Comentario al evangelio – Lunes de la Octava de Pascua

Empezamos la Octava de Pascua. A lo largo de la semana, la liturgia de la Palabra se centra en las apariciones de Jesús a sus discípulos, en las más variadas formas, buscando así probar la resurrección. Junto con las apariciones están los obstáculos que hacen difícil pasar de la evidencia de la muerte a la fe en la resurrección.

La experiencia pascual de los discípulos y discípulas tiene la forma de un encuentro personal, pero con una circunstancia muy peculiar y sorprendente. Se trata del encuentro con una persona que se deja ver, que les sale al encuentro después de haber muerto y haber sido sepultado recientemente. Por consiguiente, ese encuentro les conduce a una afirmación lógica: Jesús ha resucitado, está vivo.

En el texto de hoy, Jesús se aparece a las mujeres que regresan asustadas pero felices del sepulcro vacío. Fueron las primeras en notar el episodio de la resurrección. Por eso, corrieron a dar la noticia a los demás discípulos, cuando se les acercó el mismo Jesús mismo. Aunque se sientan felices, las primeras palabras de Jesús son que permanezcan en esa alegría: “Alegraos”. La resurrección es la mayor de todas las alegrías. Esta experiencia también está dirigida a nosotros hoy.

Jesús hace otras dos peticiones a las mujeres: “No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán”. No tener miedo y pedir a los discípulos que dirijan a Galilea. El tema del miedo se hace recurrente en las horas siguientes a la crucifixión e incluso en las escenas de resurrección, lo cual es más sorprendente. Probablemente tiene un propósito catequético. Los ángeles y mensajeros de la resurrección y el mismo Resucitado tienen que repetir una y otra vez “No tengas miedo” (Mt 28,5.10; Mc 16,6).

El camino de los discípulos hacia la fe en el Cristo, hacia la fe cristiana, es un camino de regreso desde el escándalo de la cruz. Pero tiene como fundamento el largo camino que habían recorrido ya con el Jesús terreno, sobre todo en Galilea. El seguimiento de Jesús en Galilea permite a los discípulos enfrentar el escándalo de la cruz, cuando tienen lugar las apariciones del Resucitado. El camino andado con el Jesús terreno les permite identificar al Crucificado Resucitado. Por eso, las escenas de aparición están cargadas de invitaciones a regresar a Galilea, el lugar del seguimiento, para encontrarse con Él.

Si creemos en todo lo que celebramos estos días, es el momento de salir al encuentro de nuestros hermanos y decirles que también nosotros nos hemos encontrado con Jesús resucitado y que Él está vivo en medio de nosotros. Para ello, es necesario que vayamos a las “Galileas” de nuestros tiempos y allí reencontrar los rostros sufrientes que necesitan la buena noticia de la resurrección.

Eguione Nogueira, cmf