Vísperas – Martes II de Pascua

VÍSPERAS

MARTES II DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Quédate con nosotros;
la noche está cayendo.

¿Cómo te encontraremos
al declinar el día,
si tu camino no es nuestro camino?
Detente con nosotros;
la mesa está servida,
caliente el pan y envejecido el vino.

¿Cómo sabremos que eres
un hombre entre los hombres,
si no compartes nuestra mesa humilde?
Repártenos tu cuerpo,
y el gozo irá alejando
la oscuridad que pesa sobre el hombre.

Vimos romper el día
sobre tu hermoso rostro,
y al sol abrirse paso por tu frente.
Que el viento de la noche
no apague el fuego vivo
que nos dejó tu paso en la mañana.

Arroja en nuestras manos,
tendidas en tu busca,
las ascuas encendidas del Espíritu;
y limpia, en lo más hondo
del corazón del hombre,
tu imagen empañada por la culpa. Amén.

SALMO 48: VANIDAD DE LAS RIQUEZAS

Ant. Buscad los bienes de allá arriba, no los de la tierra. Aleluya.

Oíd esto, todas las naciones;
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida, 
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los animales.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Buscad los bienes de allá arriba, no los de la tierra. Aleluya.

SALMO 48

Ant. El Señor me salva de las garras del abismo. Aleluya.

Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:
son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura,
y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaban:
“Ponderan lo bien que lo pasas”,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente
es como un animal que perece.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor me salva de las garras del abismo. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria y el esplendor. Aleluya.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria y el esplendor. Aleluya.

LECTURA: 1P 2, 4-5

Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

R/ Al ver al Señor.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. ¿No ardía nuestro corazón mientras Jesús nos hablaba por el camino? Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¿No ardía nuestro corazón mientras Jesús nos hablaba por el camino? Aleluya.

PRECES

Invoquemos a Cristo que con su resurrección ha reanimado la esperanza de su pueblo y digámosle:

Señor Jesús, tú que siempre vives para interceder por nosotros, escúchanos.

Señor Jesús, de cuyo costado traspasado salió sangre y agua,
— haz de la Iglesia tu Esposa inmaculada.

Pastor supremo de la Iglesia, que después de tu resurrección encomendaste a Pedro, que te profesó su amor, el cuidado de tus ovejas,
— concede a nuestro papa Francisco un amor ardiente y un celo apostólico.

Tú que concediste a los discípulos que pescaban en el mar, una pesca abundante,
— envía operarios que continúen su trabajo apostólico.

Tú que preparaste a la orilla del mar pan y pescado para los discípulos,
— no permitas que nuestros hermanos mueran de hambre por culpa nuestra.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor Jesús, nuevo Adán que nos das la vida, transforma a nuestros difuntos a imagen tuya,
— para que compartan contigo la alegría de tu reino.

Ya que Dios nos ha adoptado como hijos, oremos al Padre como nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Te pedimos, Señor, que nos hagas capaces de anunciar la victoria de Cristo resucitado, y pues en ella nos has dado la prenda de los dones futuros, haz que un día los poseamos en plenitud. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes II de Pascua

1.- Ambientación.

Señor, hazme humilde de corazón para que pueda penetrar en tu Misterio. María también hizo la misma pregunta que Nicodemo: ¿cómo puede ser esto? Y se quedó muy satisfecha de la respuesta que le dio el Ángel: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti”. Todas nuestras preguntas quedan bien respondidas cuando se nos invita a fiarnos de Jesús que nos envía el Espíritu Santo. Por eso, Señor, hoy no te pido nada, aunque sea muy bueno. Sólo te pido que me des el Espíritu Santo, el Supremo Don.

2.- Lectura reposada de la Palabra del Señor. Juan 3, 7-15

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: «No te extrañes que te haya dicho: ´Tienen que renacer de lo alto´. el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, peor no sabes de dónde viene, ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu». Nicodemo le preguntó entonces: «¿Cómo puede ser esto?» Jesús le respondió: «Tú eres maestro de Israel, ¿y no sabes esto? Te lo aseguro: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio. Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por Él vida eterna.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

Me encanta la palabra de Jesús a Nicodemo: ¿Tú eres maestro y no sabes? Los judíos, maestros de Israel, se pasan todo el día leyendo la Ley, estudiándola, comunicándola a los demás. Son Maestros. Pero maestros de una sabiduría humana. En contraposición, Jesús se mete en el grupo de los que, iluminados por el Espíritu Santo, “dan testimonio de lo que han visto”. No son maestros, son “testigos”. Son viajeros de Dios. Más que hablar de Dios, “cuentan” lo que Dios ha hecho en sus vidas. Hoy más que nunca la Iglesia necesita hombres y mujeres con “experiencia de Dios”. El mundo necesita gente que diga lo que es capaz de hacer Dios cuando irrumpe en el corazón de una persona: la cambia, la ilumina, la fortalece, la hace buena y sensible a los problemas de los demás. Santa Teresa nos dice: “Yo no hablaré nada que no lo haya experimentado”. Y experimentar la palabra es gustarla, saborearla, profundizarla y ponerla en práctica. Nosotros tenemos palabras, pero Él tiene LA PALABRA. Y la Palabra está clavada en lo alto de la Cruz. Ahí deberán de dirigirse nuestras miradas. “Me amó y se entregó por mí” (Gal. 2,20).

Palabra autorizada del Papa

No se comprende bien si no entendemos lo que Jesús nos dice en el Evangelio. Jesús dice a los judíos: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces conoceréis que soy yo». En el desierto ha sido por tanto elevado el pecado, pero es un pecado que busca la salvación, porque se cura allí. El que es elevado es el Hijo del hombre, el verdadero Salvador, Jesucristo. El cristianismo no es una doctrina filosófica, no es un programa de vida para sobrevivir, para ser educados, para hacer las paces. Estas son las consecuencias. El cristianismo es una persona, una persona elevada en la Cruz, una persona que se aniquiló a sí misma para salvarnos; se ha hecho pecado. Y así como en el desierto ha sido elevado el pecado, aquí que se ha elevado Dios, hecho hombre y hecho pecado por nosotros. Y todos nuestros pecados estaban allí. No se entiende el cristianismo sin comprender esta profunda humillación del Hijo de Dios, que se humilló a sí mismo convirtiéndose en siervo hasta la muerte y muerte de cruz, para servir. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 8 de abril de 2014, en Santa Marta).

4.- Qué me dice a mí esta palabra de Dios ya reflexionada. Guardo silencio.

5.- Propósito.

En un momento del día, a solas, miraré un crucifijo con detención y le diré palabras de amor. Le daré gracias por lo mucho que me ha amado.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, no te puedo entender porque yo soy de acá abajo y Tú eres de arriba. Yo estoy en la tierra, vivo a ras de tierra, amo con un corazón rastrero, mezquino. Tú eres de arriba. Estás clavado en una Cruz y así te has elevado por encima de nuestras miserias y pecados. Has elevado el amor a la cima más alta. Dame tu Espíritu Santo para poder comprender un poco todo lo que nos amas.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

3.- LA LUZ EN EL CANDELERO

Mc 4, 21-23; Lc 8, 16; 11, 33

Nadie que ha encendido una lámpara la oculta con una vasija o la pone debajo de la cama, sino que la coloca sobre un candelero para que los que entran vean la luz.

Quien sigue a Cristo –quien enciende una lámpara– no solo ha de trabajar por su propia santificación, sino también por la de los demás. El Señor lo ilustra con diversas imágenes muy expresivas y asequibles. En todas las casas alumbraba el candil al caer la tarde, y todos conocían dónde se colocaba y por qué. El candil está para iluminar y había de colocarse bien alto; quizá colgaba de un soporte puesto solo para ese fin, o se situaba encima de una base fija, para que quedara a la altura necesaria para iluminar la estancia. A nadie se le ocurría esconderlo de tal manera que su luz quedara oculta. ¿Para qué iba a servir entonces?

Vosotros sois la luz del mundo, había dicho en otra ocasión a sus discípulos. La luz del discípulo es la misma del Maestro. Sin este resplandor de Cristo, la sociedad queda en las más espesas tinieblas. Y cuando se camina en la oscuridad se tropieza y se cae.

Cristo se refleja en sus santos, en quienes le siguen: «Sabemos que ha salido el sol por los objetos que reflejan sus rayos. Así son también aquellos en los que habita Cristo. Ellos no son la luz, pero irradian la luz para que otros lleguen a la luz»[1].


[1] SAN AGUSTÍN, Comentario al Evang. de san Juan, 2, 6.

Comentario – Martes II de Pascua

(Jn 3, 7-15)

Así como el viento sopla donde quiere, así es el que nace del Espíritu. Está dispuesto a dejarse llevar, a dejarse movilizar sin pretender tenerlo todo bajo control, sin querer encasillarlo todo dentro de planes y esquemas rígidos que le den seguridad. Para el que nace del Espíritu la seguridad está simplemente en la confianza puesta en él.

Este nacimiento no se refiere sólo al bautismo, porque el bautismo es un germen, un comienzo; se refiere al renacimiento que el Espíritu va realizando permanentemente en nosotros, hasta el último momento de nuestra vida, renacimiento que sólo será pleno y definitivo en la gloria celestial. Por eso, en 1 Juan 3, 9 leemos que “el que nació de Dios ya no peca”. Evidentemente no se refiere simplemente al que ha sido bautizado, sino al que ha renacido plenamente por la acción del Espíritu. Así, este texto es una invitación a no conformarnos con haber recibido el bautismo, como si eso bastara, sino a dejarnos tomar por el Espíritu en un renacimiento permanente.

Nicodemo sigue sin entender, porque mira a Jesús como si fuera uno más, que está dando una opinión como un maestro cualquiera. Por eso, antes de responderle, Jesús quiere hacerle notar que él no es un maestro cualquiera, sino el único que puede enseñar con verdadera autoridad, porque él viene del cielo y dice lo que “ha visto” en el cielo, en la presencia del Padre. Nadie más viene del cielo, porque nadie ha podido llegar allí para traer la verdad.

Pero la serpiente elevada, a través de la cual se recuperaba la salud, es Cristo elevado en la cruz que trae la salvación al hombre. El que vino del cielo termina siendo elevado en una cruz para que lo contemplemos y tengamos vida.

Oración:

“Señor, no quisiera considerarte un maestro más, o creer que tu Palabra es sólo una opinión. Dame la gracia de aceptarte como el único maestro perfecto, que conoces más que nadie la verdad de la vida”.

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

Responsabilidad y participación

31. Para que cada uno pueda cultivar con mayor cuidado el sentido de su responsabilidad tanto respecto a sí mismo como de los varios grupos sociales de los que es miembro, hay que procurar con suma diligencia una más amplia cultura espiritual, valiéndose para ello de los extraordinarios medios de que el género humano dispone hoy día. Particularmente la educación de los jóvenes, sea el que sea el origen social de éstos, debe orientarse de tal modo, que forme hombres y mujeres que no sólo sean personas cultas, sino también de generoso corazón, de acuerdo con las exigencias perentorias de nuestra época.

Pero no puede llegarse a este sentido de la responsabilidad si no se facilitan al hombre condiciones de vida que le permitan tener conciencia de su propia dignidad y respondan a su vocación, entregándose a Dios ya los demás. La libertad humana con frecuencia se debilita cuando el hombre cae en extrema necesidad, de la misma manera que se envilece cuando el hombre, satisfecho por una vida demasiado fácil, se encierra como en una dorada soledad. Por el contrario, la libertad se vigoriza cuando el hombre acepta las inevitables obligaciones de la vida social, toma sobre sí las multiformes exigencias de la convivencia humana y se obliga al servicio de la comunidad en que vive.

Es necesario por ello estimular en todos la voluntad de participar en los esfuerzos comunes. Merece alabanza la conducta de aquellas naciones en las que la mayor parte de los ciudadanos participa con verdadera libertad en la vida pública. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, la situación real de cada país y el necesario vigor de la autoridad pública. Para que todos los ciudadanos se sientan impulsados a participar en la vida de los diferentes grupos de integran el cuerpo social, es necesario que encuentren en dichos grupos valores que los atraigan y los dispongan a ponerse al servicio de los demás. Se puede pensar con toda razón que el porvenir de la humanidad está en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar.

Misa de la familia

DOMINGO III DE PASCUA

 

SALUDO

Dios Padre, que ha resucitado a Jesús, cl Señor, y su Espíritu quc es fuerza vital para cuantos creemos en Él, esté con todos nosotros.

ENTRADA

Nos reunimos como comunidad cristiana para celebrar la Eucaristía, presencia viva de Jesús resucitado, alimento permanente para cuantos queremos vivir siguiendo su camino. Los primeros discípulos lo descu­brieron vivo y actuante al partir el pan. Y nosotros deseamos apartar todo el temor que nos paraliza para, llenándonos de la Iuz pascual, reno­var la esperanza activa que nos haga testigos del amor de Dios, testigos de la Vida del resucitado, en nuestro mundo violento y gris.

Que la paz de Jesús resucitado sea nuestra paz; y que esta celcebración nos ayude a ser testigos de la paz que Jesús nos trae, la paz que nosotros solos no sabemos construir.

ACTO PENITENCIAL

Queremos vivir haciendo nuestra la Palabra de Dios, pero con frcecuencia nos dejamos llevar por otras “palabras”. Pidamos ahora perdón:

• Tú, que nos llamas a ser testigos del perdón y la reconciliación. SEÑOR, TEN PIEDAD.

• Tú, que asumes y perdonas nuestros pecados y limitaciones. CRISTO, TEN PIEDAD.

• Tú, que nos llevas del miedo a la confianza, a la esperanza sin fin. SENOR, TEN PIEDAD.

Oración: Llénanos de fe en Ti y danos, Señor, tu perdón. Por Jesu­cristo nuestro señor.

ORACIÓN COLECTA

Dios Padre nuestro, que en la resurrección de Jesús nos llenas de tu amor; haz que esta comunidad haga, del camino de la vida, una tarea para mostrarte como la Luz que necesitan todas las personas para vivir con esperanza, buscando el bien y la paz que todos necesitamos y queremos. Por nuestro Señor Jesucristo.

LECTURA NARRATIVA

El Libro de los Hechos es la experiencia de los primeros seguido­res de Jesús. Los hemos visto llenos de dudas y temor. Pero pronto pasa la duda y son capaces de expresar su vivencia; su anuncio de Jesús muerto y resucitado será lo que les hace crecer como comuni­dad y hace visible la Iglesia de la que formamos parte.

LECTURA APOSTÓLICA

Siempre estamos llamados a superarnos, a no apartarnos del Amor del Padre. Pero si nos apartamos no podemos hundirnos, pues sabemos que el mismo Jesús es nuestro intercesor, el que nos acom­paña hasta Dios. Con tan buena compañía se abre totalmente la ofer­ta de perdón.

LECTURA EVANGELICA

Jesús Resucitado se presenta en medio de sus amigos con el deseo de darles la paz, de llenarlos de esperanza para que lleven esa paz a todos en su nombre, esa Vida del resucitado. Y a todos nosotros nos llega el mismo mensaje de alegría: gracias a aquel grupo de los once, que anuncian la conversión y el perdón , también nosotros somos seguidores de Jesús.

ORACIÓN DE LOS FIELES

  A Jesús resucitado, nuestro pastor y nuestro guía, orémosle diciendo: JESÚS RESUCITADO, ESCÚCHANOS.

  1. Por la Iglesia, por todos los cristianos. Que sepamos descubrir a Jesús resucitado en medio de nosotros y demos testimonio gozoso de él a los que nos rodean. OREMOS:
  2. Por todos los fieles laicos y laicas. Que tomemos conciencia de nuestra condición de hijos e hijas de Dios por el bautismo y asumamos nuestra responsabilidad en la misión evangelizadora a la que nos llama Jesús resucitado. OREMOS:
  3. Por los migrantes y los refugiados. Que los gobernantes de las naciones lleguen a acuerdos para ayudarles y que encuentren acogida en los países más prósperos. OREMOS:
  4. Por nuestra sociedad. Que se fomente un auténtico diálogo social que nos ayude a encontrarnos y ayudarnos mutuamente desde el respeto y la aceptación. OREMOS:
  5. Por los que hoy estamos reunidos para celebrar la Eucaristía. Que este tiempo de Pascua nos llene de gozo del Espíritu Santo. OREMOS:

Escucha, Jesús resucitado, nuestra oración, y llena el mundo entero de tu amor. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, estas ofrendas que te presentamos llenos de alegría por la resurrección de Jesús y haz que, convertidas en su cuerpo y su sangre, sean el alimento que nos fortalezca para anunciar la buena noticia a todas las gentes. Por Jesucristo.

PREFACIO

Señor, queremos que llegue de nuevo hasta ti nuestra gratitud por todo lo que somos y tenemos, pero mucho más en este tiempo de pascua en que con la luz de Jesús todo vuelve a la vida y se llena de fuerza.

Que la Iglesia se llene y viva por siempre de tu Amor; que sea un espacio de acogida y de entrega, constructora de la misma paz sin límites que nos llega del Resucitado, y que en la tarea de hacerla posi­ble y de extenderla en el mundo nunca nos falten el ánimo, ni la espe­ranza, ni el deseo de hacerlo cada vez mejor.

Permítenos unirnos a todas las personas que en el mundo entero celebran con su vida la Resurrección; con ellas queremos proclamar tu gloria, diciendo: Santo, Santo, Santo…

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te damos gracias, Señor, por esta celebración que nos haca: renacer en la fe y en la esperanza; que tu Amor, que resucitó a Jesús, nos ayude a nosotros a vivir siendo testigos tuyos, valientes y entregados, en medio del mundo. Por Jesucristo.

Música – Domingo III de Pascua

Entrada: Cristo resucitó, Aleluya (Apéndice); Canta con júbi­lo.CLN-37Resurrección CLN 210; Jesús, nuestra pascua CLN 216
En Latin: Introito: Jubilate Deo
Aspersion: Vida Aquam. CLN . A82  Canto Gregoriano
Misa de pascua: Lux et origo.
Salmo y Aleluya: Haz brillar sobre nosotros… (Propio)
Ofertorio: O filii et filiae. CLN. 232 o Este pan y vino. CLN-H 4  o bien música instrumental.
Canto de paz: Danos la paz  CLN-N 52 de Elizalde  
Comunión: Quédte con nosotros CLN 028; Tú eres nuestra pascua CLN 011ETe conocimos, Señor de Madurga  CLN-O 25 Cantad al Señor. CLN 756
Final: Regina coeli. CLN. 303;   Aleluya, es la fiesta del Señor.  CLN. 214; Cantos para la misa con  Niños de primera Comunión.

Recursos – Ofertorio Domingo III de Pascua

ACTUACIÓN INFANTIL

(Con toda celeridad se monta lo que previamente se haya preparado con los niños y las niñas: una canción, una danza o una breve y simpática actuación infantil. Terminada, uno de los niños o de las niñas hace la presentación de la ofrenda)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, nosotros y nosotras te dejamos ahí nuestra alegría, que hemos querido compartir también con la comunidad. Creemos que has sido Tú quien has encendido esa alegría en nuestro interior y que nos la conservas e incrementas, con el fin de que nosotros y nosotras la contagiemos a los demás. Sabemos de las dificultades que tienen los adultos, que les producen inquietud y tristeza. Por eso, queremos ser su alivio y arrancarles, aunque sólo sea de vez en cuando, una sonrisa.

PRESENTACIÓN DE UNA BIBLIA

(Conviene que haga la ofrenda una de las personas más sencillas de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo, Señor, una Biblia, tu Palabra escrita para nosotros y nosotras. Pero sólo si Tú nos la explicas se abrirá nuestro corazón y la entenderemos, como les ocurrió a los discípulos de Emaús. Queremos, Señor, profundizar en tu Palabra, dejarnos iluminar por ella y poder así hacerla realidad en nuestra vida, para ofrecerla como LUZ a nuestra cultura y a nuestro mundo. Pero necesitamos de tu ayuda; acompáñanos.

PRESENTACIÓN DE UNA HOGAZA DE PAN Y UNA JARRA DE VINO

(Para la realización de esta ofrenda se debe preparar una especie de procesión, que abre, de uno en uno, los que llevan las ofrendas y la cierra una última persona, que será quien realice la oración. Pueden hacerlo cualquier tipo de personas, aunque pudieran ser de edades diferentes, con el fin de expresar que la comida y la celebración es de toda la comunidad plural. Entregadas al Presidente las ofrendas, la persona señalada dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor Jesús: Tú te hiciste el encontradizo con los discípulos de Emaús; tú caminaste con ellos y les explicaste la Palabra, para que entendieran las antiguas promesas. Pero sólo te reconocieron al partir el pan. Nosotros y nosotras, al presentarte la ofrenda del pan y del vino, te expresamos nuestro deseo de descubrirte plenamente y luego poder ir a anunciar tu Buena Nueva a todos los hermanos y hermanas. Ayúdanos.

PRESENTACIÓN DE UNAS REDES

(Hace la ofrenda una misma persona, cualquiera de los o las catequistas o sencillamente una persona adulta:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te traigo estas redes, símbolo de las que dejaron los apóstoles antes de que Tú les hicieras pescadores de hombres. Con ellas te ofrecemos nuestro compromiso evangelizador, pues sabemos que el don de la fe que Tú nos has regalado, no es en orden a nuestro lujo personal o para encerrarnos en nuestra comunidad, como si fuéramos un grupo aislado o una secta, sino que lo has hecho en orden a la misión y a que compartamos nuestra fe, nuestra alegría y felicidad pascuales, con todos los hombres y mujeres, que buscan, tantas veces sin encontrar nada.

PRESENTACIÓN DE UN PERIÓDICO

(Esta ofrenda la debiera presentar o un profesional o un miembro de la comunidad que se caracterice por su dimensión pública o bien una persona que siga bien la actualidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy un periódico. Es el reflejo de la actualidad. Lo que pasa cerca de nosotros y de nosotras y también lejos, aunque a otros hombres y mujeres como nosotros. Es tanta la información, que dicen los expertos, que ya no nos preocupa. Al ofrecerte hoy este diario, quiero comprometerme, en nombre de todos y de todas, a leer la actualidad con ojos que miren al corazón de las noticias y de los hombres y mujeres que las viven o las sufren. Y Tú, no nos dejes insensibles. Abre nuestros corazones a la solidaridad.

Oración de los fieles – Domingo III de Pascua

Elevamos a Dios nuestra plegaria y lo hacemos con la mayor confianza, sabiendo que siempre somos escuchados.

QUE TU PAZ INUNDE NUESTRO CORAZÓN, SEÑOR.

1.- Para que la fe libre de servidumbres a toda autoridad humana y nos lleve a vivir en el servicio y la entrega. OREMOS

2.- Por todos los hombres y mujeres que viven inmersos en el miedo, la apatía, la duda, para que la resurrección del Señor les traiga la confianza y les devuelva la paz. OREMOS

3.- Por los que sufren. Por tantos como viven llenos de heridas en el cuerpo y en el alma. Para que las llagas de Cristo transformen su dolor en gozo. OREMOS.

4.- Por todos los que tratan de crecer acudiendo a grupos, charlas, cursillos… para que la gracia de la resurrección les ayude a fructificar en obras de amor y en ser evangelio para los demás. OREMOS.

5.- Por las familias, para que viviendo en profundidad su compromiso sean testimonio para sus hijos y para el mundo de que se puede amar desde la gratuidad y la entrega. OREMOS

6.- Por los jóvenes, para que vivan en grupos la alegría de la resurrección y estén abiertos a una vocación de servicio dentro de la Iglesia. OREMOS

7.- Por todos los que estamos celebrando esta eucaristía, para que el Señor resucitado renueve nuestra fe y nos haga testigos de la resurrección en nuestro mundo. OREMOS

Te damos gracias Señor por la grandeza de tu amor. Haznos hombres nuevos por medio de tu Hijo Jesucristo que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.


Hemos sido testigos de la resurrección del Hijo unigénito del Padre, y ahora ponemos ante su mirada nuestros problemas y los del mundo. Repetimos como leímos en el salmo:

ESCÚCHANOS CUANDO TE INVOCAMOS.

1. – Por el Papa, los obispos y toda la Iglesia, para que lleven a todos los hombres del mundo la paz que nos trajo Jesús tras su resurrección. OREMOS

2. – Por todos los pueblos que aun no te conocen –ni a Ti, ni a tu Hijo Único- para que la Verdad del evangelio les llegue y con ella la salvación que brota de la resurrección de Jesús. OREMOS

3. – Por todos aquellos que perdieron la luz de la resurrección, para que les llegue en este tiempo propicio y participen de nueva en la Vida que inauguró Jesús. OREMOS

4. – Por los niños que serán bautizados, aquellos que recibirán por primera vez a Jesús y por aquellos jóvenes que harán la confirmación, para que el encuentro con el Resucitado les lleve a una vida fiel al evangelio. OREMOS

5. – Por los enfermos y por aquellos que los atienden para que la esperanza de la resurrección les acompañe en estos momentos difíciles. OREMOS

6. – Por la paz en las familias y en todos los pueblos de la tierra. OREMOS

7. – Por todos los que colaboran en las tareas de nuestra parroquia y por todos nosotros presentes en esta Eucaristía. OREMOS

Padre, te hemos presentado nuestra plegaria, acógela y a través de tu Iglesia concede al mundo la Paz de tu Hijo Resucitado.

Por Jesucristo nuestro Señor

Amen.

Comentario al evangelio – Martes II de Pascua

Muchos exégetas y biblistas nos recuerdan que leer literalmente este famoso texto de Hechos sobre la comunión de las primeras comunidades, faltaríamos a la realidad. De lo que no cabe duda es que este es el horizonte fraterno hacia el que todo creyente camina:

  • Un solo corazón y una sola alma
  • Donde nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común
  • Dar testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor.
  • Entre vosotros no haya necesitados, porque compartís los bienes

Parafraseando el salmo, podríamos repetirnos hoy: “Cuando vivimos así, el Señor reina vestido de majestad”. Y, sin embargo, confiamos la majestad de Dios o si gloria a otras cuestiones que quizá embellecen bastante menos su Rostro.

El Evangelio continúa el pasaje de ayer, el encuentro entre Nicodemo y Jesús. Y nos sigue invitando a nacer de nuevo, a dejar lo viejo que hay en nosotros: cuando esto ocurre, el Espíritu nos lleva y se produce el milagro, nos acercamos al horizonte que anhelamos y que tan improbable nos resulta.

Para nuestro modo de razonar, en esos momentos, ¡todo debería encajar! ¡Tendríamos que vivir con una certeza y una luz que nos diera paz y nos quitara todo temor! Porque estamos naciendo del agua y del Espíritu, estamos dejándonos llevar por Él.

Pero no es así. Lo propio de ser llevados por el Espíritu es sentir que no sabemos apenas nada, ni de dónde venimos ni a dónde vamos… ¡tantas veces! Quizá, como reprocha Jesús a Nicodemo, no es fácil de entender para los maestros, los que creemos tenerlo todo claro y enseñar a otros… Quizá lo que se nos pide es que creamos, que nos fiemos. Poco más. Y el que cree se confía, hace de su vida una respuesta a quien es digno de ella.

Si quieres tener la seguridad de un maestro, posiblemente seas incapaz de soportar la inseguridad amable de quien es llevado por Dios. ¿No me creéis?, nos repite de nuevo hoy Jesús a cada uno de nosotros. Y siempre tenemos la oportunidad de renovar nuestra fe, nuestra vida y nuestra respuesta.

Rosa Ruiz rmi