Somos ciudadanos del cielo

1.- La Iglesia se ha preparado con una larga Cuaresma para este día y hoy exulta de alegría, y lanza las campanas al vuelo. ¿Toda esta alegría, por qué? ¿Por la mera resurrección biológica de Jesús? ¿Por una resurrección como fue la de Lázaro?

De ninguna manera. La resurrección de Lázaro cae dentro de los hechos temporales e históricos que pueden ser comprobados por la ciencia. La Resurrección de Jesús, su nueva existencia, es algo totalmente nuevo, es el hombre nuevo que no tiene ejemplar ninguno similar a él en la raza de Adán y sus descendientes. Es un ser nuevo, totalmente libre de toda servidumbre al pecado, a la muerte, al dolor.

2.- Creer en la Resurrección no es sólo creer que Jesús fue sacado de la tumba por Dios, es creer, que siendo cabeza de todos nosotros, el proyecto del hombre nuevo que Dios tiene sobre la humanidad se ha cumplido ya en Jesús y se puede y va a cumplirse de una manera plena en todos nosotros.

No es solo que la resurrección tiene un sentido ejemplar para nosotros, que sí lo tiene también, sino en cuanto que por el hecho de nuestra fe en el Señor y por el bautismo hay una semilla en cada uno de nosotros que se va desarrollando en nosotros, haciendo posible el Reino de Dios, liberándonos del pecado, de nuestros egoísmos y odios, de nuestras debilidades, hasta que un día por la muerte esa semilla reviente y se convierta en maravillosa flor de una vida eterna y feliz, como sucedió con Cristo.

3.-. El que cree en mi tiene vida eterna. Ya la tiene. Por eso nos dice la segunda lectura “que hemos resucitado con Cristo, nuestra vida está escondida con Cristo en Dios”. Es ya la vida que tenemos dentro. Somos un ser humano nuevo, distinto, no por nuestras fuerzas ni méritos, sino por la comunicación del Espíritu, que es la vida de Dios.

4.- Por eso somos ciudadanos del cielo, no por pasaporte, sino por nuestra naturaleza. Esa nueva vida nos da la nueva conciudadana. Nuestra patria es el cielo.

Esa semilla de la fe, cuando la cultivamos debidamente, nos va dando una vivencia de lo sobrenatural, va luchando dentro de nosotros, pujando por manifestarse en toda su grandeza y libertad, nos va haciendo connaturales con Dios, y por eso realmente somos hijos suyos, con la participación de su propia vida. Es que nos llamamos hijos de Dios y lo somos, y un día aparecerá lo que ya somos.

5.- ¿Siendo ciudadanos del cielo realmente buscamos las cosas de arriba? ¿De nuestra patria?

–¿Oímos las noticias de nuestra patria con el interés con que seguimos las de nuestra patria en la tierra?

–¿Nos interesan más los periódicos con noticias tantas veces falseadas de nuestra patria terrena, que ese gran periódico de la Palabra de Dios que es la Biblia?

–¿Nos interesa más la subida de la Bolsa, que la subida o bajada del número de hermanos que creen en Dios con sinceridad de vocaciones sacerdotales?

–¿Nos interesamos más por los programas políticos de los partidos que se disputan el poder entre nosotros, que el programa religioso de Cristo en las Bienaventuranzas, en sus declaraciones públicas sobre que los dos grandes mandamientos son el amor a Dios y al prójimo?

–¿Damos más importancia a la razón y a sus argumentos, que a la fe?

–¿Viendo como vivió Jesús, entregado a la tarea de hacer el bien, “pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos”, vivimos nosotros la preocupación por los demás, o nos encogemos de hombros ante las penas y necesidades de los demás?

–Señores, señoras, amigos, ¿somos ciudadanos del cielo o puros ciudadanos de esta tierra en que vivimos?

José María Maruri, SJ