Comentario – Martes Santo

(Jn 13, 21-33.36-38)

En este texto ya nos encontramos con la pasión interior de Jesús, porque el Señor “se estremeció por dentro” al hablar de la traición de Judas. Eso significa que antes de sufrir la pasión en su cuerpo ya comenzaba a vivir íntimamente la angustia de la traición y el abandono de sus discípulos. Por eso el v. 31 dice que Jesús ya comienza a ser glorificado. Por eso nosotros no nos unimos a la pasión de Cristo sólo cuando tenemos dolores físicos, sino también cuando sufrimos todo tipo de angustias interiores, desilusiones, fracasos, etc.

El texto también nos cuenta que Pedro, que hace alarde de dar la vida por el Señor, terminará negándolo, agregando un nuevo dolor al corazón de Jesús.

Sólo mitiga la oscuridad de estas infidelidades la presencia del discípulo amado, que estará firme con Jesús hasta el fin, también acompañándolo junto a la cruz, sostenido por la fuerza del amor.

Cuando Jesús pide a Judas que haga pronto lo que tiene planeado, lo invita a decidirse claramente, ya que no se puede estar “con Dios y con el diablo”. Judas entonces cierra su corazón y decide firmemente traicionar al Señor. Así, comienza a reinar la noche en su vida derrochada.

Y a partir del v. 31 comienzan los discursos de despedida de Jesús, que llegan hasta el capítulo 17. Son palabras llenas de expresiones de aliento y de motivos consoladores para hacer ver a los discípulos que la ausencia sería sólo pasajera, porque volverían a encontrarse con él de un modo nuevo: “No puedes seguirme por ahora, pero me seguirás más tarde”(v. 36). Eso se cumplirá después de la resurrección, cuando Pedro ya estará purificado y se someterá humildemente al Señor resucitado (21, 17).

Oración:

Perdona Señor mis propias traiciones, mi incapacidad de serte fiel y seguirte siempre, las veces que me avergüenzo de tu Palabra y no soy capaz de jugarme por mi fe. Fortaléceme Señor, para que pueda estar firme junto a la cruz como tu discípulo amado”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día