Lectio Divina – Lunes III de Cuaresma

1.- Oración introductoria.

Señor, cómo te tiene que doler el que te veas rechazado por los tuyos y en tu misma patria. Esos tus paisanos son fundamentalistas y no aceptan una lectura distinta de la Biblia que la que ellos hacen. Según ellos, todos se equivocan; incluso el mismo autor que inspiró la Biblia. ¡Qué ceguera! Dame un corazón abierto para aceptar las opiniones de los demás y, sobre todo, un respeto a los que opinan de un modo distinto que el mío.

2.- Lectura reposada del evangelio.  Lucas 4, 24-30

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria». «Os digo de verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio». Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero él, pasando por medio de ellos, se marchó.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Este evangelio sólo se puede entender si se tiene en cuenta el contexto anterior. Jesús, en la sinagoga de Nazaret, ha tomado un texto del profeta Isaías que terminaba así: “Año de gracia y día de venganza de nuestro Dios” (Is. 61,2). Pero Jesús ha dado un corte al texto y sólo ha hablado del año de gracia, sin nombrar la venganza. Y eso ha molestado a sus patriotas. ¿Dónde vamos a ir con un Dios que sólo habla de la gracia y no de venganza? Por otra parte, ha nombrado a una viuda de Sarepta y a un leproso de Siria, los dos fuera del territorio de Israel. Es una lectura intolerable. Yavé es sólo para nosotros y no para otros pueblos. Jesús ha hecho una lectura apatriótica. Este paisano nuestro tan sumiso durante treinta años, viviendo con nosotros, ahora resulta un profeta en contra de nuestras tradiciones y de nuestra manera de interpretar la Biblia. Hay que acabar cuanto antes con Él. Es un peligro para nuestro pueblo. Y lo quieren despeñar. ¡Qué peligrosos los nacionalismos exacerbados! Pronto se convierten en fanáticos. Y el fanatismo consiste en “obligar a los demás a cambiar”. (Amos Oz).  El fanático se cree que tiene toda la razón. En nuestro caso, los paisanos de Jesús quieren obligar a cambiar al mismo Dios.

Palabra del Papa.

“El Evangelio presenta la imagen de la viuda precisamente en el momento en el que Jesús comienza a sentir las resistencias de la clase dirigente de su pueblo: los saduceos, los fariseos, los escribas, los doctores de la ley. Y es como si Él dijera: Sucede todo esto, pero mirad allí, hacia esa viuda. La confrontación es fundamental para reconocer la verdadera realidad de la Iglesia que cuando es fiel a la esperanza y a su Esposo, se alegra de recibir la luz que viene de Él, de ser —en este sentido— viuda: esperando ese sol que vendrá. Por lo demás, no por casualidad la primera confrontación fuerte que Jesús tuvo en Nazaret, después de la que tuvo con Satanás, fue por nombrar a una viuda y por nombrar a un leproso: dos marginados. Había muchas viudas en Israel, en ese tiempo, pero sólo Elías fue invitado por la viuda de Sarepta. Y ellos se enfadaron y querían matarlo. Cuando la Iglesia es humilde y pobre, y también cuando confiesa sus miserias —que, además, todos las tenemos— la Iglesia es fiel. Es como si ella dijera: Yo soy oscura, pero la luz me viene de allí. Y esto nos hace mucho bien. Entonces recemos a esta viuda que está en el cielo, seguro, a fin de que nos enseñe a ser Iglesia de ese modo, renunciando a todo lo que tenemos y a no tener nada para nosotros sino todo para el Señor y para el prójimo. Siempre humildes y sin gloriarnos de tener luz propia, sino buscando siempre la luz que viene del Señor”. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 24 de noviembre de 2014, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)

5.- Propósito. En el diálogo, siempre estaré dispuesto a aceptar la verdad venga de donde venga. Y, si llega el caso, decir: perdón, estaba equivocado.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi silencio.

Señor, te doy gracias porque el Evangelio siempre es nuevo para mí, siempre tiene enseñanzas maravillosas. Me ha hablado de lo peligroso que es el estar cerrado a las ideas, a las tradiciones. Tu criterio, Señor, no es éste. No vale decir: Esto siempre se ha hecho así. Lo importante es ir descubriendo siempre la verdad y, sobre todo, el que las discusiones de tipo intelectual no cierren nunca las barreras afectivas del corazón.   

ORACIÓN MIENTRAS DURA LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén