Vísperas – Miércoles dentro de la Octava de Pascua

VÍSPERAS

MIÉRCOLES DENTRO DE LA OCTAVA DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¿Qué ves en la noche,
dinos, centinela?

Dios como un almendro
con la flor despierta;
Dios que nunca duerme
busca quien no duerma,
y entre las diez vírgenes
sólo hay cinco en vela.

Gallos vigilantes
que la noche alertan.
Quien negó tres veces
otras tres confiesa,
y pregona el llanto
lo que el miedo niega.

Muerto le bajaban
a la tumba nueva.
Nunca tan adentro
tuvo al sol la tierra.
Daba el monte gritos,
piedra contra piedra.

Vi los cielos nuevos
y la tierra nueva.
Cristo entre los vivos
y la muerte muerta.
Dios en las criaturas,
¡y eran todas buenas! Amén.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Aleluya.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Aleluya.

SALMO 113A: ISRAEL LIBRADO DE EGIPTO: LAS MARAVILLAS DEL ÉXODO

Ant. Venid a ver el sitio donde yacía el Señor. Aleluya.

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en manantiales de agua.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Venid a ver el sitio donde yacía el Señor. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Jesús dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me veréis.» Aleluya.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias
Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
Su esposa se ha embellecido.
Aleluya.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Jesús dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me veréis.» Aleluya.

LECTURA: Hb 7, 24-27

Jesús, como permanece para siempre, tiene el sacerdote que no pasa. De ahí que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder a su favor. Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo. Él no necesita ofrecer sacrificios cada día —como los sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo—, porque lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.

En lugar del responsorio breve, se dice:

Antífona. Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Jesús entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Jesús entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Aleluya.

PRECES

Oremos a Cristo, que resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre, y digámosle:

Oh Cristo, siempre vivo para interceder por los hombres, escucha nuestra oración.

Acuérdate, Señor, de los que se han consagrado al ministerio pastoral;
— que sean para tu pueblo ejemplo de santidad.

Concede, Señor, el espíritu de justicia y de paz a los que gobiernan las naciones
— y haz que trabajen para que todos podamos vivir según tu ley.

Concede la paz a nuestros días
— y multiplica los bienes de la tierra, para que los pobres puedan gozar de las riquezas de tu bondad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Oh Cristo, que con tu triunfo has iluminado el mundo entero y has llamado a la vida a toda la creación, que estaba sometida a la frustración,
— concede la luz eterna a nuestros hermanos difuntos.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que todos los años nos alegras con la solemnidad de la resurrección del Señor, concédenos, a través de la celebración de estas fiestas, llegar un día a la alegría eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles dentro de la Octava de Pascua

1.-Oración introductoria. 

Señor, en esta oración quiero que me enseñes a constatar la diferencia de una comunidad que todavía no se ha encontrado con el Resucitado y la comunidad que ha tenido la suerte de encontrase contigo. Te pido que este encuentro tuyo con los discípulos de Emaús sea modelo de mi experiencia personal contigo hoy. Y de todas las experiencias de vida comunitaria a lo largo de los siglos.

2.- Lectura reposada del evangelio.

Del santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. Él les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?» Él les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron». Él les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado». Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

          San Lucas, en una espléndida catequesis, nos hace ver la situación de una comunidad que no se ha encontrado vitalmente con Jesucristo y otra que ha experimentado la fuerza y el poder del Señor Resucitado. Y nos habla de cuatro presencias del Resucitado.

1.– En el diálogo. Aquellos discípulos iban caminando y, como dice el texto original, “iban buscando juntos”.  Si de corazón buscamos la verdad y no “mi verdad”; si acepto que la Verdad Absoluta sólo la tiene Dios y nosotros estamos sembrados de verdades fragmentarias; si estamos dispuestos a aceptar la verdad del otro hasta el punto de decir: Perdón, yo estaba equivocado; si acepto democráticamente la opinión de la mayoría, en ese diálogo sincero está presente el Señor.

2.– En la Palabra de Dios. Una palabra que está en la Biblia y a través de la oración pedimos que el Espíritu Santo nos ayude a profundizar en ella y abrirnos a su profundo significado. Si nos dejamos interpelar por ella, sentiremos, como los discípulos de Emaús, que “nuestro corazón arde por dentro”.  Y en ese fuego interior descubriremos que está presente el Señor.

 3.– En la “fracción del pan”. Si acudimos a la Eucaristía, no a recitar de rutina credos ya sabidos, sino a hacer presente el gesto de Jesús de “partir el pan” y nos comprometemos a darnos, a entregarnos, a vivir desviviéndonos por nuestros hermanos, especialmente por los más débiles y necesitados, podemos estar seguros que está presente el Señor.

4.– En la Comunidad. Con la muerte de Cristo viene la dispersión del grupo y los discípulos de Emaús van huyendo del grupo de Jerusalén porque allí sólo se habla de muerte y de fracasos. Si somos capaces de desandar el camino de desesperación y decepción, por una experiencia de encuentro gozoso con el Señor, es claro que en esa comunidad alegre, hermanada, con ganas de salir a contar lo que hemos vivido, está presente el Señor. 

Palabra del Papa.

“El encuentro con Dios en la oración, mediante la lectura de la Biblia y en la vida fraterna les ayudará a conocer mejor al Señor y a ustedes mismos. Como les sucedió a los discípulos de Emaús, la voz de Jesús hará arder su corazón y les abrirá los ojos para reconocer su presencia en la historia personal de cada uno de ustedes, descubriendo así el proyecto de amor que tiene para sus vidas. Algunos de ustedes sienten o sentirán la llamada del Señor al matrimonio, a formar una familia. Hoy muchos piensan que esta vocación está «pasada de moda», pero no es verdad. Precisamente por eso, toda la Comunidad eclesial está viviendo un período especial de reflexión sobre la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo. Además, les invito a considerar la llamada a la vida consagrada y al sacerdocio. Qué maravilla ver jóvenes que abrazan la vocación de entregarse plenamente a Cristo y al servicio de su Iglesia. Háganse la pregunta con corazón limpio y no tengan miedo a lo que Dios les pida. A partir de su «sí» a la llamada del Señor se convertirán en nuevas semillas de esperanza en la Iglesia y en la sociedad. No lo olviden: La voluntad de Dios es nuestra felicidad (S.S. Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)

5.- Propósito: Que en este día se note que estamos en Pascua: procuraré sonreír y poner buena cara

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, te doy gracias por este tiempo de oración contigo. Te diré que eres fantástico. Me encanta esa manera tan humana de presentarte a unos amigos a quienes tanto desconcertó tu muerte. Te presentaste de una manera arrolladora con tu cuerpo resucitado: con capacidad de diálogo, de sorpresa, de novedad. Fuiste capaz de llenar de entusiasmo y ardor unos corazones fríos y desesperanzados. ¡Qué grande eres, Señor!

ORACIÓN MIENTRAS DURE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectura continuada del evangelio de Mateo

Mateo 5, 17-20

 

«17No penséis que he venido a derogar la ley y los profetas; no he venido a derogar, sino a dar cumplimiento. 18Porqueen verdad os digo: hasta que pasen el cielo y la tierra no pasará una iota o tilde de la ley sin que todo suceda.

19Así pues, el que traspase uno de estos mandamientos mínimos, y así lo enseñe a los hombres, será declarado mínimoen el reino de los cielos; pero el que los haga y enseñe, ese será declarado grande en el reino de los cielos.

20Porque os digo que si vuestra justicia no sobreabunda a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Los vv. 17-20 introducen la parte principal del sermón de la montaña. Mt 5,17 y 7,12 forman una inclusión con las palabras «ley» y «profetas». La parte principal consta de tres secciones: la 1a y la 3a, de igual extensión (5,21-48 y 6,19-7,11) y la 2a, el centro, más breve (6,1-18). Estos primeros versículos son unitarios en el tema y en la forma. Son cuatro dichos sueltos. El último, v. 20, es el título, el resumen previo de las antítesis, unido mediante «os digo» con los vv. 22.28.32.34.39.44 y mediante «sobreabundar» con el v. 47 («inclusión»). Además, el v. 20 remite a 4,10 y anticipa 6,1.33 («justicia») y anticipa también 7,13.21 («entrar en el reino de los cielos»). El v. 20 ocupa, pues, una posición clave.

 

  • Al colocar estos versículos al comienzo de la parte principal del sermón de la montaña, antes de las antítesis, Mateo pone de manifiesto que son muy importantes para él. Pero, a la vez, son de los más difíciles del evangelio. La expresión introductoria «no penséis» interpela directamente a la comunidad. Parece bastante claro que Mateo no alude aquí al cumplimiento de los vaticinios de la ley y los profetas. El sentido es que Jesús «cumple» las indicaciones de la ley y los profetas. «Dar cumplimiento» (pleroo) es, en Mateo, un verbo exclusivamente cristológico. Sólo Jesús (y Juan Bautista) «cumple» la ley. Brilla en él un momento singular de totalidad y plenitud. «He venido»: es misión especial de Jesús cumplir plena y totalmente la ley y los profetas. El v. 17 incluye un momento cristológico (de FE en Jesucristo) que se prolonga luego en los vv. 18 y 20 en el énfasis «yo os digo» y con el «yo» de las antítesis.
  • El enunciado principal del v. 18 está en la frase principal: no pasará una iota (la letra más simple del alfabeto griego) o tilde de la Torá (Ley). Aquí se afirma solemnemente la validez de la Torá sin restricción alguna. «Hasta que pasen el cielo y la tierra» significa «todo el tiempo que dure el mundo»: la Torá, pues, seguirá vigente. Hoy está muy extendida la interpretación ética de la frase «sin que todo suceda»: sin que se lleve a efecto todo lo preceptuado en la ley. Mateo señalaría en esta frase la necesidad del cumplimiento práctico de la ley. Pero la expresión resulta problemática.
  • Los lectores cristianos del evangelio de Mateo, por su conocimiento de la tradición sobre Jesús, entenderán por «mandamientos mínimos» aquellos que Jesús consideró leves, por ejemplo el diezmo de verduras (cf. 23,23-24). Llama la atención la promesa de ser «grande» o «mínimo» en el reino de los cielos. ¿El texto quiere decir que en el cielo hay diversos puestos? Esta idea arraigó en el judaísmo; el mismo Mateo aparece familiarizado con la idea de diversos grados jerárquicos en el cielo (cf. 11,11; 18,1.4; 20,21). En definitiva, Mateo asumió una tradición judeocristiana que exigía la observancia de todos los preceptos de la Torá. No sólo la asume, sino que además la coloca en lugar destacado dentro de su sermón de la montaña. Esto armoniza bien con la intención básica del v. 17, que hablaba del cumplimiento de la ley por la obediencia y la vida de Jesús: la misión de Jesús consiste en potenciar la Torá con su observancia hasta el último y más mínimo precepto. Jesús es señor de la Torá; pero ejerce su señorío manteniendo la validez absoluta de la misma. La diferencia entre la comunidad mateana y el judaísmo radica en que -partiendo de Jesús- la «justicia, la misericordia y la fidelidad», concretamente el mandamiento del amor, son el precepto capital, y lo demás son iotas y tildes, pero son también parte de la ley que Jesús cumple en su totalidad.
  • El v. 20 constituye el título de las antítesis. La ley no puede separarse de la justicia superior a que hace referencia el texto. Y ¿cuál es el contenido de la «justicia superior»? El versículo no posee aún ningún contenido: funciona como «lugar vacío» que luego llenaremos con las antítesis. Mateo se distancia aquí de los dirigentes que representan a la mayoría de Israel hostil a Jesús y valora su «justicia» de un modo negativo. La justicia superior de los discípulos significa un incremento cuantitativo en el cumplimiento de la Torá. El texto no dice aún en qué consiste. Pero lo aclaran las antítesis: el mandamiento del amor pasa a ser el núcleo de todos los preceptos. A partir de las antítesis, la justicia cuantitativamente superior de los discípulos significa una intensificación cualitativa de su vida ante Dios guiada por el amor. El v. 20 ocupa el centro entre esas dos concepciones, con significación oscilante según se lea «desde adelante» o «desde atrás». El versículo ejerce una función de transición, de bisagra, no sólo en el aspecto literario, sino también de contenido.

Comentario – Miércoles I dentro de la Octava de Pascua

(Lc 24, 13-35)

Otro relato cargado de emotividad, de intimidad, de amor y de deseo. Otro encuentro coloreado por la ternura, donde la luz del Resucitado poco a poco va disipando las tinieblas del dolor y la tristeza. Los dos discípulos caminaban, tristes, afligidos, desilusionados. Sentían que el final de Jesús era su propio fracaso, porque ellos esperaban que él fuera el liberador de Israel. Parece que todas las enseñanzas que habían recibido de Jesús no habían logrado quitarles sus falsas ideas sobre la obra que Cristo debía realizar.

Y seguían tan enfrascados en esta sensación de fracaso que ni siquiera pudieron reconocer que el que se acercó a ellos y los acompañaba en el camino era el mismo Jesús. Ni siquiera el testimonio de las mujeres y de los otros discípulos que habían visto el sepulcro vacío les permitió reconocer que las Escrituras anunciaban su triunfo después del sufrimiento.

Jesús pacientemente les explica las Escrituras, como lo había hecho ya muchas veces. Pero ahora, lleno del poder de su resurrección, podía llegar a sus corazones y hacerlos arder con su palabra: “¿No se quemaba nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?” Por eso, sin entender demasiado, le piden que se quede con ellos a pasar la noche. Y allí Jesús repite lo que había hecho en la última cena. Entonces sí se abren sus ojos.

En este proceso de la Palabra a la Eucaristía podemos ver la estructura de nuestra celebración de la Misa, que debería llevarnos, igual que a ellos, a anunciar a otros lo que celebramos. Pero todo el relato nos invita a descubrir a Jesús resucitado que se hace presente en nuestro propio camino, para disipar la oscuridad de nuestros miedos, de nuestras dudas, de nuestras tristezas.

Oración:

Quédate Jesús en la noche de mi vida, ilumíname con tu palabra y aliméntame con tu presencia. Abre mis ojos para reconocerte, para que también mi corazón arda con tu fuego y se ilumine con la luz de tu resurrección”.

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

Interdependencia entre la persona humana y la sociedad

25. La índole social del hombre demuestra que el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la propia sociedad están mutuamente condicionados. porque el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social. La vida social no es, pues, para el hombre sobrecarga accidental. Por ello, a través del trato con los demás, de la reciprocidad de servicios, del diálogo con los hermanos, la vida social engrandece al hombre en todas sus cualidades y le capacita para responder a su vocación.

De los vínculos sociales que son necesarios para el cultivo del hombre, unos, como la familia y la comunidad política, responden más inmediatamente a su naturaleza profunda; otros, proceden más bien de su libre voluntad. En nuestra época, por varias causas, se multiplican sin cesar las conexiones mutuas y las interdependencias; de aquí nacen diversas asociaciones e instituciones tanto de derecho público como de derecho privado. Este fenómeno, que recibe el nombre de socialización, aunque encierra algunos peligros, ofrece, sin embargo, muchas ventajas para consolidar y desarrollar las cualidades de la persona humana y para garantizar sus derechos.

Mas si la persona humana, en lo tocante al cumplimiento de su vocación, incluida la religiosa, recibe mucho de esta vida en sociedad, no se puede, sin embargo, negar que las circunstancias sociales en que vive y en que está como inmersa desde su infancia, con frecuencia le apartan del bien y le inducen al mal. Es cierto que las perturbaciones que tan frecuentemente agitan la realidad social proceden en parte de las tensiones propias de las estructuras económicas, políticas y sociales. Pero proceden, sobre todo, de la soberbia y del egoísmo humanos, que trastornan también el ambiente social. Y cuando la realidad social se ve viciada por las consecuencias del pecado, el hombre, inclinado ya al mal desde su nacimiento, encuentra nuevos estímulos para el pecado, los cuales sólo pueden vencerse con denodado esfuerzo ayudado por la gracia.

Comentario Domingo II de Pascua

Oración preparatoria

Jesús, Señor resucitado, tú saliste al paso a los discípulos que llenos de miedo y faltos de toda esperanza: háblanos como a ellos en el caminar de nuestra vida, ábrenos los ojos y el corazón para reconocerte en tu Palabra y en las Escrituras, llénanos de asombro y gozo cada vez que nos permites reconocerte junto a nosotros, cuando nos reunimos para celebrar tu recuerdo en la Eucaristía. Tú que vives y reinas con el Padre por los siglos de los siglos. AMEN.
 
Jn 20, 19-31
«19Así que, al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas donde estaban los discípulos, por miedo a los judíos, vino Jesús y se puso en medio, y les dice: “Paz a vosotros”.20Y dicho esto, les mostró las manos y el costado. Así que los discípulos se alegraron al ver al Señor.21Así que Jesús les dijo de nuevo: “Paz a vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío”.22Y, dicho esto, sopló y les dice: “Recibid Espíritu Santo. 23A quienes perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”.24Pero Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.25Así que le decían los otros discípulos: “Hemos visto al Señor”.Pero él les dijo: “Si no veo en sus manos la marca de los clavos y no meto mi dedo en la marca de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.
26Y ocho días después, de nuevo estaban dentro sus discípulos y Tomás con ellos. Viene Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio, y dijo: “Paz a vosotros”.27Luego dice a Tomás: “Trae tu dedo aquí y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”. 28Respondió Tomás: “Señor mío y Dios mío”.29Le dice Jesús: “¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que no viendo también han creído”.30Así que muchos otros signos hizo Jesús delante de sus discípulos que no están escritos en este libro. 31Pero estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre».
PALABRA DE DIOS 
 
CONTEXTO
Estamos ante el primer final del evangelio de Juan. Antes de nuestro texto, el evangelio ha relatado la escena del sepulcro vacío (Jn 20,1-10) y la aparición de Jesús a María Magdalena (20,11-18). Después, se nos relatará la aparición de Jesús en el lago de Tiberíades (21,1-23) y el segundo final del evangelio, que concluye con una impresionante hipérbole acerca de las acciones del Resucitado, que deja abierta para el creyente la puerta de una relación abierta e interminable con Jesús, Señor de la Vida (21,24-25).
 
TEXTO

El texto evangélico, denso como pocos, nos presenta dos escenas: la primera se sitúa en “el primer día de la semana”, nombre clásico para indicar el día de la resurrección, el domingo, día por excelencia de la asamblea cristiana. Tiene dos momentos: la presencia de Jesús con los discípulos sin Tomás (vv. 19-23) y el diálogo de estos con Tomás (vv. 24-25). La escena siguiente es “ocho días después”, cuando Jesús vuelve a estar con los discípulos y habla con Tomás (vv. 26-29). Después, la primera conclusión del evangelio (vv. 30-31).

 
ELEMENTOS A DESTACAR

• A nivel eclesiológico (discipular), básicamente es un texto de movimientos, de avances, de transformaciones: del miedo a la alegría, de estar cerrados a estar enviados, del no-ver al ver, del ver o no-ver al creer, del creer al vivir. Nada queda igual después de la Resurrección, se inicia un nuevo itinerario radicalmente transformado y transformador. ¿Sentimos esa nueva fuerza en estos primeros días de Pascua?

• A nivel cristológico, se remarca la bondad de Cristo Jesús, que no solo no reprocha a sus amigos el abandono y la soledad en que le dejaron, sino que les regala las primicias de su Pascua: la paz y el Espíritu Santo con el perdón de los pecados. Jesús es el mismo Jesús crucificado pero también el Mesías, el Señor, el Hijo de Dios, Dios mismo. ¿Tiene el papel que sin duda merece en nuestra vida? ¿Experimentamos su bondad en nosotros? ¿Le respondemos en consecuencia?

• A nivel teológico, es impresionante la densa riqueza del misterio de Dios: Padre que envía, Hijo y Señor, Espíritu Santo. ¿Tanto dinamismo de amor de Dios no choca con nuestra modorra espiritual? ¿Ese Misterio señalado nos empuja a profundizar en nuestra relación con Él?

• Tres veces repite Jesús el saludo: “¡Paz a vosotros!”. La paz y la serenidad interior es una marca de los discípulos “habitados” por Jesús. La paz, que es un don del Resucitado, se vuelve tarea de los discípulos en el envío. ¿Dónde urge trabajar la paz entre nosotros?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Domingo II de Pascua

Domingo II de Pascua – La Divina Misericordia

Hechos 4, 32-35; Salmo 117: 2-4. 16ab-15. 22-24; 1 Juan 5, 1-6;

Jesús se aparece a los discípulos

Al llegar la noche del día de la resurrección, los discípulos se habían reunido con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo: ¡Paz a ustedes! dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y ellos se alegraron de ver al Señor. Luego Jesús les dijo otra vez: ¡Paz a ustedes! Como el Padre me envió a mí, así yo los envió a ustedes. Sopló sobre ellos, y les dijo: Reciban el Espíritu Santo. A quienes ustedes perdonen los pecados, les quedaran perdonados; y a quienes no se los perdonen, les quedaran sin perdonar. Tomas, uno de los doce discípulos, al que llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Después los otros discípulos le dijeron: Hemos visto al Señor. Pero Tomas les contestó: Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo podré creer. Ocho días después, los discípulos se habían reunido de nuevo en una casa, y esta vez Tomas estaba también. Tenían las puertas cerradas, pero Jesús entró, se puso en medio de ellos y los saludó, diciendo: ¡Paz a ustedes! Luego dijo a Tomas: Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; y trae tu mano y métela en mi costado. No seas incrédulo; ¡cree! Tomas entonces exclamó: ¡Mi Señor y mi Dios! Jesús le dijo: ¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto! Jesús hizo muchas otras señales milagrosas delante de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo en él tengan vida.

Reflexión

¿Por qué tenían miedo los apóstoles? (Los que mataron a Jesús los buscaban a ellos.) ¿Como los saluda Jesús? (Dice, Paz a ustedes y les enseña sus heridas para que creyeran que era Él.) ¿Cuándo uno tiene miedo, tiene paz? ¿Que más nos quita la paz? (Peleas, remordimiento por pecar…) Jesús les dice: Como el Padre me envió a mí, así yo los envió a ustedes. ¿A qué los envía? (A llevar el mensaje del amor y misericordia de Dios al mundo; que Dios se hizo hombre y murió por nuestros pecados, así salvándonos.) Sopló sobre ellos, y les dijo: Reciban el Espíritu Santo. ¿Qué poderes tiene el Espíritu Santo? (¡El Espíritu Santo es Dios y es todopoderoso!) Jesús les dice: A quienes ustedes perdonen los pecados, les quedaran perdonados; y a quienes no se los perdonen, les quedaran sin perdonar. ¿Por qué les dice esto? (Jesús establece aquí el Sacramento de la Reconciliación. Dios quiere que confesemos nuestros pecados a un sacerdote y con el Poder del Espíritu Santo, el sacerdote nos perdona. Los discípulos fueron los primeros sacerdotes.) Tomas no estaba y no les creyó. Jesús se les aparece siempre dándole la paz. Le dice a Tomas: ¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto! ¿Crees que Jesús es Dios y por amor murió y resucitó para estar contigo en el Cielo para siempre? Compartir. ¿Si Dios está con nosotros, debemos tener miedo?

Actividad

En la siguiente página, hacer la paloma de paz, trazando la mano y escribir las palabras de Jesús.

mano

Oración

Señor, nos asustan y preocupan muchas cosas. Hazte presente entre nosotros con tu paz. Danos la fe para siempre confiar en Ti y verte en los sufrimientos de los demás. Amen

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Apariciones a los discípulos – Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judios. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: – Paz a vosotros. Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: – Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: – recibid el Espíritu Santo; a quines les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos. Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: – Hemos visto al Señor. Pero él les contesto: – Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo. A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, se puso en medio y dijo: – Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: – Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Contestó Tomás: – ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: – ¿Por qué me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto…..

Explicación

Hoy nos cuenta el Evangelio que estando los discípulos de Jesús reunidos en una casa, él se hizo presente en medio de ellos y les saludó diciendo: La paz sea con vosotros. Faltaba en el grupo Tomás. Al contarle lo ocurrido se reía y no creía lo que le decían. Pocos días después se repitió la situación pero ahora con Tomás incluido. Jesús se dirigió a Tomás y le dijo: Mira mis manos y mis pies. ¿Ves las llagas de los clavos? ¡Mete tus dedos en ellas! Y Tomás le contestó: ¡Señor mío y Dios mío!

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

NARRADOR: Estaba anocheciendo. Por la mañana corrieron rumores de que el cuerpo de Jesús había desaparecido del sepulcro. Pedro y Juan lo confirmaron. ¿Será verdad que ha resucitado? Los discípulos se han reunido en una casa… Tienen miedo a los judíos. Han cerrado bien las puertas. De pronto…

JESÚS: ¡Paz a vosotros!

APÓSTOLES: ¡Es Él! ¡Es Jesús! ¡Ha resucitado! ¡Era verdad!

JESÚS: ¡Paz a vosotros! Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo… A quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados… y a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

NARRADOR: Jesús desapareció de su vista. Al momento se oyeron unos golpes en la puerta. Alguien llamaba. ¿Quién será…? ¡Es Tomás!

TOMÁS: ¿Qué os pasa? Tenéis cara de asustados.

APÓSTOL 1º: ¡Ha venido el Maestro! ¡Sí, se nos ha aparecido!

APÓSTOL 2º: Sí, sí, ha hablado con nosotros.

TOMÁS: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado… no lo creo.

NARRADOR: Así quedaron las cosas. No pudieron convencer a Tomás de que Jesús había resucitado. A los ocho días estaban otra vez reunidos los discípulos y Tomás entre ellos. Las puertas seguían cerradas por miedo a los judíos, cuando… aparece Jesús.

JESÚS: ¡Paz a vosotros! ¡Paz a vosotros! Tomás: Trae tu dedo, aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

TOMÁS: ¡Señor mío y Dios mío!

JESÚS: ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

NARRADOR: Muchos otros signos, que no están escritos en este libro hizo Jesús a la vista de sus discípulos. Estos están escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios y, para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles I dentro de la Octava de Pascua

Como en la experiencia de los discípulos de Emaús, Jesús viene a nuestro encuentro, también ahora. Siempre se nos acerca, camina a nuestro ritmo y también nos pregunta: “¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?”

El Evangelio muestra el sentimiento de los discípulos: “se detuvieron con aire entristecido” (Lc 24,17). Hablan de una esperanza enterrada, de un sueño roto, de un proyecto fallido: “esperábamos … pero, a pesar de todo eso …”. Nosotros también esperábamos, pero … ¿Cuántos planes habíamos hecho antes de la pandemia? ¿Cuántos viajes programados, proyectos personales y comunitarios han caído al abismo de un futuro incierto? ¿Cuántos encuentros se impiden indefinidamente? ¿Cuántas vidas fueron enterradas?

Jesús no cambió la realidad de los discípulos, como tampoco podemos esperar que Dios intervenga repentinamente en ese momento de una manera mágica. Esto no significa ausencia, porque su presencia nos enseña a afrontar estos acontecimientos con realismo, pero con otra mirada: releer nuestras narrativas con una mirada de fe, a la luz de su Palabra. “… explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras” (v. 27).

Al llegar a Emaús, Jesús demuestra que quiere ir más lejos, un peregrino dispuesto a seguir encontrándose con otros. Pero todo cambia con la invitación, que se convierte para nosotros en una de las más hermosas oraciones: “¡Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída!”. Es el momento del crepúsculo, uno de los momentos más bellos del día. Como decía la escritora brasileña Lygia Fagundes: “La belleza no está ni en la luz de la mañana ni en la sombra de la tarde, está en el crepúsculo, en este semitono, en esta ambigüedad”. La belleza de la vida también se puede ver en este crepúsculo en el que nos encontramos. Para nosotros no es tan claro como lo será el futuro, pero hay una luz que ilumina suavemente este momento. La luz de la fe, aunque un poco oculta, nos ayuda a ver este crepúsculo con mirada contemplativa, serena, profunda.

Como los discípulos de Emaús, también queremos compañía, que nuestras casas tengan invitados como en otros tiempos. Este “quédate con nosotros, atardece …” es tan delicado que parece más una súplica que una oferta de hospitalidad. Parece que los anfitriones piden hospitalidad al peregrino. No pensemos que Dios está encerrado en el tabernáculo, como un prisionero. Nuestro Señor, es un peregrino de la historia, de nuestras historias. Y hoy está en todos los hogares allá donde puede entrar. Basta una invitación: “¡quédate con nosotros!”.

Pasamos de la libertad del camino a la intimidad del hogar. Allí, alrededor de la mesa, hecha para que esté rodeada de comensales, para que la vida se exprese espontáneamente, con el olor a pan y el intercambio de miradas que se buscan, allí, al partir el pan, lo reconocen. Cuánta sencillez y densidad se esconde en este gesto cotidiano: Dios se manifiesta en el pan partido y compartido.

También hoy Jesús viene a nuestro encuentro. También hoy podemos repetir la misma experiencia de esos dos discípulos. “Son tres pasos que también nosotros podemos dar en nuestras casas: primero, abrir el corazón a Jesús, confiándole las cargas, las dificultades, las desilusiones de la vida, confiándole los “si”; y luego, segundo paso, escuchar a Jesús, tomar el Evangelio en mano, leyendo hoy mismo este pasaje, en el capítulo veinticuatro del Evangelio de Lucas; tercero, rezar a Jesús, con las mismas palabras de aquellos discípulos: “Señor, «quédate con nosotros». (v. 29). Señor, quédate conmigo. Señor, quédate con todos nosotros, porque te necesitamos para encontrar el camino. Y sin ti es de noche”.” (Papa Francisco, 26 de abril de 2020).

Eguione Nogueira, cmf