La búsqueda y la rendición

La búsqueda constituye uno de los temas centrales del cuarto evangelio. Empieza con la pregunta de Jesús a sus dos primeros discípulos –“¿a quién buscáis?” (Jn 1,38)– y concluye constatando que también los paganos desean encontrarlo.

La búsqueda suele nacer de una doble fuente: la insatisfacción –o vacío– que reclama respuesta o salida y el Anhelo profundo que nos hace añorar nuestra “casa” y clama porque nos reencontremos con nosotros mismos. En el primer caso, la búsqueda es interesada porque nace del sufrimiento o del malestar provocado por la lejanía de nosotros mismos; en el segundo, aun sin saberlo conscientemente, es expresión de nuestra verdad profunda.

No es raro que la búsqueda vaya acompañada de ansiedad, cuando no de miedo y de frustración. Sin embargo, a medida que crece la comprensión, la propia búsqueda se empieza a vivir de forma más desapropiada para, finalmente, cesar. Cesa cuando has comprendido que, en tu verdad profunda, ya eres lo que andabas buscando y que, por tanto, no hay nada que buscar.

A partir de ese momento, se empieza a entrever que la búsqueda desorienta porque, al hacernos pensar que hay “algo” que tenemos que perseguir fuera o en el futuro, nos aleja de lo que realmente somos. Con la promesa de un señuelo exterior, nos embarca en un camino que cada vez nos aleja más del tesoro auténtico.

Tiene razón, sin duda, el dicho según el cual, “quien busca encuentra”, pero la tiene igualmente –somos una realidad paradójica– aquel otro que afirma que “buscar es el mejor modo de no encontrar”. Y, tal vez, en cierto sentido, ambas afirmaciones quedan sintetizadas en aquella otra que lo resume de este modo: “La salida es hacia dentro”.

La salida se halla en la comprensión de que lo realmente somos. Ahí cesa la búsqueda. Y al cesar, se vive una profunda aceptación de lo que es, que llega a rendición –consciente y lúcida– y se plasma en la actitud de fluir con la vida. No buscas nada; permites que la vida, que ya has reconocido como tu identidad más profunda, se exprese en cada momento a través de ti.

El hecho de que cese la búsqueda no significa que cese la acción. Lo que cambia, de modo radical, es el lugar de donde la acción nace: antes lo hacía, generalmente, del yo ansioso; ahora brota, se despliega o, mejor, fluye de la plenitud que somos en lo profundo. Por eso, en el primer caso, la acción es egocentrada; en el segundo, desapropiada.

¿Cómo me sitúo ante la búsqueda?

Enrique Martínez Lozano

II Vísperas – Domingo V de Cuaresma

II VÍSPERAS

DOMINGO V DE CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Te damos gracias, Señor,
porque has depuesto la ira
y has detenido ante el pueblo
la mano que lo castiga.

Tú eres el Dios que nos salva,
la luz que nos ilumina,
la mano que nos sostiene
y el techo que nos cobija.

Y sacaremos con gozo
del manantial de la Vida
las aguas que dan al hombre
la fuerza que resucita.

Entonces proclamaremos:
«¡Cantadle con alegría!
¡El nombre de Dios es grande;
su caridad, infinita!

¡Que alabe al Señor la tierra!
Contadle sus maravillas.
¡Qué grande, en medio del pueblo,
el Dios que nos justifica!» Amén.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Lo mismo que fue elevada la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Lo mismo que fue elevada la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre.

SALMO 113A: ISRAEL LIBRADO DE EGIPTO: LAS MARAVILLAS DEL ÉXODO

Ant. El Señor de los ejércitos es protección liberadora, rescate salvador.

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en manantiales de agua.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor de los ejércitos es protección liberadora, rescate salvador.

CÁNTICO de PEDRO: LA PASIÓN VOLUNTARIA DE CRISTO, EL SIERVO DE DIOS

Ant. Él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes, sus cicatrices nos curaron.

Cristo padeció por nosotros,
dejándonos un ejemplo
para que sigamos sus huellas.

Él no cometió pecado
ni encontraron engaño en su boca;
cuando lo insultaban,
no devolvía el insulto;
en su pasión no profería amenazas;
al contrario,
se ponía en manos del que juzga justamente.

Cargado con nuestros pecados, subió al leño,
para que, muertos al pecado,
vivamos para la justicia.
Sus heridas nos han curado.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes, sus cicatrices nos curaron.

LECTURA: Hch 13, 26-30a

Hermanos, a vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación. Los habitantes de Jerusalén y sus autoridades no reconocieron a Jesús ni entendieron las profecías que se leen los sábados, pero las cumplieron al condenarlo. Aunque no encontraron nada que mereciera la muerte, le pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar. Y, cuando cumplieron todo lo que estaba escrito de él, lo bajaron del madero y lo enterraron. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos.

RESPONSORIO BREVE

R/ Escúchanos, Señor, y ten piedad. Porque hemos pecado contra ti.
V/ Escúchanos, Señor, y ten piedad. Porque hemos pecado contra ti.

R/ Cristo, oye los ruegos de los que te suplican.
V/ Porque hemos pecado contra ti.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Escúchanos, Señor, y ten piedad. Porque hemos pecado contra ti.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Cuando yo se elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cuando yo se elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.

PRECES

Demos gloria y alabanza a Dios Padre que, por medio de su Hijo, la Palabra encarnada, nos hace renacer de un germen incorruptible y eterno, y supliquémosle, diciendo:

Señor, ten piedad de tu pueblo.

Escucha, Dios de misericordia, la oración que te presentamos en favor de tu pueblo
— y concede a tus fieles desear tu palabra más que el alimento del cuerpo.

Enséñanos a amar de verdad y sin discriminación a nuestros hermanos y a los hombres de todas las razas,
— y a trabajar por su bien y por la concordia mutua.

Pon tus ojos en los catecúmenos que se preparan para el bautismo
— y haz de ellos piedras vivas y templo espiritual en tu honor.

Tú que, por la predicación de Jonás, exhortaste a los ninivitas a la penitencia,
— haz que tu palabra llame a los pecadores a la conversión.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que los moribundos esperen confiadamente el encuentro con Cristo, su juez,
— y gocen eternamente de tu presencia.

Concluyamos nuestra súplica con la oración que el mismo Señor nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Te rogamos, Señor Dios nuestro, que tu gracia nos ayude, para que vivamos siempre de aquel mismo amor que movió a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

El juego de la vida y la muerte

El evangelio de hoy nos invita a tomar conciencia
de cómo estamos gestionando esta dinámica:
vivir para nosotr@s o entregar la vida.

En aquellos tiempos…, se acercaba la celebración de la Pascua.

Y, como en las fiestas de nuestros pueblos y ciudades, la gente llena las calles. Quienes vienen de fuera aprovechan la ocasión para tener experiencias novedosas que puedan contar a la familia y vecindario, en las tertulias que hacen al caer la tarde.

Un grupo de griegos tiene la posibilidad de conocer a Jesús personalmente, al famoso rabí que acaba de armar un gran revuelo al entrar en Jerusalén rodeado de gente que le aclama con palmas y ramos. ¡No pueden perderse la ocasión!

Creen que necesitan un enchufe para acercarse a él, como pasa con la gente famosa o poderosa; y piden ayuda a Felipe y Andrés para que sean intermediarios.

Y, a partir de este momento, el evangelio de Juan nos sorprende porque corta el hilo de la “historia”. Los griegos no vuelven a aparecer en escena y Jesús nos ofrece una extraña catequesis. La gente le hace una pregunta a Jesús y él se marcha, escondiéndose.  Extraña manera de comunicarse.

Comprenderemos mejor el evangelio de hoy si lo situamos en el contexto del último viaje de Jesús a Jerusalén; en este viaje se entrelazan la vida y la muerte con mucha fuerza.

Parece que la muerte le ha ganado la partida a Lázaro, pero Jesús revoca el resultado final, y se presenta como “la resurrección y la vida”.

Triunfa la vida por poco tiempo, porque a raíz de esta intervención de Jesús, Caifás, los pontífices y los fariseos deciden matarlo, por eso se va a una zona desértica con sus discípulos. En Betania se deja ungir por María, con una unción que recuerda la que se hace a los cadáveres; Jesús está anunciando el horizonte al que se dirige.

Y al entrar en Jerusalén proclama de nuevo el triunfo de la vida. Juan nos ofrece sus palabras. Hoy, cada un@ de nosotr@s y en comunidad, las traducimos. Por ejemplo: aunque parezca que se descompone el grano de trigo, en realidad se está produciendo la eclosión de su fecundidad. Aunque parezca que amar a los demás y entregar la vida, día tras día, es una pérdida, en realidad es la mayor ganancia porque se nos está transformando en una vida plena, intensa, con sentido (eterna). Aunque parezca que ponerse al servicio de Jesús es perder la libertad o una forma de esclavitud, en realidad es trabajar codo con codo con él y en su Reino. Aunque estemos tan turbados como Jesús, y aunque deseemos que nos libre de cualquier proceso que conduzca al sufrimiento y la cruz, hay un horizonte de glorificación y plenitud.  ¿Dónde estamos en este juego entre la vida y la muerte?

Marifé Ramos

Aprovecha tu vida biológica para desplegar la verdadera vida

Estamos en el c. 12. Después de la unción en Betania y de la entrada triunfal en Jerusalén, y como respuesta a los griegos que querían verle, Juan pone en boca de Jesús un pequeño discurso que no responde ni a los griegos ni a Felipe y Andrés. Versa, como el domingo pasado, sobre la Vida pero desde otro punto de vista. Aquí la Vida solo puede ser alcanzada aceptando la muerte del falso yo. También hoy Jesús es levantado en alto, pero para atraer a todos hacia él. Los “griegos” que quieren ver a Jesús podían ser simplemente extranjeros simpatizantes del judaísmo. El mensaje de Jn es claro: Los judíos rechazan a Jesús y los paganos le buscan.

Ha llegado la hora de que se manifieste la gloria de este Hombre. Todo el evangelio de Jn está concentrado en la “hora”. Por tres veces se ha repetido la palabra “hora” y otras tres, aparece el adverbio “ahora”. Es el momento decisivo de la cruz, en el que se manifiesta la gloria-amor de Dios y de “este Hombre”. En su entrega total refleja lo que es Dios. Todos estamos llamados a esa plenitud humana que se manifiesta en el amor-entrega. Ahora es posible la apertura a todos. El valor fundamental del hombre no depende ni de religión ni de raza ni de cultura. Los que buscaban su salvación en el templo tienen que descubrirla ahora en “el Hombre”.

Si el grano de trigo no muere, permanece él solo. Declaración rotunda y central para Jn. Dar Vida es la misión de Jesús. La Vida se comunica aceptando la muerte. La Vida es fruto del amor. El egoísmo es la cáscara que impide germinar esa vida. Amar es romper la cáscara y darse. La muerte del falso yo es la condición para que la Vida se libere. La incorporación de todos a la Vida es la tarea de Jesús y será posible gracias a su entrega hasta la muerte. El fruto no dependerá de la comunicación de un mensaje sino de la manifestación del amor total. El amor es el verdadero mensaje. El fruto-amor solo puede darse en comunidad.

Hoy sabemos que el grano de trigo muere solo en apariencia. Desaparece lo accidental (la pulpa) para ser alimento de lo esencial (el embrión). En la semilla hay vida, pero está latente, esperando la oportunidad de desplegarse. Esto es muy importante a la hora de interpretar el evangelio de hoy. La vida no se pierde cuando se convierte en alimento de la verdadera Vida. La vida biológica cobra pleno sentido cuando se pone al servicio de la Vida. La vida humana llega a su plenitud cuando trasciende lo puramente natural. Lo biológico no queda anulado por lo espiritual.

Tener apego a la propia vida es destruirse, despreciar la propia vida en medio del orden es conservarse para una Vida definitiva. La traducción del griego es muy difícil. Primero habla de “psyche” (vida psicológica) y al final de “zoen” vida, pero al añadir “aionion”, perdurable, eterna, (vitam aeternam), está hablando de una vida trascendente. No es un trabalenguas, está hablando de dos realidades distintas. Hoy podemos entenderlo mejor. Se trata de ganar o perder tu “ego”, falso yo, lo que crees ser o de ganar o perder tu verdadero ser, lo que hay en ti de trascendente.

El amor consiste en superar el apego a la vida biológica y psicológica. En contra de lo que parece, entregar la vida no es desperdiciarla, sino llevarla a plenitud. No se trata de entregarla de una vez muriendo, sino de entregarla poco a poco en cada instante, sin miedo a que se termine. El mensaje de Jesús no conlleva un desprecio a la vida, sino todo lo contrario, solo cuando nos atrevemos a vivir a tope, dando pleno sentido a la vida, alcanzaremos la plenitud a la que estamos llamados. La muerte al falso yo, no es el final de la vida biológica, sino su plenitud. Si tomo consciencia de esto y he perdido el temor a la muerte, nadie ni nada te podrá esclavizar.

El que quiera colaborar conmigo que me siga. “Diakonos” significa servir, pero por amor, no servir como esclavo. Traducir por servidor, no deja claro el sentido del texto. Seguir a Jesús es compartir la misma suerte, es entrar en la esfera de lo divino, es dejarse llevar por el Espíritu. El lugar donde habita Jesús es el de la plenitud del amor. Lo manifestará cuando llegue su “hora”. Allí, entregando su vida, hará presente el Amor total, Dios. No se trata de la muerte física que él sufrió. Se trata de dar la vida, día a día, en la entrega confiada a los demás.

Ahora me siento fuertemente agitado. ¿Qué voy a decir? “Padre líbrame de esta hora”. ¡Pero si para esto he venido, para esta hora! En esta escena, que los sinópticos colocan en Getsemaní, se manifiesta la auténtica humanidad de Jesús. Está diciendo que ni siquiera para Jesús fue fácil lo que está proponiendo. Se trata del signo supremo de la muerte al “ego”. Se deja llevar por el Espíritu, pero eso no suprime su condición de “hombre”. Su parte sensitiva protesta vivamente. Pero está en el ámbito de la Vid, y eso le permite descubrir que se trata del paso definitivo.

Ahora el jefe del orden este, va a ser echado fuera. Cuando sea levantado de la tierra, tiraré de todos hacia mí. Como el domingo pasado, identifica la cruz y la glorificación, idea clave para entender el evangelio de Juan. Muerte y vida se mezclan y se confunden en este evangelio. Habla de dos clases de muerte y dos clases de vida. Una es la muerte espiritual y otra la muerte física, que ni añade ni quita nada al verdadero ser del hombre. La muerte física no es imprescindible para llegar a la Vida. La muerte al falso “yo”, sí. La Vida de Dios en nosotros es una realidad muy difícil de aprender, pero a la que hay que llegar para alcanzar la plenitud humana. Toda vida espiritual es un proceso, un paso de la muerte a la vida, de la materia al espíritu.

Mi plenitud humana no puede estar en la satisfacción de los sentidos, de las pasiones, de los apetitos, sino que tiene que estar en lo que tengo de específicamente humano; es decir, en el desarrollo de mi capacidad de conocer y de amar. Debo descubrir que mi verdadero ser consiste en darme a los demás. El dolor que causa el renunciar a la satisfacción del ego, lo interpreta el evangelio como muerte y solo a través de esa muerte se puede acceder a la verdadera Vida. Si ponemos todo nuestro ser al servicio de la vida biológica y psicológica, nunca alcanzaremos la espiritual.

Meditación

No muere la semilla al caer en tierra.
La quietud, oscuridad, humedad y calor,
despliegan el germen de vida que allí late,
integrando lo que era accidental en cada grano.
Así tienes que transformar tus apariencias
en la Vida definitiva y plena que es tu esencia.

Fray Marcos

Comentario – Domingo V de Cuaresma

(Jn 12, 20-33)

Jesús anuncia su muerte y explica el sentido de su pasión; él es como el grano de trigo que muere para dar nueva vida. La muerte de Jesús será fecunda porque él vino a comunicarnos vida abundante a través de su entrega hasta el fin.

Pero en el evangelio de Juan la crucifixión de Jesús no aparece tanto como una debilidad, sino como un reinado en el trono de la cruz, como una elevación: “Cuando sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí”. El evangelio mismo aclara que cuando habla de elevación se está refiriendo en primer lugar a la cruz: “Decía esto para indicar cómo iba a morir”.

Jesús es el rey, siempre dueño de la situación, incluso durante la pasión y la muerte, donde es glorificado. La cruz en el evangelio de Juan aparece como una especie de trono donde Jesús es Señor, lleno de gloria, expresando la grandeza de su amor al Padre y a la humanidad.

La entrega libre de Jesús, que da la vida porque él lo decide así, nos invita a tomar también nosotros una decisión libre de no aferramos tanto a nuestra vida y a nuestros intereses personales, y de entregarnos para comunicar vida a los demás, porque “el que quiere salvar su vida la pierde”.

A veces no se trata de buscar alguna misión extraordinaria que nos haga sentir héroes o mártires, ni consiste en esperar que nos llegue alguna ocasión de sufrir algo grande que podamos ofrecer al Señor. Normalmente se trata de aceptar libremente la misión que nos toca cumplir, y de aceptar todas las molestias, cansancios e incomodidades que acompañan a esa misión. Algunos, por ejemplo, han soñado con tener hijos, pero cuando los han tenido no han aceptado los inconvenientes y renuncias que exige la paternidad, y así han perdido el gozo de ser padres. Jesús, con su ejemplo, invita a asumir esas fatigas y dificultades para que nos entreguemos de lleno a nuestra misión en esta tierra, con todas sus consecuencias. El nos invita a seguirlo también en ese camino de la entrega, a estar con él imitándolo también en la donación de sí hasta el fin.

Oración:

Ilumíname Señor, para que pueda descubrir la grandeza y la hermosura de tu reinado y tu glorificación en la cruz, para que pueda admirar tu entrega sublime; y dame la gracia de unirme a ti en la entrega de mi propia vida”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

Los desequilibrios del mundo moderno

8. Una tan rápida mutación, realizada con frecuencia bajo el signo del desorden, y la misma conciencia agudizada de las antinomias existentes hoy en el mundo, engendran o aumentan contradicciones y desequilibrios.

Surgen muchas veces en el propio hombre el desequilibrio entre la inteligencia práctica moderna y una forma de conocimiento teórico que no llega a dominar y ordenar la suma de sus conocimientos en síntesis satisfactoria. Brota también el desequilibrio entre el afán por la eficacia práctica y las exigencias de la conciencia moral, y no pocas veces entre las condiciones de la vida colectiva y a las exigencias de un pensamiento personal y de la misma contemplación. Surge, finalmente, el desequilibrio entre la especialización profesional y la visión general de las cosas.

Aparecen discrepancias en la familia, debidas ya al peso de las condiciones demográficas, económicas y sociales, ya a los conflictos que surgen entre las generaciones que se van sucediendo, ya a las nuevas relaciones sociales entre los dos sexos.

Nacen también grandes discrepancias raciales y sociales de todo género. Discrepancias entre los países ricos, los menos ricos y los pobres. Discrepancias, por último, entre las instituciones internacionales, nacidas de la aspiración de los pueblos a la paz, y las ambiciones puestas al servicio de la expansión de la propia ideología o los egoísmos colectivos existentes en las naciones y en otras entidades sociales.

Todo ello alimenta la mutua desconfianza y la hostilidad, los conflictos y las desgracias, de los que el hombre es, a la vez, causa y víctima.

Lectio Divina – Domingo V de Cuaresma

INTRODUCCIÓN

Nuestra muerte para siempre es totalmente impensable desde el amor que Dios nos tiene. Un Padre quiere vivir siempre con sus hijos y desea que éstos vivan siempre felices. Me parece totalmente fuera de lógica que Dios Padre nos entregue a su propio Hijo, viva con nosotros, sufra con nosotros, muera en una Cruz y después se vaya al cielo dejando   las cosas tan mal como antes de venir. La lógica del amor pide que vivamos con Dios para siempre. Nos ha comprado con un precio demasiado caro. A nosotros sólo nos queda acepar de corazón el regalo de Dios y agradecerlo.

TEXTOS BÍBLICOS

1ª Lectura: Jer. 31,31-34.     2ª Lectura: Heb. 5,7-9

EVANGELIO

Jn. 12,20-33

Entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; 21estos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, queremos ver a Jesús». 22Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. 23Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. 24En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. 25El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. 26El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará. 27Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora: 28Padre, glorifica tu nombre». Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo». 29La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. 30Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. 31Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. 32Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí». 33Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

REFLEXIÓN

Las tres lecturas de la liturgia de este domingo nos dan buenas enseñanzas:

Primera lectura: La ley del corazón.

El pueblo judío siempre ha estado muy pendiente de las leyes de Dios. Pero, a veces, ha olvidado que las leyes de Dios son caminos hacia el amor. Por eso ha sido necesario que los profetas nos interpretaran su sentido. Hoy, el profeta Jeremías se adelanta al Nuevo Testamento y nos habla de una “alianza nueva”. Y es que una alianza sin amor es un contrasentido. Y las   leyes antiguas se habían vaciado de aquello que las sostenían: el amor. Sin amor, todas las leyes de Dios se deterioran, envejecen. Esta ley la pone Dios en el lugar de donde nunca debieron salir: el corazón. Estonos hace pensar que las leyes de Dios, cumplidas sin amor, son un cumplimiento. Un cumplo y miento. Por eso Jesús fue tan crítico contra los judíos de su tiempo. En realidad eran unos hipócritas. Antes de cumplir cualquier norma debemos reflexionar “desde donde” las cumplimos. Si no vienen del corazón están mal situadas.

Según lectura: Jesús aprende algo que no sabía como Dios: obedecer.

Jesús vive en una obediencia total al Padre. Esto le costará “gritos y lágrimas”. Así aprende a obedecer, es decir, aprende lo que significa ser hombre. Y asume la Encarnación con todas sus consecuencias. ¿Quién es hombre y no sufre? ¿Quién es hombre y no llora? ¿Quién es hombre y no muere? Jesús quiso ser hombre con todas sus consecuencias. Y así se hace verdaderamente “nuestro hermano”.

Tercera lectura: Jesús tiene una ley: la del grano de trigo. Tiene que morir para dar fruto.

Bello y grandioso el deseo de aquellos “griegos” que se acercan a Felipe y le dicen: “Queremos ver a Jesús”. No eran judíos, pero han entendido que Jesús es patrimonio de toda la humanidad. Todos, judíos y no judíos, tenemos necesidad de Jesús. Jesús no es un lujo sino una necesidad. Y como tenemos necesidad de comer, de beber, de dormir, de respirar, así también tenemos necesidad de Jesús.

“El grano de trigo, si no muere, no da fruto”.  Si el labrador se lamentara de tirar la semilla en el campo y prefiriera guardarla en el granero, mantendría la semilla, pero no podría obtener fruto. Dar la vida, entregar la vida, gastar la vida por los demás, a todos nos cuesta. También a Jesús. Pero Jesús no mira lo que tira, sino el fruto que va a recoger. Y si yo hoy soy cristiano, si yo puedo salvarme, si yo puedo enriquecerme con los tesoros de Dios, ha sido porque Jesús, como buena semilla, se enterró en el campo, murió, pero después resucitó. La resurrección de Jesús fue la gran cosecha para todos. Es cierto que Dios no quiere el dolor ni el sufrimiento. Ni para su Hijo ni para nadie. Pero sabe que sólo a través del sufrimiento puede quitar el sufrimiento. Sólo muriendo, puede dar la vida a todos. Una vida gastada, entregada a los demás, es la mejor manera de encontrarla en plenitud.

PREGUNTAS

1.- ¿Me gusta llevar la Ley de Dios en el corazón? ¿Me encanta obrar siempre por amor?

2.- ¿Entiendo la obediencia como el mejor modo de hacer lo que a Dios le agrada?

3.- ¿Estoy convencido de que sólo los egoístas, los que no arriesgan su vida son los que la pierden?

ESTE EVANGELIO, EN VERSO, SUENA ASÍ:

Con la intención de vivir
en actitud de servicio,
queremos «verte», Señor,
y ser tus fieles testigos.

Muchas veces te miramos
con ojos tristes, sin brillo.
No anda nuestro corazón
al compás de tus latidos.

Hoy, nos recuerdas, Señor,
tu modo de ser, tu estilo
de morir y dar la vida
como fiel «grano de trigo».

Señor, si no muere el grano,
se queda solo y vacío.
Pero si muere en la tierra,
en el fruto, sigue vivo.

Al morir, Señor, en cruz,
por amor, has florecido
en una espiga, que ofrece
los «nombres» de tus amigos.

Nosotros, con fe, queremos
seguir, Señor, tu camino.
Nunca le pesa la cruz
al que está de amor herido.

Del trigo sale la harina
Al molerlo en el molino.
Haznos, Señor, pan de amor
Para pobres y mendigos.

(Compuso estos versos José Javier Pérez Benedí).

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Angustia y oración

La primera lectura, de tono profundamente optimista, anuncia una nueva alianza entre Dios y el pueblo. Todo tendrá lugar de forma fácil, casi milagrosa, sin especial esfuerzo para Dios ni para nosotros. En cambio, las dos lecturas siguientes ofrecen una imagen muy distinta: la nueva alianza entre Dios y el pueblo implicará un duro sacrificio para Jesús. Un sacrificio que le sumerge en la angustia y le mueve a rezar al Padre. Esta trágica experiencia se recuerda hoy en dos versiones distintas: la de Juan, y la de la Carta a los hebreos, que recoge el famoso relato de la oración del huerto de los olivos contado por los evangelios sinópticos.

Oración en el templo (evangelio)

El cuarto evangelio enfoca el relato de la pasión de manera peculiar, bastante distinta a la de los sinópticos: no acentúa el sufrimiento de Jesús sino el señorío y la autoridad que demuestra en todo momento. Por eso no cuenta la oración del huerto. Pero unos días antes sitúa una experiencia muy parecida de Jesús en la explanada del templo de Jerusalén.

El evangelio comienza y termina en tono de victoria. El triunfo inicial se concreta en el deseo de algunos de conocer a Jesús (es secundario que se trate de “gentiles”, paganos, como dice la traducción litúrgica, o de “judíos de lengua griega” residentes en otros países que han venido a celebrar la fiesta de Pascua). Y ese triunfo, reflejado en el interés de unos pocos, alcanza dimensiones universales al final: “Atraeré a todos hacia mí”.

Pero este marco de triunfo encuadra una escena trágica: Jesús es consciente de que para triunfar tiene que morir, como el grano de trigo; tiene que ser “elevado sobre la tierra”, crucificado. Ante esta perspectiva confiesa: “Me siento agitado, angustiado”. E intenta superar ese estado de ánimo con la reflexión y la oración. Ante todo, procura convencerse a sí mismo de la necesidad de su muerte: igual que el grano de trigo tiene que pudrirse en tierra para producir fruto. Sin embargo, los argumentos racionales no sirven de mucho cuando uno se siente angustiado. Viene entonces el deseo de pedirle a Dios: “Padre, líbrame de esta hora”.  Pero se niega a ello, recordando que ha venido precisamente para eso, para morir. En vez de pedir al Padre que lo salve le pide algo muy distinto: “Padre, glorifica tu nombre”. Lo importante no es conservar la vida sino la gloria de Dios.

Oración en el huerto (Carta a los Hebreos)

El relato de los evangelios sinópticos es muy conocido: Jesús marcha al huerto de los olivos la noche en que será apresado. Sabe que va a morir, siente profunda angustia, y por tres veces reza al Padre pidiéndole que, si es posible, le evite ese trago amargo. La Carta a los hebreos no se detiene a contar lo ocurrido. Pero recuerda lo trágico del momento cuando afirma que Jesús rezó “a gritos y con lágrimas”, cosa que no menciona ninguno de los evangelios. Y lo que pedía (“pase de mí este cáliz”) lo sugiere al decir que suplicaba “al que podía salvarlo de la muerte”.

Sin embargo, el final de la lectura es optimista: Jesús salva eternamente a quienes le obedecen. En medio de este contraste entre tragedia y triunfo, unas palabras desconcertantes: “En su angustia fue escuchado”. Quizá el autor piensa en el relato de Lucas, que habla de un ángel que viene a consolar a Jesús. Pero quien conoce el evangelio advierte la ironía o el misterio que esconden estas palabras: Jesús es escuchado, pero muere.

El templo y el huerto

Es evidente la relación entre las dos lecturas. En ambos casos Jesús se siente agitado (Juan) o angustiado (hebreos). En ambos casos recurre a la oración. En ambas lecturas, la palabra final no es la muerte, sino la victoria de Jesús y, con él, la de todos nosotros. Pero, dentro de estas semejanzas, hay una gran diferencia con respecto a la oración de Jesús: en el evangelio, se niega a pedir al Padre que lo salve, sólo quiere la gloria de Dios, por mucho que le cueste; en la Carta, Jesús suplica “a gritos y con lágrimas” para ser salvado de la muerte.

La ciencia bíblica actual tiende a considerar estos relatos dos versiones distintas del mismo hecho. Pero durante años y siglos estuvo de moda la tendencia a armonizar los datos del evangelio. En esta postura, los relatos ofrecen dos momentos distintos y sucesivos de la experiencia humana y religiosa de Jesús.

En un primer momento, ante la angustia de la muerte, se refugia en la reflexión racional (he venido para morir como el grano de trigo) y se niega a pedirle al Padre que lo salve. Al cabo de pocos días, cuando la pasión y muerte no son una posibilidad sino una certeza, reza con gritos y lágrimas, sudando sangre (como añade Lucas): “Padre, si es posible, pase de mí este cáliz”. Una reacción más humana, pero perfectamente compatible con lo que cuenta Juan.

A las puertas de la Semana Santa, la experiencia y la reacción de Jesús son un ejemplo excelente que nos anima en nuestros momentos de angustia y desánimo, y nos mueve a agradecerle su entrega hasta la muerte.

José Luis Sicre

Por encima de todo

1.- Ocurrió en el mismo lugar que el otro día comentábamos donde Jesús había expulsado a los mercaderes. También en esta ocasión había mucha gente. Seguramente mucha más que aquel otro día. Y mucho bullicio. En momentos así parece que todo lo que no sea abandonarse al tumulto, es imposible. Imaginaos los sanfermines, o cualquier fiesta popular de barrio. En una situación así ¿Quién es capaz de interesarse por una persona y quiere hablar a solas con ella?

En el fragmento del evangelio que leemos en la misa de hoy, se nos explica que unos extranjeros, unos griegos, así los llamaban entonces a los que no eran judíos y tenían una cierta cultura, aunque no necesariamente hubieran nacido en Grecia, quieren hablar con Jesús. No se atreven a entrar en diálogo directamente y preguntan a algunos de los que le acompañan. Aceptado el encuentro confidencial, pero público, seguramente que Jesús les habló en su lengua. En sus años jóvenes, cuando trabajaba como un “autónomo de la construcción”, desplazándose por los lugares próximos a su querida Nazaret , especialmente a Séforis que tanto trabajo proporcionaba, sometida como estaba a un plan urbanístico de remodelación, allí habría empezado a practicar la lengua clásica y común, del imperio de la ciudad de Roma, que era el griego.

2.- ¿De qué habló Jesús? Pues de la paradoja de la vida y de la muerte. Un tema muy apropiado para hablar con esta gente distinguida. Pero lo que maravilla del Señor, es que fuera capaz de meterse en temas profundos mediante imágenes sencillas. Ya lo veréis. En aquel tiempo, todo el mundo sabía lo que era un grano de trigo y como germinaba. Entre nosotros, lamentablemente, estas cosas empiezan a ser desconocidas. Baste recordar que, si plantamos un grano de trigo y lo regamos, pierde pronto su bella apariencia, se deforma, se hincha, brota el primer tallo, que crecerá hasta coronarse en una espiga, repleta de nuevas semillas. Este fenómeno tan simple le sirve al Maestro para decirnos que así como hay que estar dispuesto a perder y tirar al suelo un grano, esperando reviente y nazca la planta y produzca fruto, de la misma manera el que quiere ser útil en el Reino de los Cielos debe saber anonadarse, dejar de pretender lo que tanto se estila decir ahora: realizarse. No tratar de conseguir una posición social de dominio, sino convertirse en servidor de los demás. Desde esta situación de servicio, se puede entonces ser seguidor de Cristo, donde servir es reinar, según expresión eclesial y obtener el premio del Padre.

3.- Jesús iba diciendo estas cosas, sintiendo angustia interior, preveía que al poco sería Él mismo hecho prisionero y sufriría tortura. Su sensibilidad se resentía entonces. Se preguntaba con miedo porque se había metido en aquel callejón sin salida. Era su sentir humano, que luchaba en su interior con la convicción divina. Reconocía entonces que precisamente para esto había sido enviado por el Padre. Situaciones tales, de preocupación y estrés emocional, llevan con frecuencia a la opresión torácica, al ángor, que puede ocasionar grave lesión cardiaca. Una potente voz, semejante a un trueno, vino en su auxilio y, por esta vez, Jesús salió del mal trago bien dispuesto. Quiso el Señor, y lo afirmó explícitamente, que supieran que era un mensaje de su Padre, la proclamación de que era su Hijo a quien amaba con mimo, queriéndolo glorificado…esta vez, sí, el Padre vino en su auxilio y recobraría Él la serenidad. Un tiempo después y, en Getsemaní y en la cruz, Jesús pasaría por la angustiosa situación del silencio divino. Fue su gran tormento. El momento donde se trabó el gran desafío de creer y confiar, pese a que todo se desmoronaba y caía encima, aplastando toda ilusión. Esta vez el Señor tuvo consuelo y salió fortalecido para la gran prueba final

Pedrojosé Ynaraja

El tatuaje de Dios

Hasta hace unos años, los tatuajes eran algo excepcional y se consideraban propios de grupos marginales. Pero hoy en día se han convertido en algo muy común. Para hacerlos, un tatuador introduce tinta en la piel a través de agujas o de una máquina eléctrica, por lo que el proceso conlleva dolor, incluso algo de sangre; a pesar de esto, hay quien decide hacerlo. Algunos vemos los tatuajes pero no sabemos o entendemos lo que significan para esa persona. Los motivos para tatuarse son muy variados: unas veces por simple moda o como un adorno, otras veces como un signo de hermandad o pertenencia a un grupo… Y es muy común que el tatuaje vaya asociado a algo muy significativo o a alguien querido, y así encontramos tatuajes de fechas, rostros, iniciales…

Estamos en el último domingo de Cuaresma, a punto de iniciar la Semana Santa, en la que celebramos y actualizamos los misterios centrales de nuestra fe: la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Aunque este año no habrá actos o celebraciones en la vía pública, en estos días son muchos los que, como hemos escuchado en el Evangelio, “quisieran ver a Jesús”.

Los motivos para “querer ver a Jesús” pueden ser muy diversos: tradición, curiosidad, simple interés cultural… pero estas motivaciones generalmente se quedan “en la piel”, se ven las celebraciones pero no transforma a quienes las están viviendo como meros espectadores, no tocan lo profundo de las personas y, cuando pasa la Semana Santa, no vuelven a acercarse a la Iglesia.

En este domingo el Señor nos invita a que estos misterios que nos disponemos a celebrar nos lleguen a lo profundo, nos marquen, y por eso quiere “tatuarse” en nosotros, como hemos escuchado en la 1ª lectura: Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones.

El “tatuador” que el Padre nos envía es su propio Hijo, que en sí mismo, en su Corazón, ya lleva “tatuada” la ley de Dios: he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado (Jn 6, 38), y por eso hoy ha dicho: Por esto he venido, para esta hora.

Jesús se dejó “tatuar” por el Padre porque quiere “atraer a todos hacia Él”, y por eso no quiere que nos quedemos como espectadores, sólo “viendo” los misterios de su Pasión, Muerte y Resurrección de un modo superficial: quiere que resulten significativos para nosotros y para nuestra vida, quiere que también recibamos el “tatuaje de Dios” en nuestro corazón.

Y este “tatuaje de Dios”, como los otros tatuajes, no se realiza de la noche a la mañana. Supone un proceso, como Él ha dicho: El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. Un proceso que conlleva dolor: a gritos y con lágrimas (2ª lectura) y, a veces, también sangre: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto. Porque para llevar en nuestro corazón el tatuaje de Dios tenemos que aprender a “morir” a todo lo que nos aparta de Él, para poder dar mucho fruto.

Así es como el “tatuaje de Dios” será visible, para nosotros y para los demás. Quizá muchos no entiendan por qué lo llevamos, pero para nosotros será algo significativo, un recordatorio de la presencia de Aquél que nos ha amado hasta el extremo, hasta la muerte de Cruz”.

¿Qué pienso de los tatuajes? ¿Entiendo la motivación que alguien pueda tener para hacérselo? ¿Llevo algún tatuaje en mi cuerpo? ¿Por qué me lo hice, qué significa para mí?

Llevar el tatuaje de Dios no es un adorno, no es algo superficial: debe estar escrito en nuestro corazón, debe resultar significativo para nosotros, debe influir en nuestra vida.

Cuando lo “veamos”, nos debe recordar y revivir el misterio del amor de Dios manifestado en la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

Sobre todo, el tatuaje de Dios hará que no sintamos hermanados con Jesús, porque se cumplirá lo que ha dicho: donde esté yo, allí también estará mi servidor. Y por esto merece la pena asumir el dolor, las renuncias y las “muertes” que debemos ir realizando cada día para que nuestra vida no quede infecunda, sino que dé mucho fruto, como lo dio la muerte de Jesús en la Cruz.