Comentario al evangelio – Lunes III de Pascua

A veces, al escuchar la Palabra de Dios, una pequeña frase se queda resonando con fuerza en el corazón. Es bueno abandonarse en ella, dejar que resuene, como una campana en lo profundo del valle de tu vida… Los discípulos le habían preguntado, después de tantas cosas vividas junto al Maestro: “¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?”. En medio de tantas cosas que vamos viviendo, nuestra intención es hacer lo que Dios quiere de nosotros, cumplir su Voluntad, hacer su obra. Por ello le preguntamos también al Señor: ¿qué tenemos que hacer? Pero no es fácil discernir, no es fácil saber cuál sea su Voluntad.

En aquella ocasión, la respuesta de Jesús fue sorprendente. Y lo es también para nosotros. “La obra de Dios es que creáis en el que Él ha enviado”. Lo que Dios quiere es que creamos en Jesucristo. Y ya está. ¿Da lo mismo lo que hagamos con tal de que creamos en Él?

En realidad, no da lo mismo, claro. Pero es que si crees de verdad en Él no va a darte lo mismo hacer o no hacer unas cosas u otras, y no las vas a hacer del mismo modo, ni con las mismas actitudes. La decisión de qué hacer, qué vivir, a qué dedicarte, cómo y con quién hacerlo, sigue siendo de cada cual. La fe no nos quita la libertad de decidir nuestra propia vida, no nos deshumaniza. Todo lo contrario. La fe en Cristo Jesús nos hace plenamente libres. El que cree en él pasa a ser una criatura nueva, renace a la verdadera libertad. En tus manos sigue estando tu propia vida. Pero, hagas lo que hagas, si realmente crees en Él, lo harás de un modo nuevo: amando, olvidado de ti, entregado al servicio de los que más sufren, con una esperanza inquebrantable, sembrando alegría, consuelo, justicia, paz a tu alrededor, construyendo fraternidad…

La obra de Dios es que creamos en su Hijo porque unidos a él construimos comunidad y nueva humanidad, Reino de Dios.

Haz, pues, tu obra en nosotros; alimenta nuestra fe, Señor, para que creyendo de verdad en ti vivamos como Dios quiere de nosotros.

Amen

Javier Goñi