Comentario – Miércoles IV de Cuaresma

(Jn 5, 17-30)

En este discurso, que parece complejo y difícil, Jesús aparece como dador de vida, y en esto se presenta como igual al Padre. Tanto él como el Padre están permanentemente dando vida, sin pausa ni descanso.

En todo el evangelio de Juan está presente el tema de la vida, y Jesús aparece como fuente de vida sobrenatural. Él puede dar el “agua viva” (cap. 4), es el “pan de vida” (cap. 6), es la “luz de la vida” (8, 15.51), es “el buen pastor” que da la vida en abundancia (10, 10.28).

Pero aquí Jesús muestra que la fuente última de esa vida superior es el Padre, ya que él recibe del Padre ese poder de comunicar vida; y así “lo que hace el Padre lo hace igualmente el Hijo”(v. 19). Al decir esto, Jesús está presentándose como igual al Padre, y de hecho así lo entendieron las autoridades judías, que querían matarlo porque “se hacía a sí mismo igual a Dios” (v. 18).

Cuando Jesús habla de “obras mayores” se refiere, al igual que en 14, 12, a la obra de Cristo después de su resurrección, que será mucho más importante que curar enfermedades físicas. Será la comunicación de la vida íntima de Dios a los corazones humanos, entrando en ellos con la gloria de su resurrección.

A nosotros, que amamos la vida, aquí se nos invita a recordar que hay muchos niveles de vida. Es un engaño creer que sólo vive intensamente el que se entrega a los placeres sensuales o al consumismo. Eso es quedarse en un nivel muy superficial de la vida. El ser humano puede ser elevado a una vida superior, puede experimentar una vitalidad maravillosa de un orden más alto. Pero sólo Dios puede comunicarle esa intensidad maravillosa, porque es la misma vida íntima de Dios que se derrama en el corazón humano y lo hace capaz de amar como Jesús, hasta el vértigo supremo de entregar la vida en una cruz.

Oración:

“Señor, derrama tu vida en todo mi ser, devuélvele la vida a todo lo bueno que sembraste en mi existencia y que yo dejé morir por mis miserias y pecados; arráncame del camino de la muerte y dame la gracia de sentirme vivo por tu presencia en mí”.

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día