¿Comentamos, o callamos?

Metidos de lleno en la Pascua, incluso a los cristianos de a pie (hermanos nuestros que viven junto a nosotros, que han disfrutado de unas vacaciones con motivo de la Semana Santa) si se les preguntase –o se nos preguntase- lo qué ha ocurrido en la Pascua, tal vez nos contestarían –contestaríamos- que nada; que no saben nada, que no sabemos nada. Que han vivido al margen de las horas de pasión, muerte y resurrección de Jesús y que, por lo tanto, lo único que les ha acompañado han sido las ganas de disfrutar, de subir a la montaña, de pasear a la orilla del mar o de volar a otros continentes. ¡No comment! ¡Sin comentario!

Los de Emaús iban explicando y recordando el gran acontecimiento acaecido en Jerusalén. Algunos cristianos del siglo XXI, vamos glosando –días después- lo que nos ha sucedido al tomar el sol, al visitar monumentos y ciudades o aquellas sensaciones que nos causaron los días de asueto.

Pero, nosotros, estamos junto al altar. Somos esos privilegiados, tocados por la mano del Señor, al cual sentimos en el día a día. En el caminar de cada jornada. En la fuerza que nos otorga, cuando partiendo lo que somos y tenemos, lo brindamos al servicio de la comunidad.

3.- No podemos permanecer mudos ante tanto signo de muerte. Los amigos de Jesús, entre otras cosas, o somos testigos de su resurrección o nos quedaremos en la amarga derrota de un Jesús que, por cierto, nunca quedó en la cruz. ¿De qué sirve un pregón si no se lee con voz clara y nítida, guste o no guste?

Un riesgo que padecemos actualmente es el del síndrome de la desesperanza. ¿En qué espera el hombre de hoy? ¿En quién?

Jesús, con su muerte y resurrección, disipa toda duda. Acrecienta la fe y la esperanza del hombre. Nos hace volver de caminos equivocados y nos hace sentir el perdón, inmenso y gratuito, de Dios Padre.

Hoy se duda de todo:

–De la iglesia, porque según dicen, no es oro molido ¿Olvidamos que está formada por hombres y mujeres de carne y hueso?

–De Cristo. Nunca como hoy tanto sensacionalismo sobre su figura. ¿Por qué vende y se propaga más lo zafío, que lo científicamente probado?

–De la humanidad y hasta de la misma vida. Nunca como hoy tantos medios para vivir y, a veces, tantas ganas de evadirse de un mundo que parece roto por sus cuatro costados.

4.- Necesitamos de la Pascua para que, Jesús, ponga en paz nuestro corazón. No nos podemos dejar perturbar por las contradicciones que salen a nuestro encuentro ni, mucho menos, por las guerras que el maligno entabla en nuestro interior y exterior.

¿Por qué os alarmáis? Nos pregunta, Jesús, en este tercer domingo de la pascua. Y es que, como aquellos Apóstoles, seguimos teniendo alma divina pero corazón humano. Y, por lo tanto, se entre-cruza la fe con los interrogantes, la perfección con la limitación, la alegría con la tristeza y el deseo de seguir a Jesús con las seducciones del día a día que intentan alejarnos de El o que, por lo menos, torpedean esa paz y esa tranquilidad que quisiéramos para vivir y estar siempre con El.

Ojala, salgamos de esta gran sala de invitados, comentando la alegría que hemos tenido de compartir nuestra fe; de expresarla y escucharla; de cantarla y celebrarla en torno a Jesús Resucitado fuente de paz y de perdón.

MI ORACIÓN

VIVO ALARMADO, SEÑOR
Porque, sintiéndote vivo,
no doy muestras de que vives en mí
Cuando, celebrándote cada domingo
dejo que duermas el resto de la semana
Si, escuchándote,
pienso que es cosa de los demás, el dar testimonio de Ti.

VIVO ALARMADO, SEÑOR
Pensando que mi fe,
es para vivirla íntimamente
Porque me centro en mí
y te olvido a Ti
Si olvido y no comento
lo importante que has sido y eres en mí.

VIVO ALARMADO, SEÑOR
Confundiendo la paz
con el mirar hacia otro lado
Encaminando atajos falsos
a tus caminos ciertos
Porque no dejo que brote la alegría de mí Fe

VIVO ALARMADO, SEÑOR
Cuando siendo testigo de tu Reino
no me comprometo en su expansión
Porque, preguntándome por Ti,
afirmo no conocerte
Cuando, necesitándome,
escapo de situaciones complicadas
Por eso, Señor, porque respiro en una constante alarma:
Te pido que pongas calma en mi corazón
Certeza en mis palabras
Constancia en mis obras
Luz en mis decisiones
Fortaleza en mi testimonio de vida cristiana
Amén.