Comentario – Domingo V de Cuaresma

(Jn 12, 20-33)

Jesús anuncia su muerte y explica el sentido de su pasión; él es como el grano de trigo que muere para dar nueva vida. La muerte de Jesús será fecunda porque él vino a comunicarnos vida abundante a través de su entrega hasta el fin.

Pero en el evangelio de Juan la crucifixión de Jesús no aparece tanto como una debilidad, sino como un reinado en el trono de la cruz, como una elevación: “Cuando sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí”. El evangelio mismo aclara que cuando habla de elevación se está refiriendo en primer lugar a la cruz: “Decía esto para indicar cómo iba a morir”.

Jesús es el rey, siempre dueño de la situación, incluso durante la pasión y la muerte, donde es glorificado. La cruz en el evangelio de Juan aparece como una especie de trono donde Jesús es Señor, lleno de gloria, expresando la grandeza de su amor al Padre y a la humanidad.

La entrega libre de Jesús, que da la vida porque él lo decide así, nos invita a tomar también nosotros una decisión libre de no aferramos tanto a nuestra vida y a nuestros intereses personales, y de entregarnos para comunicar vida a los demás, porque “el que quiere salvar su vida la pierde”.

A veces no se trata de buscar alguna misión extraordinaria que nos haga sentir héroes o mártires, ni consiste en esperar que nos llegue alguna ocasión de sufrir algo grande que podamos ofrecer al Señor. Normalmente se trata de aceptar libremente la misión que nos toca cumplir, y de aceptar todas las molestias, cansancios e incomodidades que acompañan a esa misión. Algunos, por ejemplo, han soñado con tener hijos, pero cuando los han tenido no han aceptado los inconvenientes y renuncias que exige la paternidad, y así han perdido el gozo de ser padres. Jesús, con su ejemplo, invita a asumir esas fatigas y dificultades para que nos entreguemos de lleno a nuestra misión en esta tierra, con todas sus consecuencias. El nos invita a seguirlo también en ese camino de la entrega, a estar con él imitándolo también en la donación de sí hasta el fin.

Oración:

Ilumíname Señor, para que pueda descubrir la grandeza y la hermosura de tu reinado y tu glorificación en la cruz, para que pueda admirar tu entrega sublime; y dame la gracia de unirme a ti en la entrega de mi propia vida”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día