Vísperas – Jueves II de Pascua

VÍSPERAS

JUEVES II DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Porque anochece ya,
porque es tarde, Dios mío,
porque temo perder
las huellas del camino,
no me dejes tan solo
y quédate conmigo.

Porque he sido rebelde
y he buscado el peligro
y escudriñé curioso
las cumbres y el abismo,
perdóname, Señor,
y quédate conmigo.

Porque ardo en sed de ti
y en hambre de tu trigo,
ven, siéntate a mi mesa,
bendice el pan y el vino.
¡Qué aprisa cae la tarde!
¡Quédate al fin conmigo! Amén.

SALMO 71: PODER REAL DEL MESÍAS

Ant. Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. Aleluya.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. Aleluya.

SALMO 71

Ant. Él será la bendición de todos los pueblos. Aleluya.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
que recen por él continuamente
y lo bendigan todo el día.

Que haya trigo abundante en los campos,
y susurre en lo alto de los montes;
que den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él será la bendición de todos los pueblos. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Jesucristo es el mismo ayer y hoy, siempre. Aleluya.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Jesucristo es el mismo ayer y hoy, siempre. Aleluya.

LECTURA: 1P 3, 18. 22

Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Llegó al cielo, se le sometieron ángeles, autoridades y poderes, y está a la derecha de Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

R/ Al ver al Señor.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El que cree en el hijo posee la vida eterna. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El que cree en el hijo posee la vida eterna. Aleluya.

PRECES

Alabemos y glorifiquemos a Cristo, a quien Dios Padre constituyó fundamento de nuestra esperanza y garantía de nuestra resurrección, y aclamémosle suplicantes:

Rey de la gloria, escúchanos.

Señor Jesús, tú que con tu propia sangre y por tu resurrección entraste en el santuario de Dios,
— llévanos contigo al reino del Padre.

Tú que por la resurrección robusteciste la fe de tus discípulos y los enviaste al mundo,
— haz que los obispos y presbíteros sean fieles heraldos de tu Evangelio.

Tú que por la resurrección eres nuestra reconciliación y nuestra paz,
— haz que todos los bautizados vivan en la unidad de una sola fe y de un solo amor.

Tú que por la resurrección diste la salud al lisiado del templo,
— mira con bondad a los enfermos y manifiesta en ellos tu gloria.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que por la resurrección fuiste constituido primogénito de los muertos que resucitan,
— haz que los difuntos que en ti creyeron y esperaron participen de tu gloria.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Te pedimos, Señor, que los dones recibidos en esta Pascua, den fruto abundante en toda nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves II de Pascua

1.- Introducción.

Señor, al estar contigo este momento de oración quiero afirmarme en mi realidad de ser persona abierta al mundo de Dios. Un mundo cerrado en mí mismo o en las cosas de este mundo es un mundo pequeño, finito, intrascendente. El hombre está hecho de barro y de un soplo divino. El barro nos ata a las realidades de este mundo y el soplo nos supera y nos apunta a un mundo invisible pero maravilloso. “Hay algo en el hombre que supera al hombre mismo”. Y yo, en mi oración, soy testigo de que eso es verdad. Gracias, Señor.

2.- Lectura reposada de la Palabra de Dios. Juan 3, 31-36

El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él».

3.- Qué dice la Palabra de Dios.

Meditación-reflexión

En este evangelio “arriba y abajo” son algo más que simples adverbios de lugar. Arriba significa “trascendente” el mundo del Espíritu, el mundo de Dios. Abajo hace relación a nuestro pequeño mundo “inmanente” cerrado en sí mismo. Desde el momento en que Dios ha determinado “encarnarse” en este mundo, el cielo ha bajado a la tierra y la tierra ha subido al cielo. Por eso dice Jesús que “el que cree en el Hijo tiene vida eterna”. Por eso es peligroso oponer lo humano y lo divino; lo espiritual y lo material. Lo humano no se opone a lo divino sino a lo “inhumano” a los bajos instintos, a lo bestial que todavía queda en el hombre herido por el pecado y de lo cual debe liberarse. Persona espiritual no es aquella que sólo se dedica a las cosas espirituales y se desentiende de este mundo, sino la persona que posee el Espíritu de Jesús y se va liberando de todo aquello que le “despersonaliza”. Por eso el santo es el más humano, el más cercano, el más libre, el más misericordioso. De Teresa de Jesús se dice: “Tanto más humana cuanto más divina y tanto más divina cuanto más humana”.

Palabra del Papa

Los que participan en la vida divina, forman la familia de Dios. En ella, al modo de la familia humana, hay relaciones de paternidad y filiación, de fraternidad, y el clima apropiado para que estas relaciones se estrechen y se refuercen cada vez más. A esta familia no se pertenece por generación natural, sino por generación de fe, de amor y de esperanza. Las puertas de la casa familiar están siempre abiertas: Todos los hombres están invitados a entrar, pero ninguno obligado. Los caminos por los que se llega al solar familiar del Padre son muy variados: los hay rectos y los hay tortuosos; unos son más largos y otros son más cortos. Todos llevan sin embargo a la casa del Padre. A lo largo de la historia ha habido y habrá quizá quienes no quieran entrar y se queden fuera, pero el que entre pasará a disfrutar de los beneficios de la familia de Dios (Papa Francisco).

4.- Qué me dice este texto hoy a mí” (Silencio).

5.- Propósito.  Hoy daré especial importancia al cuerpo y lo consideraré como templo del Dios vivo.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Al acabar la oración lo que me sale de dentro es darte gracias. Gracias por el misterio de la Encarnación que me hace valorar mi cuerpo y todas las realidades humanas. Gracias porque puedo vivir lo humano y lo divino sin ninguna tensión sino con coherencia, con gozo, con espíritu unificador. Gracias porque el ser cristiano me hace ser más humano, más servicial, más bondadoso, más sacrificado.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Comentario – Jueves II de Pascua

(Jn 3, 31-36)

Este texto nos muestra cómo nuestra fe cristiana está completamente centrada en la Persona de Jesús. El Padre lo ama y ha puesto todo en sus manos, y su humanidad está repleta del Espíritu Santo, porque el Padre “le da el Espíritu sin medida” (v. 34). De esa humanidad del Hijo de Dios, llena del Espíritu, desborda para nosotros la fuerza de la vida divina.

Por eso podemos decir que su Corazón Sagrado es la fuente del Espíritu Santo para nosotros, la fuente del amor divino, la fuente de la gracia. Y por eso mismo, “quien cree en el Hijo tiene vida eterna”. El es el corazón de la Iglesia, él vive en el interior de la comunidad cristiana para llenarla del poder del Espíritu, de la fuerza del amor. Pero también en el interior de la vida de cada cristiano él es el corazón, él es la fuente de la vida nueva, de la verdadera vida.

Así podemos entender por qué nuestra fe es vana si Cristo no ha resucitado, ya que el Padre ha querido que todos los dones de su gracia broten para nosotros de esa humanidad gloriosa de Cristo resucitado. Porque Dios ha querido salvar a la humanidad “desde adentro”, haciéndose presente con su poder salvador en la entraña misma de nuestra vida humana, y derramar su Espíritu desde un corazón humano.

Esto es tan bello que algunos doctores de la Iglesia, especialmente de la escuela franciscana, han sostenido que aunque el hombre no hubiera pecado, el Hijo de Dios igualmente se habría encarnado. Ya que no es sólo nuestro pecado lo que lo movió a encarnarse, sino su amor, que ha buscado acercarse a nosotros hasta el colmo de hacerse uno de nosotros.

Oración:

“Señor Jesús, que estás repleto de la vida, del amor y de la luz del Espíritu Santo, abre tu Corazón Sagrado y derrama en mí el poder de tu Espíritu, llena a mi familia de tu Espíritu, transforma este mundo con la fuerza de amor del Espíritu Santo”.

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

CAPÍTULO III

LA ACTIVIDAD HUMANA EN EL MUNDO

Planteamiento del problema

33. Siempre se ha esforzado el hombre con su trabajo y con su ingenio en perfeccionar su vida; pero en nuestros días, gracias a la ciencia y la técnica, ha logrado dilatar y sigue dilatando el campo de su dominio sobre casi toda la naturaleza, y, con ayuda sobre todo el aumento experimentado por los diversos medios de intercambio entre las naciones, la familia humana se va sintiendo y haciendo una única comunidad en el mundo. De lo que resulta que gran número de bienes que antes el hombre esperaba alcanzar sobre todo de las fuerzas superiores, hoy los obtiene por sí mismo.

Ante este gigantesco esfuerzo que afecta ya a todo el género humano, surgen entre los hombres muchas preguntas. ¿Qué sentido y valor tiene esa actividad? ¿Cuál es el uso que hay que hacer de todas estas cosas? ¿A qué fin deben tender los esfuerzos de individuos y colectividades? La Iglesia, custodio del depósito de la palabra de Dios, del que manan los principios en el orden religioso y moral, sin que siempre tenga a manos respuesta adecuada a cada cuestión, desea unir la luz de la Revelación al saber humano para iluminar el camino recientemente emprendido por la humanidad.

La alegría de la Resurrección y del Evangelio

1.- Señor, haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro… Acabamos de decirlo en el salmo. Queremos que Dios nos sonría, que se muestre alegre al mirarnos, porque solo la alegría ilumina el rostro de una persona.

Alegría es la tónica de la Resurrección, y es la tónica del Evangelio que se abre y se cierra entre sonrisas y alegría:

–los ángeles comunican a los pastores la gran alegría. Les ha nacido un salvador. Es el abrirse del Evangelio, de la Buena Nueva, del Gran Notición, que no puede ser más que una gran alegría.

–y el Gran Notición se cierra con las apariciones de Jesús resucitado, en la que los discípulos no acaban de reconocer al Señor por su inmensa alegría.

Y entre el anuncio del ángel y las apariciones de Jesús la alegría corre por las páginas del Evangelio:

–Juan Bautista salta de alegría en el seno de Isabel al sentir cerca a Jesús.

–Jesús participa en la humana alegría de una boda pueblerina y les regala 600 litros de vino… y algún moralista le acusaría de responsable de las borracheras de aquellos buenos campesinos.

–Jesús asiste con gusto a convites, de donde le vino la fama de comedor y bebedor (o borracho)

–en la última de las bienaventuranzas proclama Jesús la paradoja de la persecución como raíz de la alegría… porque grande será vuestra recompensa.

–y lo que en su última oración al Padre pide Jesús para sus discípulos es que les “inunde la alegría”.

Y es que Jesús, rostro visible del Padre, nos muestra un rostro iluminado por la sonrisa y la alegría.

También nosotros tenemos la misión de ser luz. Tenemos que mostrar la luz de nuestro rostro, un rostro iluminado por la alegría y la sonrisa.

2.- “Estad alegres como cristianos que sois”, dice San Pablo. La Fe es la llama que arde en el corazón, y su resplandor al exterior es la alegría.

Y es la alegría de saberse hijos de Dios, queridos por Dios, de no estar olvidados, ni aparcados, porque Dios no nos olvida. Alegría de saberse perdonado, porque Dios es mayor que todos nuestros pecados. Alegría de saber que con Cristo hemos resucitado porque llevamos dentro el germen de la Resurrección: el que cree en mi tiene vida eterna. ¡La tiene ya!

Bastantes tristezas hay a nuestro alrededor para que las aumentemos los cristianos con caras largas.

3.- El Señor ha sembrado de alegría la tierra:

–la alegría del niño chapoteando en la playa

–el jugueteo de un cachorrillo lleno de vida

–el agua cantarina de un torrente de montaña

–el gorjeo de los gorriones en un limpio amanecer.

–el blanco hiriente de un patio andaluz manchado del rojo vivo de los claveles y el verde de las hojas.

Vivamos la alegría de la Fe y de la Vida.

Arrojemos luz de alegría en los corazones tristes, corazones cerrados que huelen a moho.

No hay mejor apostolado que el de la alegría y que todos podemos hacer.

4.- Jesús nos dice que el rostro de Dios se ilumina alegre con la conversión del pecador, como se alegra el ama de casa que encuentra la dracma perdida y el pastor cuando regresa con la oveja extraviada al hombre.

Y repito: vivamos la alegría de la Fe y de la Vida.

José María Maruri, S.J.

Así estaba escrito: el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día

Ellos contaron lo del camino y cómo lo reconocieron al partir el pan. Estaban hablando de todo esto, cuando Jesús mismo se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con vosotros». Aterrados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Él les dijo: «¿Por qué os asustáis y dudáis dentro de vosotros? Ved mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tocadme y ved que un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como ellos no creían aún de pura alegría y asombro, les dijo: «¿Tenéis algo de comer?». Le dieron un trozo de pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. Luego les dijo: «De esto os hablaba cuando estaba todavía con vosotros: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito acerca de mí en la ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos». Entonces les abrió la inteligencia para que entendieran las Escrituras. Y les dijo: «Estaba escrito que el mesías tenía que sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y que hay que predicar en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas. 

Lucas 24, 35-48

COMENTARIO AL EVANGELIO

Cuando Jesús vuelve a presentarse a los apóstoles, les pregunta: ¿Por qué os asustáis y dudáis dentro de vosotros? Y es que muchas veces como cristianos tenemos dudas y miedos. Nos cuesta vivir de forma sana y completa nuestra fe y preferimos dar un paso atrás y no vivir la fe con intensidad.

Y después les dice que era necesario que todo lo que le había pasado a Él, le pasara. Con esto nos quiere dejar muy claro que es clave la muerte y la resurrección de Jesús. Sin esto, no hay fe cristiana, no tiene sentido la Iglesia. La resurrección de Jesús, la victoria sobre la muerte es lo que sostiene a nuestra fe. Tengámoslo siempre presente.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • ¿Crees que vives la fe con algo de miedo? ¿Sueles decir con naturalidad que eres creyente?
  • ¿Qué quiere decir Jesús cuando nos insiste en que no tengamos miedo?
  • Toma un compromiso esta semana que te ayude a vivir la fe con naturalidad. Puedes pensar en llevar algún símbolo de la fe (una cruz, por ejemplo).

ORACIÓN

Vivir pascualmente
es vivir cada momento intensamente,
como si fuese el último,
y dar cada paso, con sorpresa y gozo,
como si fuese el primero.
Es compartir lo que tenemos,
con generosidad y gozo,
con los hermanos necesitados
aunque no los conozcamos
y sólo sea un trozo de pez asado.
Es no perder la capacidad de asombro,
abrir nuestro entendimiento,
aprender día a día en cada encuentro,
alegrarse por todo lo bueno,
y ser testigos de lo vivido.
Es ver en cada paso humano
tu paso divino de enamorado,
tan pascual y cercano,
tan rompedor y solidario,
tan al lado de nuestros pies cansados…

Vivir pascualmente

Vivir pascualmente
es vivir cada momento intensamente,
como si fuese el último,
y dar cada paso, con sorpresa y gozo,
como si fuese el primero.

Es inspirar amor y conciencia
en nuestro frágil cuerpo e historia,
y entrar con gozo y paz
en el cuerpo universal y místico
que todos somos ya ahora.

Es acoger la liberación y sanación
de nuestro ser entero
que se hacen presentes, aquí y hora
y en el reverso de la historia,
rompiendo nuestros normas y credos.

Es mirar y ver las llagas
del cuerpo y del alma
tan sangrantes en tantas personas,
y no pensar que quienes las tienen
son aprovechadas o fantasmas.

Es compartir lo que tenemos,
con generosidad y gozo,
con los hermanos necesitados
aunque no los conozcamos
y sólo sea un trozo de pez asado.

Es desprendernos del sufrimiento y miedo,
que atenazan y cierran
nuestra mente, corazón y entrañas,
y abrir todas las ventanas
a tu brisa resucitada.

Es no perder la capacidad de asombro,
abrir nuestro entendimiento,
aprender día a día en cada encuentro,
alegrarse por todo lo bueno,
y ser testigos de lo vivido.

Es ver en cada paso humano
tu paso divino de enamorado,
tan pascual y cercano,
tan rompedor y solidario,
tan al lado de nuestros pies cansados…

Florentino Ulibarri

Notas para fijarnos en el evangelio

* Jesús Resucitado se ha dado a conocer “cuando partía el pan” (35), según explican los dos discípulos de Emaús, que acaban de volver de aquella experiencia (Lc 24, 13-35). En las comunidades más primitivas, la expresión lucana “la fracción del pan” (cf. Hch 2, 42; 20, 7), juntamente con la de “la cena del Señor”, usada por Pablo (1Cor 11, 20), es una de las más antiguas para designar la celebración de la Eucaristía. Esta última palabra, rescatada con éxito por el Concilio Vaticano II, sólo aparece, como expresión técnica, en las cartas de Ignacio de Antioquía, ya avanzado el siglo II.

* Ahora lo vemos dándole a conocer “en medio de ellos” (36), cuando los discípulos están reunidos en su nombre (36) -cómo veíamos también el pasado domingo (Jn 20, 19. 26)-.

* Lucas se esfuerza por responder a la mentalidad que considera Jesús resucitado como un puro “espíritu” (37), un fantasma (véase también Mt 14, 26; Mc 6, 49). Por esto subraya con fuerza la experiencia que tuvieron los Apóstoles: quien se les presenta, el Resucitado, es el mismo de antes, el Crucificado (38-43). Por hacer este subrayado, utiliza todo lo que tiene a mano, a su alcance: “miradme”, “palpadme” (39), “comió” (43). Por lo tanto, Lucas no quiere explicar cómo es el cuerpo de Cristo Resucitado, sino destacar que el Resucitado es el mismo que el Crucificado.

* Lucas destaca mucho que las Escrituras ya hablaban de Jesús, de su Pasión, Muerte y Resurrección (Lc 24, 27. 32. 45-46). Con esta insistencia quiere transmitir que lo que le ha pasado a Jesús (46) no es un accidente ni un fracaso. En la Pascua de Jesús se manifiesta la opción de Dios, que ha querido hacerse hombre por vivir lo que vivimos. Y esta opción, esta voluntad, la ha llevado a término con todas las consecuencias.

* Comprender todo esto no es posible sino desde la fe, que es un don del Resucitado: “les abre el corazón…” (45). La fe en la Resurrección de Jesús es luz “para comprender las Escrituras” (45), el conjunto de la Biblia. Y, especialmente, la fe que da el Resucitado ilumina para comprender las palabras y hechos de Jesús hasta su muerte en Cruz (46).

* Jerusalén (47) es el lugar de la muerte, resurrección y glorificación de Jesús. El Antiguo Testamento lo había convertido en el punto de partida de la revelación de Dios a toda la humanidad (Is 2, 2-5). Lucas destaca que en Jesucristo esto se ha cumplido: “se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén” (47).

* La misión de los discípulos, pues, empieza en Jerusalén (47). Por el don de la fe recibida son constituidos “testigos” (48) de las palabras y acción de Jesús -ahora los han entendido (Lc 24, 31-32; 24, 45)-. Y, con su misión a “todos los pueblos”, se pondrán en continuidad con lo que las Escrituras anunciaban, actualizarán una y otra vez que Dios, en Jesucristo, ha dado “el perdón de los pecados” (47).

* Jesús Resucitado, como siempre había hecho antes, infunde “la paz” (36) y la “alegría” (41) a quienes le acogen.

Comentario al evangelio – Jueves II de Pascua

Nos habían ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre. ¿Qué tuvo tanta fuerza como para transgredir la orden de sus legítimas autoridades y llenar la ciudad de su enseñanza?

“Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres»”. Y por si fuera poco afirman que Dios les da su Espíritu Santo porque han obedecido. Es curioso porque pareciera mentira que alguien que intenta escuchar a Dios, obedecerle aunque le traiga problemas, y recibe el Espíritu Santo para confirmarle en su decisión, pueda crispar tanto a las autoridades legítimas. “Al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos”, nos dicen.

¿Dónde está el límite entre ser fiel a Dios y desobediente a las autoridades o a la tradición o a lo que socialmente se espera que hagas? ¿Cómo distinguir esa línea fina entre la libertad que da el Espíritu Santo y la soberbia de quien se cree mejor que los demás, especialmente los que tienen mayor experiencia y gobierno?

Es difícil. Mucho. Quizá, como ocurrió con Jesús, solo podemos saberlo después, cuando ya no se puede rehacer nada. Se trata de dar la vida, con honestidad, aun cuando todo sea fácilmente interpretable desde claves incluso contradictorias.

Por eso no siempre dar testimonio es creíble. No siempre es fácil aceptarlo. Así lo dice hoy Jesús en el evangelio. Quizá sólo nos queda una certeza: sea como sea, “el Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano”. Al final, sólo nos quedará el amor. Y como bien dijo el teólogo von Balthasar, “sólo el amor es digno de fe”.

Rosa Ruiz rmi