Lectura continuada del Evangelio de Mateo

Mateo 5, 1-2

«Viendo a las muchedumbres, subió al monte, se sentó y se le acercaron los discípulos. Y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

El texto conecta directamente con 4, 25, sin que haya un nuevo comienzo. La formulación es relativamente libre a pesar de recurrir a la fuente marquiana (cf. Mc 1,21; 3,13). La introducción al discurso propiamente dicho es especialmente solemne (y única): tres acciones lo preparan.

ELEMENTOS A DESTACAR

  • El sermón de la montaña tiene en cierto modo dos círculos concéntricos de oyentes: los discípulos y las muchedumbres (el pueblo). Jesús no es sólo su Mesías sanador, sino también enseñante. Los primeros lectores evocarían también el «pueblo» al que ellos tenían que anunciar el evangelio de Jesús. La yuxtaposición de discípulos y pueblo excluye determinadas interpretaciones del sermón de la montaña: no se puede hablar de una ética para discípulos en sentido estricto ni, por tanto, de una ética reservada a los perfectos. Queda excluida, pues, la ética de dos grados. El sermón de la montaña es una ética para los discípulos, pero vale también para el pueblo que escucha.
  • En Mateo, la montaña es lugar de oración (cf. 14,23), de curaciones (cf. 15,29), de revelación (cf. 17,1; 28,16) y de enseñanza (cf. 24,3). No posee una significación fija. Pero es probable que la frase «subió al monte» encierre una alusión a la subida de Moisés al Sinaí (cf. Ex 19,3.12; 24,15.18; 34,1.4). Esto no significa que el evangelista vea a Jesús como segundo Moisés: lo excluye el hecho de que el pueblo, a diferencia de Israel en el desierto, esté aquí con Jesús en el monte. Queda, por tanto, en una mera asociación; es una simple evocación de la historia esencial de Israel: Dios hablará ahora de nuevo, por medio de Jesús, como habló en otro tiempo en el monte Sinaí. Sólo el sermón mismo mostrará qué relación guarda el evangelio de Jesús sobre el Reino con la ley de Moisés.
  • Jesús se sienta, como suele hacer el maestro en las celebraciones religiosas de la sinagoga. La expresión bíblica «abriendo su boca», además de subrayar la solemnidad, refuerza la idea del carácter bíblico de la escena: el Hijo de Dios anunciará por primera vez su evangelio a Israel después de sus breves frases esenciales en 3,15 y 4,17.