Comentario al evangelio – Sábado II de Pascua

“Es Él, no temamos”. Así nos habla el evangelio de hoy y tantas otras veces que se pone esta petición en labios de Jesús: “soy Yo, no tengáis miedo”. Vivir en medio de tormentas y con más noche que día es algo por lo que todos pasamos. Forma parte de la vida. Los discípulos de Jesús lo vivieron con Él en persona: ir en una pequeña barca por la noche, que el lago se encrespe y se ponga a soplar el viento fuerte, no es una situación agradable. Los discípulos sintieron miedo; supongo que se sintieron solos, desprotegidos. Porque Jesús no estaba.

Tanto miedo tenían que no le reconocieron cuando se acercó y, ciertamente, ¿quién no lo haría si ve acercarse una figura humana caminando sobre el lago?

Cada uno sabemos de nuestros propios miedos. Las primeras comunidades enseguida lo experimentaron también: los griegos se incomodaban por unas cosas, los de origen hebreo por otras… Estaban empezando y ya se generaban tensiones. La respuesta fue establecer una nueva estructura o al menos fue una decisión que dio lugar a un nuevo estamento, el de los diáconos. Quizá las cosas serían distintas si hubieran entrado a dialogar el problema de fondo, el malestar entre los de un lado y los de otro, en lugar de establecer nuevas normas. O quizá las cosas hubieran sido muy distintas si no se les hubiera ocurrido separar el servicio por un lado y la oración y el servicio a la Palabra, por otro. ¡Quién sabe!

En todo caso, en cada momento, reaccionamos a los peligros, inseguridades y temores, como mejor podemos hacerlo en ese momento. A veces nos equivocaremos, otras no tanto. Lo importante será que siga creciendo la vida y la presencia del Resucitado por todo el mundo. Y aún más otra cosa: que nunca olvidemos que el único que realmente puede quitarnos el miedo y dar seguridad a nuestra vida y nuestra Iglesia es Él (Yo Soy). Las estructuras, grupos, nombramientos y planes que hagamos, si son buenos, sólo serán secundarios.

Rosa Ruiz rmi

Meditación – Sábado II de Pascua

Hoy es sábado II de Pascua.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 6, 16-21):

Al atardecer, los discípulos de Jesús bajaron a la orilla del mar, y subiendo a una barca, se dirigían al otro lado del mar, a Cafarnaúm. Había ya oscurecido, y Jesús todavía no había venido donde ellos; soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a encresparse. Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Pero Él les dijo: «Soy yo. No temáis». Quisieron recogerle en la barca, pero en seguida la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.

Hoy, Jesús nos desconcierta. Estábamos acostumbrados a un Redentor que, presto para atender todo tipo de indigencia humana, no dudaba en recorrer a su poder divino. De hecho, la acción transcurre justo después de la multiplicación de los panes y peces a favor de la multitud hambrienta. Ahora, en cambio, nos desconcierta un milagro —el hecho de andar sobre las aguas— que parece, a primera vista, una acción de cara a la galería. ¡Pero no!, Jesús ya había descartado el uso de su poder divino para buscar el lucimiento o el provecho personal cuando al inicio de su misión rechazó las tentaciones del Maligno.

Al andar sobre las aguas, Jesucristo está mostrando su señorío sobre las cosas creadas. Pero también podemos ver una escenificación de su dominio sobre el Maligno, representado por un mar embravecido en la oscuridad.

«No temáis» (Jn 6,20), les decía Jesús en aquella ocasión. «Confiad, yo he vencido al mundo» (Jn 16,33), les dirá después en el Cenáculo. Finalmente, es Jesús quien dice a las mujeres en la mañana de Pascua, después de levantarse del sepulcro: «No tengáis miedo». Nosotros, por el testimonio de los Apóstoles, sabemos de su victoria sobre los enemigos del hombre, el pecado y la muerte. Por esto, hoy, sus palabras resuenan en nuestro corazón con una fuerza especial, porque son las palabras de Alguien que está vivo.

Las mismas palabras que Jesús dirigía a Pedro y a los Apóstoles las repetía San Juan Pablo II, sucesor de Pedro, al inicio de su pontificado: «No tengáis miedo». Era una llamada a abrir el corazón, la propia existencia al Redentor para que con Él no temamos ante los embates de los enemigos de Cristo.

Ante la personal fragilidad para llevar a buen puerto las misiones que el Señor nos pide (una vocación, un proyecto apostólico, un servicio…), nos consuela saber que María también —criatura como nosotros— oyó las mismas palabras de parte del ángel antes de afrontar la misión que el Señor le tenía encomendada. Aprendamos de ella a acoger la invitación de Jesús cada día, en cada circunstancia.

Rev. D. Vicenç GUINOT i Gómez

Liturgia – Sábado II de Pascua

SÁBADO II DE PASCUA

Misa del sábadO (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio Pascual.

Leccionario: Vol. II

  • Hch 6, 1-7. Eligieron a siete hombres llenos del Espíritu Santo.
  • Sal 32. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
  • Jn 6, 16-21. Vieron a Jesús caminando sobre el mar.

Antífona de entrada           Cf. 1 Pe 2, 9
Pueblo adquirido por Dios, anunciad las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa. Aleluya.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, sabiéndonos pueblo adquirido por Dios, llamado a anunciar las proezas del que nos llamó de las tinieblas a su luz maravillosa, reconozcamos que estamos necesitados de la misericordia del Padre para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.

• Tú, que has destruido el pecado y la muerte con tu resurrección. Señor, ten piedad.
• Tú, que has renovado la creación entera con tu resurrección. Cristo, ten piedad.
• Tú, que das la alegría a los vivos y la vida a los muertos con tu resurrección. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios,
que, por los misterios pascuales,
has querido abrir a tus fieles la puerta de la misericordia,
míranos y ten piedad de nosotros,
para que no nos desviemos nunca del sendero de la vida
los que, con tu benevolencia,
seguimos el camino de tu voluntad.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos hermanos, al Padre, que ha manifestado su amor al mundo dándonos a su propio Hijo.

1.- Para que la Virgen, madre de la Iglesia, la ayude a conservarse en la paz y en el amor, y sea congregada en la unidad. Roguemos al Señor.

2.- Para que los gobernantes y todos los políticos ejerzan su función con honradez y con espíritu de servicio. Roguemos al Señor.

3.- Por los que han abandonado la fe, por los que aún no conocen a Cristo, por todos los hombres de buena voluntad. Roguemos al Señor.

4.- Para que todos nosotros mantengamos el amor que Dios ha derramado en nuestros corazones, y así descubramos su presencia a los hombres. Roguemos al Señor.

Dios nuestro, Padre de todos los hombres, derrama sobre nosotros la fuerza de tu Espíritu para que seamos ante el mundo testigos de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
TE pedimos, Señor,
que, en tu bondad, santifiques estos dones,
aceptes la ofrenda de este sacrificio espiritual
y nos transformes en oblación perenne.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio Pascual

Antífona de comunión          Jn 17, 24
Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste. Aleluya.

Oración después de la comunión
SEÑOR, después de recibir el don sagrado del sacramento,
te pedimos humildemente
que nos haga crecer en el amor
lo que tu Hijo nos mandó realizar
en memoria suya.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre el pueblo
CONCEDE, Señor,

que tus fieles, por la fuerza de tu bendición,
se dispongan interiormente al bien,
para que realicen todas sus obras
fortalecidos y movidos por tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 17 de abril

SAN ANICETO, Papa y mártir (c. 165 d.C)

San Aniceto ascendió a la Cátedra de San Pedro hacia el fin del reinado del emperador Antonino Pío. El Martirologio Romano y otros le ponen en el número de los mártires. En realidad no murió en defensa de la fe católica, pero merece el título de mártir por las pruebas que debió sufrir. Parece que combatió especialmente los errores de Valentino y Marción y luchó por evitar que la herejía contaminase a su grey. Durante el pontificado de San Aniceto, San Policarpo, el famoso obispo de Esmirna, fue a Roma a tratar la cuestión de la fecha de la celebración de la Pascua. Los dos santos no pudieron llegar a un acuerdo; pero, como dice Eusebio, “no se rompieron los lazos de la caridad”. Según la tradición, San Aniceto era originario de Siria.

Ver Acta Sanctorum, abril, vol. II, y el Liber Pontificalis con la introducción y las notas de Mons. Duchesne.

 

Alban Butler

Laudes – Sábado II de Pascua

LAUDES

SÁBADO II DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en sus presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Somos el pueblo de la Pascua,
Aleluya es nuestra canción,
Cristo nos trae la alegría;
levantemos el corazón.

El Señor ha vencido al mundo,
muerto en la cruz por nuestro amor,
resucitado de la muerte
y de la muerte vencedor.

Él ha venido a hacernos libres
con libertad de hijos de Dios,
él desata nuestras cadenas;
alegrados en el Señor.

Sin conocerle, muchos siguen
rutas de desesperación,
no han escuchado la noticia
de Jesucristo Redentor.

Misioneros de la alegría,
de la esperanza y del amor,
mensajeros del Evangelio,
somos testigos del Señor.

Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo Salvador,
gloria al Espíritu divino:
tres Personas y un solo Dios. Amén.

SALMO 91: ALABANZA DEL DIOS CREADOR

Ant. Tus acciones, Señor, son mi alegría, y mi júbilo, las obras de tus manos. Aleluya.

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes,
sobre arpegios de cítaras.

Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.

Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con aceite nuevo.
Mis ojos despreciarán a mis enemigos,
mis oídos escucharán su derrota.

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios;

en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tus acciones, Señor, son mi alegría, y mi júbilo, las obras de tus manos. Aleluya.

CÁNTICO del DEUTERONOMIO: BENEFICIOS DE DIOS PARA CON SU PUEBLO

Ant. Yo doy la muerte y la vida, yo desgarro y yo curo. Aleluya.

Escuchad, cielos, y hablaré;
oye, tierra, los dichos de mi boca;
descienda como lluvia mi doctrina,
destilo como rocío mi palabra;
como llovizna sobre la hierba,
como orvallo sobre el césped.

Voy a proclamar el nombre del Señor:
dad gloria a Dios nuestro.
Él es la Roca, sus obras son perfectas,
sus caminos son justos,
es un Dios fiel, sin maldad;
es justo y recto.

Hijos degenerados, se portaron mal con él,
generación malvada y pervertida.
¿Así le pagas al Señor,
pueblo necio e insensato?
¿No es él tu padre y tu creador,
el que te hizo y te constituyó?

Acuérdate de los días remotos,
considera las edades pretéritas,
pregunta a tu padre, y te lo contará,
a tus ancianos, y te lo dirán:

Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad
y distribuía a los hijos de Adán,
trazando las fronteras de las naciones,
según el número de los hijos de Dios,
la porción del Señor fue su pueblo,
Jacob fue el lote de su heredad.

Lo encontró en una tierra desierta,
en una soledad poblada de aullidos:
lo rodeó cuidando de él,
lo guardó como a las niñas de sus ojos.

Como el águila incita a su nidada,
revolando sobre los polluelos,
así extendió sus alas, los tomó
y los llevó sobre sus plumas.

El Señor solo los condujo,
no hubo dioses extraños con él.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Yo doy la muerte y la vida, yo desgarro y yo curo. Aleluya.

SALMO 8: MAJESTAD DEL SEÑOR Y DIGNIDAD DEL HOMBRE

Ant. Coronaste de gloria y dignidad a tu Cristo. Aleluya.

Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:

rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.

Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Coronaste de gloria y dignidad a tu Cristo. Aleluya.

LECTURA: Rm 14, 7-9

Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R/ El que por nosotros colgó del madero.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Paz a vosotros, soy yo, aleluya, no temáis. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Paz a vosotros, soy yo, aleluya, no temáis. Aleluya.

PRECES

Oremos a Cristo, que nos ha manifestado la vida eterna, y digámosle confiados:

Que tu resurrección, Señor, nos haga crecer en gracia.

Pastor eterno, contempla con amor a tu pueblo que se levanta ahora del descanso,
— y aliméntalo durante este día con el pan de tu palabra y tu eucaristía.

No permitas que el lobo o el pastor asalariado hagan estrago en nosotros,
— sino haznos escuchar siempre tu voz de buen pastor.

Tú que cooperas siempre con los pregoneros de tu Evangelio y confirmas su palabra con tu gracia,
— haz que durante este día proclamemos tu resurrección con nuestras palabras y con nuestra vida.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Sé tú mismo, Señor, nuestra alegría, la que nadie puede quitarnos,
— y haz, que alejados de toda tristeza, fruto del pecado, tengamos hambre de poseer tu vida eterna.

Con la misma confianza que tienen los hijos con sus padres, acudamos nosotros a nuestro Dios, diciéndole:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.