Comentario – Miércoles I dentro de la Octava de Pascua

(Lc 24, 13-35)

Otro relato cargado de emotividad, de intimidad, de amor y de deseo. Otro encuentro coloreado por la ternura, donde la luz del Resucitado poco a poco va disipando las tinieblas del dolor y la tristeza. Los dos discípulos caminaban, tristes, afligidos, desilusionados. Sentían que el final de Jesús era su propio fracaso, porque ellos esperaban que él fuera el liberador de Israel. Parece que todas las enseñanzas que habían recibido de Jesús no habían logrado quitarles sus falsas ideas sobre la obra que Cristo debía realizar.

Y seguían tan enfrascados en esta sensación de fracaso que ni siquiera pudieron reconocer que el que se acercó a ellos y los acompañaba en el camino era el mismo Jesús. Ni siquiera el testimonio de las mujeres y de los otros discípulos que habían visto el sepulcro vacío les permitió reconocer que las Escrituras anunciaban su triunfo después del sufrimiento.

Jesús pacientemente les explica las Escrituras, como lo había hecho ya muchas veces. Pero ahora, lleno del poder de su resurrección, podía llegar a sus corazones y hacerlos arder con su palabra: “¿No se quemaba nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?” Por eso, sin entender demasiado, le piden que se quede con ellos a pasar la noche. Y allí Jesús repite lo que había hecho en la última cena. Entonces sí se abren sus ojos.

En este proceso de la Palabra a la Eucaristía podemos ver la estructura de nuestra celebración de la Misa, que debería llevarnos, igual que a ellos, a anunciar a otros lo que celebramos. Pero todo el relato nos invita a descubrir a Jesús resucitado que se hace presente en nuestro propio camino, para disipar la oscuridad de nuestros miedos, de nuestras dudas, de nuestras tristezas.

Oración:

Quédate Jesús en la noche de mi vida, ilumíname con tu palabra y aliméntame con tu presencia. Abre mis ojos para reconocerte, para que también mi corazón arda con tu fuego y se ilumine con la luz de tu resurrección”.

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día