Vísperas – I Vísperas Anunciación del Señor

I VÍSPERAS

LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR, Solemnidad

Fiesta de origen oriental, que pasó a Roma en el siglo VII.

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Dios te salve, Anunciación,
morena de maravilla,
tendrás un Hijo más bello
que los tallos de la brisa.

Mensaje de Dios te traigo.
Él te saluda, María,
pues Dios se prendó de ti,
y Dios es Dios de alegría.

Llena de gracia te llamo
porque la gracia te llena;
si más te pudiera dar,
mucha más gracia te diera.

El Señor está contigo
aún más que tú estás con Dios;
tu carne ya no es tu carne,
tu sangre ya es para dos.

Y bendita vas a ser
entre todas las mujeres,
pues, si eres madre de todos,
¿quién podría no quererte?

SALMO 112: ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR

Ant. Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el Espíritu del Señor.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el Espíritu del Señor.

SALMO 147: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN

Ant. El Señor Dios le dará el tronco de David, su padre, y reinará para siempre.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor Dios le dará el tronco de David, su padre, y reinará para siempre.

CÁNTICO de FILIPENSES: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Ant. El que era la Palabra substancial del Padre, engendrado antes del tiempo, hoy se ha despojado de su rango haciéndose carne por nosotros.

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajo hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El que era la Palabra substancial del Padre, engendrado antes del tiempo, hoy se ha despojado de su rango haciéndose carne por nosotros.

LECTURA: 1Jn 1, 1-2

Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible), nosotros la hemos visto, os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó.

RESPONSORIO BREVE

R/ Ha brotado un renuevo del tronco de Jesé, ha salido una estrella de la casa de Jacob.
V/ Ha brotado un renuevo del tronco de Jesé, ha salido una estrella de la casa de Jacob.

R/ La Virgen ha dado a luz al Salvador
V/ Ha salido una estrella de la casa de Jacob.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Ha brotado un renuevo del tronco de Jesé, ha salido una estrella de la casa de Jacob.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Espíritu Santo vendrá sobre ti, María, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Espíritu Santo vendrá sobre ti, María, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra.

PRECES

Oremos con confianza al eterno Padre, que, por medio del ángel, anunció hoy a María nuestra salvación, y digámosle:

Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros.

Tú que elegiste a la Virgen María para ser madre de tu Hijo,
— ten piedad de todos los que esperan su redención.

Tú que por boca de Gabriel anunciaste a María el gozo y la paz,
— otorga al mundo entero el gozo de la salvación y la paz verdadera.

Tú que, con la aceptación de tu esclava y con la acción del Espíritu Santo, hiciste que tu Palabra acampase entre nosotros,
— dispón nuestros corazones para que reciban a Cristo como al Virgen María lo recibió.

Tú que miras a los humildes y colmas de bienes a los hambrientos,
— da ánimo a los abatidos, socorre a los necesitados y ayuda a los moribundos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Oh Dios, para quien nada hay imposible, el único que haces obras maravillosas,
— sálvanos, cuando resucites a los muertos en el último día.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú has querido que la Palabra se encarnase en el seno de la Virgen María; concédenos, en tu bondad, que cuantos confesamos a nuestro Redentor, como Dios y como hombre verdadero, lleguemos a hacernos semejantes a él en su naturaleza divina. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles V de Cuaresma

1.- Oración introductoria.

Señor, qué bonito el tema de la oración de este día: el tema de la auténtica y verdadera libertad. Todos proclaman la libertad, también aquellos judíos que se enfrentaron contigo. Pero si no se tiene una libertad interior del corazón, podemos aparentar ser libres por fuera y, en realidad, ser esclavos por dentro. Dame, Señor, la libertad que Tú has venido a traernos a este mundo.

2.- Lectura reposada del evangelio Juan 8, 31-42

En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». Ellos le respondieron: «Nosotros somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres?» Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo. Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre. Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres. Ya sé que sois descendencia de Abraham; pero tratáis de matarme, porque mi Palabra no prende en vosotros. Yo hablo lo que he visto donde mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído donde vuestro padre». Ellos le respondieron: «Nuestro padre es Abraham». Jesús les dice: «Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham. Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre». Ellos le dijeron: «Nosotros no hemos nacido de la prostitución; no tenemos más padre que a Dios». Jesús les respondió: «Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y vengo de Dios;no he venido por mi cuenta, sino que Él me ha enviado.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

La palabra libertad es una palabra muy manoseada, muy gastada. Hay mucha gente que se cree libre por el hecho de vivir en democracia. Este evangelio nos da pautas de una verdadera libertad: “La verdad os hará libres” y la verdad sólo habita en las personas auténticas, personas coherentes, personas en quienes no hay desfases entre lo que creen y lo que viven; entre lo que dicen y lo que hacen. “Todo el que comete pecado se hace esclavo del pecado”. He conocido a jóvenes que han muerto víctimas de la droga. De ellos he escuchado frases como ésta: “yo soy libre y hago con mi cuerpo lo que quiero”. Y esa “libertad” los llevó a una vida desgraciada y a una muerte prematura. Muchos, como ellos, tienen la libertad de “estar encadenados”. El que bebe es esclavo del alcohol; el que fuma es esclavo del “cigarrillo” (tan diminuto y puede más que él). El mujeriego es esclavo del sexo. Si nos libera Jesús somos realmente libres. Libres para amar, libres para servir, libres para hacer lo que debemos hacer. Y esta libertad me da una inmensa alegría. Libre es el que es hijo de Dios, vive en la casa de Dios su Padre y no es esclavo de nada ni de nadie.

Palabra del Papa

 “Los doctores de la ley no entendían la alegría de la promesa; no entendían la alegría de la esperanza; no entendían la alegría de la alianza. ¡No entendían! No sabían ser felices, porque habían perdido el sentido de la felicidad, que solamente viene de la fe. Nuestro padre Abraham ha sido capaz de ser feliz porque tenía fe: se ha hecho justo en la fe. Estos habían perdido la fe. ¡Eran doctores de la ley, pero sin fe! Y aún más: ¡habían perdido la ley! Porque el centro de la ley es el amor, el amor por Dios y por el prójimo. […] Esta es la vida sin fe en Dios, sin confianza en Dios, sin esperanza en Dios. Y su corazón estaba petrificado. De este modo es triste ser creyente, sin alegría, y no hay alegría cuando no hay fe, cuando no hay esperanza, cuando no hay ley, sino solamente las prescripciones, la doctrina fría. La alegría de la fe, la alegría del Evangelio es el criterio de la fe de una persona. Sin alegría esta persona no es un verdadero creyente. Abraham, vuestro padre, exultó en la esperanza de ver mi día. Lo vio y se llenó de alegría. Les exhorto a pedir al Señor la gracia de ser exultantes en la esperanza, la gracia de poder ver el día de Jesús cuando nos encontremos con Él y la gracia de la alegría. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 26 de marzo de 2015, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)

5.-Propósito. Buscar la coherencia entre mi fe y lo que haga en este día.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, mi Dios, por haber entendido mejor el tema de la libertad. En verdad sólo cuando estoy cerca de ti me siento libre y siento ganas de gritar, saltar y respirar este aire sano y limpio de la verdadera libertad. Yo quiero organizar mi vida pensando en hacer felices a los demás. Y haciendo felices a los otros y sirviendo de corazón a mis hermanos soy yo mismo y me realizo como persona. Y lo que es todavía más maravilloso: “Hago siempre lo que al Padre le agrada”.

ORACIÓN MIENTRAS DURA LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectura continuada del Evangelio de Mateo

Mateo 5, 13-16

 

13Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se degrada, ¿con qué se la salará? Ya no sirve más que para tirarla fuera y ser pisada por los hombres.

14Vosotros sois la luz del mundo; no puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. 15Tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín, sino encima del candelero, y que alumbre a todos los de casa.

16Alumbre así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padreque está en los cielos”».

 

Conecta con los vv. 11-12 subrayando el pronombre «vosotros»: el texto vuelve a dirigirse a los discípulos con una gran fuerza interpelante. El versículo final (v. 16) es una especie de título para toda la sección de los vv. 17-48, donde se explica lo que son las «buenas obras». Esta unidad presenta una estructura clara: la expresión «vosotros sois la…» precede a un enunciado negativo que termina con la amenaza del juicio y otro enunciado positivo más largo que propone la dimensión misionera de la comunidad. Dentro de las dos partes hay una correspondencia quiástica que se caracteriza por las palabras «alumbrar» (vv. 15d.16a), «luz» (vv. 14a.16a) y «hombres» (vv. 13c.16a). La conclusión en el v. 16bc, con la referencia al padre del cielo, resulta estructuralmente un «excedente» que por eso mismo añade un peso especial.

 

  • Mateo subraya la palabra «vosotros». Se dirige, como en los vv. 11-12, a toda la comunidad: precisamente vosotros, que sois perseguidos y calumniados, sois la sal de la tierra. Los vv. 13-16 recuerdan a la comunidad perseguida su tarea misionera. «Sal de la tierra» es una metáfora extraña. No está claro su significado y por eso mismo provoca expectación. El peso del dicho recae en la amenaza (quizá en origen estaba dicha para Israel, por su rechazo a Jesús). El «ser arrojado» y «ser pisado» evocan asociaciones con la terminología judicial. La metáfora «sal de la tierra» indica lo que se exige al oyente: la sal no es sal para sí, sino que es condimento para la comida. Del mismo modo, los discípulos no existen para sí mismos, sino para (servir a) la tierra. Mateo explicará exactamente su pensamiento en el v. 16, que es un resumen de nuestro v. 13.
  • El v. 14 comienza con una metáfora cuyo carácter hiperbólico es aún más claro: vosotros, es decir, el grupo pequeño y perseguido de los discípulos, sois la luz del mundo. La metáfora se aclara con los vv. 15- 16; antes el evangelista propone el símil de la ciudad situada sobre el monte, que no armoniza del todo con la idea de las obras. La ausencia del artículo muestra que el texto no se refiere a la ciudad de Dios, Jerusalén, construida en el monte Sión, sino simplemente a una ciudad edificada sobre un monte; se trata sólo de que la ciudad sea ampliamente visible. En esto se corresponde con la lámpara de aceite colocada sobre un soporte, y que nadie pondrá debajo de un celemín porque está para alumbrar. Con el v. 16 el sentido de la metáfora «luz del mundo» adquiere ya una inicial claridad: es la santidad, que proyecta la luz en el mundo, lo que Mateo tiene en su mente. El lector del evangelio recordará 4,16, donde Isaías hablaba de la luz que ve el pueblo que habita en tinieblas: así, la misión de los apóstoles se corresponde con la misión de Cristo mismo. La comunidad cristiana, que es la luz del mundo, debe hacer brillar con sus buenas obras esta luz; de lo contrario es tan absurda como la lámpara bajo el celemín.
  • De modo que el v. 16 es la clave de la perícopa. La perspectiva se desplaza de las personas interpeladas a sus obras. Los discípulos, es decir, los cristianos, son la luz del mundo cuando hacen brillar sus obras, al igual que la sal solo es sal cuando sirve para salar. El indicativo «vosotros sois la luz del mundo» es, pues, a la vez una exigencia que ha de realizarse mediante las obras (imperativo «alumbre»). El sentido concreto de las «buenas obras» debe entenderse desde las bienaventuranzas que preceden y desde las antítesis que siguen. Mateo entiende por buenas obras el amor, tal como él lo explica mediante las bienaventuranzas y las antítesis. Gracias a las obras de los cristianos, la exigencia de «poner en práctica todo lo que os he mandado» (28,20) aparece como luz.
  • El v. 16b indica el objetivo de la acción: las obras del cristiano tienen una función misionera. Aquí se pone de manifiesto la prioridad mateana de las obras sobre la palabra. Así como el discipulado significa el cumplimiento de los preceptos de Jesús, también en la predicación la vida de los cristianos debe ocupar un puesto -por no decir el puesto- decisivo. El estado de salvación prometido por Dios («sal», «luz») es a la vez una incitación a la acción. Con una finalidad teologal: hay pocos textos en el NT donde el honor de Dios sea tan claramente el hito de toda la acción cristiana. Aquí se designa a Dios, por primera vez en el evangelio de Mateo, como «vuestro Padre de los cielos». Merece nuestra atención, ya que la designación de Dios como «Padre» reviste una extraordinaria importancia en el sermón de la montaña: define su centro, esa parte donde Mateo presenta la relación con el Padre como la vertiente «interna» del camino cristiano hacia la perfección. Nuestro pasaje apunta así a este punto central, sobre todo a la dimensión de la plegaria.

Comentario – Miércoles V de Cuaresma

(Jn 8, 31-42)

La libertad no consiste en liberarse de toda obligación, de toda carga, de toda exigencia, no es poder hacer todo lo que se nos ocurra, o no tener que rendir cuentas a nadie. La libertad es obra de Cristo en nuestras vidas, porque es ante todo liberarse del pecado, de la esclavitud del mal, para poder llevar una vida nueva, con el poder de Dios reinando en nuestra existencia.

Sin embargo, los que escuchaban a Jesús estaban tan aferrados a sus seguridades, a sus conocimientos, a sus leyes, que no descubrían la esclavitud de sus corazones. Orgullosos de ser hijos de Abraham, no reconocían que eso no bastaba para alcanzar la verdadera libertad, y por eso Jesús les dice con toda crudeza que en realidad se han convertido en hijos del diablo (v. 44). La Ley santa que Dios les había dado como camino de vida era usada por las fuerzas del mal para esclavizarlos y alejarlos del verdadero espíritu de esa Ley. Ellos, usando la Ley como máscara que ocultaba su maldad, y como instrumento para dominar a los demás, desvirtuaban el sentido profundo que Dios le había dado. Dios les había entregado esa Ley en el monte Sinaí cuando los había hecho libres de la esclavitud de Egipto, y a través de esa Ley quería liberarlos de las esclavitudes más profundas, que son las del odio, la mentira, la ambición. Pero ahora esa misma Ley los estaba esclavizando, porque se había convertido en un instrumento del odio y de la sed de poder.

Podemos preguntarnos si a veces no nos sucede algo parecido. Porque puede suceder que empecemos, con buena intención, buscando algo santo y honesto, luchando por algo grande con amor e ilusión; pero luego nos dejamos tomar por la vanidad, la competencia, los rencores, y aquella hermosa lucha se convierte en una guerra de odios y envidias. Por eso hay que ponerse cada día bajo la luz de Dios y revisar sinceramente las verdaderas intenciones del corazón, para no permitir que los bellos propósitos se conviertan en excusas para el rencor y la división.

Oración:

«Señor, quiero liberarme de mis esclavitudes y alcanzar la verdadera libertad, la que sólo tú me puedas dar. Libérame Señor con el poder de tu gracia para que pueda vivir como a ti te agrada, sin el peso de las cadenas del pecado».

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

PRIMERA PARTE

LA IGLESIA Y LA VOCACIÓN DEL HOMBRE

Hay que responder a las mociones del Espíritu

11. El Pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Espíritu del Señor, que llena el universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios. La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Por ello orienta la menta hacia soluciones plenamente humanas.

El Concilio se propone, ante todo, juzgar bajo esta luz los valores que hoy disfrutan la máxima consideración y enlazarlos de nuevo con su fuente divina. Estos valores, por proceder de la inteligencia que Dios ha dado al hombre, poseen una bondad extraordinaria; pero, a causa de la corrupción del corazón humano, sufren con frecuencia desviaciones contrarias a su debida ordenación. Por ello necesitan purificación.

¿Qué piensa del hombre la Iglesia? ¿Qué criterios fundamentales deben recomendarse para levantar el edificio de la sociedad actual? ¿Qué sentido último tiene la acción humana en el universo? He aquí las preguntas que aguardan respuesta. Esta hará ver con claridad que el Pueblo de Dios y la humanidad, de la que aquél forma parte, se prestan mutuo servicio, lo cual demuestra que la misión de la Iglesia es religiosa y, por lo mismo, plenamente humana.

Lectio Divina – Domingo de Ramos

Domingo de Ramos. Ciclo B

Mc. 14, 1-15, 47

Oración inicial

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muéveme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

TEXTO BÍBLICO Mc. 14, 1-15, 47

Se aconseja leer el texto completo.  Aquí presentamos un texto breve.

Al atardecer fue él con los Doce. Mientras estaban a la mesa comiendo dijo Jesús: «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo».

Mientras comían, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo». Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».

Después de cantar el himno, salieron para el monte de los Olivos.

Llegan a un huerto, que llaman Getsemaní, y dice a sus discípulos: «Sentaos aquí mientras voy a orar». Se lleva consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir espanto y angustia, y les dice: «Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad». Y, adelantándose un poco, cayó en tierra y rogaba que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y decía: «¡Abba!, Padre : tú lo puedes todo, aparta de mí este cáliz. Pero no sea como yo quiero, sino como tú quieres».

Todavía estaba hablando, cuando se presenta Judas, uno de los Doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles: «Al que yo bese, es él: prendedlo y conducidlo bien sujeto». Y en cuanto llegó, acercándosele le dice: «¡Rabbí!». Y lo besó.

Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, hicieron una reunión. Llevaron atado a Jesús y lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Él respondió: «Tú lo dices». Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo: «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan». Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba extrañado.

Pilato les preguntó: «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?». Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó: «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?». Ellos gritaron de nuevo: «Crucifícalo». Pilato les dijo: «Pues ¿qué mal ha hecho?». Ellos gritaron más fuerte: «Crucifícalo». Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa

Y conducen a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), y le ofrecían vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucifican y se reparten sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era la hora tercia cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos».

Al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas hasta la hora nona. Y a la hora nona, Jesús clamó con voz potente: Eloí Eloí, lemá sabaqtaní (que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»)… Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios»

LECTURA ¿Qué dice el texto?

Marcos, nos presenta el relato de la Pasión como proclamación de fe. El texto nos presenta una variedad de posturas que  tomaron las personas con Jesús. Posturas que no quedaron en el pasado sino que también suceden hoy. Fijémonos en algunas de ellas:

La postura del pueblo: En un principio lo recibió como su rey, luego fue el mismo pueblo quien decidió matarlo. Muchas veces cuando nos sentimos bendecidos por el Señor lo seguimos pero aparecen las dificultades y lo crucificamos con nuestra ausencia en la oración, en la Eucaristía, en la falta de ayuda, de acogida…

La traición de Judas: El sabía mejor que nadie lo que Jesús había predicado. Pero lo entrega en la noche. Eres importante destacar que es en la hora de las tinieblas, en las horas bajas donde corremos el riesgo de traicionar a Dios.

La actitud de Pilato: podía liberar a Jesús pero por miedo al pueblo y por no perder la amistad  del rey prefirió lavarse las manos para no culparse de lo que le iba pasar a Jesús. Muchas veces con los demás, ya sea en el trabajo, en la pastoral, en el estudio, en la propia familia, cuando las cosas no marchan bien… decidimos lavarnos las manos y dejar que los otros den la cara ante la situación.

Tu que decías ser el Hijo de Dios, demuestra que eres lo que dices: Nosotros decimos, “si tú eres Dios no permitirías lo que me pasa, me darías lo que te pido, no me hubieras hecho como soy”…

Pero también sufrimos con amor los caminos de cruz que nos toca vivir, nos entregamos por amor, aceptamos la voluntad del Padre… Cada día tenemos que decidir de qué lado estamos, si somos amigos o enemigos de Jesús.

Acojamos la actitud humilde de María que no dejó sólo a su hijo y lo acompañó hasta el final, al pie de la cruz.


MEDITACIÓN ¿Qué me dice el Señor en el texto?

  • Jesús entra en Jerusalén. La liturgia nos invita a hacernos partícipes y tomar parte de la alegría y fiesta del pueblo que es capaz de gritar y alabar a su Señor; alegría que se empaña y deja un sabor amargo y doloroso al terminar de escuchar el relato de la Pasión. Pareciera que en esta celebración se entrecruzan historias de alegría y sufrimiento, de errores y aciertos que forman parte de nuestro vivir cotidiano como discípulos, ya que logra desnudar los sentimientos contradictorios que también hoy, hombres y mujeres de este tiempo, solemos tener: capaces de amar mucho… y también de odiar ―y mucho―; capaces de entregas valerosas y también de saber «lavarnos las manos» en el momento oportuno; capaces de fidelidades pero también de grandes abandonos y traiciones. Papa Francisco.
  • Jesús entra en la ciudad rodeado de su pueblo, rodeado por cantos y gritos de algarabía. … Es el canto y la alegría espontánea de tantos postergados que tocados por Jesús pueden gritar: «Bendito el que llega en nombre del Señor». ¿Cómo no alabar a Aquel que les había devuelto la dignidad y la esperanza? Es la alegría de tantos pecadores perdonados que volvieron a confiar y a esperar. Y estos gritan. Se alegran. Es la alegría. Papa Francisco.
  • Alegría insoportable para quienes han bloqueado la sensibilidad ante el dolor, el sufrimiento y la miseria. Alegría intolerable para quienes perdieron la memoria y se olvidaron de tantas oportunidades recibidas. ¡Qué difícil es comprender la alegría y la fiesta de la misericordia de Dios para quien quiere justificarse a sí mismo y acomodarse! ¡Qué difícil es poder compartir esta alegría para quienes solo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros! Papa Francisco.
  • Y así nace el grito del que no le tiembla la voz para gritar: «¡Crucifícalo!». No es un grito espontáneo, sino el grito armado, producido, que se forma con el desprestigio, la calumnia, cuando se levanta falso testimonio. Es el grito que nace cuando se pasa del hecho a lo que se cuenta, nace de lo que se cuenta. Es la voz de quien manipula la realidad y crea un relato a su conveniencia y no tiene problema en «manchar» a otros para salirse con la suya. Esto es un falso relato. El grito del que no tiene problema en buscar los medios para hacerse más fuerte y silenciar las voces disonantes. Es el grito que nace de «trucar» la realidad y pintarla de manera tal que termina desfigurando el rostro de Jesús y lo convierte en un «malhechor». Es la voz del que quiere defender la propia posición desacreditando especialmente a quien no puede defenderse. Es el grito fabricado por la «tramoya» de la autosuficiencia, el orgullo y la soberbia que afirma sin problemas: «Crucifícalo, crucifícalo». Papa Francisco.
  • Y así se termina silenciando la fiesta del pueblo, derribando la esperanza, matando los sueños, suprimiendo la alegría; así se termina blindando el corazón, enfriando la caridad. Es el grito del «sálvate a ti mismo» que quiere adormecer la solidaridad, apagar los ideales, insensibilizar la mirada… el grito que quiere borrar la compasión, ese «padecer con», la compasión, que es la debilidad de Dios. Papa Francisco.
  • Frente a todos estos titulares, el mejor antídoto es mirar la cruz de Cristo y dejarnos interpelar por su último grito. Cristo murió gritando su amor por cada uno de nosotros; por jóvenes y mayores, santos y pecadores, amor a los de su tiempo y a los de nuestro tiempo. En su cruz hemos sido salvados para que nadie apague la alegría del evangelio; para que nadie, en la situación que se encuentre, quede lejos de la mirada misericordiosa del Padre. Mirar la cruz es dejarse interpelar en nuestras prioridades, opciones y acciones. Es dejar cuestionar nuestra sensibilidad ante el que está pasando o viviendo un momento de dificultad. Hermanos y hermanas: ¿Qué mira nuestro corazón? ¿Jesucristo sigue siendo motivo de alegría y alabanza en nuestro corazón o nos avergüenzan sus prioridades hacia los pecadores, los últimos, los olvidados? Papa Francisco.


ORACIÓN ¿Qué respondo al Señor que me habla en el texto?

¿SERÉ YO?

¿Seré yo, Maestro, /quien afirme/o quien niegue?
¿Seré quien te venda/por treinta monedas
o seguiré a tu lado/con las manos vacías?
¿Pasaré alegremente/del “hossanna” al “crucifícalo”,
o mi voz cantará/tu evangelio?
¿Seré de los que tiran la piedra/o de los que tocan la herida?
¿Seré llevita, indiferente/al herido del camino,
o samaritano conmovido/por su dolor?
¿Seré espectador/o testigo?
¿Me lavaré las manos/para no implicarme,
o me las ensuciaré/en el contacto con el mundo?
¿Seré quien se rasga las vestiduras/y señala culpable,
o un buscador humilde de la verdad?

José María Rodríguez Olaizola, sj


CONTEMPLACIÓN ¿Cómo reflejo en mi vida lo que me dice Dios en el texto?

  • La entrada de Jesús a Jerusalén implica una preparación previa de sus discípulos. ¿Qué preparación previa vas a hacer para entrar con Jesús en esta semana Santa? ¿Qué vas a dejar afuera? ¿Qué vas a llevar contigo para caminar con fuerza y seguridad?
  • Vivimos rodeados de signos de muerte: violencia, guerras, odios, egoísmos, injusticias y hambre; necesitamos signos de vida y de paz. Jesús nos ofrece su programa: Opta por la paz y por el silencio, libremente asumido. Opta por los humildes y los pobres, «como un hombre cualquiera». Nada de ostentación ni de fuerza. Opta por el amor y la entrega. Sus brazos abiertos entre el cielo y la tierra como el signo de salvación para todos.
  • Busca en ti la respuesta de amor que requiere el mundo, la sociedad, tu entorno. ¿Con qué signos de amor te acercas a los demás? Tus hechos, tus actitudes, tus silencios. ¿Cómo lavas los pies a tu entorno? ¿Cómo generas vida en los otros? ¿Cómo está presente la Cruz en tu vida? ¿Cuál es su rostro?, ¿cómo te sitúas ante ella y con ella? ¿Dejas que la vida te fecunde, que crezca en ti? ¿Vives de cara a la vida o de cara al sepulcro…? Abraza con Cristo la vida nueva de Dios.

ACCIÓN ¿A qué me comprometo?

  • Es momento de mirar la cruz y quedarse en silencio. Haz una lectura atenta, amorosa, orante del texto entero. Atrévete a mirarte en el espejo de la pasión de Jesús y saca tus conclusiones.
  • En esta entrada en Jerusalén, hay muchas personas que lo aclaman, festejan… o pasan de Jesús. Es el Rey de la Paz que va sobre un pollino, no sobre una cabalgadura. Nos enseña, como todo un Dios, se abaja en la sencillez, en la sencillez de los que trabajan por la paz. ¿Como lo vives tú?
  • En el texto vemos a otro personaje. El procurador Romano Poncio Pilato. Como vives tú fe delante de los demás. ¿Te “lavas las manos” delante de las demás personas, para no identificarte como creyente ?
  • En la escena aparecen dos ladrones. Ante el sufrimiento siempre hay dos posturas. «sálvate a ti mismo» sálvame a mí, de mi situación de dolor… o la postura de «acuérdate de mí cuando estés en el paraíso», en ese lugar donde yo también quiero estar contigo. ¿Tú que le dices?
  • El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios» Te invito a repetir esta expresión no solo con el corazón, sino a manifestarlo con tu vida.
  • El silencio de Jesús expresa la dignidad de quien ha sido fiel, la confianza de quien se sabe sostenido por el Padre, la sabiduría de quien ha entendido la verdad de todo. Analiza como son tus silencios. ¿A qué responden?
  • Entramos en la Semana Santa. Dios pasa en las celebraciones de la vida nueva: Reconciliando, Amando, Muriendo y Resucitando. Vívela participando con todas tus capacidades emotivas, afectivas, y sensibles abiertas a los signos y a la Palabra.
  • El Amor ha sido crucificado, pero el camino de las bienaventuranzas que Jesús abrió ya nadie lo podrá borrar de esta tierra. Comprométete a que tu vida genere vida en los que entren en contacto contigo.
  • Mira a Jesús en la cruz, identificado con todos los martirizados, en este momento, con los martirizados por el virus.
  • Sal de tu corazón, aunque no salgas de tu casa, para ser solidario.

Para la catequesis – Domingo de Ramos

Domingo de Ramos
28 de marzo de 2021

Isaías 50, 4-7; Salmo 21: 8-9,17-18,19-20,23-24; Fil. 2: 6-11; Marcos 14: 1-15, 47

Entrada Triunfante a Jerusalén (Marcos 11: 1-11)

Cuando Jesús y los suyos iban de camino a Jerusalén, al llegar a Betfagé y Betania, cerca del monte de los Olivos, les dijo a dos de sus discípulos: «Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrado un burro que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganmelo. Si alguien les pregunta por qué lo hacen, contéstenle: ‘El Señor lo necesita y lo devolverá pronto’. “Fueron y encontraron al burro en la calle, atado junto a una puerta, y lo desamarraron. Algunos de los que allí estaban les preguntaron: «¿Por qué sueltan al burro?» Ellos les contestaron lo que había dicho Jesús y ya nadie los molestó. Llevaron el burro, le echaron encima los mantos y Jesús montó en él. Muchos extendían su manto en el camino, y otros lo tapizaban con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante de Jesús y los que lo seguían, iban gritando vivas:»¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David! ¡Hosanna en el cielo!» Entró Jesús en Jerusalén y se fue al Templo. Observó todo a su alrededor, y siendo ya tarde, salió con los Doce para volver a Betania.

Reflexión

Jesús entraba a Jerusalén a cumplir su misión de sufrir y morir en la cruz para el perdón de nuestros pecados y para abrirnos la puerta del Cielo. ¿Cómo sabía Jesús que había un burrito esperándolo y que su dueño Se lo iba a prestar? (Él es Dios y lo sabe todo.) ¿Como lo recibieron en Jerusalén? (Lo alababan como rey.) ¿Que gritaban? (¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David!) ¿Por qué decían que llega el reino de nuestro padre David? (El Mesías que esperaban era descendiente del rey David. Creían que Jesús era el esperado Mesías.) ¿Jesús es rey de tú corazón? ¿Cómo lo demuestras todos los días? Compartir.

Actividad

En la siguiente página, imprimir o dibujar una palma y escribir en las líneas, maneras que podemos honrar a nuestro Rey Jesús.

Oración

Señor, Tú, el Rey del Universo, viniste a mostrarnos que, en los ojos de Dios, el que sirve es el más grande del Reino de los Cielos.
Enséñame a servir a los demás con amor. Ayúdame a siempre honrarte, como Rey de mi corazón, amándote mucho y amando a mi prójimo. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Entrada triunfal en Jerusalén – Marcos 11, 1-10

Se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, y Jesús mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles: – Id a la aldea de enfrente, y cuando entréis, encontraréis un borrico atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle: «El Señor lo necesita», y lo devolverá pronto. Fueron y encontraron el borrico en la calle atado a una puerta; y lo soltaron. Algunos de los presentes les preguntaron: – ¿Por qué tenéis que desatar el borrico? Ellos les contestaaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron. Llevaron el borrico, le echaron encima los mantos, y Jesús se montó. Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros contramas cortadas en el campo. Los que iban delante y detrás, gritaban: – ¡Viva, bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David! ¡Viva el Altísimo!

Explicación

Jesús entró en Jerusalén montado en un asno y fue aclamado por toda la gente que le recibió diciendo: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor Dios!. ¡Bendito el que viene a salvarnos! Los amigos de Jesús, de todos los tiempos y lugares, celebramos una vez al año esta fiesta del Domingo de Ramos y nos preparamos para vivir con él la semana más importante de los amigos de Jesús, que se llama Semana Santa.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles V de Cuaresma

La libertad verdadera

La Palabra de Dios está hoy centrada en la libertad. La primera lectura es un monumento a la libertad interior, la libertad de no inclinarse ante los ídolos, no importa si antiguos o modernos, la libertad de ser fiel a sí mismo, a la propia conciencia, de no ceder ni a halagos ni amenazas, incluso si ello supone pagar un alto precio, incluido el de la propia vida.

En el Evangelio Jesús nos enseña el núcleo y el sentido de la verdadera libertad. Ser libre es, por oposición, no ser esclavo. Esclavo es el dependiente, el que tiene secuestrada su libre voluntad y se reduce a ser la prolongación forzosa de la voluntad de otro. Hay formas directas y brutales de esclavitud, en las que el ser humano es reducido a objeto de posesión. Aunque sigue existiendo, por desgracia, hay hoy un amplio consenso que rechaza esta forma degradante de tratar al ser humano. Pero hay también formas sutiles de esclavitud que, además, se justifican no pocas veces en nombre de la libertad, una libertad degradada y corrompida. Se trata del sometimiento a los nuevos ídolos en forma de dependencias de sustancias como el alcohol o las drogas, o del juego, o de formas de comportamiento deshumanizantes, o de ideologías que prometen lo que no pueden dar, o, simplemente, de la presión ambiental (lo políticamente correcto, lo llaman hoy), a la que nos sometemos acríticamente.

“El que comete pecado es esclavo”, nos dice Jesús, y también, solo “la verdad os hará libres”. La verdadera libertad es, por un lado, un don de lo alto. Es un don porque consiste en la filiación: en ser hijos en el Hijo. El hijo no es esclavo: es sí mismo, en una identidad recibida por amor. Dios nos ha dado la libertad, que consiste en participar de la condición personal por la que somos imágenes suyas, y por la que estamos llamados a ser hijos en Cristo Jesús. Pero la libertad, además, es una conquista, porque supone resistir los cantos de sirena que tratan de seducirnos con falsos caminos de salvación; y es, también, una tarea, que requiere escuchar y acoger esa palabra verdadera que Dios nos comunica en Jesús.

Los tres jóvenes de la corte babilónica (símbolo del mundo y sus seducciones) no se inclinaron ante el ídolo de oro y fueron arrojados al horno siete veces más ardiente. Pero las llamas no les tocaron. Son las llamas de la tentación, que atrae con buenas (y falsas) palabras, o que amenaza, tratando de asustarnos. Si escuchamos la palabra de Jesús y la adoptamos como norma de nuestra vida, sentiremos con frecuencia crepitar en torno nuestro el fuego de la tentación (seductora o amenazante), pero esas llamas no nos quemarán, no nos reducirán a las cenizas de la esclavitud, porque estaremos asentados en la verdad que nos hace libres, en la libertad de los hijos. 

José M. Vegas cmf