Notas para fijarnos en el evangelio

* Jesús Resucitado se ha dado a conocer “cuando partía el pan” (35), según explican los dos discípulos de Emaús, que acaban de volver de aquella experiencia (Lc 24, 13-35). En las comunidades más primitivas, la expresión lucana “la fracción del pan” (cf. Hch 2, 42; 20, 7), juntamente con la de “la cena del Señor”, usada por Pablo (1Cor 11, 20), es una de las más antiguas para designar la celebración de la Eucaristía. Esta última palabra, rescatada con éxito por el Concilio Vaticano II, sólo aparece, como expresión técnica, en las cartas de Ignacio de Antioquía, ya avanzado el siglo II.

* Ahora lo vemos dándole a conocer “en medio de ellos” (36), cuando los discípulos están reunidos en su nombre (36) -cómo veíamos también el pasado domingo (Jn 20, 19. 26)-.

* Lucas se esfuerza por responder a la mentalidad que considera Jesús resucitado como un puro “espíritu” (37), un fantasma (véase también Mt 14, 26; Mc 6, 49). Por esto subraya con fuerza la experiencia que tuvieron los Apóstoles: quien se les presenta, el Resucitado, es el mismo de antes, el Crucificado (38-43). Por hacer este subrayado, utiliza todo lo que tiene a mano, a su alcance: “miradme”, “palpadme” (39), “comió” (43). Por lo tanto, Lucas no quiere explicar cómo es el cuerpo de Cristo Resucitado, sino destacar que el Resucitado es el mismo que el Crucificado.

* Lucas destaca mucho que las Escrituras ya hablaban de Jesús, de su Pasión, Muerte y Resurrección (Lc 24, 27. 32. 45-46). Con esta insistencia quiere transmitir que lo que le ha pasado a Jesús (46) no es un accidente ni un fracaso. En la Pascua de Jesús se manifiesta la opción de Dios, que ha querido hacerse hombre por vivir lo que vivimos. Y esta opción, esta voluntad, la ha llevado a término con todas las consecuencias.

* Comprender todo esto no es posible sino desde la fe, que es un don del Resucitado: “les abre el corazón…” (45). La fe en la Resurrección de Jesús es luz “para comprender las Escrituras” (45), el conjunto de la Biblia. Y, especialmente, la fe que da el Resucitado ilumina para comprender las palabras y hechos de Jesús hasta su muerte en Cruz (46).

* Jerusalén (47) es el lugar de la muerte, resurrección y glorificación de Jesús. El Antiguo Testamento lo había convertido en el punto de partida de la revelación de Dios a toda la humanidad (Is 2, 2-5). Lucas destaca que en Jesucristo esto se ha cumplido: “se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén” (47).

* La misión de los discípulos, pues, empieza en Jerusalén (47). Por el don de la fe recibida son constituidos “testigos” (48) de las palabras y acción de Jesús -ahora los han entendido (Lc 24, 31-32; 24, 45)-. Y, con su misión a “todos los pueblos”, se pondrán en continuidad con lo que las Escrituras anunciaban, actualizarán una y otra vez que Dios, en Jesucristo, ha dado “el perdón de los pecados” (47).

* Jesús Resucitado, como siempre había hecho antes, infunde “la paz” (36) y la “alegría” (41) a quienes le acogen.