Comentario al evangelio – Viernes IV de Cuaresma

Jesús sabe lo que tiene que hacer. Jesús lo hace. Jesús sabe que le van a matar por ello. Hoy leemos que no había llegado su hora. Llegará. Nosotros también sabemos lo que tenemos que hacer. ¿Lo hacemos?  No es fácil la vida del profeta, como no fue fácil la vida de Jesús. Estuvo predicando a diestro y siniestro, hasta que llegó su hora. La “hora de Jesús” Jesús hablaba de cumplir la voluntad de su Padre Abba. Siempre teniendo la sensación de ser guiado por Su voluntad y deseando cumplirla. ¿Has tenido alguna vez la sensación de ser guiado por la voluntad de Dios? ¿Cuándo he respondido a esto y cuándo no? Sería buen hablar con el buen Jesús acerca de esto.

¿Quiero ser guiado, con todo lo que eso puede implicar? Hay que saber adónde nos lleva eso. A mí me ha traído hasta Múrmansk, en el norte de Rusia. Hacer la voluntad del Padre no siempre coincide con lo que nos gusta o nos resulta más fácil. A veces hay que estudiar idiomas para llevarla a cabo.

Si nos dejamos guiar, acabaremos viviendo como Jesús. Él nos pide que amemos, como Él nos amó y nos ama; hasta el final. Además, la forma de actuar de Jesús es muy especial. A nosotros nos gusta ponernos en el centro, que se oiga nuestra palabra, y no la Palabra. Jesús nunca se colocó en el centro. Estaba siempre mostrando al Padre. Por eso “trataron de arrestarlo…” En su horizonte estaba el día cuando “iba a llegar su hora”, la hora de su muerte, la hora de su gloria. “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el final.”(Juan 3: 16)

Hay muchos motivos para reflexionar. Si nos parece difícil, si estamos cansados, que no se nos olvide nunca el salmo de hoy: el Señor está cerca de los atribulados. Acércate a Él cuando creas que no puedes hacer lo que te pide. Y pídele que el Espíritu te vaya llevando, a veces, donde quieras, y otras, donde no quieras.

Alejandro Carbajo, C.M.F.