Misa del domingo

Las mujeres cumplen fielmente con las tradiciones judías. La primera tradición es respetar el descanso del sábado (Sabbat). Ellas lo hacen. El viernes, antes de que anochezca, descuelgan el cuerpo de Jesús y lo llevan a un sepulcro que ya habían concertado. Lo hacen para que el sábado, día sagrado para los judíos, no se vea manchado por la imagen de los crucificados. Además hay que tener en cuenta que era la Pascua judía y que muchos judíos venían a Jerusalén para celebrarla. Se habla de que si la población era de 10.000 habitantes normalmente, en estas fiestas aumentaba llegando a los 70.000 u 80.000.

Los discípulos se han dispersado y escondido tras el prendimiento de Jesús. Seguramente han aparecido, a lo lejos, cuando Jesús carga con la cruz y es clavado en ella. Sólo aparecen al pie de la cruz, María, la madre y el discípulo amado, Juan. El resto está escondido, con miedo. Los que han descendido a Jesús de la cruz no son los discípulos que estaban con él todos los días, sino un tal José de Arimatea, hombre de bien entre los ciudadanos de Jerusalén.

Las mujeres han acompañado a Jesús en esos últimos momentos. Tampoco muchas han sido. María Magdalena, María la de Santiago y Salomé. Estas han acompañado a Jesús en todo su ministerio, durante los tres años. Han sido fieles hasta el final.

El domingo, pasada la fiesta de la Pascua judía, han subido al sepulcro donde estaba el cuerpo con la intención de cumplir con las leyes judías, limpiar el cuerpo y embalsamarlo con perfumes y aceites, algo que se hacía cuando el cuerpo iba a ser enterrado. No les preocupa si el cuerpo ya huele, si va a ser un trago muy duro porque la sangre esté reseca o si lo que van a encontrarse les haga vomitar. Van hablando de la piedra. ¿Cómo van a moverla ya que era muy grande? Era normal que estas piedras, que hacían la función de puerta, fuesen pesadas, para evitar que los ladrones pudieran saquear los sepulcros. De todas formas, seguramente que ya encontrarían solución a este problema, porque es posible que los líderes judíos pidiesen a los romanos que pusiesen vigilancia en el sepulcro para evitar que los discípulos de Jesús se llevasen el cuerpo y luego decir que había resucitado, recordando las palabras que el mismo Jesús les había dicho: “Destruid este templo y yo lo reconstruiré en tres días”. “El Hijo del hombre tiene que perecer y al tercer día resucitar”… Creo que es Mateo el que indica precisamente esto, que mandan que vigilen el sepulcro por miedo a que los discípulos lo roben con esta intención.

La figura de la mujer en tiempos de Jesús era de un mejor objeto. La mujer era una posesión del hombre que se podía comprar, vender e incluso cambiar. No valía nada y además su testimonio tampoco tenía mucho valor. Por ejemplo, cuando le llevan a Jesús una adultera para ver si la apedrean o no, sólo llevan a la mujer, ¿y por qué no llevan al que estaba con ella, porque ha cometido el mismo pecado que la mujer? Así pues, el que Jesús incluyera entre sus seguidoras mujeres, viene a indicar que su mensaje de salvación es para todo el mundo, sin hacer distinción de sexos, razas, naciones…

Por otra parte las mujeres, a lo largo de los evangelios, nos han dado ejemplo de fidelidad, de coherencia. No tenemos más que ver el ejemplo de María, la madre de Jesús, que es fiel a la palabra del Señor y se compromete con ella.

Hoy en la Iglesia las mujeres son las que más acuden a la misma. No sólo a la Eucaristía, sino también a la hora de ser catequistas, de grupos de formación, de leer la Palabra… Vemos que es una presencia importante la de la mujer. Otra cosa es que la tradición siempre las halla dejado relegadas a un segundo plano en cuestiones del sacerdocio, por ejemplo, y ahí no me quiero meter porque podría ser un debate largo, ya que no me parece justo.

La mujeres van preocupadas por la piedra, cómo moverla, quién les abrirá el sepulcro. Cuando llegan allí su sorpresa es mayor, porque el sepulcro está abierto. Es imposible que una persona sola pueda abrirla. Allí no encuentran más que a un joven vestido de blanco. Si había soldados vigilando el sepulcro (lo más probable) allí no estaban. Y lo peor de todo, el cuerpo de Jesús tampoco está. ¿Se lo han llevado? ¿Quién?

El evangelista nos insiste en lo grande que era la piedra para indicarnos que aquello era un hecho extraordinario. Jesús había resucitado y había vencido a la muerte. El sepulcro sellado con la piedra nos indica que allí no hay vida, que nadie puede entrar ni salir por su propia voluntad. Si bien, la resurrección de Jesús supone vencer la muerte. Sólo Dios puede descorrer esta piedra de la muerte. Dios ha resucitado a Jesús para mostrarnos que era su Hijo unigénito. Destruid este templo y yo lo reconstruiré en tres días, escuchábamos en el evangelio del domingo pasado. Jesús se refería al templo de su cuerpo. Las escrituras se han cumplido, al tercer día resucita.

El joven sugiere al mensajero de Dios que va a indicar el siguiente paso que hay que dar. En la Anunciación del ángel a María ya vemos a un joven que anuncia que va a ser la Madre de Dios. A los pastores, un coro de ángeles (mensajeros) les anuncian que el Mesías ha nacido en un portal y que vayan a adorarlo. Ahora nuevamente un joven (vestido de blanco, supongo que por aquello de la pureza), se presenta a las mujeres (y en el evangelio de Juan a Pedro y Juan) y les anuncia que deben ir a Galilea.

Las mujeres venían al sepulcro en busca del cuerpo de Jesús para cumplir con la ley judía de embalsamar y limpiar a los difuntos. Y lo que encuentran es un sepulcro vacío. Allí no está Jesús de Nazaret, porque ha resucitado. Ellas se asustan. ¿Por encontrar el sepulcro vacío o por encontrarse con aquel joven? El evangelista no lo dice. Pero supongo que fue más el susto de encontrar el sepulcro vacío. Supongo que la sorpresa de encontrar el sepulcro vacío les llevaría a creer que aquello era otro de los trucos de los judíos para deshacerse de esa persona que tanto les ha estado fastidiando y diciendo lo que estaban haciendo mal.

Sin embargo el joven les insiste que ha resucitado, que allí no lo van a encontrar. Que además si quieren encontrarlo tienen que volver a Galilea. Que él ya está allí y ahora deben encontrarse de nuevo con él.

Galilea es donde empezó todo. En Galilea Jesús crece. En Galilea Jesús se da a conocer. En Galilea empieza a predicar, a hacer sus milagros curando gente. Galilea es “la casa”. Galilea es nuestro día a día. Ahora deben volver a Galilea, donde Jesús les precede y volver a encontrarse con él. Pero este volver a empezar no es sólo físico. No es volver a recorrer el camino sin más, sino recorrerlo a la luz de la resurrección. De esta forma el mensaje de Jesús tiene una nueva lectura.

Nuestra vida de cristiano es un constante regreso a Galilea. Recorrer el camino de Jesús desde Galilea a Jerusalén, haciendo realidad su Reino. Esta es la estructura del evangelio de Marcos. Desde Galilea a Jerusalén y una vez allí, volver a empezar.

Si Jesús no hubiera resucitado, los cristianos seríamos los más tontos de todo el mundo. Seguiríamos a un hombre maravilloso que hizo muchos gestos estupendos, que tuvo una vida solidaria genial. Pero en el fondo no sería más que eso, porque hubiera muerto en una cruz, la muerte más indignante en aquellos tiempos para los judíos y no judíos. Sin embargo la resurrección hace que todo lo que Jesús hizo y dijo tuviera un significado diferente. Seguimos a un hombre-Dios resucitado que está continuamente alentando y animando nuestra vida. Un hombre-Dios que camina a nuestro lado y que nos va enseñando lo que Dios-Padre quiere de cada uno de nosotros. Él está con nosotros. No físicamente, pero sí a través de su Espíritu. El mensaje del evangelio tiene como centro a Cristo resucitado. Esa es la buena noticia que nos proclama. No puedo quedarme quieto, tengo que ponerme en movimiento. Volver a Galilea (mi Galilea es el espacio donde vivo y donde desarrollo mi actividad) y anunciar que Cristo vive, que ha resucitado y ha vencido a la muerte. Es más, anunciar que eso es lo que tiene Dios destinado para mí y para todos nosotros. Un día resucitaremos, como don gratuito de Dios.