presencia del Señor. Señor, ten piedad.

-Porque nos dejamos llevar de la pereza, del egoísmo, de la falta de comprensión. Cristo, ten piedad.

-Porque nos cuesta convertirnos a Dios y vivir para él. Señor, ten piedad.

3.- MONICIÓN A LAS LECTURAS

La 1ª lectura sigue mostrándonos los momentos principales de la historia del pueblo de Dios, en clave de alianza o pacto que Dios hace con su pueblo. Hoy escuchamos en el libro del Éxodo los mandamientos que Dios entrega a Moisés para que seamos sus amigos y vayamos por su camino de amor. En el evangelio, Jesús, indignado, expulsa del templo a los que lo habían convertido en un negocio y no en el lugar de encuentro con Dios.

4.- PETICIONES

Unamos nuestras voces en oración, diciendo:Conviértenos a ti, Señor.

  1. Por el papa Francisco, los obispos y sacerdotes, para que cuando presidan los sacramentos sepantransmitir la alegría de la fe y de la presencia del Señor a Oremos.
  2. Por los que se esfuerzan por renovar la liturgia, de forma que vivamos la eucaristía con mayor espíritu de fe y de oración, y con más amor a Dios y los hermanos.
  3. Por los que se preparan para recibir el bautismo, la confir­mación o la primera comunión. Que la gracia de Dios se derrame sobre ellosles dé fortaleza para vivir como fieles seguidores de Jesús.
  4. Por las mujeres del mundo. Que en todo lugar reciban un trato de igualdad y de respeto, y desaparezca todo tipo de discriminación.
  5. Por nosotros. Para que en este tiempo de cuaresma cambiemos de sentido nuestras vidas, no nos sirvamos de Dios y nunca profanemos la dignidad de toda persona.

Escucha, Señor Jesús, nuestra oración. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

 

5.- OFRENDAS

-FOTOGRAFÍA DEL TEMPLO PARROQUIAL: Hoy Jesús, queremos agradecerte el templo parroquial que nuestros antepasados nos han regalado (se puede destacar algún lugar, imagen bonita). Queremos que sea el lugar donde cada domingo nos encontramos contigo y con toda la comunidad. Gracias por quedarte con nosotros en la eucaristía.

-LA TABLA DE LOS 10 MANDAMIENTOS: Nos has dejado el camino para seguirte, el camino del amor, pero tantas veces nos dejamos llevar por otros derroteros. Ayúdanos a cambiar y no fallarte nunca, Dios amigo.

PAN Y VINO: Que el pan y el vino con el que nos alimentas nos ayuden a hacer de nuestro corazón la casa donde habites para siempre.

6.- VÍDEOS O PPW PARA ESTE DOMINGO: 3º domingo de Cuaresma –B.

-Juan 2, 13-22, película: https://www.youtube.com/watch?v=Lu8LIsK2q0Y

-Jesús expulsa a los vendedores del templo, película: https://www.youtube.com/watch?v=bL3paICIux0

-Jesús y los mercaderes del templo, película: https://www.youtube.com/watch?v=4TBtYOupYSY

-Jesús entra en el templo, película: https://www.youtube.com/watch?v=SmG0vKbSKng

-Juan 2, 13-22, película: https://www.youtube.com/watch?v=Lu8LIsK2q0Y

-Jesús purifica el templo, dibujos: https://www.youtube.com/watch?v=sTJ9EgovnGY

-Historia de Jesús en el templo: https://www.youtube.com/watch?v=J6PvQDAidDg

-3º Cua-B: https://www.youtube.com/watch?v=phhocS-jOhA&index=9&list=PL4E77BAC5B6CF388D

-Qué signo muestras: https://www.youtube.com/watch?v=_yBpOx1x7vc&feature=autoshare

-El templo de Jerusalén en la época de Jesús: https://www.youtube.com/watch?v=5U2zK7Hk8gU

-Y Pedrito se fue (para preparar la confesión): https://www.youtube.com/watch?v=2s37Ym0jS5Y

7.- SUGERENCIAS:

-Tal como indica Fano en sus dibujos para la cuaresma 2018 se puede hacer un cartel grande que se  va coloreando todas las semanas y añadiéndoles bocadillos:

https://drive.google.com/drive/folders/1BKKLFB2h9ekmy8uhhn5_sw1BnpcJpqVg

-Seguimos cantando con gestos la canción Cuarenta días caminando del Grupo Ixcis:  https://www.youtube.com/watch?v=WiSWRZkem5Q

-Enviad a vuestros compañeros por wassap el dibujo de al lado.

-Podemos poner delante del altar un cartel de un corazón rojo tapado por trozos de papel que ponga lo que queremos limpiar de él: egoísmo, envidia, pereza, violencia, enfados, olvido de Dios… En el momento de perdón vamos retirando estas palabras. Se puede coloca una inscripción: “Llevaos esto de aquí”. Se puede decir: “Ofrecemos a Jesús nuestro deseo de purificar, en este tiempo de cuaresma, nuestro corazón que es casa de Dios y prepararlo para la gran fiesta de la resurrección de Jesús”.

-Hoy podríamos destacar los lugares importantes del templo, las posturas, los gestos, qué hacer al entrar, cómo hacer una visita a Jesús.

8.- ORACIÓN

Señor, yo quiero ser como una casa, pedirte ser un templo me cuesta mucho. Quisiera ser una casa en la que las contraventanas abiertas serían mis brazos para acoger a los que están solos, para sostener a los que tropiezan para abrazar a los que quiero, para rezarte a ti, Señor.

Las ventanas abiertas serían mis ojos… para descubrir mejor a los que me rodean, para distinguir mejor a los que andan perdidos por los laberintos de sus preocupaciones, para maravillarme más de tu confianza, Señor…

La puerta sería mi corazón… aligerado de todo lo que le estorba, disponible para todos, y para todas sus palabras, dispuesto a decirte, Señor: ¡Esta es mi casa de oración!

Misa del domingo

San Juan relata en su Evangelio que después de realizar su primer milagro en Caná el Señor se dirige a Jerusalén, porque se acercaba ya la Pascua judía (Evangelio). El Señor cumple fielmente con el precepto que mandaba que todo judío varón a partir de los trece años tenía que acudir anualmente en peregrinación al Templo de Jerusalén por motivo de esta fiesta.

Una vez en Jerusalén el Señor se dirige al Templo. Aquel Templo había sido reconstruido por Herodes el Grande. Los trabajos se habían iniciado el año 18 de su reinado, o sea el 20-19 a.C. Lo primero en ser reconstruido fue el santuario, el lugar de la presencia de Dios, el recinto al que solamente podían entrar los sacerdotes levitas. Luego se procedió a la construcción de los distintos atrios: el atrio de los sacerdotes, el atrio de Israel, el atrio de las mujeres y el atrio de los gentiles. Todo ello demandó casi diez años, aunque por décadas se prosiguieron las obras de complemento y retoque.

Al trasponer alguna de las puertas de acceso al inmenso complejo se ingresaba al atrio o patio llamado “de los gentiles”, la explanada más amplia que rodeaba un segundo complejo interior cuadrangular formado por el santuario y los sucesivos atrios de los sacerdotes, de Israel y de las mujeres.

En la época del Señor Jesús existían normas dadas por los rabinos para cuidar la santidad del Templo, como por ejemplo la prohibición de usar el atrio de los gentiles como atajo o en forma poco digna. Sin embargo, a pesar de las restricciones existentes, los comerciantes con sus animales y los cambistas se habían instalado en la explanada, con la evidente venia de las autoridades del Templo, probablemente con la excusa de facilitar a los peregrinos la adquisición de los animales necesarios para ofrecer sus sacrificios (ver Lev 5, 7; 15, 14.29; 17, 3) así como para adquirir monedas autorizadas con las que pudiesen pagar el impuesto del Templo. Todo israelita llegado a los veinte años, incluso si vivía en el extranjero, debía pagar anualmente este impuesto equivalente a dos días de jornal (ver Mt 17, 24), y la moneda para el pago no podía tener grabada la efigie del emperador. En fin, no es difícil imaginar en lo que se había convertido esta explanada del templo con la presencia de estos personajes, especialmente en una fiesta de afluencia tan multitudinaria como lo era la Pascua judía.

Al llegar el Señor Jesús al Templo y encontrarse con este “mercado”, se puso a echar del recinto sagrado, látigo en mano, a todos los vendedores, cambistas y animales. La razón de su proceder la daba Él mismo: «no conviertan en una casa de mercancías la casa de mi Padre».

Al referirse al Templo como “la casa de mi Padre” el Señor daba a entender que Él era el Mesías pero además también el Hijo de Dios, en un sentido personal y único. En aquel tiempo los judíos esperaban que el Mesías prometido por Dios a su pueblo se manifestase en el Templo, mediante algún signo espectacular. El profeta Malaquías había anunciado que el Señor vendría a su Templo luego de que su enviado lo precediera y le allanara el camino: «enseguida vendrá a su Templo el Señor a quien vosotros buscáis» (Mal 3,1). Su presencia sería purificadora: «Es él como fuego de fundidor y como lejía de lavandero» (Mal 3,2). Luego de haber cumplido Juan Bautista con su misión precursora, el Señor llegaba por primera vez al Templo y daba cumplimiento a las profecías.

El evangelista comenta que los discípulos, al ver actuar al Señor con tal pasión, recordaron que en la Escritura estaba escrito: «El celo de tu casa me devora». La expresión se encuentra en el Salmo 68 (v. 10), el mismo salmo del que el Señor dirá que “se cumple” cuando lo odian sin motivo (Jn 15,25; Sal 68,5), o que Juan afirma que se cumple cuando desde la Cruz Él pronuncia las palabras “tengo sed” (Jn 19, 28s; Sal 68, 22).

El término hebreo kinah usado en el Salmo 68 y que se traduce por celo, califica por lo general un ardor interior que la persona experimenta a causa de otra a la que ama apasionadamente, un como fuego o energía que le impulsa a defender, proteger o cuidar con acciones incluso violentas a quien es objeto de su amor. Kinah designa en el caso específico del salmo mencionado un celo religioso, el celo del hombre por Dios y por el lugar en el que Él mora entre los hombres, “la casa de Dios”, que también es celo por el cumplimiento de su Ley (ver Sal 118, 139). Kinah designa en otros momentos también el celo de Dios por su pueblo.

Dios se califica a Sí mismo como «Dios celoso» (Ex 20, 5). Es celoso por el ser humano, a quien creó por sobreabundancia de amor a su imagen y semejanza. Al escuchar “celoso” no hay que pensar en la connotación negativa de los celos, que llevaría a entender las cosas desde una sola interpretación. El mismo diccionario trae otras definiciones de celoso, como lo son por ejemplo: “solícito, diligente, cuidadoso, esmerado, meticuloso, entusiasta, afanoso, ardoroso”. Así hay que entender el celo de Dios por el ser humano. Es así como también hay que entender el celo del Señor Jesús por la casa de su Padre, un celo que lo devora, es decir, su amor al Padre es tan intenso que lo consume interiormente como un fuego incontenible, un fuego que le lleva a purificar la casa de su Padre de todo aquello que lo profana.

En algún momento posterior intervinieron “los judíos” para preguntarle al Señor: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?». Con “los judíos” San Juan se refiere normalmente a aquellos judíos que se presentan como enemigos del Señor Jesús, y en este caso concreto se refiere a las autoridades o altos funcionarios levíticos encargados del Templo. La actitud del Señor Jesús significaba una censura implícita que los cuestionaba y desafiaba, pues eran ellos quienes habían permitido que la casa de Dios se convirtiera en un lugar de comercio.

Quienes así le preguntan han comprendido el mensaje del Señor Jesús: al purificar el Templo y reclamar que no hagan de la casa de su Padre un mercado, Él se presenta como el Mesías e Hijo de Dios, de un modo muy atrevido. ¿Cuáles son sus “credenciales”? ¿Cómo saber si es verdaderamente quien dice ser? ¿No debía acreditarse con señales claras, con algún signo o manifestación espectacular de su poder, con una intervención sobrenatural o milagro que sirviese como garantía de que verdaderamente era quien decía ser?

El Señor ofrece ese “signo”, aunque lo anuncia de una manera velada y enigmática, como lo es toda profecía: «Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré».

El templo de Jerusalén, considerado indestructible por aquellos judíos por ser la morada que Dios mismo se había escogido, era en la mente del Señor figura y anuncio de otro Templo no construido por manos humanas: el Templo de su propio Cuerpo. Ciertamente, «la venida de nuestro Salvador en el tiempo fue como la edificación de un templo sobremanera glorioso; este templo, si se compara con el antiguo, es tanto más excelente y preclaro cuanto el culto evangélico de Cristo aventaja al culto de la ley o cuanto la realidad sobrepasa a sus figuras» (San Cirilo de Alejandría). Su Cuerpo es y será para siempre el verdadero Templo en el que el creyente encuentra a Dios, el Templo perpetuo que lleva a plenitud la figura del antiguo templo.

Y el signo que el Señor da no es otro que el “signo de Jonás” (ver Mt 12, 38-40): «en tres días yo lo levantaré». Su Resurrección será el signo definitivo y fundamental que propone a todos para autentificar su obra, su misión y su Persona. Por su muerte y Resurrección han de saber todos que Él verdaderamente es el Mesías, el Hijo de Dios, «fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (2ª. lectura).

 

LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA

Cristo muestra un celo que lo consume, que lo devora interiormente: es el “celo por la casa de su Padre”. Este celo lo impulsa a arrojar sin contemplaciones a los mercaderes que encuentra en el templo de Jerusalén que, aunque se trataba de un edificio material, era “la casa de su Padre”.

Hoy ese templo de Dios es Su Iglesia, el Cuerpo místico de Cristo. Este templo lo formamos cada uno de nosotros, los bautizados, miembros del Cuerpo místico de Cristo.

A su vez hemos de entender que cada uno de nosotros somos templo vivo de Dios: «¿No sabéis que sois santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? (…) vosotros sois ese santuario» (1Cor 3,16-17).

Al mirarnos y considerarnos lo que somos y estamos llamados a ser, templos vivos de Dios, la casa del Padre, con pena constatamos que a diferencia del Señor Jesús, ese mismo “celo por la casa del Padre” no nos devora precisamente: ¿cuántas veces consiento que los mercaderes de un mundo que rechaza a Dios invadan este templo que soy yo mismo, este templo que Cristo ha purificado mediante su Sangre derramada en la Cruz? ¡Con qué facilidad, ingenuidad o complicidad le abro las puertas a aquellos “mercaderes” y hábiles “vendedores” que no nos venden ovejas, bueyes o palomas, sino que continuamente nos presentan el placer y todo tipo de sensualidades, el poder y el ejercicio del dominio abusivo sobre los demás, el tener abundancia de dinero y bienes materiales como aquello que “necesitamos”, “lo que más nos conviene” para ser felices, para llegar a “ser alguien” en la vida, para ser “como dioses” desplazando a Dios mismo de nuestra vida, de nuestras familias y sociedades! ¡Con qué negligencia abro las puertas a estos vendedores y “cambistas” para hacer de mi cuerpo un mercado! En efecto, al consentir y dar cabida a estos nuevos vendedores y cambistas con sus propias monedas, bueyes y palomas, terminamos tan sucios interiormente, desordenados, llenos de bullicio y vacíos de Dios.

Como Cristo que arrojó a los mercaderes del templo, ¿lo hago yo? ¿Reacciono con celo contra todo vicio o pecado que descubro en mí, y que hace de esta “casa del Padre” que soy yo mismo un “mercado”? ¿Qué debo hacer?

No percibir a los mercaderes que hay en uno, hacerse de la vista gorda o engañarse a sí mismo pensando que lo que ellos ofrecen es lo que uno “necesita”, y “necesita ya, en este instante”, es un grave problema. Por ello conviene que esta semana hagamos un examen de conciencia más detallado para tomar conciencia justamente de cuáles son los vicios de los que tengo que purificar mi corazón, y es que es muy fácil que, como las autoridades del templo, los consintamos porque creemos que son inevitables, o necesarios acaso. ¿Por qué sacarlos? ¿Por qué combatir tal o cual vicio, si “yo soy así”? Pero lo que es “normal” para nosotros, no lo es para el Señor Jesús. Él con ira santa arroja del templo lo que otros han consentido sin escrúpulos. ¿Qué arrojaría Él del templo de mi corazón? Entiende que tus vicios son como hierbas malas que ahogan en ti la buena semilla, raíces amargas que hay que extirpar para que crezca el trigo limpio. ¡Qué importante es mirarnos a nosotros mismos con honestidad, conocer con la luz del Señor y de los mandamientos que nos da (1ª. lectura) nuestros vicios, desenmascarar a los mercaderes que hemos consentido en nuestro corazón, los productos que le hemos comprado! ¡Qué importante es tomar conciencia de aquello que no está bien en nuestras actitudes, en nuestros modos de pensar e incluso en los sentimientos que consentimos y que nunca cuestionamos, dejando que esos sentimientos gobiernen nuestra vida! ¡Hay sentimientos que son muy malos consejeros! ¡No podemos conducir nuestra vida en base a esos sentimientos, sino que debemos aprender a hacerlo en base al criterio objetivo, a la enseñanza divina!

El primer paso para una mayor conversión, para hacer de este templo que soy yo una verdadera “casa de oración”, es esa toma de conciencia. El siguiente paso es pasar a la acción, a la purificación del propio templo. Una vez que identifico mis vicios, de qué pie cojeo, debo empezar a luchar no contra todos a la vez, sino contra aquel que considero es mi vicio principal. No es fácil desarraigar un vicio. ¡Es una lucha que durará toda la vida! Así que nunca te desanimes si parece que no avanzas, o si caes una y otra vez. ¡Ponte siempre de pie, con humildad y paciencia, una y otra vez, pide perdón a Dios y vuelve a la batalla! Proponte medios concretos para combatir tu vicio principal. Proponte medios para vivir la virtud contraria a tal vicio.

Es tiempo de Cuaresma, tiempo de purificarnos más, tiempo de arrojar a los “mercaderes” del templo que soy yo mismo. Implorando el auxilio y la gracia divina, viviendo de acuerdo a la sabiduría de la Cruz y de acuerdo a los diez mandamientos, esforcémonos por morir a todo lo que es muerte en nosotros para vivir a la Vida verdadera, haciendo de nuestra morada interior una casa de oración, lugar de diálogo, de encuentro y comunión con Dios Padre (ver Jn 14,23).

Y al entrar en el templo…

Demasiados monseñores y excelentísimas,
demasiados vicarios y reverendísimas
para ser espacio de igualdad y libertad;
¡ y cuántos padres para vivir en fraternidad,
cuando Tú nos dijiste que sólo aceptáramos
y llamáramos así a quien hace salir para todos el sol
y nos da gratuitamente su ternura y amor !

Demasiados títulos, honores y poderes,
demasiadas intrigas, prebendas e intereses
para ser casa solariega familiar;
¡ y cuántos códigos, normas y leyes,
burocracia, papeles e imposiciones
para ser posada de abrazos y acogida
para quienes andan necesitados !

Un espacio abierto que se amuralla,
un oasis que ya no atrae ni serena,
un refugio que cierra sus puertas y ventanas,
una barca para náufragos que anda a la deriva,
una casa solariega que exige reserva,
una viña con lagar que no alegra…
¡ ya no es lugar de Dios ni de oración !

Yo quiero una Iglesia en la que se pueda respirar,
que tenga pastores que huelan a oveja,
que acoja y defienda a emigrantes y sin papeles,
que se embarre con los que no pueden limpiarse,
que tenga un aire festivo y alegre,
que sus puertas permanezcan abiertas
aunque no haya dueños ni porteros vigilantes…

Quiero una Iglesia que sea templo de Dios,
lugar de encarnación,
punto de encuentro,
casa de fraternidad,
fábrica de sueños y proyectos,
experta en humanidad…
¡ no cueva de ladrones ni refugio de vividores !

Florentino Ulibarri

Comentario al evangelio – Viernes II de Cuaresma

El Evangelio nos presenta la parábola de la viña arrendada a los labradores. La viña representa en primer lugar al pueblo de Israel. Dios la plantó y la dejó en las mejores condiciones para que diera fruto y la confió a los cuidados de los labradores. Estos se negaron a ofrecerle el fruto que producía, despreciaron además a sus enviados e incluso al mismo hijo. Merecían ser despojados de los dones recibidos, pero Dios siempre fiel, aunque nosotros seamos infieles, les concedió una nueva oportunidad de conversión.

Ahora la comunidad cristiana es la heredera del antiguo pueblo de Israel que no supo dar los frutos que se esperaba de él. Misión y responsabilidad grande: producir los verdaderos frutos del Reino viviendo el amor, la justicia, la fraternidad… y comunicarlos por todas partes. Este es el vino bueno de la viña del Señor que la Iglesia debe ofrecer a todos los hombres del mundo. Y dentro de la comunidad cristiana cada bautizado es un sarmiento mimado y cuidado de esa viña del Señor que tiene la responsabilidad de dar “buen vino” para que los hombres se salven. Los dones y las gracias recibidas “gratis” no son solo para uno mismo sino para compartirlos y así más personas conozcan y glorifiquen y alaben a Dios.

Aquellos labradores mataron a los criados, y al hijo lo echaron fuera de la viña y lo mataron. Aún hoy seguimos matando al hijo: cada siete segundos muere un niño de hambre, miles de personas caen víctimas de las guerras o a causa de la marginación, de las persecuciones políticas, religiosas, a causa de la injusticia social y económica reinantes; los echamos fuera de la viña y no les permitimos beber el buen vino de la viña del Señor. A veces nos creemos dueños de la viña y de sus frutos, y no nos parece bien tener que compartir con otros.

El Papa Francisco comenta esta parábola así: “La misericordia es el vino nuevo de la viña del Señor… La gran novedad del cristianismo: un Dios que, a pesar de estar desilusionado por nuestros pecados, no olvida su palabra, y sobre todo no se venga. ¡Dios no se venga! Dios ama y nos espera para abrazarnos… Cada cristiano tiene la misión de ser la viña del Señor en todos los ambientes incluso en los más alejados, y llevar allí el vino nuevo de la misericordia del Señor”.

José Luis Latorre, cmf