Meditación – Martes II de Pascua

Hoy es martes II de Pascua.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 3, 7-15):

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu». Respondió Nicodemo: «¿Cómo puede ser eso?». Jesús le respondió: «Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas? En verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio. Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna».

Hoy, la mención del “nuevo nacimiento” describe la nueva condición del hombre después del Bautismo: su humanidad es transformada en un ser según el Espíritu de Dios. Cristo —siendo “levantado” en la Cruz— se nos entrega (“don”) y, precisamente porque este don nos renueva desde dentro, se convierte también en una nueva existencia. 

La inserción de nuestro yo en el suyo —”Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20)— es lo que verdaderamente cuenta. El “mandamiento nuevo” está unido a la novedad de Jesucristo, al sumergirnos progresivamente en Él. “La nueva ley es la misma gracia del Espíritu Santo” (Santo Tomás de Aquino), no una norma nueva, sino la nueva interioridad dada por el mismo Espíritu de Dios. San Agustín sintetiza la verdadera novedad en el cristianismo mediante la fórmula: “Dame lo que mandas y manda lo que quieras”.

—Ser cristiano es ante todo un don, que luego se desarrolla en la dinámica del vivir y poner en práctica este don (“tarea”).

REDACCIÓN evangeli.net