La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

XVIII. LAS PARÁBOLAS DEL REINO 

Una «parábola» es sencillamente una «comparación». El Señor explicaba verdades profundas comparándolas con sucesos de la vida ordinaria: unas veces tenían un cierto argumento, como las parábolas del buen samaritano o del hijo pródigo; otras narran un simple hecho, como pescar o sembrar; y algunas se basan en un proceso natural, como el de la levadura en la masa o el crecimiento de la semilla. Todas se caracterizan por estar basadas en la vida real. No encontraremos en ellas –como en las fábulas– árboles que hablan o peces que vuelan. La enseñanza espiritual propuesta se relaciona con la comparación; el hecho de que esta fuera familiar a quienes le escuchaban les ayudaba a sentirse cerca de verdades más profundas. Se trataba normalmente de comparaciones muy plásticas, y aquel pueblo –como todos los orientales– estaba más acostumbrado a pensar con imágenes que con ideas.

En las parábolas aflora la pequeña vida cotidiana de Palestina: las faenas del campo, las mujeres en las labores domésticas, el modo de vivir, de pleitear, etc. En su conjunto nos dan a conocer las costumbres de los pastores, la profesión del tratante en perlas finas, el modo de actuar de los malos jueces, de los administradores… Todo un mundo vivo y verdadero.

Es muy significativo que, aun tratándose de narraciones típicas de Palestina y del mundo oriental, enseñen verdades nucleares que son entendidas por hombres de diversas culturas y de todas las épocas.

En esta nueva etapa, Jesús enseñaba a las multitudes solo en parábolas, y las explicaba a veces a los apóstoles en la intimidad, cuando ya se habían marchado las muchedumbres[1].


[1] «A través de lo cotidiano Jesús quiere indicarnos el verdadero fundamento de todas las cosas y así la verdadera dirección que hemos de tomar en la vida de cada día para seguir el recto camino. Nos muestra a Dios, no como un Dios abstracto, sino el Dios que actúa, que entra en nuestras vidas y nos quiere tomar de la mano. A través de las cosas ordinarias nos muestra quiénes somos y qué debemos hacer en consecuencia; nos transmite un conocimiento que nos compromete, que no solo nos trae nuevos conocimientos, sino que cambia nuestras vidas. Es un conocimiento que nos trae un regalo: Dios está en camino hacia ti. Pero es también un conocimiento que plantea una exigencia: cree y déjate llevar por la fe. Así, la posibilidad de rechazo es muy real, pues la parábola no tiene fuerza coercitiva… Las parábolas son la expresión del carácter oculto de Dios en este mundo y del hecho de que el conocimiento de Dios requiere la implicación del hombre en su totalidad; es un conocimiento que forma un todo único con la vida misma, un conocimiento que no puede darse sin conversión». BENEDICTO XVI, Jesús de Nazaret I, pp. 233 y 234.