Lectura continuada del Evangelio de Mateo

Mateo 5, 3-12

3Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
4Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados.
5Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra.
6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

7Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia.
8Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios.
9Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. 10Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

11Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. 12Alegraosy regocijaos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos; porque de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

 

Las bienaventuranzas son una pieza cerrada y cuidadosamente compuesta. La primera y la última aparecen enmarcadas por la misma proposición («porque de ellos es el reino de los cielos»). Además, estos dos segundos miembros son los más largos. La extensión y la composición muestran que el tema del «reino de los cielos» es importante en el sermón de la montaña; Mateo adopta con la expresión «reino de los cielos» en el sermón de la montaña la palabra central de la proclamación de Jesús, presente en 4,17.23, Y desarrollará ahora lo que significa el «evangelio del reino de los cielos». Las primeras ocho bienaventuranzas, con el término «justicia» presente en la cuarta y octava, se presentan como dos «estrofas» de igual extensión. Los sujetos de las cuatro primeras bienaventuranzas aparecen designados con palabras cuya inicial en griego es la letra «P». La última y novena bienaventuranza es más extensa que las otras y contiene una promesa directa en segunda persona del plural, que se prolonga en la perícopa siguiente, 5,13-16. En una segunda frase asume de nuevo el «bienaventurados» con «alegraos y regocijaos»; esta última bienaventuranza está ligada con lo anterior por la palabra «perseguir». Esto es importante para Mateo, porque lo reitera en 5,44.

  • La historia de la exégesis conoce tres interpretaciones básicas que se pueden complementar: a) La primera subraya la promesa de gracia contenida en las bienaventuranzas. Se apoya sobre todo en las cuatro primeras bienaventuranzas. b) La segunda entiende las bienaventuranzas sobre todo como exhortación ética para un camino de perfección. Las tres primeras tratan de librar al ser humano de ataduras mundanas, las tres siguientes tratan de las relaciones con sus semejantes, las dos últimas de su acogida definitiva por Dios. c) La tercera ve en las bienaventuranzas el estilo de vida de la comunidad cristiana: las bienaventuranzas se orientan a la vida (quinta, sexta, séptima y octava) que emana de la gracia (primera, segunda, tercera y cuarta bienaventuranza). D. Bonhoeffer considera que «la comunidad de las bienaventuranzas es la comunidad del Crucificado. Con él, la comunidad lo perdió todo y lo encontró todo».
  • Para Jesús, lo decisivo es la promesa incondicional, categórica, de salvación dirigida a quienes se encuentran en una situación desesperada. Las bienaventuranzas tienen un carácter paradójico. El trasfondo de estas bienaventuranzas es la esperanza apocalíptica en un cambio total de las circunstancias: el futuro espléndido brilla ya en la conducta de Jesús. Un aspecto de la salvación prometida a los pobres, a los hambrientos y a los que lloran se hace ya realidad en la dedicación de Jesús a los desclasados, en su convivencia con ellos y en la alegría experimentada por el goce del amor de Dios. Las bienaventuranzas de Jesús no son consolaciones con algo que aún tiene que venir, sino «un acto oral que hace realidad en el ahora el reinado de Dios que está viniendo».
  • «Bienaventurado» (en griego, makarios) es un término reservado en origen a los dioses, y significa «feliz» en un sentido pleno e insuperable. La traducción por «feliz» en castellano suena demasiado trivial y deja de lado el carácter escatológico de las promesas. La traducción tradicional por «bienaventurado», además de ser un vocablo «religioso» apenas usual hoy, suscita asociaciones con el más allá. De hecho, la primera acepción de «bienaventurado» se refiere a quien goza ya de Dios en el cielo. Pero estas bienaventuranzas no pretenden consolar con el más allá, sino que son un poderoso acto oral que proclama felices aquí y ahora a ciertas personas. En fin, no hay una traducción ideal de esta palabra.
  • El sentido de la expresión «pobres de espíritu» ha sido objeto de muy diversas interpretaciones. Según lo que se entienda por «pobre» y por «espíritu», habrá diversos matices: se puede generalizar el significado literal de «pobre»; entonces significa: pobre, pero no, o no sólo, en sentido económico, sino respecto al ánimo, al espíritu, es decir, «desanimado», o «desesperado». Se puede entender también «espíritu» en referencia a la vida interior; los «pobres en el espíritu» serán entonces los «atentos a la vida interior», con la conciencia de su incapacidad para valerse por sí mismos, los que se presentan como «mendigos ante Dios». Si se parte, en cambio, del matiz metafórico «inferior», relacionado con el término hebreo para «pobre» (‘anaw) más que con el término griego para «pobre» (ptochós), entonces la expresión «inferior en el espíritu» no sería un estado, sino una actitud: dichosos los inferiores en el espíritu, es decir, los humildes. Es difícil la opción porque los matices pueden transferirse de unos a otros. Pero la expresión «pobre de espíritu» no permite decidir si los humildes son pobres o ricos.
  • A los humildes se promete el «reino de los cielos». Mateo hace extensiva esta promesa a todas las bienaventuranzas (vv. 3.10); las otras proposiciones causales desarrollan lo que significa «reino de los cielos». Mateo reitera así el título que había puesto a la proclamación de Jesús en 4,17.23: el sermón de la montaña es el desarrollo del «evangelio del Reino». El texto 4,17 y los verbos en futuro de los vv. 4-9 ponen de manifiesto que ese Reino está aún por llegar. También queda claro que «reino de los cielos» no significa una espiritualización de la promesa; en los vv. 4-9 aparece descrito con imágenes parcialmente escatológicas muy concretas y abarca también la tierra.
  • En la segunda bienaventuranza, sobre los que lloran podemos observar asimismo una tendencia a la espiritualización: la tristeza por el pecado propio y ajeno. «Llorar» (y «consolar») proceden de Is 61,2-3 («para consolar a todos los afligidos»); ahí se habla de la tristeza en este mundo en términos muy generales, y especialmente de la tristeza por Jerusalén. El sentido en Mateo es el mismo que en Is 61,2- 3. La «tristeza» incluye cualquier aflicción de este mundo, que en el eón futuro será reemplazada por el consuelo.
  • La comprensión de la bienaventuranza de los «mansos» aparece extraordinariamente dificultada por la amplitud semántica de esta palabra. Suele reflejar el ideal de la espiritualidad de cada exegeta: «sumisión a la voluntad de Dios», «resistencia pasiva», «dominio de la ira por la razón». «La mansedumbre no permite que se haga violencia ni se cometa injusticia con nadie» (Zwinglio). El término «manso» traduce la palabra hebrea ‘anaw, en sentido de una actitud ética: adquirió el significado de «humilde». Mateo no lo desconoce; así lo muestra en 11,29 (sentido de «afabilidad») y 21,5 (sentido de «no violencia»). Los mansos poseerán la tierra, no sólo el país de Israel. La promesa de la tierra pone en claro que el reino de los cielos implica una renovación de este mundo.
  • En la cuarta bienaventuranza Mateo insertó su término clave «justicia» como objeto de tener hambre y sed. Hay varias posibilidades exegéticas. «Justicia» puede entenderse en todos los pasajes mateanos como conducta humana, y en algunos tiene que entenderse así. Dado que la primera y segunda estrofa de las bienaventuranzas concluyen con este término, todo parece indicar que significa lo mismo en el v. 6 y en el v. 10; en el v. 10 es mucho más probable la referencia a una conducta humana. Por otro lado, la metáfora «tener hambre y sed» puede significar tanto «anhelar» como «esforzarse por» algo. De este modo, justicia es la conducta ordenada por Dios a su pueblo en virtud de la alianza; su contenido aparece descrito más concretamente en 5,20-48. Y «tener hambre y sed» no se refiere a los que han alcanzado la meta de la justicia, sino a los que están en camino y se esfuerzan en llegar.
  • La quinta bienaventuranza, la de los misericordiosos, se aproxima al modelo judío de las obras de amor, por lo que existen numerosos paralelos judíos. Mateo habla de la primacía de la misericordia sobre el sacrificio (9,13; 12,7). En los relatos de milagros mostrará que la misericordia del Hijo de David coincide con la misericordia exigida al ser humano. No está claro si la misericordia de Dios precede y motiva la acción humana (así 18,23-35) o, como formuló después la catequesis eclesial, si la misericordia humana tiene como fin inducir la misericordia divina.
  • «Limpio de corazón» o «de corazón limpio» es una expresión judía que procede de la espiritualidad de los Salmos. Significa la obediencia absoluta a Dios, lejos de todo pecado. El «corazón» designa, en lenguaje judío, el centro del querer, pensar y sentir humano. Mateo conoce la pureza entendida íntegramente, que relativiza sin duda el ámbito cultual, pero en modo alguno lo anula (cf. 5,23-24; 23,25-26: «primero»). La promesa tiene sentido escatológico, como en las restantes bienaventuranzas. El judaísmo, como el cristianismo primitivo, espera que Dios, que no se hizo visible en este mundo ni siquiera a Moisés, pueda ser contemplado cara a cara en el tiempo final. Entonces desaparecerá la lejanía y el enigma de Dios. Esta bienaventuranza está en un contexto que habla de relaciones interhumanas y no pretende desligar al ser humano de ellas para conducirlo a la autosatisfacción religiosa.
  • También la séptima bienaventuranza, la de los pacificadores, ofrece un matiz judío. La exhortación a trabajar por la paz ocupa un puesto central en el mundo sapiencial rabínico. Se refiere a pasos concretos dados en las relaciones interhumanas. El término literal «hacedores de paz» designa algo activo y no la mera disposición a la paz. Esto apunta al precepto del amor a los enemigos (5,44-48): también allí se promete la filiación divina (5,45); también allí se trata, como en los vv. 10-12, de enemigos y perseguidores. Mateo no se refiere sólo a una convivencia correcta entre los miembros de la comunidad, sino que apunta más allá del límite de esta. La promesa de la filiación divina no tiene una conexión directa evidente con el trabajo por la paz. El lector del evangelio de Mateo la comprenderá partiendo de 3,13-14,11: como el Hijo de Dios, Jesús, se acredita en la obediencia al Padre, la obediencia a su voluntad hace que también sus discípulos puedan llamarse -en el tiempo final- hijos de Dios.
  • La bienaventuranza de los perseguidos (v. 10) no añade nada a lo dicho en el v. 3 y los vv. 11-12. Subraya los dos puntos de vista capitales de toda la serie: la «justicia» y «el reino de los cielos». Mateo entiende la persecución como signo general del ser cristiano. «Justicia» designa una conducta humana. Sólo por una conducta -y no por simple anhelo de justicia- se puede ser perseguido. Justicia implica la praxis cristiana y la profesión de fe en Jesús: la persecución por la justicia en el v. 10 y la persecución por «mi causa» en el v. 11 se interpretan recíprocamente: la confesión de Cristo se manifiesta en las obras (7,21-23; 25,31-46).
  • La última bienaventuranza se dirige directamente a todos los discípulos. La comunidad tiene que contar con la injuria y la persecución. Esto debió de ser una realidad en Israel, antes de la guerra contra Roma y también después de ella: las numerosas referencias del NT sobre la persecución ilustran este punto (Hb 10,32-34; 1Pe 2,12; 3,14.16s; 4,12-17; cf. 2Tm). Pero no cualquier persecución es objeto de promesa, sino la que se realiza por causa de Cristo, o sea, por causa de la justicia (cf. 1Pe 3,14.17; 4,14-15).
  • La interpretación de las bienaventuranzas forma parte de una larga historia caracterizada, primero, por una tendencia a la etización: las bienaventuranzas pasan a ser un «espejo» para la ética de una vida cristiana; y, después, por una tendencia a la interiorización: pasan a primer plano, cada vez con más fuerza, actitudes religiosas como la humildad, la renuncia al mundo y al pecado, la perseverancia en la fe, etc. Mateo presenta a Jesús proclamando dichosos a los que responden en su actitud interna y en su praxis externa al reino de los cielos que Jesús les promete. Enlaza la promesa de salvación con una vida cristiana vivida plenamente. Pero la impregnación ética de las bienaventuranzas de Mateo no significa en modo alguno la eliminación de la gracia. El precepto no es algo ajeno al Evangelio, pero la fundamentación ética de todo precepto debe partir de la experiencia de gracia de Dios en el don de su Enmanuel para la comunidad.