Vísperas – Miércoles III de Pascua

VÍSPERAS

MIÉRCOLES III DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¿Qué ves en la noche,
dinos, centinela?

Dios como un almendro
con la flor despierta;
Dios que nunca duerme
busca quien no duerma,
y entre las diez vírgenes
sólo hay cinco en vela.

Gallos vigilantes
que la noche alertan.
Quien negó tres veces
otras tres confiesa,
y pregona el llanto
lo que el miedo niega.

Muerto le bajaban
a la tumba nueva.
Nunca tan adentro
tuvo al sol la tierra.
Daba el monte gritos,
piedra contra piedra.

Vi los cielos nuevos
y la tierra nueva.
Cristo entre los vivos
y la muerte muerta.
Dios en las criaturas,
¡y eran todas buenas! Amén.

SALMO 125: DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA

Ant. Vuestra tristeza se convertirá en alegría. Aleluya.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vuestra tristeza se convertirá en alegría. Aleluya.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. En la vida y en la muerte somos del Señor. Aleluya.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En la vida y en la muerte somos del Señor. Aleluya.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Aleluya.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Aleluya.

LECTURA: Heb 7, 24-27

Jesús, como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa. De ahí que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder en su favor. Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, inocente, sin mancha, separado e los pecadores y encumbrado sobre el cielo. Él no necesita ofrecer sacrificios cada día —como los sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo—, porque lo hizo de una vez siempre, ofreciéndose a sí mismo.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

R/ Al ver al Señor.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

PRECES

Oremos a Cristo, que resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre, y digámosle:

Oh Cristo, siempre vivo para interceder por los hombres, escucha nuestra oración.

Acuérdate, señor, de los que se han consagrado al ministerio pastoral;
— que sean para tu pueblo ejemplo de santidad.

Concede, Señor, el espíritu de justicia y de paz a los que gobiernan las naciones
— y haz que trabajen para que todos podamos vivir según tu ley.

Concede la paz a nuestros días
— y multiplica los bienes de la tierra, para que los pobres puedan gozar de las riquezas de tu bondad.

Acuérdate, Señor, de los huérfanos, de las viudas, de los esposos que viven separados y de todos nuestros hermanos abandonados,
— y no permitas que vivan en la soledad, ya que fueron reconciliados por la muerte de tu Hijo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Oh Cristo, que con tu triunfo has iluminado el mundo entero y has llamado a la vida a toda la creación, que estaba sometida a la frustración,
— concede la luz eterna a nuestros hermanos difuntos.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Atiende, señor, a tu familia y ayúdala como conviene, y concede participar en la resurrección de tu Unigénito a quienes has dado la gracia de la fe. Él que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

 

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles III de Pascua

1.- Oración introductoria.

Señor, yo vengo a la oración “con hambre”. No con hambre material ya que he desayunado bien, sino con hambre de Ti; hambre que llene mis aspiraciones más hondas, mis deseos más profundos. Y, junto al hambre de Ti, hambre de justicia; hambre de que se acabe el hambre en el mundo; hambre de que, en pleno siglo XXI, ya nadie muera de hambre.

2.- Lectura reposada de la Palabra del Señor Juan 6, 35-40

En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis. Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

¿Qué quería decir Jesús con esta frase: “Yo soy el pan de la vida”?

Naturalmente que Jesús no es un pan que se compra en la panadería. Es un símbolo de sí mismo. El pan es símbolo del alimento que comen los hombres cada día. No es “un lujo sino una necesidad”. La comunidad primitiva ha descubierto que sin Jesús no pueden vivir. Lo expresa muy bien la teóloga Elsa Támez: “Nuestro Dios es amor y pan. Confieso que no puedo vivir sin Dios, porque no puedo vivir sin amor o sin pan”. Por otra parte el pan tiene relación con la seguridad.

Por eso decimos: “Esta persona ya tiene el pan asegurado” La primera comunidad cristiana es consciente de la “propia fragilidad”, de la palpable “inseguridad humana”.  Y ha encontrado en Jesús “seguridad”. Pero no sólo seguridad para unos años o el tiempo de nuestra corta vida, sino que Jesús habla de “vida eterna”. Es decir, de una vida “más allá de nuestra vida”. También el pan tiene una connotación con “la bondad”. Solemos decir: este hombre o esta mujer son más buenos que el pan. Y me pregunto: Yo que me alimento todos los días de este pan de la bondad ¿Cómo no soy bueno? Salgo de Misa y murmuro, soy violento, calumnio…, ¡Es algo inconcebible!

Palabra autorizada del Papa.

Lo contrario a cumplir la voluntad de Dios comenzó en el Paraíso, con la no obediencia de Adán. Y esa desobediencia ha llevado el mal a toda la humanidad. También los pecados son actos de no obedecer a Dios, de no hacer su voluntad. Sin embargo, el Señor nos enseña que este es el camino, no hay otro. Y comienza con Jesús, sí, en el Cielo, en la voluntad de obedecer al Padre. Pero cumplir la voluntad de Dios «no es fácil». No fue fácil para Jesús que fue tentado en el desierto y en el huerto de los olivos. Tampoco lo fue para algunos discípulos, que lo dejaron porque no entendieron qué quería decir hacer la voluntad del Padre… Que el Señor nos dé la gracia, a todos, que un día pueda decir de nosotros lo que ha dicho de aquel grupo, de aquella multitud que lo seguía, los que estaban sentados en torno a Él, como hemos escuchado en el Evangelio. Y así hacer la voluntad de Dios nos hace ser parte de la familia de Jesús, nos hace madre, padre, hermana, hermano. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 27 de enero de 2015, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado (Guardo silencio).

5.- Propósito. Hoy me haré esta pregunta: Y si me quitaran a Jesucristo, ¿se notaría en mi vida?

6.- Dios me ha hablado a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, también nos has dicho en tu evangelio: El que crea en mí no tendrá nunca sed. Yo tengo sed, tengo mucha sed. ¿Quién es hombre o mujer y no tiene sed? La sed profunda es la sed de felicidad. Es común a todos los mortales. Pero no quiero solucionar mi sed como la Samaritana antes de encontrase contigo. Todos los días llenaba su cántaro y todos los días se le quedaba vacío. Bebía agua de pozo, agua estancada. Yo quiero saciar mi sed con el agua que Tú, Señor, le prometiste: agua de manantial que salta hasta la vida eterna. Y ese manantial lo llevaba dentro de su corazón. ¡Dame también hoy a mí de esa agua! 

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectura continuada del evangelio de Mateo

Mateo 5, 21-26

 

21Habéis oído que fue dicho a los antiguos: ‘No matarás’; y el que mate será reo ante el tribunal. 22Pero yo os digo: todo el que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; y el que llame a su hermano ‘insensato’, será reo ante el sanedrín; y el que le llame ‘imbécil’ será reo de la gehenna de fuego.

23Así pues, si vas a presentar tu ofrenda al altar y recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, 24deja tu ofrenda allí, ante el altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve y presenta tu ofrenda.

25Ponte a buenas con tu adversario rápido, mientras vas con él por el camino, no sea que el adversario te entregue al juez y el juez al alguacil, y seas llevado a la cárcel. 26En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.

 

La sección se divide en tres partes: vv. 21-22, vv. 23-24 y vv. 25-26. La palabra «digo» (vv. 22.26) establece una leve conexión del conjunto; la palabra guía «hermano» es básica en las dos primeras partes. Sorprende el paso de la segunda persona de plural a la segunda persona de singular (9 veces el «tú» en los vv. 23-26). La tesis del v. 21 consta de una doble frase: el mandamiento del decálogo y un precepto legal; la antítesis del v. 22 acoge el precepto legal del v. 21c y le contrapone tres «réplicas».

  • La tesis del v. 21 consta, en su primera mitad, de una cita del Antiguo Testamento (quinto precepto). Su segunda mitad es una versión libre del ordenamiento jurídico establecido en Ex 21,12 y Lv 24,17. La antítesis del v. 22 plantea un léxico original: «insensato» (raqá) era un insulto frecuente, que significaba «cabeza hueca» y se usaba en el seno de la familia. «Imbécil» (moré) era un insulto griego corriente, de matiz despectivo, pero sin gran carga. No hay entre ambos una diferencia sustancial de significado. «Sanedrín» designa casi siempre el sanedrín de Jerusalén de 71 miembros; y así parece que hay que entenderlo. «Gehenna» («de fuego» intenta reforzar la idea de castigo) es designación corriente del infierno como lugar de castigo escatológico. Los tres ejemplos del v. 22 hacen ver que la «ira» comienza ya en las situaciones más triviales, están elegidos con la máxima radicalidad y crudeza, y tienen un carácter marcadamente hiperbólico, exagerado. Quieren decir que una manifestación de ira aparentemente leve equivale al asesinato, esfera en la que actúa el tribunal terreno y el celestial. Para Jesús, cualquier manifestación de ira no es punible sólo en el ámbito humano: detrás del juicio terreno está el divino. Hay que excluir cualquier idea de casuística, más bien el v. 22 es culminación ejemplar de una exigencia incondicional de Dios: evitar absolutamente la ira, la violencia. La primera antítesis no tiene nada de original en el contenido, aunque Jesús emplea una fórmula más enérgica y sorpresiva que las exhortaciones judías. Sobre todo, presta a su exhortación el ropaje de un principio jurídico, destacando así su carácter absolutamente obligatorio. Al contraponer antitéticamente la exhortación – en la figura vinculante de «principio jurídicos»- al orden jurídico vigente, Jesús hace algo nuevo: el orden jurídico del AT es poco radical y no corresponde aún plenamente a la voluntad de Dios; pero la exhortación formulada radicalmente es su auténtica voluntad. Jesús se interesó muy poco por los ordenamientos jurídicos vigentes y practicables de su pueblo, porque su preocupación era reunir al pueblo escatológico de Israel a la luz del inicio del reino de Dios.
  • Los vv. 23-24 interpretan la antítesis. Formulan positivamente lo que la antítesis ha formulado negativamente: ahora no se trata de evitar palabras letales, sino que se trata positivamente de reconciliación, es decir, de amor al hermano. Se ha solido ver en estos versículos cómo Mateo concreta las exigencias de la primera antítesis de modo realista. La verdad es lo contrario. Una comparación con paralelos judíos muestra que este ejemplo no es realista en modo alguno. También aquí nos encontramos con una exigencia ejemplar categórica, extremadamente hiperbólica, que apunta una nueva actitud fundamental hacia el semejante. Para Jesús, como para Mateo, la ley cultual no queda abolida por el precepto de la reconciliación; pero la reconciliación es lo primero, como se reitera en 23,26.
  • En los vv. 25-26, lo decisivo es la dimensión profunda del texto. Apunta a la reconciliación con el adversario: el adversario ha de transformarse en un hermano. Se vislumbra ya aquí algo del amor a los enemigos desarrollado en la sexta antítesis. En lugar de la ira y las malas palabras aparecen la reconciliación y el amor. El «camino» pasa a ser ese tiempo que se nos brinda antes del juicio definitivo de Dios. Así, detrás de un consejo prudente se hace visible la perspectiva del juicio final. Mateo la señala con un adverbio preferido, «en verdad» (amén), que apunta a un anuncio de juicio escatológico, y también con el verbo «decir», que Mateo usa en muchos pasajes de modo afín. De este modo nuestro texto anticipa la conclusión del sermón de la montaña, determinada por la perspectiva del juicio (7,13- 28). La invitación al amor se endurece, pues, aquí con la amenaza del juicio. Esta perspectiva es realmente difícil para muchos lectores de hoy, pero es necesario indicar lo que el texto plantea.

Comentario – Miércoles III de Pascua

(Jn 6, 35-40)

Ahora Jesús comienza el largo discurso sobre el pan de vida indicándonos cómo recibimos ese pan espiritual.

Este largo discurso tiene dos partes. La primera parte llega hasta el versículo 51 y la segunda comienza allí y llega hasta el final del discurso.

En la primera parte el pan es sobre todo la Palabra, la enseñanza de Jesús que nos muestra la voluntad del Padre y que nosotros recibimos con la fe, aceptando esa Palabra y contemplando a Jesús a través de esa Palabra. Ya en el Antiguo Testamento se presentaba la Palabra como un alimento: “Yo mandaré hambre a la tierra… hambre de escuchar la Palabra de Yavé” (Am 8, 11).

Por eso lo que se destaca en esta primera parte es la invitación a creer, aceptando su Palabra desde la fe, con esa fe que sabe descubrir lo que no se ve con los ojos del cuerpo: “Aunque me han visto, ustedes no creen” (v. 36).

Y al que crea en él, Jesús le promete no echarlo fuera, le promete protegerlo para que no se pierda, le promete vida eterna y resucitarlo en el último día.

Pero se habla aquí de una fe que es adhesión profunda a la persona de Jesús, no sólo una aceptación intelectual de verdades y doctrinas. Por eso muchas veces Jesús en lugar de decir “creer en mí” dice “venir a mí”. El que va a Jesús es alimentado por él y alcanza vida celestial, vida que no se acaba.

Oración:

“Concédeme Jesús la gracia de aprender a dialogar contigo, abriendo mi corazón a tu Palabra para recibir la vida que me ofreces. Quiero ir a ti Señor contemplar tu persona y tu verdad para poder vivir de verdad”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

Tierra nueva y cielo nuevo

39. Ignoramos el tiempo en que se hará la consumación de la tierra y de la humanidad. Tampoco conocemos de qué manera se transformará el universo. La figura de este mundo, afeada por el pecado, pasa, pero Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia, y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebasar todos los anhelos de paz que surgen en el corazón humano. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitarán en Cristo, y lo que fue sembrado bajo el signo de la debilidad y de la corrupción, se revestirá de incorruptibilidad, y, permaneciendo la caridad y sus obras, se verán libres de la servidumbre de la vanidad todas las criaturas, que Dios creó pensando en el hombre.

Se nos advierte que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde a sí mismo. No obstante, la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios.

Pues los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad; en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y trasfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal: “reino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia; reino de justicia, de amor y de paz”. El reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección.

Comentario Domingo IV de Pascua

Oración preparatoria

Señor y hermano nuestro, Jesús, Tú eres el Buen Pastor que cuidas con mimo de tus ovejas, llámanos por nuestro propio nombre, guíanos en los andares de nuestra vida, cuídanos en todos los avatares de nuestro caminar. Y repara nuestras fuerzas en la mesa de tu Palabra y de tu Pan. Tú que vives y reinas con el Padre por los siglos de los siglos. AMEN.

 

Jn 10, 11-18

«11Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. 12Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace presa en ellas y las dispersa; 13porque es asalariado y no le importan nada las ovejas.

14Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, 15como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. 16También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo pastor.

17Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. 18Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; ésa es la orden que he recibido de mi Padre».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 
CONTEXTO

En el marco de diversas fiestas judías, el evangelista Juan nos presenta un “crescendo” narrativo en el que la oposición a Jesús va aumentando hasta llegar a la decisión de matarle. Después del episodio de la curación del ciego de nacimiento (9,1-39), los fariseos reaccionan preguntando a Jesús si también ellos eran ciegos (9,40). Jesús les responde con el discurso del Buen Pastor (10,1-18). Tras este discurso, en el marco de la fiesta de la Dedicación, se producirán otros incidentes entre Jesús y los judíos y, tras la resucitación de Lázaro, los judíos deciden dar muerte a Jesús (11,53).

 
TEXTO

El evangelio de este domingo recoge la segunda parte del discurso del Buen Pastor, que Jesús pronuncia a los fariseos. En la primera parte del discurso, Jesús se presenta por dos veces como la puerta que conduce a la salvación y a la vida. Ahora, también por dos veces, se presenta como el buen pastor que da su vida por y conoce a las ovejas. Frente a la puerta, está el ladrón y el salteador; frente al pastor, el asalariado. Teniendo en cuenta la expresión “dar la vida”, podemos estructurar el texto en tres partes: a) el buen pastor da su vida por las ovejas, frente al asalariado que huye ante el peligro (vv. 11-13); b) el buen pastor da su vida por las ovejas porque las conoce, aunque sean de diferentes rediles (vv. 14-16); c) el buen pastor da su vida por las ovejas porque obedece y ama al Padre (vv. 17-18).

 
ELEMENTOS A DESTACAR

• Es importante observar las imágenes utilizadas por Jesús: el buen pastor, las ovejas, el asalariado, el lobo, otras ovejas… Es importante discernir a qué se refieren y buscar una posible identificación. Si nos identificamos con el buen pastor, dar la vida es la clave a considerar: ¿qué compromisos se siguen de nuestro seguimiento de Jesús Buen Pastor? Si nos identificamos con las ovejas, dejarse conducir por el pastor es la clave: ¿Somos dóciles a la enseñanza y el ejemplo del Maestro?

• Jesús no sólo es “el buen pastor” (= el pastor auténtico frente al asalariado o a los falsos pastores), sino también “el pastor bueno”, que se deja conmover por la situación de la multitud vejada y abatida, “como ovejas que no tienen pastor” (cf. Mt 9,36; 14,14; Mc 6,34). En los sinópticos, Jesús enseña o cura o envía a sus misioneros ante esa realidad desgraciada; en Juan, la bondad del pastor se manifiesta en que da la vida por sus ovejas. Es el centro de nuestro evangelio, insistentemente presente (vv. 11.14.17.18). Así que Jesús es más que un simple pastor, por bueno o responsable que pueda ser. ¿Qué significa ese más de Jesús en tu vida personal, comunitaria y social?

• Es interesante observar la relación directa entre el “conocimiento de Dios Padre” y la “donación de la propia vida” por…: no hay verdadero conocimiento de Dios sin entrega pastoral decidida y radical.

• Las “otras” ovejas: la Buena Noticia se extiende a todos y tenemos que ser valientes en nuestra capacidad evangelizadora, evitando cerrarnos en nuestro propio interior o en el interior de nuestras comunidades. ¿Cómo ir a la busca de esas “otras” ovejas?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Domingo IV de Pascua

Jesús el Buen Pastor

Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; pero el que trabaja solamente por la paga, cuando ve venir al lobo deja las ovejas y huye, porque no es el pastor y porque las ovejas no son suyas. Y el lobo ataca a las ovejas y las dispersa en todas direcciones. Ese hombre huye porque lo único que le importa es la paga, y no las ovejas. “Yo soy el buen pastor. Así como mi Padre me conoce a mí y yo conozco a mi Padre, así también yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. Yo doy mi vida por mis ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil; y también a ellas debo traerlas. Ellas me obedecerán, y habrá un solo rebaño y un solo pastor. El Padre me ama porque yo doy mi vida para volverla a recibir. Nadie me quita la vida, sino que yo la doy por mi propia voluntad. Tengo el derecho de darla y de volver a recibirla. Esto es lo que me ordenó mi Padre.”

Reflexión

Jesús se compara a un pastor, ¿Cuál es el trabajo de un pastor? Es una persona que guarda y guía a las ovejas para que estén protegidas, las lleva al rio a tomar agua, al pasto a comer hierba y después al establo a dormir. Si se pierden, no para hasta encontrarlas. Las ovejas conocen su voz y lo siguen. ¿Cómo es Jesús un pastor? Jesús nos ama y siempre está con nosotros. Cuando le hablamos, nos guía para alejarnos de peligro. Nos da su palabra en el Evangelio para conocerlo y seguirlo. Nos da la Eucaristía para estar con nosotros y guiarnos. Nos protege y nos ama. Jesús dice que sus ovejas siguen al pastor bueno porque reconocen su voz, ¿Cómo reconocemos la voz de Jesús en otros? En la oración y en los evangelios, Jesús se revela y nos dice lo que Él quiere de nosotros. ¿Qué nos dice Jesús que debemos hacer para seguirlo? Jesús nos dice que amemos mucho a Dios y al prójimo. Él nos enseñó con su vida cuando: salía a orar a su Padre solo, curaba a los enfermos, le daba de comer al hambriento, perdonaba a los pecados, les lababa los pies a los apóstoles… ¿Cómo podemos seguirlo en nuestra vida? Compartir.

Actividad

En la siguiente página, colorear y cortar los dibujos y pegar a palitos. Pegar algodón a la oveja. Actuar cómo el Buen Pastor lleva la oveja a tomar agua y comer hierba, la protege del lobo, la busca cuando se pierde, y la lleva al establo por la noche. Realzar el amor del Buen Pastor a sus ovejas y como las ovejas lo siguen y así se salvan.

ficha 1

ficha 2

Oración

Tú nos conoces por nuestro nombre, Señor. Conoces lo que somos y lo que podemos. Te damos gracias, Señor, porque nos amas así, sin condiciones. Danos buenos oídos para escuchar tu voz, para saber cuándo nos llamas y siempre seguirte. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

El buen Pastor – Juan 10, 11-18

En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos: – Yo yoy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y hará un solo rebaño, un solo Pastor. Por eso me ama el Padre: porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla. Este mandato he recibido del Padre.

Explicación

Jesús para explicar algunas cosas usaba comparaciones o ponía ejemplos de modo que quienes le escuchaban le entendían muy bien. Por ejemplo un día para hacerles saber cuánto quería a sus amigos y a todos les dijo: Yo soy un pastor bueno que cuida de sus ovejas, las defiende de todos los peligros, las acompaña en todo momento y las lleva donde puedan comer pastos frescos y beber aguas limpias. Yo soy un pastor bueno que vive todo el día dedicado a su rebaño y que está dispuesto a dar la vida por el bien de sus ovejas.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

NARRADOR: En aquel tiempo Jesús hablaba con unos fariseos que habían venido para escucharle, y les proponía su doctrina por medio de parábolas.

JESÚS: Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da la vida por las ovejas.

FARISEO 1: ¿Por qué nos dices cosas tan raras? ¿Tienes que ver tú con los pastores?

JESÚS: Yo cuido bien a mis ovejas. Vosotros sois mis ovejas con tal que queráis admitirlo.

FARISEO 2: Éste siempre habla con ejemplos, pero yo no entiendo lo que los ejemplos tienen que ver con él.

NARRADOR: Jesús seguía adelante con su discurso y les advertía sobre los malos y falsos pastores.

JESÚS: El asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estragos y las dispersa. Es que a un asalariado no le importan las ovejas.

FARISEO 1: Si tú eres el buen pastor ¿quiénes son los asalariados? ¿Acaso nos acusas a nosotros de no preocuparnos de los demás? ¿Somos nosotros los responsables de la ley y del Templo los que ahuyentamos al pueblo? ¿Nos acusas de que no nos importan los demás?

JESÚS: Yo conozco a mis ovejas y las mías me conocen; oyen mi voz y me siguen. Y a cada una la llamo por su nombre.

FARISEO 2: ¿Y nosotros?

JESÚS: Vosotros sois falsos pastores. Sólo pensáis en vosotros. Parecéis, pero no sois. Decís, pero no hacéis. Por eso abandonáis las ovejas y huís.

NARRADOR: El diálogo fue haciéndose más duro por momentos, pues los fariseos no comprendían que Jesús quería atraerlos al redil. Por eso Jesús les dijo:

JESÚS: Tengo otras ovejas que no son de este red; también a ésas las tengo que atraer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor

FARISEO 1: ¿Acaso nosotros no seguimos la ley que nos dejaron nuestros padres y no somos el pueblo elegido?

JESÚS: Vosotros sois también ovejas, pero no de mi rebaño. Cuando sepáis escuchar, oiréis mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor. Yo doy la vida por mis ovejas.

FARISEO 2: Pero nadie te va a quitar la vida por nuestra culpa.

JESÚS: Nadie me quita la vida; la entrego voluntariamente. Está en mi mano desprenderme de ella y está en mi mano recobrarla. Éste es el encargo que me ha dado el Padre.

NARRADOR: Algunos fariseos pensaban: ¡Éste está loco de atar! Pero… no puede estar loco un pastor que quiere tanto a sus ovejas.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles III de Pascua

Conforme se van acumulando años, uno se hace cada vez más consciente de la caducidad de la vida. Es un gran regalo, sí, y a veces nos depara grandes alegrías. Pero también llegan dificultades, tristezas, y, con el tiempo, los achaques de la enfermedad y de la vejez. Y es que esta vida, tan maravillosa e increíble, es limitada y tiene un final. Esta es la realidad. Cuando llegan esos signos hay quienes desesperan: ¿para qué vivir cuando ya no se puede disfrutar de todo? ¿Qué sentido tiene vivir? Hoy día, todo parece querer convencernos de que lo único que merece la pena es el disfrute “a tope”; pasarlo bien y punto. ¿No hay nada más? ¿Y cuando ya uno no pueda seguir disfrutando?

Jesús pasó por esta vida proponiendo otro modo de vivir. Nos propuso otro sentido para la vida…, y para la muerte. Vivir para amar…; vivir y morir amando. Así vivió y murió Él: amando hasta el extremo. Y así nos dijo que viviéramos, dando la vida, entregándola. Así lo entendieron Esteban y los primeros discípulos, y tras ellos generaciones y generaciones de cristianos entregados por amor al Evangelio y a los pobres. Sólo quien entrega su vida la encuentra, nos había enseñado Jesús.

No parece fácil, pero aprender a amar es el único sentido que tiene esta vida. Y el que va aprendiendo a vivir así, olvidándose de sí y amando, es el que encuentra el camino hacia la verdadera Vida. Para vivir así necesitamos ayuda: un alimento y un agua especiales. Sin ellos no podríamos. Jesús mismo es quien nos los ofrece. Aún más: Él en persona es el Pan de la verdadera Vida y el Agua Viva. Sólo Él es capaz de alimentar en nosotros esa Vida Nueva que no tendrá fin.

Y ese es, nos dice hoy Jesús en el Evangelio, el deseo del Padre: que todo el que le abra su corazón y se deje hacer por su Espíritu viva, y viva para siempre, amando en plenitud, sin límites; que tenga vida eterna y que resucite.

Señor, danos siempre de este Pan…

Javier Goñi