Lectura continuada del evangelio de Mateo

Mateo 5, 17-20

 

21Habéis oído que fue dicho a los antiguos: ‘No matarás’; y el que mate será reo ante el tribunal. 22Pero yo os digo:todo el que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; y el que llame a su hermano ‘insensato’, será reo ante el sanedrín; y el que le llame ‘imbécil’ será reo de la gehenna de fuego.

23Así pues, si vas a presentar tu ofrenda al altar y recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, 24deja tu ofrenda allí, ante el altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve y presenta tu ofrenda.

25Ponte a buenas con tu adversario rápido, mientras vas con él por el camino, no sea que el adversario te entregue al juez y el juez al alguacil, y seas llevado a la cárcel. 26En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.

La sección se divide en tres partes: vv. 21-22, vv. 23-24 y vv. 25-26. La palabra «digo» (vv. 22.26) establece una leve conexión del conjunto; la palabra guía «hermano» es básica en las dos primeras partes. Sorprende el paso de la segunda persona de plural a la segunda persona de singular (9 veces el «tú» en los vv. 23-26). La tesis del v. 21 consta de una doble frase: el mandamiento del decálogo y un precepto legal; la antítesis del v. 22 acoge el precepto legal del v. 21c y le contrapone tres «réplicas».

  • La tesis del v. 21 consta, en su primera mitad, de una cita del Antiguo Testamento (quinto precepto). Su segunda mitad es una versión libre del ordenamiento jurídico establecido en Ex 21,12 y Lv 24,17. La antítesis del v. 22 plantea un léxico original: «insensato» (raqá) era un insulto frecuente, que significaba «cabeza hueca» y se usaba en el seno de la familia. «Imbécil» (moré) era un insulto griego corriente, de matiz despectivo, pero sin gran carga. No hay entre ambos una diferencia sustancial de significado. «Sanedrín» designa casi siempre el sanedrín de Jerusalén de 71 miembros; y así parece que hay que entenderlo. «Gehenna» («de fuego» intenta reforzar la idea de castigo) es designación corriente del infierno como lugar de castigo escatológico. Los tres ejemplos del v. 22 hacen ver que la «ira» comienza ya en las situaciones más triviales, están elegidos con la máxima radicalidad y crudeza, y tienen un carácter marcadamente hiperbólico, exagerado. Quieren decir que una manifestación de ira aparentemente leve equivale al asesinato, esfera en la que actúa el tribunal terreno y el celestial. Para Jesús, cualquier manifestación de ira no es punible sólo en el ámbito humano: detrás del juicio terreno está el divino. Hay que excluir cualquier idea de casuística, más bien el v. 22 es culminación ejemplar de una exigencia incondicional de Dios: evitar absolutamente la ira, la violencia. La primera antítesis no tiene nada de original en el contenido, aunque Jesús emplea una fórmula más enérgica y sorpresiva que las exhortaciones judías. Sobre todo, presta a su exhortación el ropaje de un principio jurídico, destacando así su carácter absolutamente obligatorio. Al contraponer antitéticamente la exhortación – en la figura vinculante de «principios jurídicos»- al orden jurídico vigente, Jesús hace algo nuevo: el orden jurídico del AT es poco radical y no corresponde aún plenamente a la voluntad de Dios; pero la exhortación formulada radicalmente es su auténtica voluntad. Jesús se interesó muy poco por los ordenamientos jurídicos vigentes y practicables de su pueblo, porque su preocupación era reunir al pueblo escatológico de Israel a la luz del inicio del reino de Dios.
  • Los vv. 23-24 interpretan la antítesis. Formulan positivamente lo que la antítesis ha formulado negativamente: ahora no se trata de evitar palabras letales, sino que se trata positivamente de reconciliación, es decir, de amor al hermano. Se ha solido ver en estos versículos cómo Mateo concreta las exigencias de la primera antítesis de modo realista. La verdad es lo contrario. Una comparación con paralelos judíos muestra que este ejemplo no es realista en modo alguno. También aquí nos encontramos con una exigencia ejemplar categórica, extremadamente hiperbólica, que apunta una nueva actitud fundamental hacia el semejante. Para Jesús, como para Mateo, la ley cultual no queda abolida por el precepto de la reconciliación; pero la reconciliación es lo primero, como se reitera en 23,26.
  • En los vv. 25-26, lo decisivo es la dimensión profunda del texto. Apunta a la reconciliación con el adversario: el adversario ha de transformarse en un hermano. Se vislumbra ya aquí algo del amor a los enemigos desarrollado en la sexta antítesis. En lugar de la ira y las malas palabras aparecen la reconciliación y el amor. El «camino» pasa a ser ese tiempo que se nos brinda antes del juicio definitivo de Dios. Así, detrás de un consejo prudente se hace visible la perspectiva del juicio final. Mateo la señala con un adverbio preferido, «en verdad» (amén), que apunta a un anuncio de juicio escatológico, y también con el verbo «decir», que Mateo usa en muchos pasajes de modo afín. De este modo nuestro texto anticipa la conclusión del sermón de la montaña, determinada por la perspectiva del juicio (7,13- 28). La invitación al amor se endurece, pues, aquí con la amenaza del juicio. Esta perspectiva es realmente difícil para muchos lectores de hoy, pero es necesario indicar lo que el texto plantea.