Por pura gracia

Desde hace tiempo en el panorama político estamos oyendo hablar de la posibilidad de concesión de unos indultos. Un indulto es una “gracia por la cual se remite total o parcialmente o se conmuta una pena”. Y a su vez, una gracia es un “don o favor que se hace sin merecimiento particular, una concesión gratuita”. No sólo en la vida social y política, sino también en la vida personal, podemos tener experiencias de “indulto” y de “gracia” que hemos recibido o que hemos otorgado: situaciones de perdón y reconciliación, actos de servicio y entrega… Y en la base de estos “indultos” y “gracias” que afectan a nuestra vida personal a menudo se encuentra el amor, porque amamos o porque nos aman. Porque si el “indulto” o la “gracia” se tuviera que deber a los méritos personales, muchas veces no habría ninguna razón para otorgarlo o recibirlo.

La Palabra de Dios de este cuarto domingo de Cuaresma nos habla una vez más del amor y de la misericordia de Dios. Y en la 2ª lectura, san Pablo indica: por pura gracia estáis salvados. Dios derrocha sobre nosotros “indultos” y “gracias”, sin otro motivo que su amor eterno hacia nosotros. Podemos contrastar en las diferentes lecturas las actitudes humanas que en ellas aparecen y de las que nosotros participamos, con la actitud de Dios.

En la 1ª lectura, los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades… ¿Cuáles son mis infidelidades hacia Dios? No nos fijemos sólo en lo que solemos entender como grandes infidelidades, sino en las que consideramos pequeñas, sin importancia, y que se repiten, porque éstas son las que acaban multiplicándose.

El Señor les envió avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión… Pero ellos se burlaron… despreciaron sus palabras… ¿Quiénes me hacen llegar “avisos” de parte de Dios? ¿Tengo en cuenta lo que dicen, hago caso?

En la 2ª lectura decía san Pablo: estando nosotros muertos por los pecados… ¿Me he sentido o me siento “muerto”, sin salida, sin futuro? ¿Tengo algo de responsabilidad en esta situación?

Y en el Evangelio decía Jesús: los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. ¿Reconozco que en ocasiones “elijo la tiniebla”, que obro mal conscientemente?

Frente a estas actitudes nuestras, estaría justificado que Dios nos dejara por imposibles y nos “condenase”. Pero no, Dios no nos condena, somos nosotros quienes nos autocondenamos, como también ha dicho Jesús: el que no cree ya está condenado. Ésta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz. La actitud de Dios, como decía san Pablo, es muy distinta: Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó: estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo, por pura gracia estáis salvados…

Y la manifestación plena de esa “pura gracia” de Dios es Jesucristo, porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en Él sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él.

¿Soy pesimista, optimista o realista? ¿Qué experimento al contemplar a Cristo crucificado? ¿Me provoca escándalo, me parece necedad? ¿Entiendo la “sabiduría de la cruz”? ¿Mi templo parroquial es un espacio de silencio, recogimiento y oración, o lo hemos convertido “en un mercado”?

Cristo crucificado es la imagen del amor extremado de Dios hacia nosotros. Por eso, ante tantas cruces, nosotros predicamos a Cristo crucificado, fuerza de Dios y sabiduría de Dios, porque “la fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor. De este modo transforma nuestra impaciencia y nuestras dudas en la esperanza segura de que el mundo está en manos de Dios y que, no obstante las oscuridades, al final vencerá Él”. (Benedicto XVI, “Dios es amor”, 39).    

Comentario al evangelio – Domingo IV de Cuaresma

NICODEMO FUE A VER A JESUS DE NOCHE


Meditación orante

    • Habla Jesús:

    Vino a verme un doctor de la ley, que ocupa un escaño en el Sanhedrín. Se llama Nicodemo. Viene hasta Betania de noche. 

    Precisamente de noche dio comienzo la historia de la salvación del pueblo esclavo en Egipto, con una cena.

La noche era el tiempo más adecuado -según la tradición judía- para estudiar la Ley.

De noche muchos hombres y mujeres dejan su casa para distraerse, para divertirse, para encontrarse, para romper la monotonía… No siempre lo consiguen.

De noche, miles de samaritanas venden sus cuerpos junto a sus pozos vacíos, luchando por no perder del todo su dignidad. Casi nunca lo logran.

De noche, muchos padres y madres se mueven inquietos y desvelados en sus camas, preocupados por sus hijos que salieron de casa, para saber cuándo vuelven…

Pero es más dura la noche interior

Es de nochecuando se nos muere alguien que nos importa, como mi amigo Lázaro, o mi padre José.

Es de nochecuando hay que tomar decisiones difíciles en solitario, como me ocurriría en el Huerto de los Olivos.

Es de noche cuando un buen amigo, como Judas, te la juega. 

Es de noche cuando nada de lo que hacemos o proyectamos… termina de llenarnos el corazón.

De noche, miles de personas anónimas buscan una luz para sus vidas, una verdad para caminar, un sentido para vivir, una esperanza en que apoyarse. Llevan dentro la noche. Sin saberlo, buscan a Dios.

    • Como Nicodemo. Es un buscador, un corazón inquieto que no se conforma con su oscuridad. Y viene a verme de noche, como es de noche dentro de él. Brilla la blancura de su túnica mientras camino a su lado y apenas alcanzo a ver sus ojos.  Le da vergüenza que alguien se entere de que ha venido a buscarme.

Caminamos largo rato en silencio. Escucho el latido del corazón de aquel hombre justo, pero extraviado. Se esconde detrás de la noche, y sus preguntas todavía no se atreven a salir. Busco sus ojos, porque he visto lo que hay en su corazón y quiero que lo deje salir para que pueda entrarle la luz de una mañana nueva.

    • “Maestro -me dice por fin- nos han llegado voces de Galilea que hablan de ti, de los signos prodigiosos que realizas. 

Te he visto esta mañana en el Templo y he escuchado tus palabras. Sé que tú vienes de Dios. ¿Quién puede decir las cosas que tú dices, o hacer las cosas que tú haces si Dios no está con él? ¿Pero cuál es, o dónde está ese reino que tú vas anunciando?”

    • De momento no respondo a su pregunta. Prefiero hacerle una invitación:

– Nicodemo, yo te digo que el reino de Dios está en medio de nosotros, ya del todo al descubierto. Pero nadie lo puede ver si no nace de nuevo.

– ¿Cómo puede renacer el hombre siendo ya viejo?, me pregunta asombrado. Es imposible que vuelva a entrar en el vientre de su madre y nacer de nuevo.

– ¡Los razonamientos de los hombres! ¡Qué lógicos son nuestros razonamientos! Todo lo clasifican, lo ordenan, ponen reglas, sacan conclusiones para todas las ocasiones, y con ello levantan un muro donde el misterio, la sorpresa, la novedad de Dios no les cabe.

No es razonable el amor de Dios. 

No es razonable su Hijo se haya hecho hombre.

No es razonable que ame tanto a los hombres, que les entregue a su único Hijo.

No es razonable que el Hijo de Dios termine elevado en una cruz.

Y no es razonable que, a pesar e todo, les perdone.

    En el fondo, tiene miedo a pisar terrenos desconocidos, que no controla, no tiene ganas de atravesar sus tinieblas y se escuda con sus razonamientos… Este visitante nocturno cree que lo sabe todo sobre Dios, lo tiene “etiquetado”. Está convencido de que con sus rezos, sus prácticas religiosas, con cumplir la Ley y todos sus mandamientos, ya está todo hecho. Es lo que aprendió desde pequeño. Y por eso se ha estancado. Le falta dejarse llevar por el Espíritu, por el amor, por la novedad de Dios, que hace siempre nuevas todas las cosas, y dejarse de tantas leyes y cumplimientos.

 

   •  – Nicodemo, Nicodemo, no te escondas. Yo estoy lleno del Espíritu del Señor, 

que es todo luz, y tengo que denunciar a Israel sus errores, todas sus deformaciones, todos sus prejuicios, todas sus culpas.

    El Espíritu me empuja a estar cerca de los pobres, de los esclavos, de los prisioneros, de los ciegos, de los enfermos… Me empuja a crear fraternidad, acoger, amar. He venido para traer la fraternidad y la amistad del Padre para ti, Nicodemo, para nuestro pueblo, para los hombres de todas las naciones…

    Le oigo murmurar: “¿Cómo puede ser eso?”. Sigue encerrado en sus seguridades, parece incapaz de abrirse a la verdad, de mirarse sinceramente, de reconocer que está buscando, que siente dentro un vacío.

    • – No te extrañes de que te haya dicho que tenéis que nacer de nuevo. Que tenéis que renovar totalmente el corazón, las ideas, el estilo de vida, vuestra relación con Dios. ¿No recuerdas lo que decía el profeta Ezequiel: 

«Os rociaré con agua pura y seréis purificados, 

os daré un corazón nuevo, pondré en vosotros un espíritu nuevo?»

Necesitas comprender que Dios es rico en misericordia y que quiere levantar y sacar al hombre de sus pecados, de sus violencias, de su empeño por marginar a otros hombres, de creer que se puede manejar a Dios. Que Dios no quiere otra cosa que la vida eterna para todos, que no quiere juzgar, sino salvar. Sólo quienes se empeñen en hacer las obras de las tinieblas, rechazando mis palabras y a mí mismo… quedan condenados. Porque el poder del amor es muy grande, infinito… Pero nada puede con quien se cierra al Amor. 

Por eso te digo que nadie puede entrar en el reino de Dios si no nace del Agua y del Espíritu.

¿Es que no oyes la voz del Espíritu que te sopla dentro, como el día de la creación sopló sobre Adán?

¡Claro que oyes su voz!, pero no sabes de dónde viene ni adónde va, y a ti te cuesta dejarte llevar, fiarte, abrirte a lo nuevo. No pareces un «hijo de Abraham», el peregrino de Dios. La amistad de Dios te rodea y ahora te está esperando a ti en medio de tu noche. Y quien te habla es testigo de ello.

Y Pero Nicodemo sigue repitiéndose “¿cómo puede ser?

Y se aleja a toda prisa, cada vez más envuelto en sus preguntas y sus dudas. Le grito a sus espaldas, mientras se marcha, 

que tanto ha amado Dios al mundo que envió a su Hijo para salvarlo… 

Pero ya estaba lejos y creo que no me habrá oído. Le veo alejarse, pero queda su voz, y sus mil preguntas vacías,  que otras voces repetirán durante siglos:“¿cómo puede ser? ¿cómo puede ser?”.

Yo sé que acabará abriéndose a la luz. Perderá sus miedos y me defenderá ante los Sumos Sacerdotes y pagará de su bolsillo una tumba para mi entierro.

    •  Rezo por ti al Padre, Nicodemo, rezo por todos vosotros, hombres justos,  pero perdidos entre tantas preguntas, pidiendo que os quite el miedo a renacer, que os dé ojos de niño para comenzar de nuevo  y que os dejéis sorprender por la ternura de Dios…

Porque el que realiza la verdad se acerca a la luz,  para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf a partir de un texto de S. Jacomuzzi

Imagen de José María Morillo

Meditación – Domingo IV de Cuaresma

Hoy es Domingo IV de Cuaresma.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 3, 14-21):

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por Él vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.

»Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios».

Hoy, la liturgia nos ofrece un aroma anticipado de la alegría pascual. Los ornamentos del celebrante son rosados. Es el domingo “laetare” que nos invita a una serena alegría. «Festejad a Jerusalén, gozad con ella todos los que la amáis…», canta la antífona de entrada.

Dios quiere que estemos contentos. La psicología más elemental nos dice que una persona que no vive contenta acaba enferma, de cuerpo y de espíritu. Ahora bien, nuestra alegría ha de estar bien fundamentada, ha de ser la expresión de la serenidad de vivir una vida con sentido pleno. De otro modo, la alegría degeneraría en superficialidad y majadería. Santa Teresa distinguía con acierto entre la “santa alegría” y la “loca alegría”. Esta última es sólo exterior, dura poco y deja un regusto amargo.

Vivimos tiempos difíciles para la vida de fe. Pero también son tiempos apasionantes. Experimentamos, en cierta manera, el exilio babilónico que canta el salmo. Sí, también nosotros podemos vivir una experiencia de exilio «llorando la nostalgia de Sión» (Sal 136,1). Las dificultades exteriores y, sobre todo, el pecado nos pueden llevar cerca de los ríos de Babilonia. A pesar de todo, hay motivos de esperanza, y Dios nos continúa diciendo: «Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti» (Sal 136,6).

Podemos vivir siempre contentos porque Dios nos ama locamente, tanto que nos «dio a su Hijo único» (Jn 3,16). Pronto acompañaremos a este Hijo único en su camino de muerte y resurrección. Contemplaremos el amor de Aquel que tanto ama que se ha entregado por nosotros, por ti y por mí. Y nos llenaremos de amor y miraremos a Aquel que han traspasado (Jn 19,37), y crecerá en nosotros una alegría que nadie nos podrá quitar.

La verdadera alegría que ilumina nuestra vida no proviene de nuestro esfuerzo. San Pablo nos lo recuerda: no viene de vosotros, es un don de Dios, somos obra suya (Col 1,11). Dejémonos amar por Dios y amémosle, y la alegría será grande en la próxima Pascua y en la vida. Y no olvidemos dejarnos acariciar y regenerar por Dios con una buena confesión antes de Pascua.

Rev. D. Joan Ant. MATEO i García

Liturgia – Domingo IV de Cuaresma

IV DOMINGO DE CUARESMA

Misa del domingo (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Sin Gloria, Credo, Prefacio propio. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.

Leccionario: Vol. I (B)

  • 2Crón 36, 14-16. 19-23. La ira y la misericordia del Señor serán manifestadas en el exilio y en la liberación del pueblo.
  • Sal 136.Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.
  • Ef 2, 4-10. Muertos por los pecados, estáis salvados por pura gracia.
  • Jn 3, 14-21.Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él.

Antífona de entrada          Cf. Is 66, 10-11
Alégrate, Jerusalén, reuníos todos los que la amáis, regocijaos los que estuvisteis tristes para que exultéis; mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos.

Monición de entrada
La liturgia de este cuarto domingo de Cuaresma se caracteriza por la alegría de saber que está cercana ya la Pascua, en la que el mismo Jesucristo, con su resurrección, iluminará las sombras de nuestra vida.

Acto penitencial
Dispongámonos, pues, a celebrar esta Eucaristía, pidiendo al Señor que ilumine las oscuridades de nuestra vida y nos otorgue el don de la conversión; y volviendo nuestra mirada hacia Cristo crucificado, de donde brota la salvación y la vida verdadera, pidámosle humildemente perdón por nuestros pecados.

  • Señor, ten misericordia de nosotros.
    — Porque hemos pecado contra Ti.
  • Muéstranos, Señor, tu misericordia.
    — Y danos tu salvación.

No se dice Gloria.

Oración colecta
OH, Dios, que, por tu Verbo,
realizas de modo admirable
la reconciliación del género humano,
haz que el pueblo cristiano
se apresure, con fe gozosa y entrega diligente,
a celebrar las próximas fiestas pascuales.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.
Proclamemos ahora nuestra fe en el único Dios, el Dios que nos libera del pecado y nos salva.

Oración de los fieles
Sabiendo que Dios nuestro Padre escucha siempre las súplicas de los humildes y los sencillos, presentémosle confiadamente nuestras súplicas por medio de Jesucristo.

1.- Por la Iglesia; para que se mantenga fiel a Cristo y transmita a todos los hombres su perdón y su misericordia. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones sacerdotales; para que el Señor que fue colgado de un madero suscite abundantes y santas vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada. Roguemos al Señor.

3.- Por la paz y el bien del mundo; para que el Señor, Dios de los cielos, reconcilie por Cristo a los pueblos enfrentados por el odio . Roguemos al Señor.

4.- Por los pecadores; para que Dios, rico en misericordia, que nos ha hecho vivir por Cristo, le lleve a la luz para que se salven Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros, salvados por la gracia y por la fe en Cristo Jesús; para que nos dediquemos a las buenas obras que Dios determino que practicásemos. Roguemos al Señor.

Dios bueno y fiel, que nunca dejas de llamar a los que se extravían para que se conviertan y vuelvan a ti y, en tu Hijo elevado sobre la cruz, nos curas de las heridas del maligno, escucha nuestras oraciones y concédenos tu gracia, para que, renovados en el espíritu, podamos corresponder a los dones de tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
SEÑOR, al ofrecerte alegres
los dones de la eterna salvación,
te rogamos nos ayudes
a celebrarlos con fe verdadera
y a saber ofrecértelos de modo adecuado
por la salvación del mundo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Sal 121, 3-4
Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, a celebrar tu nombre, Señor.

Oración después de la comunión
OH, Dios,
luz que alumbras a todo hombre
que viene a este mundo,
ilumina nuestros corazones con la claridad de tu gracia,
para que seamos capaces
de pensar siempre, y de amar con sinceridad,
lo que es digno y grato a tu grandeza.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
D
EFIENDE, Señor, a los que te suplican,

fortalece a los débiles,
vivifica siempre con tu luz a los que caminan
en sombras de muerte,
y, libres de todo mal por tu compasión,
concédeles llegar a los bienes definitivos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 14 de marzo

SAN LEOBINO o LUBIN, Obispo de Chartres (c. 558 d.C)

Los padres de San Leobino eran campesinos que vivían cerca de Poitiers, y desde niño lo pusieron a trabajar en los campos. Como todos los niños, estaba ansioso por aprender. Su sed de conocimientos, que aumentó con los años, lo llevó a un monasterio —probablemente Noailles—, donde lo emplearon en trabajos domésticos. Su trabajo le ocupaba todo el día, y se veía obligado a hacer la mayor parte de sus estudios durante la noche, ocultando la lámpara lo mejor que podía, pues los monjes se quejaban de que la luz perturbaba su sueño. Debido a su humildad y perseverancia, progresó en sus conocimientos religiosos hasta ocupar un sitio de honor en la casa. Sin embargo, por sugestión de San Carilef, Leobino buscó al ermitaño San Avito, quien le recomendó que continuara en el monasterio un poco más y que luego regresara con él, a Le Perché.

Después de salvar algunos contratiempos, Leobino fijó su residencia en una abadía cercana a Lyon, durante cinco años. Estalló la guerra entre francos y borgoñones; el monasterio fue invadido y los monjes huyeron, quedándose tan sólo Leobino y un anciano. Los invasores interrogaron a éste último para descubrir el sitio donde ocultaban los tesoros. El anciano les dijo que su compañero Leobino lo sabía y en seguida se apoderaron del santo. Como no lograron obtener ninguna información, lo torturaron ligando su cabeza con una cuerda. Luego lo ataron de los pies y lo sumergieron repetidas veces en el río; pero como tampoco obtuvieron resultados positivos, lo dejaron ahí para que se ahogara. Sin embargo, Leobino se salvó y, con dos compañeros regresó a Le Perché, donde San Avito lo recibió en su monasterio. Al morir éste, Leobino volvió a vivir como u n ermitaño. E l obispo Aetherios, de Chartres, lo nombró abad de Brou y lo consagró sacerdote. Parece haber encontrado sus responsabilidades demasiado pesadas y anhelaba dimitir de su cargo y convertirse en un simple monje en Lérins, pero San Caesarius, a quien su propio obispo había enviado para avisarle, le dijo que volviera a Brou y que no dejara a su gente como ovejas sin pastor. Obedeció, pero poco después de su regreso, lo nombraron sucesor de Aetherius en Chartres. Hizo varias reformas y continuó siendo muy famoso por sus milagros. Tomó parte en el quinto Concilio de Orleáns y en el segundo de París. Murió el 14 de marzo, más o menos en el año 558, después de una enfermedad prolongada.

La antigua vida de San Leobino ha sido editada por B. Krush en MGH., Auct. Anli quiss, vol. IV, pt. 2, pp. 73-82, como un suplemento de los trabajos de Venacio Fortúnalo, quien durante un tiempo se creyó que era su autor. Fray A. Poncelet considera que In biografía, tal como se encuentra en la actualidad, no puede remontarse a más de la mitad del siglo XIX. Véase la Analecta Bollandiana, vol. XXIV (1905), pp. 25-31 y p. 82. Cl. Fastea Episcopaux vol. II, p. 422, y el Acta Sanctorum, marzo, vol. II.

Alan Butler

Laudes – Domingo IV de Cuaresma

LAUDES

DOMINGO IV CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso”.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Éste es el día del Señor.
Éste es el tiempo de la misericordia.

Delante de tus ojos
ya no enrojeceremos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.

En medio de las gentes,
nos guardas como un resto
para cantar tus obras
y adelantar tu reino.
Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.

Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el desierto.

¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo
revoca sus decretos:
La salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo.

SALMO 117: HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA

Ant. Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
“la diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.”

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.

— Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

— Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.

— Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.

— Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.

CÁNTICO de DANIEL: QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR

Ant. Capaz eres, Señor, de liberarnos de la mano del poderoso; líbranos, Señor, Dios nuestro.

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por los siglos.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Capaz eres, Señor, de liberarnos de la mano del poderoso; líbranos, Señor, Dios nuestro.

SALMO 150: ALABAD AL SEÑOR

Ant. Alabad al Señor por sus obras magníficas.

Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,

alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,

alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta alabe al Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabad al Señor por sus obras magníficas.

LECTURA: Neh 8, 9a.10

Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis; pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.

RESPONSORIO BREVE

R/ Cristo, Hijo de Dios vivo, Ten piedad de nosotros.
V/ Cristo, Hijo de Dios vivo, Ten piedad de nosotros.

R/ Tú que estás sentado a la derecha del Padre.
V/ Ten piedad de nosotros.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Cristo, Hijo de Dios vivo, Ten piedad de nosotros.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Dios, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo.

PRECES

Glorifiquemos a Dios, cuya bondad es infinita, y elevemos a él nuestra oración por medio de Jesucristo, que está siempre vivo para interceder a favor nuestro; digámosle:

Enciende, Señor, en nosotros la llama de tu amor

Dios de misericordia, haz que hoy nos entreguemos generosamente a las obras de amor al prójimo,
— para que tu misericordia, a través de nosotros, llegue a todos los hombres.

Tú que en el arca salvaste a Noé de las aguas del diluvio,
— salva por el agua del bautismo a los catecúmenos.

Concédenos vivir no sólo de pan,
— sino de toda palabra que sale de tu boca.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que, con tu ayuda, venzamos toda disensión,
— y podamos gozarnos en el don de tu paz y de tu amor.

Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios; por eso, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Oh, Dios, que, por tu Verbo, realizas de modo admirable la reconciliación del género humano, haz que el pueblo cristiano se apresure, con fe gozosa y entrega diligente, a celebrar las próximas fiestas pascuales. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.