Lectio Divina – Lunes III de Pascua

1.-Oración introductoria.

Señor, hoy mi oración va a deslizarse por un nuevo camino. No voy a pedirte cosas: salud, bienestar, bienes de aquí abajo. Voy a despojar mi alma de todo egoísmo, de todo interés material. Quiero buscarte a Ti por el gozo de buscarte  y, una vez encontrado, te quiero seguir buscando. Sé que todo lo que encuentro contigo sólo puede ser una meta parcial para seguir buscándote. Tú siempre serás para nosotros “un Dios escondido”.

2.- Lectura reposada del Evangelio. Juan 6, 22-29

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?» Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello». Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado».

3.- Qué dice la Palabra de Dios.

Meditación-reflexión

Hoy las palabras de tu evangelio son un “aviso para caminantes”. El evangelio nos invita a revisar nuestra religiosidad. Hay un proverbio que dice: “cuando el sabio señala la luna con el dedo, sólo el necio se queda mirando el dedo”. Aquellos que habían llenado sus estómagos con el pan de la multiplicación,  buscaban a Jesús para seguir llenando sus estómagos sin trabajar. Esos son los que le querían hacer rey. ¿Un rey de holgazanes? ¿Un rey que les liberara del trabajo y del esfuerzo? ¿Ese era el Mesías que esperaban? Jesús les recrimina su comportamiento tan rastrero y les ofrece un alimento espiritual, el alimento de la fe.

Es verdad que somos “buscadores de Dios”. Pero, ¿a qué Dios buscamos? ¿Un Dios hecho a nuestra medida? ¿Un Dios tapa-agujeros? ¿O ese Dios Inmenso, Trascendente, que siempre va por delante de nosotros, y nunca lo podemos alcanzar? Ese es el Dios-Misterio  al que buscaban los místicos. ¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? … “Salí tras Ti clamando y ya eras ido” (San Juan de la Cruz).

Palabra Papa

“El buscar y encontrar a Dios en todas las cosas deja siempre un margen de incertidumbre. Si una persona dice que ha encontrado a Dios con certeza total y ni le roza un margen de incertidumbre, algo no va bien. Esto es una clave importante, que si uno tiene respuestas a todas las preguntas, estamos ante una prueba de que Dios no está con él. Recordemos a los grandes guías del pueblo de Dios, como Moisés, que siempre han dado espacio a la duda. Les invito a ser humildes, tenemos que hacer espacio al Señor, no a nuestras certezas. Recomiendo buscar a Dios para hallarlo, y hallarlo para buscarle siempre. Es la experiencia de los grandes Padres de la fe. Les invito a releer el capítulo 11 de la Carta a los Hebreos. Abrahán, por la fe, partió sin saber a dónde iba. Todos nuestros antepasados en la fe murieron teniendo ante los ojos los bienes prometidos, pero muy a lo lejos… No se nos ha entregado la vida como un guion en el que ya todo está escrito, sino que consiste en andar, caminar, hacer, buscar, ver… Hay que embarcarse en la aventura de la búsqueda del encuentro y del dejarse buscar y dejarse encontrar por Dios”. (Cf Comentario de S.S. Francisco, en entrevista de Antonio Spadaro, el 27 de septiembre de 2013).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Me comprometo a llevar a cabo hoy un acto totalmente desinteresado.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Hoy, Señor, quiero darte gracias “con todo mi corazón”, porque me has enseñado a orar a fondo perdido, sin esperar nada de Ti sino el gozo de encontrarte. Quiero decirte: Señor, en este momento,  sólo me interesas Tú. Me interesa tu alabanza, tu reconocimiento, tu voluntad, tu proyecto personal sobre mí. Tú sabes mejor que yo lo que necesito, lo que a mí me va a hacer feliz. Me fío plenamente de Ti.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén