Vísperas – Miércoles II de Pascua

VÍSPERAS

MIÉRCOLES II DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¿Qué ves en la noche,
dinos, centinela?

Dios como un almendro
con la flor despierta;
Dios que nunca duerme
busca quien no duerma,
y entre las diez vírgenes
sólo hay cinco en vela.

Gallos vigilantes
que la noche alertan.
Quien negó tres veces
otras tres confiesa,
y pregona el llanto
lo que el miedo niega.

Muerto le bajaban
a la tumba nueva.
Nunca tan adentro
tuvo al sol la tierra.
Daba el monte gritos,
piedra contra piedra.

Vi los cielos nuevos
y la tierra nueva.
Cristo entre los vivos
y la muerte muerta.
Dios en las criaturas,
¡y eran todas buenas! Amén.

SALMO 61: LA PAZ EN DIOS

Ant. Que no tiemble vuestro corazón, tan sólo creed en mí. Aleluya.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son mas que un soplo,
los nobles son apariencia;
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que no tiemble vuestro corazón, tan sólo creed en mí. Aleluya.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLSO ALABEN AL SEÑOR

Ant. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que se alegren por tu salvación. Aleluya.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que se alegren por tu salvación. Aleluya.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Su resplandor eclipsa el cielo, la tierra se llena de su alabanza. Aleluya.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Su resplandor eclipsa el cielo, la tierra se llena de su alabanza. Aleluya.

LECTURA: Hb 7, 24-27

Jesús, como permanece para siempre, tiene el sacerdote que no pasa. De ahí que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder a su favor. Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo. Él no necesita ofrecer sacrificios cada día —como los sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo—, porque lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

R/ Al ver al Señor.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios. Aleluya.

PRECES

Imploremos a Dios Padre, que por la resurrección de su Hijo de entre los muertos nos ha abierto el camino de la vida eterna, digámosle:

Por la victoria de Cristo, salva, Señor, a tus redimidos.

Dios de nuestros padres, que has glorificado a tu Hijo Jesús resucitándolo de entre los muertos,
— convierte nuestros corazones, para que andemos en una vida nueva.

Tú que, cuando andábamos descarriados como ovejas, nos ha hecho volver al pastor y guardián de nuestras vidas,
— consérvanos en tu felicidad al Evangelio, bajo la guía de los obispos de tu Iglesia.

Tú que elegiste a los primeros discípulos de tu Hijo de entre el pueblo de Israel,
— haz que los hijos de este pueblo reconozcan el cumplimiento de las promesas que hiciste a sus padres.

Acuérdate, Señor, de los huérfanos, de las viudas, de los esposos que viven separados y de todos nuestros hermanos abandonados,
— y no permitas que vivan en la soledad, ya que fueron reconciliados por la muerte de tu Hijo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que llamaste a ti a Esteban, que confesó que Jesús estaba de pie a tu derecha,
— recibe a nuestros hermanos difuntos que esperaron tu venida en la fe y en el amor.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Al revivir nuevamente este año el misterio pascual, en el que la humanidad recobra la dignidad perdida y adquiere la esperanza de la resurrecicón futura, te pedimos, Señor de clemencia, que el misterio celebrado en la fe se actualice siempre en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles II de Pascua

1.- Introducción.

Señor, hoy necesito especialmente la presencia de tu Espíritu para que me haga comprender la inmensidad del amor del Padre que no ha enviado a su hijo al mundo ni para juzgarlo ni para condenarlo sino para salvarlo. Y no salvarlo con palabras bonitas sino con hechos contundentes. No con un amor cualquiera sino con un amor costoso, que tuvo su mejor expresión en la Cruz.

2.- Lectura reposada del evangelio Juan 3, 16-21

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.»

3.- Qué dice el texto.

Meditación

“Tanto amó Dios al mundo” Me quiero detener en ese “tanto”. Lo podríamos traducir diciendo. Hasta tal extremo, hasta tal inmensidad, hasta tal locura nos amó Dios Padre que nos entregó lo mejor que tenía: su propio Hijo.  No olvidemos una cosa: el que escribe el Evangelio es el “discípulo amado”. No es un escritor que quiere darnos una crónica de la vida de Jesús. Es el discípulo que ha descansado su cabeza sobre el pecho de Jesús. No es un maestro sino un testigo que ha vivido con Jesús algo tan grande, tan maravilloso, que ha quedado seducido por esa persona y ya no puede vivir sin pensar en Él, sin soñar con Él, sin trabajar por su causa.  Cuando escribe su evangelio ya ancianito todavía sus ojos se le llenan de lágrimas y su corazón de ternura. Y si alguien le pregunta qué debemos hacer los cristianos, contesta: “Amaos unos a otros como Jesús nos ha amado”. El evangelio de Juan sólo puede leerse de rodillas, en silencio y con ojos de enamorado.

Palabra del Papa

El Evangelio de hoy nos propone las palabras dirigidas por Jesús a Nicodemo: “Dios, amó tanto al mundo, que dio a su Hijo unigénito”. Escuchando esta Palabra, dirigimos la mirada de nuestro corazón a Jesús Crucificado y sentimos dentro de nosotros que Dios nos ama, nos ama de verdad, y ¡nos ama mucho! Esta es la expresión más sencilla que resumen todo el Evangelio, toda la fe, toda la teología: Dios nos ama con amor gratuito y sin límites. Así nos ama Dios. […] María, Madre de misericordia, nos ponga en el corazón la certeza de que somos amados por Dios. Esté cerca de nosotros en los momentos de dificultad y nos done los sentimientos de su Hijo (S.S. Francisco, Ángelus del 15 de marzo de 2015).

4.- Que me dice hoy a mí este texto. (Silencio)

5.- Propósito: Haré un esfuerzo en este día para mirar a las personas como las miraba Jesús.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Hoy quiero darte gracias por este rato de oración en el que he descubierto, de una manera especial, el amor derrochador del Padre. Con un Padre así, yo Señor, voy a cualquier parte. Mejor, no necesito moverme. Pienso en lo que Dios me ama y soy feliz. El recuerdo de ese amor quiero que me siga y persiga a cualquier parte. Todo lo demás pasa a segundo término. Dame la gracia de vivir impresionado por el inmenso amor que me tienes. ¡Tú, a mí! 

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectura continuada del evangelio de Mateo

Mateo 5, 17-20

 

21Habéis oído que fue dicho a los antiguos: ‘No matarás’; y el que mate será reo ante el tribunal. 22Pero yo os digo:todo el que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; y el que llame a su hermano ‘insensato’, será reo ante el sanedrín; y el que le llame ‘imbécil’ será reo de la gehenna de fuego.

23Así pues, si vas a presentar tu ofrenda al altar y recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, 24deja tu ofrenda allí, ante el altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve y presenta tu ofrenda.

25Ponte a buenas con tu adversario rápido, mientras vas con él por el camino, no sea que el adversario te entregue al juez y el juez al alguacil, y seas llevado a la cárcel. 26En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.

La sección se divide en tres partes: vv. 21-22, vv. 23-24 y vv. 25-26. La palabra «digo» (vv. 22.26) establece una leve conexión del conjunto; la palabra guía «hermano» es básica en las dos primeras partes. Sorprende el paso de la segunda persona de plural a la segunda persona de singular (9 veces el «tú» en los vv. 23-26). La tesis del v. 21 consta de una doble frase: el mandamiento del decálogo y un precepto legal; la antítesis del v. 22 acoge el precepto legal del v. 21c y le contrapone tres «réplicas».

  • La tesis del v. 21 consta, en su primera mitad, de una cita del Antiguo Testamento (quinto precepto). Su segunda mitad es una versión libre del ordenamiento jurídico establecido en Ex 21,12 y Lv 24,17. La antítesis del v. 22 plantea un léxico original: «insensato» (raqá) era un insulto frecuente, que significaba «cabeza hueca» y se usaba en el seno de la familia. «Imbécil» (moré) era un insulto griego corriente, de matiz despectivo, pero sin gran carga. No hay entre ambos una diferencia sustancial de significado. «Sanedrín» designa casi siempre el sanedrín de Jerusalén de 71 miembros; y así parece que hay que entenderlo. «Gehenna» («de fuego» intenta reforzar la idea de castigo) es designación corriente del infierno como lugar de castigo escatológico. Los tres ejemplos del v. 22 hacen ver que la «ira» comienza ya en las situaciones más triviales, están elegidos con la máxima radicalidad y crudeza, y tienen un carácter marcadamente hiperbólico, exagerado. Quieren decir que una manifestación de ira aparentemente leve equivale al asesinato, esfera en la que actúa el tribunal terreno y el celestial. Para Jesús, cualquier manifestación de ira no es punible sólo en el ámbito humano: detrás del juicio terreno está el divino. Hay que excluir cualquier idea de casuística, más bien el v. 22 es culminación ejemplar de una exigencia incondicional de Dios: evitar absolutamente la ira, la violencia. La primera antítesis no tiene nada de original en el contenido, aunque Jesús emplea una fórmula más enérgica y sorpresiva que las exhortaciones judías. Sobre todo, presta a su exhortación el ropaje de un principio jurídico, destacando así su carácter absolutamente obligatorio. Al contraponer antitéticamente la exhortación – en la figura vinculante de «principios jurídicos»- al orden jurídico vigente, Jesús hace algo nuevo: el orden jurídico del AT es poco radical y no corresponde aún plenamente a la voluntad de Dios; pero la exhortación formulada radicalmente es su auténtica voluntad. Jesús se interesó muy poco por los ordenamientos jurídicos vigentes y practicables de su pueblo, porque su preocupación era reunir al pueblo escatológico de Israel a la luz del inicio del reino de Dios.
  • Los vv. 23-24 interpretan la antítesis. Formulan positivamente lo que la antítesis ha formulado negativamente: ahora no se trata de evitar palabras letales, sino que se trata positivamente de reconciliación, es decir, de amor al hermano. Se ha solido ver en estos versículos cómo Mateo concreta las exigencias de la primera antítesis de modo realista. La verdad es lo contrario. Una comparación con paralelos judíos muestra que este ejemplo no es realista en modo alguno. También aquí nos encontramos con una exigencia ejemplar categórica, extremadamente hiperbólica, que apunta una nueva actitud fundamental hacia el semejante. Para Jesús, como para Mateo, la ley cultual no queda abolida por el precepto de la reconciliación; pero la reconciliación es lo primero, como se reitera en 23,26.
  • En los vv. 25-26, lo decisivo es la dimensión profunda del texto. Apunta a la reconciliación con el adversario: el adversario ha de transformarse en un hermano. Se vislumbra ya aquí algo del amor a los enemigos desarrollado en la sexta antítesis. En lugar de la ira y las malas palabras aparecen la reconciliación y el amor. El «camino» pasa a ser ese tiempo que se nos brinda antes del juicio definitivo de Dios. Así, detrás de un consejo prudente se hace visible la perspectiva del juicio final. Mateo la señala con un adverbio preferido, «en verdad» (amén), que apunta a un anuncio de juicio escatológico, y también con el verbo «decir», que Mateo usa en muchos pasajes de modo afín. De este modo nuestro texto anticipa la conclusión del sermón de la montaña, determinada por la perspectiva del juicio (7,13- 28). La invitación al amor se endurece, pues, aquí con la amenaza del juicio. Esta perspectiva es realmente difícil para muchos lectores de hoy, pero es necesario indicar lo que el texto plantea.

Comentario – Miércoles II de Pascua

(Jn 3, 16-21)

Nos encontramos ahora con la enseñanza más preciosa de toda la Sagrada Escritura, con el anuncio que nos devuelve la alegría y la paz: “¡Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único!”

El Dios en quien creemos es un Dios que ama al mundo que él creó, y sobre todo que ama al ser humano, en quien él puso una capacidad para conocer y amar, una capacidad de entrar en un diálogo, en un encuentro de amistad.

En la primera carta de Juan esta imagen de un Dios que ama se reafirma hasta llegar a decir simplemente que “Dios es amor”, y por lo tanto sólo puede ser conocido por alguien que ame (1 Juan 4, 8).

Y ese amor se manifestó plenamente cuando envió a su Hijo, que nos trae “vida eterna”. Mirando a Cristo no morimos, es decir, nuestra vida no termina en fracaso y oscuridad, nuestra vida se salva. En medio de aparentes fracasos y de profundos dolores, estamos rescatados, y todo va a terminar en la plenitud de Dios.

Y Cristo no vino para juzgar sino para salvar. Cuando el evangelio dice “el que no cree no es juzgado”, se refiere al que verdaderamente ha puesto su confianza en el que lo salva, Cristo. Esa fe no es sólo aceptar la existencia de Dios o los dogmas, porque también el demonio tiene ese tipo de fe (Sant 2, 19).

Este evangelio, al igual que San Pablo, se refiere a la fe viva, la fe que transforma toda la vida y se hace activa en el amor (Gál 5, 6). Es la apertura sincera y confiada al amor divino que le permite a Dios transformar nuestra vida concreta; y eso es lo que nos libera del juicio, porque gracias a esa fe toda nuestra vida se coloca bajo la luz de Dios y su luz va expulsando todas las tinieblas, todo lo que no le agrada.

 

Oración:

“Te doy gracias, Padre, por tu inmenso amor; porque entregaste a tu propio Hijo para darnos la vida. Quiero confiar en la salvación que me trae Jesús, dejarme tomar por su vida, y permitirle que ilumine todo mi ser y toda mi existencia para liberarla de la oscuridad y de la muerte”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

El Verbo encarnado y la solidaridad humana

32. Dios creó al hombre no para vivir aisladamente, sino para formar sociedad. De la misma manera, Dios “ha querido santificar y salvar a los hombres no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo que le confesara en verdad y le sirviera santamente”. Desde el comienzo de la historia de la salvación, Dios ha elegido a los hombres no solamente en cuanto individuos, sino también a cuanto miembros de una determinada comunidad. A los que eligió Dios manifestando su propósito, denominó pueblo suyo (Ex 3,7-12), con el que además estableció un pacto en el monte Sinaí.

Esta índole comunitaria se perfecciona y se consuma en la obra de Jesucristo. El propio Verbo encarnado quiso participar de la vida social humana. Asistió a las bodas de Caná, bajó a la casa de Zaqueo, comió con publicanos y pecadores. Reveló el amor del Padre y la excelsa vocación del hombre evocando las relaciones más comunes de la vida social y sirviéndose del lenguaje y de las imágenes de la vida diaria corriente. Sometiéndose voluntariamente a las leyes de su patria, santificó los vínculos humanos, sobre todo los de la familia, fuente de la vida social. Eligió la vida propia de un trabajador de su tiempo y de su tierra.

En su predicación mandó claramente a los hijos de Dios que se trataran como hermanos. Pidió en su oración que todos sus discípulos fuesen uno. Más todavía, se ofreció hasta la muerte por todos, como Redentor de todos. Nadie tiene mayor amor que este de dar uno la vida por sus amigos (Io 15,13). Y ordenó a los Apóstoles predicar a todas las gentes la nueva angélica, para que la humanidad se hiciera familia de Dios, en la que la plenitud de la ley sea el amor.

Primogénito entre muchos hermanos, constituye, con el don de su Espíritu, una nueva comunidad fraterna entre todos los que con fe y caridad le reciben después de su muerte y resurrección, esto es, en su Cuerpo, que es la Iglesia, en la que todos, miembros los unos de los otros, deben ayudarse mutuamente según la variedad de dones que se les hayan conferido.

Esta solidaridad debe aumentarse siempre hasta aquel día en que llegue su consumación y en que los hombres, salvador por la gracia, como familia amada de Dios y de Cristo hermano, darán a Dios gloria perfecta.

Comentario Domingo III de Pascua

Oración preparatoria

Jesús, Señor resucitado, tú saliste al paso a los discípulos que caminaban cie- gos y faltos de toda esperanza:

  • háblanos como a ellos en el caminar de nuestra vida,

  • ábrenos los ojos y el corazón para reconocerte en tu Palabra y en las Escrituras,

  • llénanos de asombro y gozo cada vez que nos permites reconocerte junto a nosotros, cuando nos reunimos para celebrar tu recuerdo en la Eucaristía. Tú que vives y reinas con el Padre por los siglos de los siglos.

    AMEN

 

Lc 24, 35-48

«35Y ellos contaron lo que había pasado por el camino y cómo le habían conocido al partir el pan.

36Mientras hablaban de estas cosas, se presentó en medio de ellos y les dice: “Paz a vosotros”. 37Asustados y llenos de miedo, les parecía ver un espíritu.

38Y él les dijo: “¿Por qué estáis turbados y por qué suben a vuestro corazón vacilaciones? 39Ved mis manos y mis pies: soy yo mismo. Palpadme y ved: un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que tengo yo”. 40Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies.

41Pero como aún no creían por la alegría y estaban estupefactos, les dijo: “¿Tenéis aquí algo para comer?”. 42Y ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. 43Y, tomándolo, lo comió delante de ellos.

44Y les dijo: “Éstas son mis palabras, que os dije cuando aún estaba con vosotros: Es preciso que se cumpla todo lo escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos sobre mí”.

45Entonces abrió su mente para que comprendieran las Escrituras.

46Y les dijo: “Así está escrito: que el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día, 47y que se proclamaría en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. 48Vosotros sois testigos de esto”. [49Mirad que yo envío sobre vosotros la promesa de mi Padre. Y vosotros permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de una fuerza de lo alto”]»..

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 
CONTEXTO

Después del encuentro de Jesús resucitado con dos discípulos camino de Emaús, perícopa a la que pertenece el primer versículo de nuestro evangelio (Lc 24,13-35) viene este encuentro de Jesús, esta vez con todo el grupo de discípulos. En este encuentro, primero se nos ofrece la confirmación de la identidad de Jesús (cf. “Soy yo mismo”, v. 39) y después la misión de los discípulos (cf. la misión universal en el v. 47). Tras este encuentro con el resucitado, al evangelio solo le queda la es- cena de la ascensión (24,50-53).

 
TEXTO

El evangelio de hoy nos propone el v. 35, que pertenece a la perícopa anterior, pero, en cambio, no recoge el v. 49, con el que termina la unidad textual; sin embargo, lo ponemos en el texto entre corchetes. La perícopa (vv. 36-49) se divide en dos unidades. La primera (vv. 36-43), centrada en la identidad del que se aparece a los discípulos, de Jesús, tiene tres momentos: a) la aparición de Jesús, que asusta a los discípulos (vv. 36-37); b) la presentación de Jesús, centrada en el ver de los discípulos (vv. 38-40); c) la demostración del ser de Jesús, que come como una persona de “carne y hueso” (vv. 41-43). Insistencias: el paso del miedo a la alegría; el ver y mostrar; la identidad de Jesús. La segunda parte de la perícopa (vv. 44-49) también tiene una estructura tripartita: a) la profecía de la Sagrada Escritura cum- plida en Jesús (v. 44); b) Jesús abre la mente de los discípulos para que compren- dan la Escritura (v. 45); c) nueva referencia a la Escritura y anuncio de la misión, implicando a los discípulos (vv. 46-49). Insistencias: lo ocurrido con Jesús tenía que ocurrir pues así lo habían profetizado las Sagradas Escrituras; el don de la comprensión; el encargo de la misión universal a los discípulos.

 
ELEMENTOS A DESTACAR

 Los discípulos reconocen a Jesús al partir el pan. La palabra (lo que Jesús les explicaba por el camino de Emaús) es por sí misma insuficiente si no conduce al acontecimiento, al sacramento. ¿Nuestras palabras de fe se plasman en “acontecimientos”, en hechos que permiten el encuentro comunitario con Jesús? ¿Hasta qué punto nuestras eucaristías son verdadero reconocimiento de Jesús, de su proyecto y de sus exigencias?

• El miedo, el susto, la turbación impiden reconocer a Jesús, que trae la paz y la alegría a nuestro interior. El proceso para dejar atrás los miedos y experimentar el gozo pasa por Jesús. Nuestra vida espiritual tiene que estar profundamente centrada y radicada en Él. ¿Dónde “vemos” y “palpamos” a Jesús? ¿En qué se manifiesta la “alegría pascual” en nuestra vida? ¿Qué miedos nos paralizan aún?

• El papel de la Sagrada Escritura, de la Biblia, es fundamental en la vida de todo creyente y de la comunidad. Para conocerla y aprovechar su alimento espiritual es necesario que Jesús nos “abra” la mente: Jesús es el criterio para poder interpretar y comprender la Biblia. ¿Qué papel juega en nuestra vida de creyentes? ¿Nos dejamos acompañar y alimentar por ella?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Domingo III de Pascua

III Domingo de Pascua

Hechos 3:13-15.17-19; Salmo 4:2.7.9; 1Juan 2:1-5a; Lucas 24:35-48

Jesús es real: los fantasmas no comen

Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban todavía hablando de estas cosas, cuando Jesús se puso en medio de ellos y los saludo diciendo: Paz a ustedes.

Ellos se asustaron mucho, pensando que estaban viendo un espíritu. Pero Jesús les dijo: ¿Por qué están asustados? ¿Por qué tienen esas dudas en su corazón? Miren mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tóquenme y vean: un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que tengo yo. Al decirles esto, les enseñó las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creerlo, a causa de la alegría y el asombro que sentían, Jesús les preguntó: ¿Tienen aquí algo de comer? Le dieron un pedazo de pescado asado, y él lo aceptó y lo comió en su presencia. Luego les dijo: “Lo que me ha pasado es aquello que les anuncié cuando estaba todavía con ustedes; Que había de cumplirse todo lo que está escrito de mi en la ley de Moisés, en los libros de los profetas y en los salmos.” Entonces hizo que entendieran las escrituras, y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que morir, y resucitar al tercer día.” En su nombre, y comenzando desde Jerusalén, hay que anunciar a todas las naciones que se vuelvan a Dios, para que sus pecados les sean perdonados. Ustedes son testigos de estas cosas.

Reflexión

¿Cómo les saluda Jesús? (Paz a ustedes.) Jesús quería que supieran que Él estaba, no solo en Espíritu, si no en cuerpo también. ¿Que hizo para que lo creyeran? (Les enseñó sus manos y pies y les dijo que lo tocaran. También comió pescado con ellos.) ¿Por qué era tan importante que creyeran esto? (Él les explicó: “Está escrito que el Mesías tenía que morir, y resucitar al tercer día.” Quería que estuvieran completamente convencidos que Él era el Mesías que anunciaban Moisés, los profetas, y los salmos.) ¿Por qué? (Él quería que ellos fueran los testigos del Amor y Misericordia de Dios al mundo.) ¿Qué tenían que anunciar a todos? (Por amarnos tanto, Dios se hizo hombre en su hijo Jesús para morir en la cruz y así perdonar nuestros pecados. Resucitó al tercer día victorioso sobre la muerte. Vuelvan a Dios arrepentidos, para que sus pecados sean perdonados y entren a la Vida Eterna.) ¿Cómo podemos ser testigos de Jesús resucitado? (Obedeciendo a Jesús; imitándolo amando, perdonando y ayudando a nuestros hermanos; y compartiendo lo que hizo por nosotros.)

Actividad

En la siguiente página, hacer librito del Evangelio para compartir. En la otra página, hacer actividad de Jesús resucitado.

Oración

Señor, cuando Tú estás con nosotros, tenemos paz, consuelo y alegría. Ayúdanos a ser testigos de tu amor siempre amando, perdonando, y ayudando a todos. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Aparición a los Apóstoles – Lucas 24, 35-48

En aquel tiempo contaban los discípulos lo que les había acontecido en el camino y cómo reconocieron a Jesús en el partir el pan. Mientras hablaban, se presentó Jesús en medio de sus discípulos y les dijo: – Paz a vosotros. Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. El les dijo: – ¿Por qué os alarmáis?, ¿ por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo. Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: – ¿Tenéis ahí algo que comer? Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. El lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: – Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí, tenía que cumplirse. Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: – Así estaba escrito: El Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.

Explicación

De nuevo se apareció Jesús a sus amigos, después de resucitar y les saludo con las mismas palabras: ¡La paz sea con vosotros! Ellos seguían medio desconcertados. Jesús continuó diciendo: ¡No tengáis miedo. Soy yo. Si tenéis algo para comer vamos a compartirlo! Y comió con ellos un trozo de pescado a la brasa. Poco a poco iban aceptando que Jesús había resucitado y empezaban a quitarse miedos y tristezas.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

NARRADOR: En aquel tiempo contaban los discípulos lo que les había acontecido en el camino a Emaús.

DISCÍPULO1: ¿Pero cómo no le conocisteis? ¡Vaya par de despistados!

EMAÚS: Eso pensamos nosotros después y … ¡qué rabia! Hasta que no partió el pan, lo bendijo y nos lo dio, ¡estuvimos ciegos!

DISCÍPULO2: ¡Como si hubiese muchas personas igual al Maestro!

EMAÚS : El caso es que cuando nos dimos cuenta de quién era, corrimos, corrimos para venir a avisaros.

DISCÍPULO1: Pues os podíais haber ahorrado la carrera porque… ¡Nosotros ya sabemos que ha resucitado!

EMAÚS: ¿Sííí…? ¿De verdad?

DISCÍPULO2: ¡Claro que sí! Lo hemos visto dos veces.

NARRADOR: Mientras hablaban, se presentó Jesús en medio de sus discípulos y les dijo:

JESÚS: ¡Paz a vosotros!

DISCÍPULO1: Ma…, ma…, Maestro ¿eres tú otra vez? ¿No serás un fantasma?

JESÚS: ¿Por qué os asustáis? ¿Por qué dudáis que sea yo de nuevo?

DISCÍPULO2: Es que… llegas y te vas tan rápido, ¡que pareces un fantasma!

JESÚS: Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Tocadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne, ni huesos como yo tengo. Vale, para que veáis que no soy un fantasma, dadme algo de comer.

NARRADOR: Y le ofrecieron un trozo de pez. Él lo tomó y comió delante de ellos.

DISCÍPULO1: ¿Te quedarás hoy un poco más?

JESÚS: Sólo un poco.

DISCÍPULO2: Maestro, ahora has resucitado y estamos contentos, pero ¿era necesario que padecieses tanto?

JESÚS: ¡Claro que sí! Os lo decía cuando estaba con vosotros.

DISCÍPULO1: ¿qué todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de ti, tenía que cumplirse?

JESÚS: Eso es.

DISCÍPULO2: ¡Claro! estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará al tercer día…

JESÚS: Y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.

NARRADOR: Y dicho esto, Jesús, una vez más, desapareció de su vista.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles II de Pascua

Todos hemos experimentado alguna vez la diferencia entre vivir encarcelados o liberados. En las cosas más sencillas y cotidianas. Seguramente todos tenemos que pasar por ambas experiencias. Lo importante es distinguirlas bien y no confundir lo que nos encierra con lo que nos abre y lanza a la vida. En la primera lectura, los discípulos se someten a esta danza continua: el sumo sacerdote “y los suyos” los encarcelan; el ángel del Señor los saca fuera; los guardias van a buscarlos y los prenden de nuevo; y así…

A veces la vida nos pone en situaciones similares. Rebelarse no soluciona mucho. Pero sí elegir la libertad y aprovecharla siempre que podamos. Nos jugamos mucho, porque como dice el libro de los Hechos hoy, lo propio de la Iglesia es explicar al pueblo palabras de vida. Predicar la vida siempre será incómodo para los carceleros, para quienes nos quieren callados y encerrados. Pero lo nuestro es predicar la vida. Cualquier precepto, norma, rito o mandato que atente contra la vida, no es de Dios. Al menos del Dios de Jesús el Cristo.

Este Jesús, Hijo de Dios que no vino a nosotros para condenarnos ¡sino para darnos vida abundante! El juicio encierra, crea bandos, empequeñece, asusta, nos pone a la defensiva. La vida que es amor abre, da luz, nos hace creativos, fraternos, amables…

Podría ser uno de los criterios que nos ayude a discernir quién o qué nos encarcela y quién o qué nos libera. Porque quien nos da libertad, nos ama. Quien nos ama, nos quiere libres. “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo” para que vivamos.

Rosa Ruiz rmi