Vísperas – Viernes II de Pascua

VÍSPERAS

VIERNES II DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya!

Muerte y Vida lucharon,
y la muerte fue vencida.
¡Aleluya, aleluya!

Es el grano que muere
para el triunfo de la espiga.
¡Aleluya, aleluya!

Cristo es nuestra esperanza,
nuestra paz y nuestra vida.
¡Aleluya, aleluya!

Vivamos vida nueva,
el bautismo es nuestra Pascua.
¡Aleluya, aleluya!

¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya!

SALMO 114: ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. El Señor ha salvado mi vida de los lazos del abismo. Aleluya.

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor ha salvado mi vida de los lazos del abismo. Aleluya.

SALMO 120: EL GUARDIÁN DEL PUEBLO

Ant. El Señor guarda a su pueblo como a las niñas de sus ojos. Aleluya.

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor guarda a su pueblo como a las niñas de sus ojos. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Aleluya.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Aleluya.

LECTURA: Hb 5, 8-10

Cristo, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna, proclamando por Dios sumo sacerdote, según el rito de Melquisedec.

RESPONSORIO BREVE

V/. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
R/. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

V/. Al ver al Señor.
R/. Aleluya, aleluya.

V/. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Subió al árbol santo de la cruz, destruyó el poder del abismo, se revistió de poder, resucitó al tercer día. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Subió al árbol santo de la cruz, destruyó el poder del abismo, se revistió de poder, resucitó al tercer día. Aleluya.

PRECES

Oremos a Cristo, fuente de toda vida y principio de todo bien, y digámosle confiadamente:

Instaura, Señor, tu reino en el mundo.

Jesús salvador, tú que, muerto en la carne, fuiste devuelto a la vida por el Espíritu,
— haz que nosotros, muertos al pecado, vivamos también de tu Espíritu.

Tú que enviaste a tus discípulos al mundo entero para que proclamaran el Evangelio a toda la creación,
— haz que cuantos anuncian el Evangelio a los hombres vivan de tu Espíritu.

Tú que recibiste pleno poder en el cielo y en la tierra para ser testigo de la verdad,
— guarda en tu verdad a quienes nos gobiernan.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que todo lo haces nuevo y nos mandas esperar anhelantes la llegada de tu reino,
— haz que, cuanto más esperamos el cielo nuevo y la tierra nueva que nos prometes, con tanto mayor empeño trabajemos por la edificación del mundo presente.

Unidos a Jesucristo, supliquemos ahora al Padre con la oración de los hijos de Dios:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que, para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Viernes II de Pascua

1.- Introducción.

Hoy, Señor, quiero aprender de Ti tu piedad con los que pasan hambre. No puedes pasar por las miserias y sufrimientos de los hombres sin compadecerte. Tienes un corazón bondadoso y deseas que todos tengan lo necesario para comer, para vestir, para cubrir las necesidades elementales. Dame a mí esas mismas actitudes para que sufra en carne viva los sufrimientos de mis hermanos y haga lo que esté de mi parte para remediarlos.

2.- Lectura reposada del Evangelio según san Juan 6, 1-15

Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: «¿Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?» Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco». Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?» Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente». Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda». Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente la señal que había realizado, decía: «Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo». Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Qué diferencia tan grande entre las preocupaciones de los escribas y fariseos y las de Jesús. A los fariseos les preocupa si se puede o no se puede comer en sábado; si se puede o no se puede comer sin lavarse las manos… En eso se entretienen, en eso pasan su vida. A Jesús le preocupa que la gente tenga lo necesario para comer, le preocupa que la gente sufra, que la gente no sea feliz. Y llama la atención que Jesús esté en el monte, lugar de oración, y desde esa altura contemple a la gente que no tiene para comer. Jesús, desde la plenitud del amor al Padre, ve mejor “los estómagos vacíos” de los hombres, sus hermanos. Y sólo cuando les da de comer, les habla del Pan de la Eucaristía. Podía haber hecho el milagro él solo, pero quiere hacerlo con la colaboración de los discípulos. Ellos le traen “cinco panes y dos peces”. Es verdad que el problema del hambre en el mundo nos desborda y es necesario que las naciones ricas y poderosas de la tierra se tomen en serio este gravísimo problema. Pero, mientras tanto, no podemos desentendernos. Demos lo poco que tenemos, aprendamos a compartir y Dios multiplicará nuestra generosidad. Al final del texto, también Jesús se sube al monte él solo. ¿Por qué? Porque le quieren hacer rey. Jesús huye de títulos de grandeza y de poder. ¡Bonita lección! Constantemente el Papa Francisco habla contra aquellos que buscan títulos, dignidades, privilegios, hacer carrera dentro de la Iglesia.   Nos preguntamos: Éstos, ¿qué evangelio leen? ¿En qué monte rezan?

Palabra del Papa  

El Señor tuvo compasión de la cantidad de gente que había ido a escucharlo, porque eran ovejas sin pastor, desorientadas. Y hoy mucha gente está desorientada en nuestras ciudades, en nuestros países. Por eso, Jesús les enseña la doctrina y la gente le escucha. Cuando luego se hace tarde y pide que les den de comer, sin embargo, los discípulos responden un poco nerviosos. Una vez más Dios ha llegado primero, los discípulos no habían entendido nada: Así es el amor de Dios: siempre nos espera, siempre nos sorprende. …Para ir a Dios que es amor, debemos subir por el escalón del amor al prójimo, por las obras de caridad, por las obras de misericordia, que el Señor nos ha enseñado. Que el Señor, en estos días en que la Iglesia nos hace pensar en la manifestación de Dios, nos dé la gracia de conocerle por el camino del amor (Cf Homilía de S.S. Francisco, 8 de enero de 2015, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto meditado. (Guardo silencio)

5.-Propósito. Hoy subiré a orar al Monte de Dios y bajaré para encontrarme con los hermanos que me necesitan.

 6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, hoy quiero darte gracias por el tesoro del Evangelio. En él están encerradas las más bellas enseñanzas para acertar en la vida. El evangelio nos habla del Padre, del amor, del compartir, de ser felices haciendo felices a los demás. ¿Cómo es posible que teniendo tu evangelio tan maravilloso, hayamos avanzado tan poco a la hora de ponerlo en práctica? Tal vez hemos olvidado esas palabras tuyas después del lavatorio de los pies: “Y sabiendo como sabéis estas cosas, seréis dichosos si las cumplís” (Jn. 13,17).

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Comentario – Viernes II de Pascua

(Jn 6, 1-15)

Este texto sobre la multiplicación de los panes nos muestra la verdadera voluntad de Dios: que no falte el pan para todos. Los apóstoles ofrecieron a Jesús los panes de un niño, que parecían poca cosa, pero fueron una ofrenda que le bastó a Jesús para hacer su prodigio.

Porque cada vez que nosotros nos dejamos usar por la fuerza de su amor y le ofrecemos lo poco que tenemos, hay pan para todos, y sobra. Pero cuando algunos se dejan llevar por el egoísmo, el pan se acumula en pocas manos y no hay pan para todos. Porque Dios actúa en nuestra historia a través de instrumentos humanos, y cuando esos instrumentos se resisten a cumplir su función y se encierran en la ambición y la comodidad, no se cumple la voluntad de Dios en nuestra tierra.

Hasta ese punto se ha sometido Dios a nuestra libertad, hasta el punto de aparecer impotente y débil frente a nuestros males.

Frente a la seriedad de esta verdad no podemos dejar de preguntarnos qué estamos haciendo con los dones que Dios nos ha dado, en qué gastamos nuestras energías, en qué ocupamos nuestra mente, nuestro tiempo y nuestras capacidades. Porque está en juego algo sagrado: la felicidad de los demás. Por nuestra falta de entrega alguien puede quedarse sin el pan que necesita, sin un momento de alegría, sin una palabra que lo consuele.

Pero además, estos panes son un símbolo de la Eucaristía, del pan espiritual del cual va a hablar Jesús más adelante. Y la Eucaristía siempre es pan para todos; nadie se ve privado de ella por falta de dinero; es pan sobreabundante tanto para ricos como para pobres, es pan que no hace distinción de personas.

Oración:

“Señor, que eres generoso, que regalas tus dones en abundancia, toca los corazones humanos para que el egoísmo no deje a muchos de tus pobres sin el pan que necesitan para vivir. Transforma este mundo de ambición e indiferencia de manera que haya pan para todos”.

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

Valor de la actividad humana

34. Una cosa hay cierta para los creyentes: la actividad humana individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en sí mismo, responde a la voluntad de Dios. Creado el hombre a imagen de Dios, recibió el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad, sometiendo a sí la tierra y cuanto en ella se contiene, y de orientar a Dios la propia persona y el universo entero, reconociendo a Dios como Creador de todo, de modo que con el sometimiento de todas las cosas al hombre sea admirable el nombre de Dios en el mundo.

Esta enseñanza vale igualmente para los quehaceres más ordinarios. Porque los hombres y mujeres que, mientras procuran el sustento para sí y su familia, realizan su trabajo de forma que resulte provechoso y en servicio de la sociedad, con razón pueden pensar que con su trabajo desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos y contribuyen de modo personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia.

Los cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, están, por el contrario, persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio. Cuanto más se acrecienta el poder del hombre, más amplia es su responsabilidad individual y colectiva. De donde se sigue que el mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificación del mundo si los lleva a despreocuparse del bien ajeno, sino que, al contrario, les impone como deber el hacerlo.

¿Comentamos, o callamos?

Metidos de lleno en la Pascua, incluso a los cristianos de a pie (hermanos nuestros que viven junto a nosotros, que han disfrutado de unas vacaciones con motivo de la Semana Santa) si se les preguntase –o se nos preguntase- lo qué ha ocurrido en la Pascua, tal vez nos contestarían –contestaríamos- que nada; que no saben nada, que no sabemos nada. Que han vivido al margen de las horas de pasión, muerte y resurrección de Jesús y que, por lo tanto, lo único que les ha acompañado han sido las ganas de disfrutar, de subir a la montaña, de pasear a la orilla del mar o de volar a otros continentes. ¡No comment! ¡Sin comentario!

Los de Emaús iban explicando y recordando el gran acontecimiento acaecido en Jerusalén. Algunos cristianos del siglo XXI, vamos glosando –días después- lo que nos ha sucedido al tomar el sol, al visitar monumentos y ciudades o aquellas sensaciones que nos causaron los días de asueto.

Pero, nosotros, estamos junto al altar. Somos esos privilegiados, tocados por la mano del Señor, al cual sentimos en el día a día. En el caminar de cada jornada. En la fuerza que nos otorga, cuando partiendo lo que somos y tenemos, lo brindamos al servicio de la comunidad.

3.- No podemos permanecer mudos ante tanto signo de muerte. Los amigos de Jesús, entre otras cosas, o somos testigos de su resurrección o nos quedaremos en la amarga derrota de un Jesús que, por cierto, nunca quedó en la cruz. ¿De qué sirve un pregón si no se lee con voz clara y nítida, guste o no guste?

Un riesgo que padecemos actualmente es el del síndrome de la desesperanza. ¿En qué espera el hombre de hoy? ¿En quién?

Jesús, con su muerte y resurrección, disipa toda duda. Acrecienta la fe y la esperanza del hombre. Nos hace volver de caminos equivocados y nos hace sentir el perdón, inmenso y gratuito, de Dios Padre.

Hoy se duda de todo:

–De la iglesia, porque según dicen, no es oro molido ¿Olvidamos que está formada por hombres y mujeres de carne y hueso?

–De Cristo. Nunca como hoy tanto sensacionalismo sobre su figura. ¿Por qué vende y se propaga más lo zafío, que lo científicamente probado?

–De la humanidad y hasta de la misma vida. Nunca como hoy tantos medios para vivir y, a veces, tantas ganas de evadirse de un mundo que parece roto por sus cuatro costados.

4.- Necesitamos de la Pascua para que, Jesús, ponga en paz nuestro corazón. No nos podemos dejar perturbar por las contradicciones que salen a nuestro encuentro ni, mucho menos, por las guerras que el maligno entabla en nuestro interior y exterior.

¿Por qué os alarmáis? Nos pregunta, Jesús, en este tercer domingo de la pascua. Y es que, como aquellos Apóstoles, seguimos teniendo alma divina pero corazón humano. Y, por lo tanto, se entre-cruza la fe con los interrogantes, la perfección con la limitación, la alegría con la tristeza y el deseo de seguir a Jesús con las seducciones del día a día que intentan alejarnos de El o que, por lo menos, torpedean esa paz y esa tranquilidad que quisiéramos para vivir y estar siempre con El.

Ojala, salgamos de esta gran sala de invitados, comentando la alegría que hemos tenido de compartir nuestra fe; de expresarla y escucharla; de cantarla y celebrarla en torno a Jesús Resucitado fuente de paz y de perdón.

MI ORACIÓN

VIVO ALARMADO, SEÑOR
Porque, sintiéndote vivo,
no doy muestras de que vives en mí
Cuando, celebrándote cada domingo
dejo que duermas el resto de la semana
Si, escuchándote,
pienso que es cosa de los demás, el dar testimonio de Ti.

VIVO ALARMADO, SEÑOR
Pensando que mi fe,
es para vivirla íntimamente
Porque me centro en mí
y te olvido a Ti
Si olvido y no comento
lo importante que has sido y eres en mí.

VIVO ALARMADO, SEÑOR
Confundiendo la paz
con el mirar hacia otro lado
Encaminando atajos falsos
a tus caminos ciertos
Porque no dejo que brote la alegría de mí Fe

VIVO ALARMADO, SEÑOR
Cuando siendo testigo de tu Reino
no me comprometo en su expansión
Porque, preguntándome por Ti,
afirmo no conocerte
Cuando, necesitándome,
escapo de situaciones complicadas
Por eso, Señor, porque respiro en una constante alarma:
Te pido que pongas calma en mi corazón
Certeza en mis palabras
Constancia en mis obras
Luz en mis decisiones
Fortaleza en mi testimonio de vida cristiana
Amén.

Misa del domingo: misa con niños

III Domingo de Pascua

1.- ACOGIDA

   Hermanos y hermanas:

Hoy, celebramos el domingo 3º de Pascua. Jesús Resucitado se hace presente entre los primeros discípulos y les da su paz. A ellos se les va abriendo la mente al partir el pan y al ver las llagas de sus manos. De este modo pasan a ser testigos de lo que han visto y oído. Reciben así una nueva identidad, ser creyentes, y una misión, contar y narrar sus vivencias de Jesús y su nueva presencia en medio de ellos. Esta experiencia de la Resurrección, es lo fundamental de la comunidad cristiana, y que se hace presente en la Eucaristía, escuchando su Palabra y comiendo su Pan. Ojalá que esto sea también lo que experimentamos nosotros aquí cada domingo. Y que salgamos del templo dispuestos a  compartir y testimoniar lo que aquí descubrimos.

 (Llevamos una Biblia abierta que pondremos junto al Cirio Pascual con el rótulo “Cristo VIVE, le encontramos en la Palabra de Dios”.  Se puede hacer la aspersión como purificación de nuestros pecados y recuerdo del bautismo).

En el nombre… Jesús, el Señor resucitado, está con  vosotros.

2.- PETICIONES DE PERDÓN o ASPERSIÓN

Confiando en la misericordia de nuestro Dios que se renueva cada mañana, porque su fidelidad es grande, le pedimos perdón:

  • Tú, que con tu resurrección nos llenas de alegría. Señor, ten piedad.
  • Tú, que con tu resurrección nos das tu paz. Cristo, ten piedad.
  • Tú, que con tu resurrección nos invitas a vivir de manera nueva. Señor, ten piedad.

(En vez del momento de perdón se puede realizar la aspersión):

Comencemos la celebración recordando nuestro bautismo, aquel momento en que entramos a formar parte de la comunidad de los seguidores de Jesús (Aspersión con un canto bautismal).

Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar en el banquete de su Reino. Amén.

3.- MONICIÓN A LAS LECTURAS

En la primera lectura escucharemos el testimonio de  Pedro y los apóstoles tras la Resurrección de Jesús, un acontecimiento que transformó su vida llenándoles de fe y alegría y por ello invitan a todos a unirse a la nueva comunidad. La Carta de S. Juan es una invitación a seguir a Jesús en concreto, con hechos, no sólo con buenas palabras. En el evangelio Jesús se aparece a los dos discípulos de Emaús y desde la Biblia les ilumina todos sus miedos devolviéndoles la luz; por eso cambian de ruta y desandan el camino, ahora llenos de alegría.

4.- CREDO O RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS BAUTISMALES:

  • Renunciáis al pecado para vivir verdaderamente como hijos de Dios? Sí renuncio.
  • Renunciáis a todas las obras del mal en vuestra vida. Sí renuncio.
  • Renunciáis a vivir pensando solo en vosotros mismos, olvidándoos de los demás y de Dios? Sí renuncio.
  • ¿Creéis en DIOS PADRE cuya palabra liberadora sostiene la vida de las personas y su trabajo creador. Porque Él es la Vida?  Sí Creo
  • ¿Creéis en su HIJO presente entre nosotros que caminábamos en tinieblas y nacido entre los más pobres para manifestar el amor a Dios. Porque El es el Señor?
  • ¿Creéis en el ESPÍRITU SANTO que nos ha hecho renacer a la vida de Dios y que nos llena de fuerza y valor en nuestras luchas por seguir a Jesús. Porque El es el Amor?
  • ¿Creéis en la IGLESIA, puesta al servicio de los hombres para que todos reciban la plenitud de Dios. Porque ella es mensajera de Buena Noticia?
  • ¿Creéis en la VIDA ETERNA de todos los testigos del amor de Dios en el mundo. Porque  esa es nuestra Esperanza?

Esta es nuestra fe, la fe de la Iglesia, la que se proclamó en nuestro bautismo y que ahora hemos renovado.

5.- PETICIONES

       Sintiéndonos una comunidad viva llamada a ser Casa de la Palabra de Dios, elevemos nuestra suplica al Padre diciendo: Abre nuestro corazón a tu Palabra.

  1. Pidamos por la Iglesia, encargada de anunciar la Palabra de Dios, para que con la ayuda del Espíritu Santo la proclame y difunda a todos los ambientes. Oremos.
  2. Por el Papa Francisco, para que su misión evangelizadora llegue a todos nosotros y la acojamos con fidelidad. Oremos.
  3. Por los sacerdotes y agentes de pastoral, para que el Señor les brinde fuerzas y sabiduría para difundir la Palabra de Dios. Oremos.
  4. Para que cada padre y cada madre de familia sean testimonio vivo para sus hijos en la lectura y en la práctica de la Palabra de Dios. Oremos.
  5. Por todos nosotros para que seamos, con nuestra palabra y nuestra manera de vivir, testigos de Jesús resucitado. Oremos.

     Danos, Señor, tu Espíritu para que vivamos con mucha alegría la Pascua.

 6.- OFRENDAS

-BASTÓN DE PEREGRINO: En la vida necesitamos de bastones, de apoyos en tantas personas que nos ayudan cuando flaquean nuestras fuerzas. Que descubramos a Jesús Resucitado que nos sale al encuentro para llevarnos de su mano con firmeza y por el buen camino.

-BIBLIA: Los discípulos de Emaús y a los apóstoles Jesús les abrió el entendimiento para descubrieran los acontecimientos a la luz de la Palabra de Dios. Acudamos también nosotros a ella para que ilumine nuestra vida y así salir a anunciarle.

-PAN Y EL VINO: Al presentar el pan y el vino recordamos aquellas palabras del evangelio: “le reconocieron al partir el pan”. Que el compartir solidario y la vivencia de su Palabra, ayude a los que nos vean a descubrir que Jesús está presente en nuestras vidas.

7.- SUGERENCIAS

-Se podrían preparar unas estampas con el Credo. En algún momento de la celebración los niños se pondrán en torno al altar, se les da una estampa a cada uno y rezamos juntos el Credo. Alguien puede leer: “Vamos a proclamar que creemos en Jesús resucitado. Cada vez que rezamos el Credo acordémonos que hemos de ser testigos de Jesús resucitado y hemos de serlo haciendo el bien a todos como lo hizo Jesús y como lo han hecho y lo hacen muchísimas personas en el mundo”.

-También se podrían poner en las escaleras del presbiterio con telas varias biblias abiertas y con velas encendidas recordándonos la presencia del Resucitado en su Palabra: “Cristo VIVE, le encontramos en la Palabra de Dios”.

-Se podría enfocar la homilía por somos testigos de Jesús. Los discípulos salen a la calle a contar a todos que Jesús ha resucitado. Un testigo es el que dice que una cosa es verdad porque él la ha visto y oído y él estaba allí. No es fácil ser testigos de Jesús porque los testigos de Jesús viven, actúan, piensan, sienten y quieren a todos siempre como Jesús.

Les abriste el entendimiento

Abre nuestro entendimiento, Señor,
para comprender lo que la vida nos vaya trayendo,
para entender al hermano,
para buscar soluciones justas para todos,
para que inventemos un tierra nueva,
para que sigamos tus caminos.

Abre nuestro entendimiento al quejido del hermano,
al reparto injusto de los bienes,
a las diferencias que dejamos que nos alejen,
a las coincidencias que nos unan y potencien,
al dolor y soledad de tanta gente
que vive a nuestro lado y no oímos.

Abre nuestro entendimiento a la misericordia,
que es la solución a nuestros desencuentros,
que puede ayudarnos a perdonar y perdonarnos,
que nos ablandará el corazón de piedra,
que nos sintonizará con los que sufren,
que nos llenará de paz, sosiego y armonía.

Abre nuestro entendimiento al diferente,
al que políticamente es opuesto a nosotros,
al que sigue otra religión y le pone otro nombre,
al que tiene otras costumbres y otra cultura,
al que viene de otra tierra y otra forma de vida
al que tenemos al lado y no comprendemos ni aceptamos.

Abre nuestro entendimiento a tu palabra,
para que sea el alimento de nuestro corazón,
para que nos contagie tu manera de amar,
para que nos purifique de teorías y normas,
para que llene de contenido nuestros ritos
y para que sigamos tu camino de verdad y de vida.

Mari Patxi Ayerra

Comentario al evangelio – Viernes II de Pascua

Si sólo leyéramos pasajes del evangelio como la multiplicación de los panes y los peces, sería fácilmente entendible que Jesús fuera recibido en Jerusalén con hosannas y al grito de “Viva nuestro Rey”. ¿Quién no quiere apuntarse al séquito de alguien que nos da de comer y beber sin medida y con quien no pasaremos necesidad alguna? El problema fue, ya sabemos, que la concepción del éxito que tenía Jesús pareció distanciarse bastante de la del pueblo, hasta el punto de morir ajusticiado como un malhechor en la cruz.

Por eso sorprende más el contraste con la prudente equidistancia de Gamaliel. En muchas ocasiones quisiéramos tener cerca una mente tan práctica como la suya: sin tomar opción, sin dar su opinión, sin comprometerse con ninguna de las posiciones… Simplemente dejar que las cosas sigan su curso y con el tiempo, se verá si eran de Dios o no por los éxitos que cosechen. Gamaliel es esa prudencia muy útil para evitar conflictos pero no para resolverlos.

Aquí, en España, se utiliza una expresión que creo está bastante cercana a la estrategia de Gamaliel: la de don Tancredo. Parece que fue un personaje taurino popular allá por los inicios del siglo XX. Su modo de hacer frente al toro bravo era esperar impasible sobre un pedestal a que saliera el astado embravecido a la plaza. Y así, impávido don Tancredo en el centro del ruedo, casi siempre maquillado y con ropas cómicas, conseguía salvar la vida y acabó siendo famoso. Ciertamente, evitó el conflicto, pero no se puede decir que toreara ni mucho menos que hiciera alguna aportación al arte taurino.

Los que seguimos al Maestro, al Cristo, al que multiplicaba los panes y los peces pero rehuía ser proclamado rey por la gente y acabó muriendo en cruz, no sé si podemos permitirnos tal prudencia: ni la de Gamaliel ni la de don Tancredo. Lo nuestro creo que está más llamado a vivir con tal pasión y entrega que sean menos los aplausos y los hosannas y más la inevitable soledad al retirarnos como Jesús cuando nos aclamen por darles de comer. Que el Resucitado nos ayude.

Rosa Ruiz rmi