Vísperas – Jueves Santo

VÍSPERAS

JUEVES SANTO DE LA CENA DEL SEÑOR

Los que participan en la misa vespertina de la Cena del Señor no rezan hoy las Vísperas.

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

¡Memorial de la muerte del Señor,
pan vivo que a los hombres das la vida!
Da a mi alma vivir sólo de ti,
y tu dulce sabor gustarlo siempre.

Pelícano piadoso, Jesucristo,
lava mis manchas con tu sangre pura;
pues una sola gota es suficiente
para salvar al mundo del pecado.

¡Jesús, a quien ahora veo oculto!
Te pido que se cumpla lo que ansío:
que, mirándote al rostro cara a cara,
sea dichoso viéndote en tu gloria. Amén.

SALMO 71: PODER REAL DEL MESÍAS

Ant. El primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra, nos ha convertido en un reino para Dios, su Padre.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra, nos ha convertido en un reino para Dios, su Padre.

SALMO 71

Ant. El Señor librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector. +

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
+ él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
que recen por él continuamente
y lo bendigan todo el día.

Que haya trigo abundante en los campos,
y susurre en lo alto de los montes;
que den fruto como el Lïbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Los santos vencieron en virtud de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los santos vencieron en virtud de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron.

LECTURA: Hb 13, 12-15

Jesús, para consagrar al pueblo con su propia sangre, murió fuera de las murallas. Salgamos, pues, a encontrarlo fuera del campamento, cargados con su oprobio; que aquí no tenemos ciudad permanente, sino que andamos en busca de la futura. Por su medio, ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de unos labios que profesan su nombre.

En lugar del responsorio breve, se dice:

Antífona. Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Durante la Cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Durante la Cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos.

PRECES

Adoremos a nuestro Salvador, que en la última Cena, la noche misma en que iba a ser entregado, confió a su Iglesia la celebración perenne del memorial de su muerte y resurrección; oremos diciendo:

Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

Redentor nuestro, concédenos que por la penitencia nos unamos más plenamente a tu pasión,
— para que consigamos la gloria de la resurrección.

Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos,
— para poder nosotros consolar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos confortas.

Haz que tus fieles participen en tu pasión mediante los sufrimientos de su vida,
— para que se manifiesten a los hombres los frutos de tu salvación.

Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte y una muerte de cruz,
— enseña a tus fieles a ser obedientes y a tener paciencia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso,
— y a nosotros danos un día parte en su felicidad.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, acudamos confiadamente a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios todopoderoso, que para gloria tuya y salvación de los hombres constituiste a Cristo sumo y eterno sacerdote, concede al pueblo cristiano, adquirido para ti por la sangre preciosa de tu Hijo, recibir en la eucaristía, memorial del Señor, el fruto de la pasión y resurrección de Cristo. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves Santo

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DE HOY: JUAN 13,1-15

El evangelio de hoy es solemne. “Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, lo amó hasta el extremo”. ¿Qué significa hasta el extremo? Fray Luis de Granada lo expresa de esta manera: Es como si el amor de Cristo hubiera estado, hasta entonces, detenido, represado, y sólo hoy le abriera las compuertas y le diera licencia para llegar hasta donde Él quería llegar”.

“Se levantó de la mesa”.

“Amor dinámico”. No es un amor sedentario, estático. Él está sentado como Señor, pero no permanece sentado. El amor es acción. Hay que ponerlo en movimiento. No se ama sólo con el corazón sino con los pies y con las manos. Hay que hacer el bien a los demás.

No hay que estar sentado esperando que vengan a pedirme…A veces supone una humillación. Hay que salir a las calles, a las plazas y decir ¿Quién me necesita?  Quien necesita mi tiempo, mi experiencia, mis cualidades, mi persona…El auténtico amor, ante una necesidad concreta, se convierte en donación. El que ama de verdad, ante un ignorante, se ofrece a enseñarle; ante un pobre necesitado, comparte su dinero; ante una persona sola, le ofrece su compañía; ante un hombre que no cree, le ofrece su fe.

“Se quitó el manto”

Era signo de autoridad y de poder. Ciertamente que él es el Señor, pero quiere que, desde ahora, la autoridad sea un servicio humilde y desinteresado. Todo aquel que en la Iglesia va buscando fama, poder, prestigio…se equivoca. El papa Pablo VI, cuando visitó la Tierra Santa, le impresionó la gruta de Belén, donde nació Jesús. Y los que estaban cerca le oyeron decir: ¡Cuánto tiene que cambiar la Iglesia! Y la Iglesia no es sólo el Papa, los Obispos y los sacerdotes. Somos todos los fieles.

“Se ciñó la toalla”

Esto era algo inaudito. El lavar los pies era oficio propio de esclavos. Sabemos que el emperador Calígula, cuando quería humillar a un Senador lo mantenía, durante un banquete, con la toalla puesta.

“Echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies”.

San Pedro, que sabe lo que esto significa, protesta: ¿Lavarme los pies Tú a mi? Yo a ti sí… pero ¿tú a mi? Pero Jesús está dispuesto a hacerlo por encima de todo. “Si no lo hago tú no tendrás parte conmigo”. Dios de rodillas delante de unos hombres. Qué dignidad la del hombre, de cada hombre, de todo hombre.

         El hombre no vale por lo que tiene sino por lo que es, por el hecho de haber nacido.  El hombre no es un medio, siempre es un fin. Por eso nunca se le puede utilizar, instrumentalizar. El Concilio Vaticano II nos lo recordará con estas palabras: “Urge la obligación de acercarnos a todos y de servirles con eficacia: ya se trate de ese anciano abandonado, o de ese trabajador extranjero, o de ese desterrado, o de ese hijo ilegítimo que soporta el pecado que él no cometió, o de ese hambriento que recrimina nuestra conciencia recordando la palabra del Señor:” Cuantas veces hicisteis eso con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” ( Mt. 25,40).

         La Iglesia ha tenido sus errores, pero seríamos totalmente injustos si no le reconociéramos sus enormes servicios en favor de la humanidad. Atiende lo que nadie quiere: ancianos, niños pobres y abandonados, enfermos del Sida, leprosos… La Iglesia ha entendido muy bien lo que Jesús quería decirnos en esta tarde anterior a su muerte….

         Se puso a secar los pies.

No era necesario, pero es el detalle, el querer terminar la obra buena, el culminar… No podemos dejar las cosas a medio hacer, a medio acabar.  El bien hay que hacerlo bien…En la vida todo lo dejamos a medias, sin terminar, cuando lo que hacemos, lo hacemos sin amor.

         El médico deja las cosas a medio hacer cuando se limita a recetarnos medicinas… Tiene que querer a sus enfermos, tratarles con cariño. Aquello que antes llamábamos “médico de cabecera”. El que no sólo cura sino cuida. El que no sólo pone las gomas para auscultar el órgano del corazón sino sus latidos profundos, sus sentimientos más íntimos. 

         El maestro no debe limitarse a impartir unas clases y esperar el fin de semana o las vacaciones…  Tiene que querer a los niños. Y el niño es niño no sólo en la escuela sino también en la calle. Qué bonito cuando los niños se acercan a sus maestros a saludarles con cariño.

         El sacerdote no se limita a hacer bien los actos del culto en la Iglesia. Tiene que querer al pueblo, a los feligreses y sentirse hermano entre hermanos… El sacerdote que, como dice el Papa Francisco, unas veces, va delante de las ovejas, otras en medio y también detrás. Delante porque siempre se adelanta cuando hay algún problema, o hace falta hacer algún servicio urgente. En medio, con olor a oveja, caminando con el pueblo en lo bueno y en lo malo: compartiendo el pan duro y amargo de los días de luto y también el pan blando y crujiente de los días de fiesta.  Y detrás porque siempre hay ovejas débiles que no pueden seguir al rebaño; ovejas recién paridas que tienen que cuidar a sus corderitos. El sacerdote, lejos de ser una carga para la comunidad, ayuda a llevar la carga de los demás.

         Los hijos que atienden a sus padres ancianos por “obligación” por el qué dirán… entonces los padres se sienten que son estorbo y sólo piensan en morirse para no dar mal…Hay que hacerlo todo con cariño. Siempre recordaré las bonitas palabras del padre de un amigo sacerdote que iba todos los domingos a ver a su padre anciano, en silla de ruedas, cuidado por su hija y nietas: “La verdad que yo me moriría y no sería un estorbo para vosotros…pero ¡Me queréis tanto!”

         Se pone de nuevo el manto. ¿Y la toalla? No se la quitó, se la dejó puesta… Es una actitud a la que la Iglesia no podrá nunca renunciar…

         La que mejor puede resumirnos los sentimientos de esta hora es María, la hermana de Lázaro, estando Jesús en su casa en una comida tomó un frasco de perfume de gran valor y no lo derramó a cuentagotas sino que lo rompió del todo y lo derramó a los pies del Señor. Judas exclamó ¡Qué derroche!… Para una persona que ama poco todo le parece mucho. Para una persona que, como María, ama mucho todo le parece demasiado poco. Lo que celebramos esta tarde es ese derroche de amor de Dios a nosotros.

         Nosotros debemos también responder con un derroche de generosidad, dando un amor total e incondicional. Al estilo de Teresita de Jesús.

Amar a Dios es darse sin medida,

pues el amor salario no reclama;

yo te doy, sin contar, toda mi vida;

pues no sabe de cuentas el que ama.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén.

Comentario – Jueves Santo

(Jn 13, 1-15)

Este capítulo 13 del cuarto evangelio, que comienza a narrar la pasión, se abre con una maravillosa declaración de amor: “habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin”. Y esta declaración de amor colorea con el reflejo de ese amor todo lo que se narra a continuación: la última cena, la sagrada despedida del Señor, pero destacando el episodio del lavatorio de los pies. El evangelio da una especial importancia a este hecho como expresión simbólica del amor del Señor. 

A Pedro le cuesta dejarse lavar los pies, dejarse amar por un Mesías humillado. El lo quería glorioso, soberano y poderoso, no quería ser discípulo de un hombre humillado y rebajado. Y este mesianismo mundano lo llevó a negar a Cristo. El lavado de pies simboliza algo muy hondo que Pedro no llega a descubrir: que Dios hecho hombre quiere abajarse humildemente, anonadarse al servicio del hombre, ponerse a los pies de su criatura para lavarla. Y es lo que cumplió plenamente cuando estuvo clavado en la cruz: “la sangre de Jesús nos purifica” (1 Jn 1,7). Pero a partir del v. 

12 Jesús invita a sus discípulos a lavarse los pies unos a otros, a no ser líderes celosos de su poder y su gloria, sino humildes servidores, y en el v. 17 indicará que este servicio humilde es fuente de la verdadera felicidad. 

Los sinópticos narran en esta cena la institución de la Eucaristía, donde Jesús da otro signo de su anonadamiento al hacerse presente en las apariencias simples del pan. El amor de Jesús hasta el fin se manifiesta también en el don de la Eucaristía. Así lo reconocía el Cura Brochero: “No importa todo esto, porque justamente entonces es cuando su amor se acrece, se vigoriza, se agiganta, se rebalsa por todas partes y se revienta, si puedo expresarme así, y hace entonces un milagro de amor que puso en admiración y espanto a los mismos ángeles. Y ese milagro fue instituir el sacramento de la Eucaristía. Porque la Eucaristía es un milagro de amor, es una maravilla de amor…”. 

Oración:

“Recuérdame, Señor, el ejemplo de tu grandeza puesta de rodillas, y de tu simple presencia en la Eucaristía, para yo también me convierta en un servidor humilde que no esté pendiente de puestos y reconocimientos mundanos”. 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

Formas y raíces del ateísmo

19. La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios. Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios. Existe pura y simplemente por el amor de Dios, que lo creó, y por el amor de Dios, que lo conserva. Y sólo se puede decir que vive en la plenitud de la verdad cuando reconoce libremente ese amor y se confía por entero a su Creador. Muchos son, sin embargo, los que hoy día se desentienden del todo de esta íntima y vital unión con Dios o la niegan en forma explícita. Es este ateísmo uno de los fenómenos más graves de nuestro tiempo. Y debe ser examinado con toda atención.

La palabra “ateísmo” designa realidades muy diversas. Unos niegan a Dios expresamente. Otros afirman que nada puede decirse acerca de Dios. Los hay que someten la cuestión teológica a un análisis metodológico tal, que reputa como inútil el propio planteamiento de la cuestión. Muchos, rebasando indebidamente los límites sobre esta base puramente científica o, por el contrario, rechazan sin excepción toda verdad absoluta. Hay quienes exaltan tanto al hombre, que dejan sin contenido la fe en Dios, ya que les interesa más, a lo que parece, la afirmación del hombre que la negación de Dios. Hay quienes imaginan un Dios por ellos rechazado, que nada tiene que ver con el Dios del Evangelio. Otros ni siquiera se plantean la cuestión de la existencia de Dios, porque, al parecer, no sienten inquietud religiosa alguna y no perciben el motivo de preocuparse por el hecho religiosos. Además, el ateísmo nace a veces como violenta protesta contra la existencia del mal en el mundo o como adjudicación indebida del carácter absoluto a ciertos bienes humanos que son considerados prácticamente como sucedáneos de Dios. La misma civilización actual, no en sí misma, pero sí por su sobrecarga de apego a la tierra, puede dificultar en grado notable el acceso del hombre a Dios.

Quienes voluntariamente pretenden apartar de su corazón a Dios y soslayar las cuestiones religiosas, desoyen el dictamen de su conciencia y, por tanto, no carecen de culpa. Sin embargo, también los creyentes tienen en esto su parte de responsabilidad. Porque el ateísmo, considerado en su total integridad, no es un fenómeno originario, sino un fenómeno derivado de varias causas, entre las que se debe contar también la reacción crítica contra las religiones, y, ciertamente en algunas zonas del mundo, sobre todo contra la religión cristiana. Por lo cual, en esta génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión.

A pesar de los pesares, triunfa la vida

1- ¡Cristo ha resucitado! Hoy es día de gozo y alegría….Jesucristo ha roto las cadenas de la muerte. No hay que temer. Es cierto, es verdad. ¡Señor Jesús has resucitado, no tengo ya ningún miedo! Porque el Señor es mi luz y mi salvación, confío en El.

2- A pesar de los pesares, del dolor, del fracaso de las tentaciones, de la soledad y de la agonía de Getsemaní. A pesar de la droga y del sida, de la guerra, de las vallas y pateras… es posible una solución. ¡Regocijaos cielos y tierra; verdaderamente resucitó Jesús, ha salido victorioso del sepulcro y éste ha “quedado vacío”! La muerte es la puerta de la vida. Es increíble….la muerte es la puerta de la vida. ¡Qué difícil es entender esto! Jesús, la vida es misterio, la muerte es misterio. No entiendo muchas cosas, me desbordan los acontecimientos, me ahoga el no saber, el no poder, tu silencio muchas veces. Pero yo Señor, confío en Ti, Tú eres mi salvación.

3- Hoy, Señor, nos haces capaces de entusiasmarnos. Sí, la tiniebla ya no es tiniebla delante de Ti, la noche tiene luz como el día. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? ¡HA RESUCITADO! Hoy empieza una nueva era, las lanzas se convierten en podaderas, de las armas nacen arados y los oprimidos son liberados.

4- Andemos en una vida nueva como nos recomienda la lectura apostólica, busquemos los bienes de arriba, ¡resucitemos con Cristo! Dios nos ha liberado para siempre. Las mujeres fueron las primeras “apóstoles”, las primeras enviadas por el joven vestido de blanco a anunciar a todos esta gran noticia. Es la hora de reconocer la vocación, la misión y el puesto de la mujer en la Iglesia. Yo, como ellas, también me siento enviado y proclamo mi fe en Dios Padre, mi fe en la vida, en el Dios de la vida. Y sé que vale la pena “desvivirme” por los demás. ¡Jesús, resucitado de entre los muertos, luz de luz, vida de la vida, primogénito de la nueva creación, proclamo mi fe en Ti, mi Señor!

José María Martín OSA

Tiempo de Resurrección

Este tiempo,
que es tiempo de encuentros y de abrazos,
se llama Pascua y es tiempo de paso
porque Tú caminas por los caminos de la tierra,
caminos de historia y vida,
a nuestro encuentro para pacificarnos
y dar sentido a nuestros pasos,
ora vayamos a Galilea, a Atenas o Roma,
estemos en el Egipto añorado
o nos hayamos establecido
en la Jerusalén de los sueños humanos.

Este tiempo,
siendo de paso, es tiempo definitivo
para encontrarnos y abrazarnos,
para que nos arda el corazón
y los ojos dejen de estar cegados,
para gozar tu presencia
y hacernos presencia tuya
y buena noticia para los hermanos,
ora estemos dentro o fuera,
vayamos por caminos
o estemos perdidos, hayamos nacido en el norte
o caminemos hacia el sur escondido u olvidado.

Este tiempo,
siendo definitivo, es tiempo abierto
para probarlo todo y quedarnos con lo mejor,
que para eso hemos nacido y Tú nos has creado.
Y a no es tiempo de ayos ni de leyes
ni de amos y padres ni de otros señores,
porque sólo el amor y la fraternidad permanecen,
abren los corazones y dejan al Espíritu libre.

Este tiempo, Señor,
es tu tiempo y es mi tiempo,
es nuestro tiempo libre de las trabas
que nos hemos creado.
¡Este tiempo es tiempo resucitado!

Florentino Ulibarri

Notas para fijarnos en el Evangelio

• Las mujeres habían sido presentadas poco antes, en el drama de la pasión, diciendo, justamente al producirse la muerte de Jesús, que miraban desde lejos (Mc 15,40). De ellas se dice que. cuando Jesús estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo (Mc 15,41), pero no habían aparecido antes en el relato —sí que lo menciona el evangelista Lucas, por ejemplo (Lc 8,2- 3)—. Y se nos dice que ellas se fijaban en el lugar donde ponían el cadáver de Jesús (Mc 15,47).

• “Pasado el sábado” (1) se refiere a después de la puesta del sol, momento en el que el reposo sabático se ha terminado y se reanudaban las actividades ordinarias. Por ello las mujeres pueden hacer una tarea que no habían podido hacer antes:“comprar” (1) lo necesario para ir el día después a realizar las unciones del cadáver. En la tarde del viernes no habían tenido tiempo de hacerlo porque empezaba el reposo del sábado.

• “El primer día de la semana” (2) se llamará más tarde “domingo”.

• El evangelista nos hace prestar atención a la “piedra” (3-4) como preocupación de las mujeres, diciendo que “era muy grande” (4). Es un modo de decir que algo extraordinario ha pasado en el hecho inesperado de que ya “estaba corrida (4).

• “Un joven vestido de blanco” (5): el color blanco es habitual en las manifestaciones de Dios o de sus mensajeros. Se esta diciendo, con este signo, que lo que ha sucedido es obra de Dios.

• “Se asustaron” (5): la reacción descrita con esta palabra es la típica ante una manifestación de Dios (Mc 6,50; 9,6). A dicha reacción le responde a menudo el “no os asustéis” o “no temáis” (Mc 6,50; 16,6). El miedo de las mujeres prosigue en el versículo 8, recortado en el texto litúrgico y último del primitivo final del Evangelio de Marcos (un final que dejaba el Evangelio abierto a la experiencia personal de cada oyente).

• La expresión “Jesús el Nazareno, el crucificado” (6) resume la identidad y la historia humana de Jesús.

• “Ha resucitado” (6): si vamos al sentido del verbo griego, tenemos que decir; “ha sido resucitado”, haciendo referencia a la acción de Dios, el que da la vida al justo, al pobre.

• Los discípulos “verán” al resucitado “en Galilea” (7) y empezarán a anunciar el evangelio. Jesús también había empezado allí (Mc 1,14-10).

Comentario al evangelio – Jueves Santo

     Si alguna vez Jesús pensó en hacer un regalo de despedida a sus discípulos, algo que les quedase como testimonio vivo de su presencia, de su modo de hacer, de sus palabras, de lo que él había querido ser siempre: imagen del Dios Padre que es amor incondicional para todas sus criaturas, no se le habría ocurrido mejor regalo que aquella cena de despedida con sus discípulos y aquellas palabras que dijo después de bendecir el pan y el vino que compartieron: “Haced esto en memoria mía”. 

      En estos días en que hacemos memoria de aquellos últimos momentos, tan dramáticos, de Jesús en nuestro mundo, antes de ser ajusticiado, brilla esta celebración del Jueves Santo: la institución de la Eucaristía, la misa. El centro de la vida cristiana, la imagen mejor de lo que fue Jesús para sus discípulos y de lo que es hoy para nosotros. El signo de la entrega del que da la vida por sus hermanos. La celebración en que nos topamos de frente con el amor de Dios hecho pan y vino que se entrega para darnos la vida. La celebración del amor fraterno. La mejor imagen del Reino de Dios, todos sus hijos e hijas sentados alrededor de una mesa compartiendo el pan de vida y escuchando la palabra del que da sentido a nuestras vida y a nuestro caminar. 

      Todo esto y mucho más es la celebración de la Eucaristía. Es el momento de la consagración y de la comunión pero también es ese signo tan poderoso de Jesús que lava los pies a los discípulos, mostrándonos de una forma tan práctica que el amor es servicio humilde lleno de cariño y cuidado, que en el reino no hay arriba y abajo sino igualdad y fraternidad. Y que el de arriba está para servir y no para ser servido. 

      La Eucaristía es acción de gracias porque reconocemos en ella que todo lo hemos recibido de regalo. Desde la vida hasta los hermanos. En la Eucaristía se transparenta ya la celebración de la resurrección porque sin ella no tendría sentido y no sería más que un rito vacío. La Eucaristía abre nuestra humanidad al mundo, abre nuestra carne a la de nuestros hermanos y hermanas y nos hace conscientes de que no somos más que una carne, una familia, y que Dios es nuestro Padre. Y, en medio, presidiendo nuestra celebración, nuestro hermano mayor, Jesús que nos repite una y otra vez: “Haced esto en memoria mía.”

Fernando Torres, cmf

Meditación – Jueves Santo

Hoy es Jueves Santo.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 13, 1-15): 

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido. 

Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?». Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde». Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza». Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos». Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios todos». 

Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros».

Hoy, con la Última Cena, ha llegado “la hora” de Jesús, hacia la que se había encaminado desde el principio con todas sus obras. Lo esencial de esta hora queda perfilado por Juan con dos palabras fundamentales: es la hora del “paso”; es la hora del “agapé” (amor hasta el extremo).

Los dos términos se explican recíprocamente, son inseparables. El amor mismo es el proceso del paso, de la transformación, del salir de los límites de la condición humana, en la cual todos estamos “separados” unos de otros, en una alteridad que no podemos sobrepasar. Es el amor hasta el extremo el que produce la “transformación” aparentemente imposible: salir de las barreras de la individualidad cerrada, eso es precisamente el “agápé”, la irrupción en la esfera divina.

REDACCIÓN evangeli.net