Comentario – Martes III de Pascua

(Jn 6, 30-35)

Jesús aquí aparece como un nuevo Moisés, porque alimenta al pueblo con la palabra y con el pan. De hecho, los judíos esperaban que llegara un nuevo Moisés, un profeta grande como Moisés, y luego del milagro de la multiplicación de los panes la gente decía: “Este es el profeta que debía venir al mundo” (6, 14).

Pero Jesús quiere aclarar que se trata de algo muy diferente a Moisés. Primero muestra que no había sido Moisés, sino Dios el que los había alimentado en el desierto. Y además, el maná no era un verdadero pan celestial, sino una realidad terrena.

Dios quiere dar ahora un pan verdaderamente celestial que da vida. Y ante la súplica espontánea de la gente que reclama ese pan de vida celestial Jesús responde: “Yo soy el pan de la vida”.

En Jesús mismo, en su persona, se recibe el alimento de vida celestial. El que recibe ese alimento ya nunca sufrirá de hambre y de sed; es decir, sus necesidades más profundas estarán siempre satisfechas, y en la persona de Jesús encontrará siempre la respuesta a sus insatisfacciones más hondas, sin temor a que se desgaste o se acabe. Muchas cosas se desgastan con el paso del tiempo, porque descubrimos sus imperfecciones y sus límites, pero la presencia de Jesús y su amistad nunca pueden desgastarse, porque él es fuente inagotable de vida y de novedad, a él no podemos encasillarlo ni abarcarlo, él siempre es más, siempre nos invita a más, siempre nos ofrece más.

Por eso, no se trata de escuchar su Palabra para instruirnos, para aprender “religión”, para entender nuestra fe. Su Palabra es alimento para toda nuestra vida, es alimento para nuestra capacidad de amar, es alimento para nuestra hambre de paz y de justicia, es alimento para nuestros sueños más genuinos y bellos, es alimento para seguir caminando por los senderos del bien.

Oración:

“Señor, no dejes que me olvide de esas necesidades más profundas que sólo con la fe puedo saciar No permitas que las angustias de cada día y las cosas urgentes me lleven a olvidar las cosas más importantes que sólo tú puedes dar”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día