Comentario – Sábado IV de Cuaresma

(Jn 7, 40-53)

En este texto vemos hasta dónde pueden llegar los prejuicios sociales. Algunos no podían aceptar que Jesús fuera el Mesías, y otros ni siquiera lo aceptaban como un profeta sólo porque venía de Galilea.

Pero esto también nos muestra cómo Dios se identifica con los despreciados de la tierra, con los ignorados y excluidos.

Por otra parte, este texto nos hace ver que eran los sumos sacerdotes y los fariseos, las autoridades religiosas, los que rechazaban a Jesús. No era el pueblo el que despreciaba la enseñanza de Jesús, porque ese pueblo sencillo se quedaba admirado escuchándolo. Por eso las autoridades judías tratan a la gente sencilla de ignorantes y malditos, y hacen notar que ninguno de los notables creía en Jesús.

Esto nos invita también hoy a valorar la fe del pueblo sencillo, que está aferrado a pocas cosas de este mundo y por eso puede abrir el corazón espontáneamente a Dios y saber que necesita de su fuerza salvadora.

Más allá de su formación doctrinal, el pueblo simple confía más en Dios que en los poderes humanos, en los títulos, en los honores sociales, y en medio de sus angustias levanta los ojos en silencio.

Porque cuando alguien tiene dónde sostenerse, tiene algún poder humano que lo hace sentir seguro y apoyado, su relación con Dios tiende a ser sólo una parte secundaria de su vida, al corazón le cuesta apoyarse sinceramente en Dios y sólo en él, le cuesta más descubrir que lo necesita y que sin él no es nada. Pero el pueblo simple y pobre, con menos conocimientos, con un pobre lenguaje teológico, con muchas carencias, no necesita ser motivado para buscar a Dios, porque sabe profundamente que lo necesita. Más allá de su escasa participación en el culto dominical, toda su vida está marcada por una búsqueda de Dios que no es forzada ni superficial, sino que brota de un corazón abierto.

Oración:

“Señor, dame la gracia de ser parte de esos corazones sencillos que alegran tu corazón, porque el Padre oculta las cosas más profundas a los sabios y entendidos y las revela a los pequeños”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día