Lectio Divina – Martes II de Pascua

1.- Ambientación.

Señor, hazme humilde de corazón para que pueda penetrar en tu Misterio. María también hizo la misma pregunta que Nicodemo: ¿cómo puede ser esto? Y se quedó muy satisfecha de la respuesta que le dio el Ángel: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti”. Todas nuestras preguntas quedan bien respondidas cuando se nos invita a fiarnos de Jesús que nos envía el Espíritu Santo. Por eso, Señor, hoy no te pido nada, aunque sea muy bueno. Sólo te pido que me des el Espíritu Santo, el Supremo Don.

2.- Lectura reposada de la Palabra del Señor. Juan 3, 7-15

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: «No te extrañes que te haya dicho: ´Tienen que renacer de lo alto´. el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, peor no sabes de dónde viene, ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu». Nicodemo le preguntó entonces: «¿Cómo puede ser esto?» Jesús le respondió: «Tú eres maestro de Israel, ¿y no sabes esto? Te lo aseguro: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio. Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por Él vida eterna.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

Me encanta la palabra de Jesús a Nicodemo: ¿Tú eres maestro y no sabes? Los judíos, maestros de Israel, se pasan todo el día leyendo la Ley, estudiándola, comunicándola a los demás. Son Maestros. Pero maestros de una sabiduría humana. En contraposición, Jesús se mete en el grupo de los que, iluminados por el Espíritu Santo, “dan testimonio de lo que han visto”. No son maestros, son “testigos”. Son viajeros de Dios. Más que hablar de Dios, “cuentan” lo que Dios ha hecho en sus vidas. Hoy más que nunca la Iglesia necesita hombres y mujeres con “experiencia de Dios”. El mundo necesita gente que diga lo que es capaz de hacer Dios cuando irrumpe en el corazón de una persona: la cambia, la ilumina, la fortalece, la hace buena y sensible a los problemas de los demás. Santa Teresa nos dice: “Yo no hablaré nada que no lo haya experimentado”. Y experimentar la palabra es gustarla, saborearla, profundizarla y ponerla en práctica. Nosotros tenemos palabras, pero Él tiene LA PALABRA. Y la Palabra está clavada en lo alto de la Cruz. Ahí deberán de dirigirse nuestras miradas. “Me amó y se entregó por mí” (Gal. 2,20).

Palabra autorizada del Papa

No se comprende bien si no entendemos lo que Jesús nos dice en el Evangelio. Jesús dice a los judíos: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces conoceréis que soy yo». En el desierto ha sido por tanto elevado el pecado, pero es un pecado que busca la salvación, porque se cura allí. El que es elevado es el Hijo del hombre, el verdadero Salvador, Jesucristo. El cristianismo no es una doctrina filosófica, no es un programa de vida para sobrevivir, para ser educados, para hacer las paces. Estas son las consecuencias. El cristianismo es una persona, una persona elevada en la Cruz, una persona que se aniquiló a sí misma para salvarnos; se ha hecho pecado. Y así como en el desierto ha sido elevado el pecado, aquí que se ha elevado Dios, hecho hombre y hecho pecado por nosotros. Y todos nuestros pecados estaban allí. No se entiende el cristianismo sin comprender esta profunda humillación del Hijo de Dios, que se humilló a sí mismo convirtiéndose en siervo hasta la muerte y muerte de cruz, para servir. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 8 de abril de 2014, en Santa Marta).

4.- Qué me dice a mí esta palabra de Dios ya reflexionada. Guardo silencio.

5.- Propósito.

En un momento del día, a solas, miraré un crucifijo con detención y le diré palabras de amor. Le daré gracias por lo mucho que me ha amado.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, no te puedo entender porque yo soy de acá abajo y Tú eres de arriba. Yo estoy en la tierra, vivo a ras de tierra, amo con un corazón rastrero, mezquino. Tú eres de arriba. Estás clavado en una Cruz y así te has elevado por encima de nuestras miserias y pecados. Has elevado el amor a la cima más alta. Dame tu Espíritu Santo para poder comprender un poco todo lo que nos amas.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén