Comentario – Miércoles III de Pascua

(Jn 6, 35-40)

Ahora Jesús comienza el largo discurso sobre el pan de vida indicándonos cómo recibimos ese pan espiritual.

Este largo discurso tiene dos partes. La primera parte llega hasta el versículo 51 y la segunda comienza allí y llega hasta el final del discurso.

En la primera parte el pan es sobre todo la Palabra, la enseñanza de Jesús que nos muestra la voluntad del Padre y que nosotros recibimos con la fe, aceptando esa Palabra y contemplando a Jesús a través de esa Palabra. Ya en el Antiguo Testamento se presentaba la Palabra como un alimento: “Yo mandaré hambre a la tierra… hambre de escuchar la Palabra de Yavé” (Am 8, 11).

Por eso lo que se destaca en esta primera parte es la invitación a creer, aceptando su Palabra desde la fe, con esa fe que sabe descubrir lo que no se ve con los ojos del cuerpo: “Aunque me han visto, ustedes no creen” (v. 36).

Y al que crea en él, Jesús le promete no echarlo fuera, le promete protegerlo para que no se pierda, le promete vida eterna y resucitarlo en el último día.

Pero se habla aquí de una fe que es adhesión profunda a la persona de Jesús, no sólo una aceptación intelectual de verdades y doctrinas. Por eso muchas veces Jesús en lugar de decir “creer en mí” dice “venir a mí”. El que va a Jesús es alimentado por él y alcanza vida celestial, vida que no se acaba.

Oración:

“Concédeme Jesús la gracia de aprender a dialogar contigo, abriendo mi corazón a tu Palabra para recibir la vida que me ofreces. Quiero ir a ti Señor contemplar tu persona y tu verdad para poder vivir de verdad”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día