Vísperas – Viernes dentro de la Octava de Pascua

VÍSPERAS

VIERNES DENTRO DE LA OCTAVA DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya!

Muerte y Vida lucharon,
y la muerte fue vencida.
¡Aleluya, aleluya!

Es el grano que muere
para el triunfo de la espiga.
¡Aleluya, aleluya!

Cristo es nuestra esperanza,
nuestra paz y nuestra vida.
¡Aleluya, aleluya!

Vivamos vida nueva,
el bautismo es nuestra Pascua.
¡Aleluya, aleluya!

¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya!

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Aleluya.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Aleluya.

SALMO 113A: ISRAEL LIBRADO DE EGIPTO: LAS MARAVILLAS DEL ÉXODO

Ant. Venid a ver el sitio donde yacía el Señor. Aleluya.

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en manantiales de agua.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Venid a ver el sitio donde yacía el Señor. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Jesús dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me veréis.» Aleluya.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias
Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
Su esposa se ha embellecido.
Aleluya.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Jesús dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me veréis.» Aleluya.

LECTURA: Hb 5, 8-10

Cristo, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna, proclamando por Dios sumo sacerdote, según el rito de Melquisedec.

En lugar del responsorio breve, se dice:

Antífona. Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Aquel discípulo que Jesús tanto amaba dijo: «Es el Señor.» Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aquel discípulo que Jesús tanto amaba dijo: «Es el Señor.» Aleluya.

PRECES

Invoquemos a Cristo, camino, verdad y vida, y digámosle:

Hijo de Dios vivo, bendice a tu pueblo

Te rogamos, Señor, por los ministros de tu Iglesia: que, al partir para sus hermanos el pan de vida,
— encuentren también ellos, en el pan que distribuyen, su alimento y fortaleza.

Te pedimos por todo el pueblo cristiano: que ande, Señor, como pide la vocación a que ha sido convocado,
— y se esfuerce en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.

Te pedimos por los que rigen los destinos de las naciones: que cumplan su misión con espíritu de justicia y con amor,
— para que haya paz y concordia entre los pueblos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor, que podamos celebrar tu santa resurrección con tus ángeles y tus santos,
— y que nuestros hermanos difuntos, que encomendamos a tu bondad, se alegren también en tu reino.

Unidos a Jesucristo, supliquemos ahora al Padre con la oración de los hijos de Dios:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que por el misterio pascual has restaurado tu alianza con los hombres, concédenos realizar en la vida cuanto celebramos en la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Viernes dentro de la Octava de Pascua

1.-Oración introductoria.

Señor, esta narración tan viva, tan sugerente, del encuentro de los discípulos contigo en el Lago, me ha entusiasmado desde niño. Y he sentido envidia de no haber podido asistir a un almuerzo tan divino y tan humano, donde tú ponías todo: los peces, la leña, el fuego y, sobre todo, tu persona encantadora. Cuando yo estuve en Tierra Santa celebrando las bodas de plata sacerdotales, me pasé toda la noche en el lago y tu ausencia sentida, añorada, emotivamente recordada, fue la más bonita y gratificante experiencia de esa visita.   

2.- Lectura reposada del evangelio Juan 21, 1-14

Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberiades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: «Voy a pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo». Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?» Le contestaron: «No». Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor», se puso el vestido – pues estaba desnudo – y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos. Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

3.- Qué dice el texto.


Meditación-reflexión

En este bello relato, escrito tan al vivo que, al leerlo, da la impresión de que la tinta está todavía sin secarse, el Evangelista Juan, testigo de los hechos, nos presenta una aparición distinta. Aquí no se trata de encontrarse con Jesús en situaciones límite o extraordinarias como puede ser la de la Magdalena llorando la muerte, o Emaús con discípulos de vuelta de todo, o en el Cenáculo con las puertas bien cerradas por miedo a los judíos. Aquí todo es fácil, sencillo, normal. Dice Pedro: “Voy a pescar”. Es lo normal en un pescador de oficio. Lo mismo que cada mañana el labrador dice: voy a sembrar, y la ama de casa: voy a comprar; y el hombre de negocios: voy a la oficina. Lo importante en esta aparición es que el Resucitado se hace presente en la vida ordinaria, en la sencillez de lo cotidiano. ¿Y qué sucedió? Pues que aquel almuerzo después de pescar que hubiera sido normal, ordinario, rutinario, se convirtió con Jesús en una auténtica fiesta. ¡Qué almuerzo tan sabroso! Y este es el mensaje: con Jesús Resucitado la vida tiene otro color y otro sabor. No hay que esperar al viernes por la tarde para pasarlo bien. Con Jesús todos los días son bonitos, aunque sean lunes. Jesús es la alegría de la vida. No olvidemos que Juan, tan pronto como ve a Jesús, exclama: ¡Es el Señor! Y Pedro se lanza al agua para ir a su encuentro. Es el gozo que les inunda. Los que han estado acostumbrados a vivir con Jesús ya no saben vivir sin Él.    

Palabra del Papa

Recordémoslo bien todos: no se puede anunciar el Evangelio de Jesús sin el testimonio concreto de la vida. Quien nos escucha y nos ve, debe poder leer en nuestros actos eso mismo que oye en nuestros labios, y dar gloria a Dios. Me viene ahora a la memoria un consejo que San Francisco de Asís daba a sus hermanos: predicad el Evangelio y, si fuese necesario, también con las palabras. Predicar con la vida: el testimonio. La incoherencia de los fieles y los Pastores entre lo que dicen y lo que hacen, entre la palabra y el modo de vivir, mina la credibilidad de la Iglesia ..-El evangelista subraya que “ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor”. Y esto es un punto importante para nosotros: vivir una relación intensa con Jesús, una intimidad de diálogo y de vida, de tal manera que lo reconozcamos como “el Señor”. ¡Adorarlo!» (Homilía de S.S. Francisco, 14 de abril de 2013).

4.- Qué me dice este texto hoy a mí. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Haré  hoy todas las cosas pensando que es el mismo Jesús el que me acompaña.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, por este encuentro que tuviste con tus discípulos en el lago. En aquel almuerzo de trabajo estábamos todos contigo. En el hombre de campo, en el niño que va a la escuela, en el joven que acude a la Universidad, en la mujer que trabaja en una oficina y enla que se quedaen su domicilio haciendo sus “labores de casa”    estás Tú, como Resucitado, poniendo ilusión, alegría, y ganas de hacer bien las cosas. Y así, de un modo tan sencillo, podemos  construir entre todos un mundo más humano, más fraternal. No te vemos, pero estás. No te vemos pero te sentimos cerca. ¡Gracias, Señor!

ORACIÓN MIENTRAS DURA LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Comentario – Viernes dentro de la Octava de Pascua

(Jn 21, 1-14)

Los discípulos vuelven a tomar las redes. Si recordamos que muchos de ellos habían sido pescadores y habían dejado las redes para seguir a Cristo, esta vuelta a las redes es el símbolo de un volver atrás, del discípulo que quiere recuperar lo que le había entregado al Señor.

Ya no vivían la presencia de Cristo en sus vidas, aunque sabían que estaba resucitado; al tirar las redes no lo invocan, y no son capaces todavía de reconocerlo. También en nosotros puede suceder esto. Hemos experimentado la presencia de Cristo, lleno de poder y de amor en nuestras vidas, hemos visto su gloria, pero pasa el tiempo, se debilita el entusiasmo, y se nos hace rutinario y pesado eso de creer sin ver. Entonces poco a poco empezamos a apoyarnos en otras seguridades, retomamos lentamente las cosas que habíamos abandonado para seguir a Cristo. Ya no soportamos vivir de lo invisible, y nos convertimos en esos tibios que Dios prefiere vomitar de su boca (Apoc 3, 16), o en esos que han perdido “su primer amor” (Apoc 2, 4).

Pero él está presente en nuestra vida; aunque no advirtamos su presencia él está contemplándonos con amor y bendiciendo nuestra existencia cotidiana, siempre dispuesto a ofrecernos un renacimiento espiritual.

En este relato, el primero que reconoce a Jesús resucitado es el discípulo amado (21, 7), que tenía un delicado instinto para descubrir la presencia del Señor, debido a la intimidad especialísima que lo había unido a Jesús.

La pesca abundante simboliza la abundancia espiritual que trae el Mesías a su Iglesia; y así enseña a los discípulos que el éxito en su tarea evangelizadora dependerá de su docilidad al Resucitado más que de las habilidades humanas.

Oración:

Jesús, estás presente en mi vida contemplando mis esfuerzos, mis cansancios, mis preocupaciones, pero a veces olvido invocarte y dejarme iluminar por ti en mis tareas. No dejes que viva ignorando tu presencia amable, deslúmbrame con tu gracia”.

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

El respeto a la persona humana

27. Descendiendo a consecuencias prácticas de máxima urgencia, el Concilio inculca el respeto al hombre, de forma de cada uno, sin excepción de nadie, debe considerar al prójimo como otro yo, cuidando en primer lugar de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente, no sea que imitemos a aquel rico que se despreocupó por completo del pobre Lázaro.

En nuestra época principalmente urge la obligación de acercarnos a todos y de servirlos con eficacia cuando llegue el caso, ya se trate de ese anciano abandonado de todos, o de ese trabajador extranjero despreciado injustamente, o de ese desterrado, o de ese hijo ilegítimo que debe aguantar sin razón el pecado que él no cometió, o de ese hambriento que recrimina nuestra conciencia recordando la palabra del Señor: Cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mi me lo hicisteis. (Mt25,40).

No sólo esto. Cuanto atenta contra la vida -homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado-; cuanto viola la integridad de la persona humana, como, por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o físicas, los conatos sistemáticos para dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana: todas estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes, degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador.

Misa del domingo: misa con niños

1.- ACOGIDA

  Hermanos y hermanas:

Hoy, celebramos el domingo 2º de Pascua, llamado también de la Misericordia Divina. Nos reunimos la comunidad de los cristianos como hacían ya los Apóstoles. También hoy Jesús vivo y  Resucitado se hace presente entre nosotros, en medio de la comunidad, dándonos su paz y su Espíritu, para que prosigamos su misión. Celebremos, pues, con gozo esta eucaristía y dejemos que Cristo fortalezca nuestra fe.(Llevamos un cartel con el rótulo “Cristo VIVE, el domingo se encuentra con la comunidad”.  Se puede hacer la aspersión como purificación de nuestros pecados y recuerdo del bautismo).

 

2.- PETICIONES DE PERDÓN o ASPERSIÓN

La paz es un don de la Resurrección de Jesús, pero nuestros intereses raquíticos con frecuencia no la dejan crecer. Pidamos perdón:

+ Cuando nos vamos encerrando en nuestros pequeños grupos, sin dejar que nadie cuestione nuestro actuar. Señor, ten piedad.

+ Cuando decimos amar a Dios pero se nos olvida querer a los que viven a nuestro lado. Cristo, ten piedad.

+ Cuando hacemos de la Resurrección de Jesús sólo una idea difícil de comprender, en lugar de amor y de vida. Señor, ten piedad.

 

3.- MONICIÓN A LAS LECTURAS

Durante el tiempo de Pascua escuchamos en la primera lectura fragmentos del libro de los Hechos de los Apóstoles. Es el testimonio de la primera comunidad cristiana. Fijémonos hoy cual era el estilo de vida de aquella primera comunidad. También la primera carta de san Juan nos recuerda cómo hemos de vivir los que hemos nacido de nuevo por nuestra fe en Cristo resucitado. En el evangelio descubrimos a Jesús haciéndose presente en aquella comunidad reunida, llevándole la paz, el perdón y su Espíritu; es en la comunidad donde el incrédulo Tomás recupera la fe y confiesa “Señor mío y Dios mío”.

4.- PETICIONES

Unidos, sintiéndonos resucitados con Jesús, elevemos nuestra oración respondiendo como Tomás:  Señor mío y Dios mío.

• Aumenta la fe en la Iglesia, para que sea ejemplo de comunión y solidaridad, casa de acogida y misericordia.

• Aumenta nuestra fe en la resurrección del Señor, para que sintamos su presencia entre nosotros.

• Aumenta nuestra fe para que nos reunamos en comunidad cada domingo.

• Aumenta nuestra fe en Jesucristo para que seamos sus testigos.

• Aumenta nuestra fe en Jesucristo para que descubramos su presencia en los hermanos.

• Aumenta nuestra fe para que vivamos unidos en la fe y en el amor.

• Aumenta nuestra fe para que el Resucitado nos llene de su paz y alegría.

• Aumenta nuestra fe para que en las dificultades encontremos en la comunidad de los creyentes un testimonio atractivo e iluminador.

Escucha, Señor, nuestra oración. Por JNS.  

5.- OFRENDAS

  • UNAS PIÑAS O NUDOS DE RED: Con estas piñas simbolizamos a nuestra comunidad que se reúne todos los domingos en torno a Cristo resucitado. Aquí nos formamos, celebramos nuestra fe, compartimos nuestra vida viviendo la fraternidad y la solidaridad con todos.
  • FRASE “Si no lo veo no lo creo” y una vela encendida: Es en la comunidad donde Sto. Tomás se reencontró con Jesús y recuperó la fe. Que apoyándonos unos en los otros y con el testimonio de todos nos ayudemos unos a otros a creer más y mejor.
  • PAN Y EL VINO. Con el pan y el vino damos gracias a Dios porque cada domingo se presenta entre nosotros y se hace Cuerpo y Sangre en la consagración y nosotros confesamos agradecidos como Tomás: “Señor mío y Dios mío”.

Pero su paz quedará

1. – El Salmo 85 nos dice: “el mensaje de Dios a su pueblo es la paz. Su justicia caminará delante de Él, pero su paz quedará impresa en las huellas de sus pies”. Y huella de los pies de Dios, su Padre, es Jesús; y también Jesús Pasa por este mundo dejando huellas de paz:

–es un cántico de paz el que anuncia el nacimiento de Jesús. “Paz a los hombres que ama el Señor”

–y un “vete en paz” sella la curación de la hemorroisa.

–y el perdón de la pecadora que lava los pies de Jesús con sus lágrimas queda corroborado con otro “Vete en Paz.

–y envía Jesús a sus discípulos a sembrar de huellas de paz sus andanzas apostólicas diciendo “la Paz en este casa”.

–y “bienaventurados los pacíficos, los hacedores de paz”, queda como uno de los ocho puntos del ideario del Señor.

–el consuelo de Jesús a sus discípulos en su triste despedida “Mi paz os dejo, mi paz os doy”.

–y en las últimas huellas, ya gloriosas, de su paso por el mundo el mismo domingo de Resurrección Jesús deja su paz a los discípulos.

–Y les hace participantes de su misión de mensajero de paz: “Como el Padre me envió yo os envío”, “la paz a vosotros”, “a quien perdonéis sus pecados les serán perdonados.”

2. – Desde ese momento, las huellas que tenemos ir dejando en este mundo los seguidores de Jesús son huellas de paz.

Pero esta paz cristiana no es:

–la quietud sombría de una verde charca

–ni la pesantez sin vida del Mar Muerto

–ni la soledad de cementerio plasmada en aquel “Qué solos se quedan los muertos.

Esa paz cristiana a la que aludo es:

–la paz fructífera de los trigales mecidos por el viento

–la paz de los cielos poblados de estrellas reventonas de energía.

–de los arroyos que siembran de flores sus orillas.

–de los lirios vestidos con mayor gloria de Salomón.

–es la paz doliente y gloriosa del grano de trigo que muere y resucita en miles de espigas.

3.- No hay paz en las huellas…

–del que rechaza la mano del que le pide.

–del que conculca el derecho del otro.

–del que maquina el mal de su hermano.

–del arrogante que se cree con todos los derechos.

–del que vive en ebullición del rencor, el odio o el sexo.

4.- Es la paz de quien es más feliz dando que recibiendo, de quien tiene siempre tendida la mano para dar el perdón, de quien se aleja del confesionario sabiéndose perdonado, del que sabe que su fe no es vana por que Cristo ha resucitado. Es la paz del niño que se abraza cariñoso al cuello del padre.

José María Maruri, SJ

Tú eres Pascua

Eres pascua,
aunque tus proyectos fracasen,
si mantienes la confianza en hombres y mujeres
y dejas a Dios ser Padre y Madre.

Eres pascua,
aunque tu vida parezca estéril,
si te sientes habitado por su presencia amiga
que misteriosamente te acompaña y salva.

Eres pascua,
aunque en nada destaques,
si bebes en sus manantiales
y te conformas con ser simplemente cauce.

Eres pascua,
aunque andes errante,
si compartes lo que eres y tienes
y despiertas alegría en otros caminantes.

Eres pascua,
aunque seas débil y torpe,
si escuchas su palabra serena y abierta
–”Soy yo, no temas”– y dejas que florezca.

Eres pascua,
aunque pidas pruebas para creer,
si besas las llagas que otros tienen
y esperas entre hermanos su presencia.

Eres pascua,
aunque tus manos estén vacías,
si te abres al otro, el que sea,
y le dejas que ponga tu corazón en ascuas.

Eres pascua,
aunque no lo creas,
aunque te rompas en mil pedazos,
aunque mueras en primavera…,
porque Él pasa y te libera.

Eres pascua,
aunque tengas las puertas y ventanas cerradas,
porque Él te ama y se hace presente
para abrirte a la vida y alegrarte.

Florentino Ulibarri

Comentario al evangelio – Viernes dentro de la Octava de Pascua

En el “mar de Tiberíades” Jesús se manifiesta por última vez a sus discípulos. Esta fue la tercera vez que el Evangelio de Juan sitúa la acción de Jesús en ese lago. Las dos primeras estaban relacionadas con el episodio del pan y el pescado, imágenes que anunciaban la Eucaristía. Esta aparición sorprende por la forma sencilla con la que Jesús se revela a los suyos.

Entre los siete discípulos que aparecen en esta escena, se destaca Simón Pedro, todavía con el corazón lleno de dolor por la muerte de Jesús y con la incertidumbre de la resurrección. Pedro lucha por volver a la vida normal, pero le falta algo fundamental: la fe en Jesús resucitado.

Reconocieron que este hombre que les servía era el mismo que, como servidor, les lavaba los pies (Jn 13,5) y les decía que serían reconocidos como sus discípulos por esta única actitud: el amor que se sirve (Jn 13,35), y se convierte en pan, fuente de vida (Jn 6,35).

Varias apariciones del Resucitado tienen lugar en un contexto de comida fraterna, mientras los discípulos comparten el pan o Jesús parte el pan para ellos (Mc 16,14; Lc 24,30; Jn 21,13). Si existe la comunión fraterna, expresada en la comunidad y en la fracción del pan, es que Jesús está vivo en medio de ellos y ellas.

Jesús convierte a los suyos de nuevo en comensales, después de la amarga decepción y defección causada por la cruz. La comunión de mesa es un gesto que les permite reconocer al Señor, porque les recuerda la comunión de mesa con él durante su vida terrena.

Jesús les preparó la comida. Los discípulos vieron brasas encendidas con pescado encima y pan. Jesús mismo les preparó la comida. Eso es lo que nos hace cuando creemos en Él. Viene y cena con nosotros, entra en nuestra vida y nosotros entramos en la suya, para que todos nuestros trabajos sean fecundos, abundantes, como fue la pesca de los discípulos después de obedecer a Jesús.

Eguione Nogueira, cmf