Comentario – Lunes III de Pascua

(Jn 6, 22-29)

Aquí comienzan los discursos de Jesús sobre el tema del pan, para dar un mensaje más profundo. Y para llevar a la gente a otro nivel les dice: “Ustedes me buscan porque han comido los panes y se han saciado. No trabajen sólo por el alimento que se acaba, sino por el sustento que dura y da vida eterna”.

Jesús muestra así nuestra crasa realidad: somos necesitados, y buscamos permanentemente saciar nuestras necesidades, nuestros deseos, nuestras carencias.

Esos hombres que buscaban a Cristo todavía no se habían dejado cautivar por su enseñanza; simplemente habían descubierto que Jesús se preocupaba sinceramente por ellos, los cuidaba y no les dejaba pasar necesidad, se compadecía realmente de sus angustias.

Y Jesús no desprecia esa confianza simple, aprovecha la ocasión para invitar a esos hombres agradecidos a pasar a un nivel más profundo. Hay otro pan, hay otro alimento, porque también hay otro hambre en el corazón humano, hay otra insatisfacción más honda que busca ser colmada.

Y si bien hay que trabajar para ganarse el pan, para alcanzar este alimento no es necesario otro trabajo más que creer, abrir el corazón: “La obra del Padre es que ustedes crean”.

Todos, con el paso del tiempo, podemos ir encerrándonos en nuestras necesidades, y buscar a Dios sólo en la medida en que él pueda resolver nuestras carencias interiores. Así Dios se convierte en un objeto más de consumo. Él comprende esa debilidad nuestra, pero quiere más de nosotros, quiere más para nuestra vida. Quiere alimentar nuestros corazones con su Palabra que nos invita a la intimidad con él, a su paz, al amor fraterno, al servicio, a la generosidad, a la libertad interior.

Oración:

“Señor, no dejes que me olvide de esas necesidades más profundas que sólo con la fe puedo saciar No permitas que las angustias de cada día y las cosas urgentes me lleven a olvidar las cosas más importantes que sólo tú puedes dar”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día