El verdadero culto

1- “Tras muchos años de esfuerzo, un inventor descubrió el arte de hacer fuego. Tomó consigo sus instrumentos y se fue a las nevadas regiones del Norte, donde inició a una tribu en el mencionado arte y sus ventajas.

La gente quedó tan encantada con semejante novedad que ni siquiera se le ocurrió dar las gracias al inventor, el cual desapareció de allí un buen día sin que nadie se percatara. Como era uno de esos pocos seres humanos dotados de grandeza de ánimo, no deseaba ser recordado ni que le rindieran honores; lo único que buscaba era la satisfacción de saber que alguien se había beneficiado de su descubrimiento.

La siguiente tribu a la que llegó se mostró tan deseosa de aprender como la primera. Pero sus sacerdotes, celosos de la influencia de aquel extraño, lo asesinaron y, para acallar cualquier sospecha, entronizaron un retrato del Gran Inventor en el altar mayor del templo, creando una liturgia para honrar su nombre y mantener viva su memoria y teniendo gran cuidado de que no se alterara ni se omitiera ni una sola rúbrica de la mencionada liturgia.

Los instrumentos para hacer fuego fueron cuidadosamente guardados en un cofre, y se hizo correr el rumor de que curaban de sus dolencias a todo aquel que pusiera sus manos sobre ellos con fe.

El propio Sumo Sacerdote se encargó de escribir una Vida del Inventor, la cual se convirtió en el Libro Sagrado, que presentaba su amorosa bondad como un ejemplo a imitar por todos, encomiaba sus gloriosas obras y hacía de su naturaleza sobrehumana un artículo de fe.

Los sacerdotes se aseguraban de que el Libro fuera transmitido a las generaciones futuras, mientras ellos se reservaban el poder de interpretar el sentido de sus palabras y el significado de su sagrada vida y muerte, castigando inexorablemente con la muerte o la excomunión a cualquiera que se desviara de la doctrina por ellos establecida. Y la gente, atrapada de lleno en toda una red de deberes religiosos, olvidó por completo el arte de hacer fuego”.

2- ¿Parábola o realidad en la concepción de lo que no debe ser la relación del hombre con Dios? Jesús vino a anunciar y establecer el Reino de Dios, la Buena Noticia de la salvación. El nos trajo el fuego que da calor e ilumina nuestra vida. ¿Qué hemos hecho con él, sabemos cómo se consigue? Tengo la impresión que muchas veces los cristianos nos hemos quedado en la hojarasca y nos hemos olvidado de lo esencial. No es que esté mal lo que hacemos, ¿acaso estaba mal lo que hacían los mercaderes delante del Templo?. Ellos proporcionaban las monedas para comprar los animales que se sacrificaban en el Templo. Favorecía que se llevase a cabo el culto a Dios. Sin embargo Jesús arremete contra ellos y todos los que secundan este culto porque está vacío, sólo busca el propio beneficio. Han convertido la casa del Padre en un “mercado”. La religiosidad mágica, de contraventa es lo que rechaza Jesús. ¿Cuánto de “compraventa” queda en nuestra religiosidad: estipendios por misas, bodas, bautizos, indulgencias para comprar una parcela en el cielo? El culto que Dios quiere es “en espíritu y en verdad”.

3.- Los Mandamientos son 10, mejor dicho uno solo “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”, o mejor “amaos unos a otros como yo os he amado”. ¿Por qué se ha dado tanta importancia al cumplimiento de las normas cultuales?. El culto, realizado con dignidad debe llevarnos a Dios y al hermano, debe hacer que nuestro compromiso por el Reino sea cada vez mayor. El cuto a Dios es necesario, pues con El le agradecemos todo lo que nos regala gratuitamente y, al mismo tiempo, fortalece nuestra fe y nuestra esperanza. La liturgia es la celebración comunitaria del encuentro con Dios. San Agustín afirma que, en contraposición a la vida presente, la liturgia no estaría ya tejida ya por la exigencia o la necesidad, sino por la libertad de la ofrenda y el don. No debemos “practicar” por obligación o por miedo a cometer pecado mortal, sino por agradecimiento al amor de Dios. El Papa Benedicto XVI en su libro “El espíritu de la liturgia” compara la liturgia con un juego que nos libera y nos hace encontrarnos con nosotros mismos y con Dios, “la liturgia es el despertar dentro de nosotros de la verdadera existencia como niño; la apertura a esa comprometida grandeza que no termina de cumplirse totalmente en la vida. Sería la forma visible de la esperanza, anticipo de la vida futura, de la vida verdadera, que nos prepara para la vida real -la vida en la libertad, en la inmediatez de Dios y en la apertura auténtica de unos a otros-. De este modo, la liturgia imprimiría también a la vida cotidiana, aparentemente real, el signo de la libertad, rompería las ligaduras y haría irrumpir el cielo en la tierra”

4. – Jesús relativiza la importancia del Templo como “lugar de culto”, señalando que la cuestión no es si en Jerusalén o en Garizín, sino en el corazón y en la actitud que tenemos cuando damos culto a Dios. Ya en el Antiguo Testamento Dios había dicho que quería misericordia y no sacrificios. Por eso se atreve Jesús a decir que era capaz de destruir el Templo y levantarlo en tres días. Hablar así para los judíos ortodoxos era una blasfemia. Pero El se refería al templo de su cuerpo, que iba a morir y resucitar. Es un anticipo de la Pascua ya cercana, pues Jesús había tomado ya la decisión de “subir a Jerusalén”, donde estaba el centro de la religión judía. Reflexionemos sobre nuestra forma personal de vivir la “religación con Dios” y veamos si son adecuados los servicios religiosos que prestamos. Lo cultual es necesario, pero una parroquia o cualquier comunidad cristiana debe ejercer también el ministerio -servicio- del anuncio gozoso del Evangelio -catequesis- y del amor gratuito a los necesitados -caridad-.¡Pobres cristianos seríamos si nos quedamos sólo en lo cultual!.

José María Martín OSA