Vísperas – Jueves dentro de la Octava de Pascua

VÍSPERAS

JUEVES DENTRO DE LA OCTAVA DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Porque anochece ya,
porque es tarde, Dios mío,
porque temo perder
las huellas del camino,
no me dejes tan solo
y quédate conmigo.

Porque he sido rebelde
y he buscado el peligro
y escudriñé curioso
las cumbres y el abismo,
perdóname, Señor,
y quédate conmigo.

Porque ardo en sed de ti
y en hambre de tu trigo,
ven, siéntate a mi mesa,
bendice el pan y el vino.
¡Qué aprisa cae la tarde!
¡Quédate al fin conmigo! Amén.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Aleluya.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Aleluya.

SALMO 113A: ISRAEL LIBRADO DE EGIPTO: LAS MARAVILLAS DEL ÉXODO

Ant. Venid a ver el sitio donde yacía el Señor. Aleluya.

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en manantiales de agua.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Venid a ver el sitio donde yacía el Señor. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Jesús dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me veréis.» Aleluya.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias
Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
Su esposa se ha embellecido.
Aleluya.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Jesús dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me veréis.» Aleluya.

LECTURA: 1P 3, 18.21b-22

Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Lo que actualmente os salva no consiste en limpiar una suciedad corporal, sino en impetrar de Dios una conciencia pura por la resurrección de Jesucristo, que llegó al cielo, se le sometieron ángeles, autoridades y poderes, y está a la derecha de Dios.

En lugar del responsorio breve, se dice:

Antífona. Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Aleluya.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Aleluya.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, que resucitó de entre los muertos el primero de todos, y supliquémosle, diciendo:

Tú que has resucitado de entre los muertos, escucha, Señor, nuestra oración.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia santa, edificada sobre el cimiento de los apóstoles y extendida hasta los confines del mundo:
— que tus bendiciones abundantes se derramen sobre cuantos creen en ti.

Tú, Señor, que eres el médico de nuestros cuerpos y de nuestras almas,
— levanta y consuela a los enfermos y líbralos de sus sufrimientos.

Tú que anunciaste la resurrección a los que yacían en las tinieblas del abismo,
— libra a los prisioneros y oprimidos, y da pan a los hambrientos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú, Señor, que en la cruz destruiste nuestra muerte y mereciste para todos el don de la inmortalidad,
— concede a nuestros hermanos difuntos la vida nueva de tu reino.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que has reunido pueblos diversos en la confesión de tu nombre, concede a los que han renacido en la fuente bautismal una misma fe en su espíritu y una misma caridad en su vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves dentro de la Octava de Pascua

1.-Oración introductoria.

Al principio de esta oración te pido, Señor, que me abras mi inteligencia para entender tu palabra y así descubrir el significado profundo de la Resurrección como fuente inagotable de gracia y salvación que no cesa de manar. Hoy quiero beber del agua cristalina de esa fuente. 

2.- Lectura reposada de la Palabra (Lc.24, 35-48).

Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. Estaban hablando de éstas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo». Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?» Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. Después les dijo: «Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: «Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.»» Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

Jesús Resucitado se puso en medio de ellos. Él es el vencedor de la muerte, El Viviente, el Cristo, el Señor. Y esto tiene unas consecuencias para todos los cristianos. Él es el Señor de nuestras vidas y a él le entregamos las riendas de nuestra existencia. Y así lo entendieron los primeros mártires de los tres primeros siglos. En Roma se les obligaba a reconocer a los Emperadores como dioses a quienes tenían que ofrecer incienso y sacrificios. Y ellos se negaron porque sólo reconocían como Señor al que había muerto en la Cruz. 

Cristo se puso en medio. Es su puesto, en su sitio. Y si Cristo no está en el centro no está en ninguna parte. Cristo no es un simple paralelo en nuestra vida sino un meridiano que atraviesa todos los paralelos de nuestra existencia. Este cambio esencial no lo podemos hacer nosotros por nuestra cuenta. Por eso necesitamos que Cristo Resucitado nos «abra la inteligencia» como se les abrió a sus primeros discípulos. De este modo ejercerá su soberano señorío sobre los cristianos de todos los tiempos. 

Tu presencia abarcó “sentimientos”, poniendo paz y alegría en sus corazones. Les “abriste la inteligencia” para comprender tu palabra. Y pusiste toda tu santa “humanidad” a su servicio: manos, pies, huellas y el gesto tan cercano de “compartir la mesa”. ¡Gracias, Señor!

Palabra del Papa

“Él, la tarde de Pascua, abre la mente de los discípulos al misterio de su muerte y resurrección y les dice: “Vosotros sois testigos de todo esto”. Los Apóstoles, que vieron con los propios ojos a Cristo resucitado, no podían callar su extraordinaria experiencia. Él se había mostrado a ellos para que la verdad de su resurrección llegara a todos mediante su testimonio. Y la Iglesia tiene la tarea de prolongar en el tiempo esta misión; cada bautizado está llamado a dar testimonio, con las palabras y con la vida, que Jesús ha resucitado, que Jesús está vivo y presente en medio de nosotros. Todos nosotros estamos llamados a dar testimonio de que Jesús está vivo. El contenido del testimonio cristiano no es una teoría, no es una ideología o un complejo sistema de preceptos y prohibiciones o un moralismo, sino que es un mensaje de salvación, un acontecimiento concreto, es más, una Persona: es Cristo resucitado, viviente y único Salvador de todos. Él puede ser testimoniado por quienes han hecho una experiencia personal de Él, en la oración y en la Iglesia, a través de un camino que tiene su fundamento en el Bautismo, su alimento en la Eucaristía, su sello en la Confirmación, su continúa conversión en la Penitencia”. (Homilía de S.S. Francisco, 19 de abril de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito: En todo lo que haga en este día, observaré dónde Jesús no es el centro.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, por las luces que me has dado en esta oración. He descubierto la fuerza de la Resurrección en tu Palabra y en mi vida.  Yo no soy seguidor de un Cristo muerto sino de un Cristo vivo, presente y operante dentro de mi corazón. Quiero que resucites dentro de mí lo que ha muerto o está a punto de fenecer. Dame alegría, ilusión, esperanza, ganas de vivir y de trasmitir esta vida a los demás.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

El amor se manifiesta en las obras (Amor)

El amor se manifiesta mejor con hechos que con palabras (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre Jesucristo).

Cuentan de un alma que, al decir al Señor en la oración “Jesús, te amó”, oyó esta respuesta del cielo: “Obras son amores y no buenas razones”. Piensa si acaso tú no mereces también ese cariñoso reproche (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, 933).

Comentario – Jueves dentro de la Octava de Pascua

(Lc 24, 35-48)

A pesar de todos los anuncios recibidos, de las experiencias y el testimonio de varios de ellos, cuando Jesús se aparece en medio del grupo de los discípulos son incapaces todavía de reconocer a Jesús resucitado. Más bien sospechan que se trate de una especie de fantasma, se espantan y tiemblan de miedo. Porque la resurrección de Jesús no es una simple revivificación, no se trata de un cuerpo muerto que recuperó su vida natural. Es mucho más que eso, porque la vida gloriosa de Dios ha llenado su humanidad. Jesús resucitado está transformado, desbordante de vida nueva.

Jesús los tranquiliza con su palabra y los invita a tocarlo para que se convenzan y pierdan el miedo. Entonces, viendo sus manos y sus pies (que conservaban las llagas) el miedo se convierte en gozo y asombro.

Cuando el texto dice que no acababan de creer está indicando que les parecía demasiado hermoso, demasiado grande, demasiado consolador. La poca fe consiste en la incapacidad de reconocer todavía de qué maravillas es capaz Dios cuando cumple sus promesas.

Pero para terminar de convencerlos de que era un ser de carne y hueso, aunque estuviera transfigurado, come un pedazo de pescado. Finalmente, quiere mostrarles la armonía maravillosa del plan de Dios, porque las cosas no habían sucedido por casualidad, y les recuerda lo que él mismo les había anunciado y lo que las Escrituras habían anunciado desde antiguo.

Pero el texto aclara que además de explicarles “les abrió la inteligencia”, porque el Señor resucitado ahora puede actuar en el interior del hombre. Su resurrección le permite llegar a donde no podía llegar en su vida terrena, a lo profundo de las mentes y los corazones.

Oración:

Creo Señor, pero aumenta mi fe. Toca mi interior con tu luz para que pueda creerle más a tu Palabra y te reconozca resucitado en medio de mi vida. Dame el gozo de descubrirte glorioso y radiante, triunfante y feliz”.

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

La promoción del bien común

26. La interdependencia, cada vez más estrecha, y su progresiva universalización hacen que el bien común -esto es, el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección- se universalice cada vez más, e implique por ello derechos y obligaciones que miran a todo el género humano. Todo grupo social debe tener en cuenta las necesidades y las legítimas aspiraciones de los demás grupos; más aún, debe tener muy en cuenta el bien común de toda la familia humana.

Crece al mismo tiempo la conciencia de la excelsa dignidad de la persona humana, de su superioridad sobre las cosas y de sus derechos y deberes universales e inviolables. Es, pues, necesario que se facilite al hombre todo lo que éste necesita para vivir una vida verdaderamente humana, como son el alimento, el vestido, la vivienda, el derecho a la libre elección de estado ya fundar una familia, a la educación, al trabajo, a la buena fama, al respeto, a una adecuada información, a obrar de acuerdo con la norma recta de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad también en materia religiosa.

El orden social, pues, y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la persona, ya que el orden real debe someterse al orden personal, y no al contrario. El propio Señor lo advirtió cuando dijo que el sábado había sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. El orden social hay que desarrollarlo a diario, fundarlo en la verdad, edificarlo sobre la justicia, vivificarlo por el amor. Pero debe encontrar en la libertad un equilibrio cada día más humano. Para cumplir todos estos objetivos hay que proceder a una renovación de los espíritus y a profundas reformas de la sociedad.

El Espíritu de Dios, que con admirable providencia guía el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra, no es ajeno a esta evolución. Y, por su parte, el fermento evangélico ha despertado y despierta en el corazón del hombre esta irrefrenable exigencia de la dignidad.

Anunciar la misericordia de Dios

1- Hace unos días se anunciaba en un telediario que sólo el 14 % de los españoles era “practicante”. Que había bajado un 25 % la “práctica dominical” en los últimos 20 años. Se decía también que sólo el 6 % de los españoles se declaraba ateo. Ante estos datos surge la pregunta: ¿qué pasa con el 80% restante? Pues simplemente que la fe, si la tienen, no tiene significación en su vida, tal vez muchos ni se han planteado la existencia de Dios o viven como si Dios no existiera. Ya dijo Juan Pablo II que el gran mal de nuestro mundo es el indiferentismo religioso, es decir el echar a Dios de nuestra vida, pues entonces el hombre acaba deshumanizándose y perdiendo todos los valores que nos distinguen de las demás criaturas. La madre Teresa de Calcuta dejó escrita una sentencia que nos debe hacer pensar: “El peor mal es la indiferencia”.

2- Sin embargo hemos podido ver cómo estos días de Semana Santa la gente sale a la calle y se enfervoriza con las procesiones. Impresiona ver las lágrimas de muchas personas al ver pasar la imagen del “Jesús de Medinaceli”. Cada viernes acuden a El para pedirle favores miles de personas. ¿Es ésta la fe que Jesús desea en sus discípulos? Hoy El nos dice: “Dichosos los que crean sin haber visto”.

Tomás vio y creyó, pero, como dice San Agustín, “quería creer con los dedos”. Tiene que meter sus dedos en las cicatrices para creer. El santo obispo de Hipona se pregunta: ¿y si hubiera resucitado sin las cicatrices? Entonces…..Tomás no hubiera creído, “pero si no hubiera conservado las cicatrices en su cuerpo, no hubiera sanado las heridas de nuestro corazón”. Jesús alaba a los que creen sin haber visto por encima de los que creen porque han visto y hasta han podido tocar. Sin embargo Tomás nos resulta simpático porque se parece mucho a nosotros, hombres del siglo XXI tecnificado: queremos comprobar las cosas antes de creerlas. Hay muchas personas que se fían de Jesús, todo ese pueblo sencillo y humilde de las procesiones nos da ejemplo de confianza, porque creer es fiarse de Aquél que nunca nos falla.

3- Para que nuestra fe sea auténtica es necesario dar un paso más. No vale sólo con vivir las emociones de un momento. La fe nos compromete y nos anima a seguir a Jesús y a poner en práctica su mensaje, pues “la fe sin obras es una fe muerta”, nos dice Santiago. El mensaje de Jesús en este segundo domingo de Pascua es doble: la paz y la misericordia. En primer lugar nos trae la paz: “Paz a vosotros”. Es la paz que no puede regalarnos nadie más en la vida, la paz interior, la paz que da sentido a nuestra vida y la plenifica. Por eso los discípulos “se llenaron de alegría al ver al Señor”. Hay algo que todavía no tenemos asumido los que nos decimos seguidores de Jesús: tenemos que ser misericordiosos. Jesús nos envía a perdonar no a condenar, es el evangelio de la misericordia lo que nos trae Jesús. Me alegré mucho al escuchar las últimas palabras del Papa Benedicto en el Vía Crucis del Coliseo de Roma. Nos recordó que tenemos que anunciar la misericordia de Dios. Nosotros tenemos que ser mensajeros de perdón, aprender a perdonarnos primero a nosotros mismos y ser instrumentos de perdón y reconciliación para todos. Este es el Evangelio auténtico. Quizá muchos no dan el paso de entrar en nuestras celebraciones desde la calle después de las procesiones porque no ven en nosotros esos signos evangélicos de paz, misericordia y alegría. Hoy es el día de la “Divina misericordia”. Que la celebración de este día nos ayude a ser misericordiosos todo el año.

4- El modelo de vida de la primera comunidad cristiana es consecuencia de la vivencia de nuestra fe. Esta no puede vivirse sólo “por libre”, quedaría muy pobre, como les ocurre a mucho de los que reducen su fe a seguir una procesión. Sólo es cristiana de verdad si se comparte en comunidad. Los pilares, idealizados por supuesto, de la primera comunidad son muy claros: pensaban y sentían lo mismo (comunión de vida), lo poseían todo en común (comunidad de bienes), daban testimonio de la resurrección del Señor (evangelizaban). Sabemos también por el capítulo 2º de los Hechos que acudían asiduamente a la oración común y a la fracción del pan (Eucaristía). En el fondo, como dice San Agustín, “hallaban el gozo en lo común, no en lo privado”. ¿Se parecen nuestras comunidades a ésta? ¿Qué tenemos que mejorar para ser de verdad una comunidad que sigue a Jesucristo?

José María Martín OSA

A los ocho días, llegó Jesús

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo»; a quiénes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos. 

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús les dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto». 

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre. 

Juan 20, 19-31

COMENTARIO AL EVANGELIO

Cuando llega Jesús los discípulos tenían las puertas cerradas porque tenían miedo. Los discípulos estaban escondidos. A veces los cristianos, cuando sabemos que otras personas no van a aceptar nuestra fe, lo que hacemos es ocultarla, la escondemos.

Pero fijaros que Jesús se aparece ante ellos y el primer mensaje que les dirige es un mensaje de paz. La presencia de Jesús entre ellos les da la paz interior y el coraje necesario para vivir la fe sin complejos, sin ir contra nada ni contra nadie, pero sin ocultar nada de nuestra fe por miedo a lo que puedan decir o hacer otras personas.

El 11 de abril celebramos la festividad de la Divina Misericordia. Dios es misericordioso y ama sin límites a todas las personas, porque todos somos sus hijos. Es un día para ser consciente de que Dios siempre está pendiente de cada uno de nosotros y que nunca nos abandona.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • En familia
    • Jesús desea la paz a los discípulos. Piensa en alguna ocasión en la que hayas tenido alguna discusión con tus padres o hermanos.
    • ¿Qué podemos hacer para ser personas que busquemos la paz en nuestras familias?
    • Toma un compromiso para que en tu familia reine la paz que Jesús quiere para todos nosotros.
  • En el grupo de la parroquia

    • ¿Alguna vez has ocultado que eres creyente entre tus amigos o compañeros en el cole?
    • ¿Cómo debemos vivir hoy la fe los cristianos?
    • Piensa en un compromiso para vivir tu fe sin miedo, sin complejos entre tus amigos y compañeros.

ORACIÓN

Padre misericordioso,
que todos los cristianos
tengamos claro el amor que nos tienes
a cada uno de nosotros
y que sepamos contagiar ese amor
a los demás.

Jesús bondadoso,
que nos pides que no tengamos miedo
y que la paz esté siempre entre nosotros.
Ayúdanos a vivir la fe con naturalidad
y a ser sembradores de paz en nuestra vida.

Razones para resucitar

Sólo Dios puede crear,
pero nosotros podemos revalorizar lo creado
¡Aleluya!

Sólo Dios puede dar la vida,
pero nosotros podemos transmitirla
y defenderla
¡Aleluya!
Sólo Dios puede dar la fe,
pero nosotros podemos dar testimonio de ella.
¡Aleluya!

Sólo Dios puede infundirnos esperanza,
pero nosotros podemos devolverle confianza.
¡Aleluya!

Sólo Dios puede dar el amor,
pero nosotros podemos demostrárselo
a nuestros hermanos.
¡Aleluya!
Sólo Dios es plenamente alegre,
pero nosotros podemos sonreír.
¡Aleluya!

Sólo Dios puede otorgarnos la paz,
pero nosotros podemos vivir unidos
¡Aleluya!

Sólo Dios puede dar fortaleza,
pero nosotros podemos ser el apoyo y consuelo de muchos
¡Aleluya!
Sólo Dios es el camino,
pero nosotros podemos enseñárselo a otros.
¡Aleluya!

Sólo Dios es la luz,
pero nosotros podemos ser su lámpara
¡Aleluya!

Sólo Dios puede hacer milagros
pero nosotros podemos llevar los cinco panes y dos peces.
¡Aleluya!
Sólo Dios puede hacer lo imposible,
pero nosotros podemos hacer todo lo posible.
¡Aleluya!

Sólo Dios puede bastarse a sí mismo.
pero ha preferido necesitarnos a nosotros
¡Aleluya!

Notas para fijarnos en el Evangelio

• Los discípulos están reunidos en un mismo lugar (19 y 26), expresión de que son comunidad eclesial; también “el primer día de la semana” o “domingo” es expresión de lo mismo (ambas apariciones [19 y 26] tienen lugar en domingo), ya que es el día en que nos reunimos como Iglesia para celebrar que el Resucitado está en medio de nosotros.

• El “miedo de los judíos” (19) lo habíamos encontrada en pasajes como el del ciego de nacimiento (Jn 9,22).

• A pesar de las “puertas cerradas” (19), el Resucitado toma la iniciativa, se hace presente en medio de los discípulos y les da la “paz” (19), su paz, la que el mundo no da (Jn 14,27), tal como lo había anunciado.

• Enseñar “las manos y el costado” (20), que son los lugares con las marcas de la muerte en cruz, es un modo de incidir en que el Resucitado es el mismo que el Crucificado.

• La expresión “como el Padre” (21) o, en otros lugares, “lo que he hecho con vosotros” (Jn 13,15), indica lo que tiene que ser la vida del discípulo: dejarse modelar según Jesús, como Él lo ha hecho según el Padre.

• Lo que define a Jesús es la misión. También sus discípulos serán definidos por la misión que Él les da (21): “como Tú me enviaste al mundo, así os envío yo también al mundo” (Jn 17,18).

• La Iglesia reunida, la paz, la misión… todo arranca de la Pascua. Será el don del Espíritu el que lo active. El “aliento” (22) de Jesús sobre los discípulos expresa que su resurrección abre el paso a una creación nueva: El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo (Gn 2,7). Jesús había rogado al Padre que diera el Defensor a los discípulos (Jn 14,16), es decir, el que ha sido llamado para auxiliar, acompañar y ayudar, pero también para aconsejar y consolar y para interceder. Es el Espíritu Santo. Con Él llegan el recuerdo y el conocimiento (Jn 14, 26) que marcan el inicio de la fe (Jn 7, 39). El Espíritu es, en Juan, un maestro que ilumina. Y es el que da al creyente su identidad propia de testigo de Jesús (Jn 15, 26-27). Podríamos decir que el Espíritu es el verdadero autor del Evangelio, porque de Él viene el recuerdo de lo que Jesús dijo y la comprensión de tal recuerdo.

• Las palabras de Jesús sobre el perdón (23) nos recuerdan las que recoge Mateo dirigidas a Pedro (Mt 16, 19) y a toda la comunidad (Mt 18, 18). Palabras en las que atar y desatar significan excluir o admitir a la comunidad. El Resultado deja ese don precioso y tan delicado en las manos de la propia comunidad de los discípulos, portadora para el mundo de la vida nueva.

• La bienaventuranza (29) dirigida por el Resucitado a los creyentes que no hemos conocido al Jesús histórico, da sentido al Evangelio y al hecho de evangelizar: dar testimonio a quienes no han visto a Jesús para que puedan tener fe.

• Los vv. 30-31 expresan la finalidad del Evangelio escrito: “para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre”.

Comentario al evangelio – Jueves dentro de la Octava de Pascua

Aquel domingo había sido intenso. Primero, algunas mujeres tuvieron la experiencia de dos personajes con vestiduras brillantes que anunciaban la resurrección de Jesús. Por la tarde, otros dos discípulos que se dirigían a Emaús tuvieron la compañía de un peregrino que con sus palabras calentó sus corazones y luego se reveló como Cristo resucitado. Gradualmente, la comunidad de los discípulos comenzó a darse cuenta de que Él realmente había resucitado, pero ¿cómo? En el silencio de la noche Jesús aparece entre ellos, no un Cristo glorioso, sino el Resucitado y dice: “¡Paz a vosotros!” La primera reacción es de asombro, duda, miedo. Será necesario un paso más. Luego dice: “Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona.”.

Jesús no pide los discípulos miren su rostro, sino sus pies y sus manos. Aquellas manos benditas que curaron los enfermos resucitaron los muertos, bendijeron los niños, partieron el pan … esos pies benditos que recorrieron tantos lugares fueron al encuentro de los necesitados, entraron en la casa de los pecadores …

Lo que Jesús mostró a los discípulos no fueron las heridas de los clavos, sino las cicatrices del amor, amor extremo que los discípulos no pudieron presenciar en la cruz. Aquellas señales serían llevadas a la eternidad: el Resucitado es también el Crucificado. Las marcas de la pasión sellan para siempre la historia del amor de Dios por la humanidad. Esos pies y manos muestran que cuando se vive por amor, incluso el sufrimiento, por muy malo que sea, se convierte en una señal de ternura.

Cuántos sentimos la caricia de manos con las señales del tiempo, manos sufridas, manos acogedoras. Recuerdo con cariño las manos de mis padres. Esa textura arrugada al acariciarnos se convierte en una textura acogedora. En ellas están escritas las más hermosas páginas de amor por nosotros. No tengo ninguna duda de que las manos que trabajaron todo el día para traer el sustento diario y que, incluso cuando están cansadas, son capaces de traer caricias, revelan la caricia del mismo Dios.

Contemplemos la vida y la salvación en las señales de la pasión de Cristo. Estas manos y pies también se pueden ver en todos aquellos que trabajan por el bien de la humanidad. El verdadero discípulo de Jesús también debe ser reconocido por las manos y los pies.

¡Bienaventurados los pies y las manos que están marcados por los actos de amor, porque revelan a Dios! Cuando llegue la noche de nuestra vida, Dios nos pedirá que le mostremos nuestras manos y nuestros pies …

Eguione Nogueira, cmf