Mirar a Jesucristo en la cruz

1.- El juicio de Dios es para la salvación no para la condenación porque “la misericordia se ríe del juicio”. En el segundo Libro de las Crónicas recuerda la deportación de Babilonia a causa de los crímenes abominables y de las infidelidades del pueblo. El Señor les mandó mensajeros para que cambiasen porque tenía compasión hacia ellos. Pero no hicieron caso y mataron a los profetas. Así vino el desastre inevitable….Pero el amor apasionado de Dios por su pueblo, por el hombre, es a la vez un amor que perdona. El papa Benedicto XVI nos lo recuerda: “Es un amor tan grande que pone a Dios contra sí mismo, su amor contra su justicia. El cristiano ve perfilarse ya en esto, veladamente el misterio de la Cruz: Dios ama tanto al hombre que, haciéndose hombre él mismo, lo acompaña incluso en la muerte y, de este modo, reconcilia la justicia y el amor”. Pero ya antes Dios muestra el poder de la misericordia al enviar a Ciro, como si fuese el Ungido, para devolver la libertad al pueblo de Israel. Se hace realidad la promesa de Jeremías y la esperanza mantenida por Ezequiel de que llegaría un día en que volverían a su tierra si renovaban su fidelidad a la Alianza. Junto a los canales de Babilonia lloraban y se lamentaban por la lejanía, pero no quieren olvidarse de Jerusalén (salmo 136). Pero ha llegado la hora de volver y Dios les muestra una vez más que no se ha olvidado de su pueblo.

2.- Jesucristo, el Hijo de Dios, vino a salvar el mundo. En el diálogo con Nicodemo le dice que “hay que nacer de nuevo”. Nicodemo se extraña de esta afirmación y no entiende qué es eso de nacer de nuevo. Jesús le explica que hay que “nacer del agua y del Espíritu”. Hay aquí una alusión clara al Bautismo. El que cree en El tiene vida eterna. Dios ama con un amor tan grande las cosas que ha hecho y al hombre en particular, que cuando ve cómo la corrupción y la tiniebla del pecado ha entrado en ellos, quiere salvarnos. Y lo hace enviando a su propio Hijo, que muere en la cruz por todos los hombres. En su muerte en la cruz se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar vida al hombre y salvarlo. Como ha subrayado el Papa poner la mirada en el costado traspasado de Cristo ayuda a comprender hasta qué punto Dios nos ama: “es allí en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esta mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar”.

3.- Hay algo muy importante que nos enseña la Palabra de Dios de este domingo. Cristo no vino a condenar. Tampoco a “separar” los dos “mundos”. Viviremos rodeados del mal, como el trigo y la cizaña. Pero Cristo vino a salvar. Creer en El es empezar a vivir. Rechazar libremente la luz es rechazar la salvación, es escoger las tinieblas a la luz, juzgarse a sí mismo y firmar la propia condena. El evangelista Juan insiste en que no es necesaria una sentencia condenatoria de Dios. Tampoco la niega e incluso habla de ella en alguna ocasión. Pero es el mismo hombre quien por su obstinación en rechazar la Verdad y cerrarse a la salvación está ya juzgado. No obstante siempre nos quedará la oportunidad de mirar y admirar el amor manifestado por Jesucristo en la Cruz. De El nos viene la salvación.

José María Martín OSA