Comentario – Sábado V de Cuaresma

(Jn 11, 45-57)

Mientras las autoridades judías creen que es conveniente poner un freno a Jesús para evitar problemas, uno de ellos, que era sumo sacerdote, dice que Jesús tiene que morir por todos. El evangelio aclara que esas palabras proféticas no las dijo «por cuenta propia», sino que el Señor lo había inspirado para decir esas palabras porque era el sumo sacerdote.

Esto nos hace pensar cómo Dios puede utilizar como instrumento a la autoridad de la comunidad más allá de sus capacidades humanas, más allá de su sabiduría o de su santidad, e incluso más allá de sus intenciones, buenas o malas.

Y esto no debería llamar la atención si vemos que un apóstol, el sucesor de Judas, fue elegido echando suertes (Hech 1, 26). Dios tiene sus caminos, actúa como él quiere, siempre puede sorprendernos y hablarnos de maneras insólitas.

Nosotros preferiríamos que los sacerdotes y todos los instrumentos que Dios utiliza sean santos o ángeles, personas que reflejen en todos sus actos la santidad de Dios. Pero Dios actúa utilizando los instrumentos que él quiere, a veces imperfectos, débiles y poco atractivos. De esa manera se muestra que la luz y la gracia proceden de Dios y no tanto de las capacidades del instrumento humano. Por eso cuanta san Pablo que él tenía una especie de «espina», algo que lo humillaba, y que pidió tres veces al Señor que lo liberara; pero el Señor le respondió: «Te basta mi gracia, porque mi poder se manifiesta en la debilidad» (2 Cor 12, 8). Y concluye diciendo que él se complace en sus debilidades, «porque cuando soy débil, entonces soy fuerte» (12, 10). Y Pablo también nos habla de algunos que predican a Cristo con malas intenciones; y sin embargo dice que él igualmente se alegra porque predican a Cristo (Flp 1, 18). Más allá de las intenciones de estos instrumentos deshonestos, Dios igualmente puede hacer el bien a través de su predicación. Porque Dios es libre y poderoso, siempre nos desconcierta, y tiene mil caminos para manifestar su gloria y su amor.

Oración:

“Señor, ayúdame a valorar los instrumentos humanos que tú eliges, más allá de las capacidades humanas que puedan tener; ayúdame a descubrir tu voz que también me habla a través de ellos».

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día