Comentario al evangelio – Martes III de Pascua

Escuchamos hoy, por un lado, el relato del primer martirio por la fe en Jesucristo, el de Esteban; y, en el Evangelio, el inicio del discurso del Pan de Vida. Ambos textos se introducían ayer. A propósito de la multiplicación de los panes, Jesús les hacía ver que hay otro alimento, el verdadero Pan de Vida; en el Evangelio de hoy, aprovechando la petición de un signo como el del pan llovido del cielo en el desierto, Jesús empieza a explicarles que Él es, en persona, el verdadero Pan del Cielo, el que da la Vida eterna, el que el Padre ha regalado a la humanidad para que tengamos la verdadera Vida.

Nuestra vida en este mundo es limitada, efímera, sometida al mal, al pecado, a la muerte. Y no podemos por nosotros mismos salvarnos. Sin embargo, por puro amor Dios Padre ha querido enviarnos a su Hijo para darnos Vida nueva. Por la Encarnación, Jesús es uno de nosotros, con todas las consecuencias: el Hijo de Dios hace suya la pequeñez, limitación y temporalidad de nuestra vida. Por amor, acabará entregando su vida a la muerte en una Cruz; muerte de la que Dios mismo le levantará, Resucitado. Jesús, Hijo de Dios, muerto por nosotros, ha resucitado, y así nos ofrece la Vida Nueva, Resucitada. Quien quiera aceptarla, quien quiera comer de ese Pan de Vida que el Señor es, tendrá en sí Vida Nueva…

Acoger al Señor en el corazón, confiar en Él, comenzar a vivir desde Él, escuchándole y viviendo conforme nos enseñó, construir así Mundo Nuevo, el Reino de Dios, … Nada de ello es posible si no nos alimentamos de esa Vida Nueva que Él nos regala, del Pan de Vida que es Él mismo, en persona. Y por eso, no hay Sacramento más significativo que la Eucaristía.

San Esteban, como aquellos primeros cristianos, dejaron que el Espíritu de Jesús les cambiara el corazón y la vida. Alimentados así con el Pan de la Vida Nueva, comenzaron a amar y a servir anunciando la Buena Nueva de la Resurrección del Señor, sin que nada ni nadie les detuviera. Incluso hasta dar la vida por Él.

“Danos siempre de este Pan, Señor”.

Javier Goñi