Misa de la familia

DOMINGO DE RAMOS

RITO DE LA BENDICIÓN DE RAMOS

SALUDO
El Amor de Dios, manifestado en Jesús, cuya entrada en Jerusalén cele­bramos hoy, y la fuerza de su Espíritu, estén con todos nosotros.

ENTRADA
Comenzamos, hermanos, la Semana Santa con esta celebración en que aclamamos a Jesús como rey de la sencillez y de la entrega. Igual que aque­llas personas sencillas de Jerusalén le reconocen como el Señor esperado, nosotros nos alegramos en este día porque vemos hecha realidad la prome­sa de Dios Padre: El nos envía a su Hijo para mostrarnos su amor e invitarnos a vivir en plenitud. Nosotros sabemos que hoy es un día de alegría, pero también que es la Semana en que Jesús vivirá su Pasión y Muerte a manos de la injusticia y de la prepotencia humana. Sin embargo la Cruz no será el final, pues la Cruz está llena de vida. Sigamos a Jesús y llenémonos de su Vida.

ORACIÓN PARA LA BENDICIÓN DE LOS RAMOS
Dios Padre nuestro, igual que los sencillos de corazón reconocen a Jesús como el Señor, te pedimos que todos nosotros vivamos de tal modo que merezcamos estar junto a Ti. Que estos ramos, signo de nues­tra alegría y gratitud, nos recuerden la tarea de ser en el mundo testigos de la paz, de la vida y de la alegría. Por Jesucristo nuestro Señor.

(Se rocían los ramos con agua bendita)

LECTURA EVANGÉLICA
Jesús entra en Jerusalén y es aclamado como el que viene en nom­bre del Señor, si bien lo que esperaban aquellas gentes no es lo que Jesús trae. Ellos esperaban al liberador nacionalista y político que res­tauraría el reino de David, pero Jesús es el inicio y la realización del Rei­no de Dios, basado en el servicio, en la humildad, en la sencillez de un rey a lomos de un borrico.

MONICIÓN A LA PROCESIÓN (En tiempos de pandemia se suprime la procesión, pero se puede hacer un gesto simbólico de la misma)
Y ahora acompañamos a Jesús en esta procesión, con alegría y con fe, sabiendo que si de verdad queremos seguir a Jesús debemos estar dispuestos a serie fieles en los momentos de pesar y de muerte. Ojalá que la alegría de este momento no nos lleve a la satisfacción ni al olvido de tantas personas que sufren a nuestro lado, de tantos crucificados del mundo que son expresión de Jesús sufriente.

RITO DE LA MISA 

ACTO PENITENCIAL(Para las misas en que no se hacen los ritos anteriores; para las que sí se hacen se sigue directamente con la oración colecta)

– Cuando hacemos de nuestra fe una religión de resignados, sin áni­mo para trabajar por el bien. SEÑOR, TEN PIEDAD.
– Cuando nos quedamos parados en el pesar y en la muerte, sin des­cubrir signos de vida. CRISTO, TEN PIEDAD.
– Cuando vivimos encerrados en nosotros mismos, rechazando todo lo que sea entrega. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Danos, Señor, tu gracia y perdón, no por nuestros méritos sino por la entrega de tu Hijo Jesús. Que vive y reina.

ORACIÓN COLECTA
Dios Padre nuestro, origen de todo bien; en este Domingo de Ramos queremos pedir tu ayuda para saber acompañar a Jesús con una vida de entrega y de compromiso a favor de cuantas personas sufren y necesitan que alguien les ayude a llevar su cruz. Por nuestro Señor Jesucristo.

LECTURA PROFÉTICA
El profeta recibe una misión para decir al abatido palabras de alien­to; y no se echa atrás sino que, confiando en Dios, asume el compromi­so; junto a la misión está siempre la confianza total en Dios. En este rela­to del siervo de Yahvé vemos lo que es la vida del mismo Jesús: entrega y confianza por encima de todo.

LECTURA APOSTÓLICA
Escuchamos un conocido himno cristológico, en el que Jesús es pro­clamado Hijo de Dios, lo que le lleva a una total identificación con Dios y con los hombres: si pensábamos que lo divino separa y aísla, en Jesús vemos que no es así. Despojándose de su rango se rebajó hasta la muerte y muer­te de Cruz.

LECTURA EVANGELICA
(Para la lectura de la Pasión; para la “Entrada en Jerusalén” ver el comentario de arriba).
Pocas lecturas como la Pasión del Señor tienen tanta carga humana, tanta entrega y tanto amor: es la Pasión del mismo Dios, que no puede dejarnos indiferentes. Que esta Pasión sea nuestra fuerza. El Misterio está entre nosotros, por si queremos acogerlo.

ORACIÓN DE LOS FIELES
Oremos ahora con fe, y pidamos que la vida nueva que nace de la cruz de Jesús llegue al mundo entero. Oremos cantando: KYRIE, ELEISON.

  1. Por la Iglesia, por todos los cristianos. Que aprendamos a vivir con espíritu de amor y de entrega, como Jesús. KYRIE, ELEISON. R/ KYRIE, ELEISON.
  2. Por los que no conocen a Jesús. Que puedan llegar a sentir el gozo y la vida que él nos da. KYRIE, ELEISON.
  3. Por todos los que sufren. Que, identificados con la cruz de Jesucristo, puedan también gozar de la alegría de la resurrección. KYRIE, ELEISON.
  4. Por todos nosotros, reunidos en este domingo de Ramos. Que la Semana Santa que iniciamos nos haga crecer en la fe, la esperanza y el amor. KYRIE, ELEISON.

Escucha, Señor Jesús, la oración confiada que te dirigimos. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. * * * Prefacio propio. Plegaria eucarística de reconciliación I.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Con el pan y el vino traemos al altar, Señor, nuestros deseos de vivir trabajando por tu Reino, ayudando a las personas a descubrir­te como el Dios de la Vida. Envía tu Espíritu sobre estos dones y que él los transforme para nosotros en el alimento de Vida que necesita­mos para permanecer siempre fieles a tu voluntad. Por Jesucristo.

PREFACIO
Te damos gracias, Señor, reconociéndote Santo y el Camino para todos nosotros. Nos cuesta aceptar y a un Dios cercano, encumbrado no de títu­los sino de sencillez, despojado de su categoría, entregado a la injusticia y al desamor. Pero es aquí donde se manifiesta tu Amor sin límites, sin fronteras, más allá de las garras de la muerte. Por eso unimos nuestras voces a las de todas las personas que, con su vida, se afanan en proclamar tu grandeza, y con ellos te decimos: Santo, santo, Santo…

ORACION DESPUES DE LA COMUNIÓN
Al terminar esta celebración te damos gracias, Señor, por la entrega y el amor de Jesús; que su ejemplo nos ayude a vivir con gratuidad y buscando siempre todo lo que favorece el bien, la justi­cia y la paz. Por Jesucristo.