Vísperas – Jueves III de Pascua

VÍSPERAS

JUEVES III DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Porque anochece ya,
porque es tarde, Dios mío,
porque temo perder
las huellas del camino,
no me dejes tan solo
y quédate conmigo.

Porque he sido rebelde
y he buscado el peligro
y escudriñé curioso
las cumbres y el abismo,
perdóname, Señor,
y quédate conmigo.

Porque ardo en sed de ti
y en hambre de tu trigo,
ven, siéntate a mi mesa,
bendice el pan y el vino.
¡Qué aprisa cae la tarde!
¡Quédate al fin conmigo! Amén.

SALMO 131: PROMESAS A LA CASA DE DAVID

Ant. El Señor Dios le ha dado el trono de David, su padre. Aleluya.

Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:

«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob.»

Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor Dios le ha dado el trono de David, su padre. Aleluya.

SALMO 113

Ant. Jesucristo es el único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores. Aleluya.

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan,
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.

Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Jesucristo es el único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. ¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, terrible entre los santos? Aleluya.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. ¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, terrible entre los santos? Aleluya.

LECTURA: 1P 3, 18. 22

Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Llegó al cielo, se le sometieron ángeles, autoridades y poderes, y está a la derecha de Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

R/ Al ver al Señor.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo os daré es mi carne para la vida del mundo. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo os daré es mi carne para la vida del mundo. Aleluya.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, que resucitó de entre los muertos el primero de todos, y supliquémosle, diciendo:

Tú que has resucitado de entre los muertos, escucha, Señor, nuestra oración.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia santa, edificada sobre el cimiento de los apóstoles y extendida hasta los confines del mundo:
— que tus bendiciones abundantes se derramen sobre cuantos creen en ti.

Tú, Señor, que eres el médico de nuestros cuerpos y de nuestras almas,
— levanta y consuela a los enfermos y líbralos de sus sufrimientos.

Tú que anunciaste la resurrección a los que yacían en las tinieblas del abismo,
— libra a los prisioneros y oprimidos, y da pan a los hambrientos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú, Señor, que en la cruz destruiste nuestra muerte y mereciste para todos el don de la inmortalidad,
— concede a nuestros hermanos difuntos la vida nueva de tu reino.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que en estos días de Pascua nos has revelado más claramente tu amor y nos has permitido conocerlo con más profundidad, concede a quienes has librado de las tinieblas del error adherirse con firmeza a las enseñanzas de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves III de Pascua

1.-Oración introductoria.

Señor, yo vengo hoy a Ti porque necesito ser atraído por Ti. Yo no quiero ser atraído por el dinero, el poder, el sexo, la droga. Todo eso sé que me esclaviza. Y yo, desde que te he conocido a Ti, mi Señor, ya no quiero ser esclavo de nada ni de nadie. Por eso hoy sólo te pido una cosa: que me sienta encadenado siempre por la suave y dulce cadena de tu amor.

2.- Lectura reposada del Evangelio. Juan 6, 44-51

Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Me encanta estar apuntado a una religión, como la de Jesús, que habla de atracción, de deleite, de fascinación. Me encanta oír de los labios de Jesús que Dios atrae, que Dios seduce, que Dios encanta. Yo respeto a todos, también a aquellos que necesitan leyes, normas, preceptos, deberes, obligaciones. Los respeto, pero no los sigo. Yo prefiero ser atraído por el amor del Padre, ser seducido por Él, sentirme encantado de vivir en su casa, sentarme a su mesa, comer de su pan, beber de su vino, y cobijarme a la sombra del “árbol de la vida” que crece en su jardín. Sólo una persona “dichosa” puede hacer dichosos a los demás; sólo una persona encantada puede encantar a los demás; sólo una persona “satisfecha” puede llenar de sentido y de ilusión la vida de los demás. Sólo una persona que está contenta y feliz con su Dios, puede bendecir, es decir, hablar bien de Dios. A Dios sólo se le puede encontrar por el camino del amor. Si nos salimos de ese camino, siempre, siempre nos equivocamos y podemos convertir a Dios en un ídolo. DIOS ES AMOR (1Jn. 4,8).

Palabra del Papa.

“Una celebración puede resultar impecable desde el punto de vista exterior. ¡Bellísima! Pero si no nos conduce al encuentro con Jesucristo, corre el riesgo de no traer ningún alimento a nuestro corazón y a nuestra vida. A través de la Eucaristía, en cambio, Cristo quiere entrar en nuestra existencia y permearla de su gracia, para que en cada comunidad cristiana haya coherencia entre liturgia y vida. El corazón se llena de confianza y de esperanza pensando en las palabras de Jesús recogidas en el evangelio: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”. Vivamos la Eucaristía con espíritu de fe, de oración, de perdón, de penitencia, de alegría comunitaria, de preocupación por los necesitados, y por las necesidades de tantos hermanos y hermanas, en la certeza de que el Señor realizará aquello que nos ha prometido: la vida eterna. ¡Así sea!» (S.S. Francisco, catequesis, 12 de febrero de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra de Dios. (Silencio).

5.-Propósito. Decir varias veces al día: me siento feliz con Dios.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Hoy, Señor, necesito darte gracias por ser como eres, por ser un Dios que encanta y seduce, un Dios que no esclaviza sino que libera, un Dios que solo habla de amor, solo canta canciones de amor, y solo quiere que se le conozca por lo que es y no por lo que los hombres inventan de Él. Ayúdame a no hacer de Ti imágenes incorrectas.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Hacerlo todo por amor (Amor)

Este breve mandato se te ha dado de una vez para siempre: Ama y haz lo que quieras; si te callas, calla por amor; si hablas, habla por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor; ten la raíz del amor en el fondo de tu corazón: de esta raíz solamente puede salir lo que es bueno (SAN AGUSTÍN, Comentario a la 1ª Epístola de S. Juan, 7).

¡Todo por Amor! Este es el camino de la santidad, de la felicidad. Afronta con este punto de mira tus tareas intelectuales, las ocupaciones más altas del espíritu y las cosas más a ras de tierra, esas que necesariamente hemos de cumplir todos, y vivirás alegre y con paz (SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Forja, n. 725).

Comentario – Jueves III de Pascua

(Jn 6, 44-51)

Quien come de este pan no muere, sino que vivirá siempre. Evidentemente Jesús no se refiere a la vida biológica, porque todos los que han escuchado su Palabra y han creído en él han muerto. ¿Qué significa entonces?

Significa que hay otra vida, diferente de la vida biológica, que necesita un alimento sobrenatural.

Hay una dimensión de nuestra vida que se mantiene con comida, medicamentos, respiración, gimnasia; hay otra dimensión de nuestra vida que se alimenta con los libros, el estudio, las clases. Pero hay una dimensión de nuestra vida, la más profunda, la sobrenatural, que depende directamente de la gracia de Dios, que sin esa gracia desaparece.

Decir que quien cree en Cristo no tendrá jamás hambre, o que quien lo recibe no muere, significa que unidos a él superamos nuestros límites humanos, saciamos nuestros deseos más profundos y nos liberamos de nuestros temores más terribles; hallamos una plenitud de vida que nadie nos puede quitar, ni siquiera la muerte, con tal que aceptemos depender siempre de Jesús que nos alimenta por dentro.

Reconozcamos que en lo más hondo de nuestro ser somos seres hambrientos, insatisfechos, necesitados; que allí no podemos llegar nosotros solos, sino Jesús; que sólo él tiene el alimento que puede fortalecer ese centro profundo de nuestra vida que puede estar raquítico, enfermo, frágil. Ese vacío y esa debilidad es lo que a veces nos hace sentir tristes también cuando no nos falta nada, esa falta de alimento en el fondo del corazón es lo que a veces nos hace sentir que nuestra vida no tiene sentido, cuando en realidad no tenemos graves problemas, cuando otros, en nuestra misma situación, pueden vivir alegres. Busquemos el alimento de eternidad.

Oración:

“Señor, reconozco que tú eres mi vida, que tú eres el alimento que me da la vida verdadera, que sin ti mi vida se enferma en la mediocridad, los miedos, la insatisfacción. Confío en ti Señor, Pan de Vida, voy a ti para escucharte y recibir tu alimento”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

CAPÍTULO IV

MISIÓN DE LA IGLESIA EN EL MUNDO CONTEMPORÁNEO

Relación mutua entre la Iglesia y el mundo

40. Todo lo que llevamos dicho sobre la dignidad de la persona, sobre la comunidad humana, sobre el sentido profundo de la actividad del hombre, constituye el fundamento de la relación entre la Iglesia y el mundo, y también la base para el mutuo diálogo. Por tanto, en este capítulo, presupuesto todo lo que ya ha dicho el Concilio sobre el misterio de la Iglesia, va a ser objeto de consideración la misma Iglesia en cuanto que existe en este mundo y vive y actúa con él.

Nacida del amor del Padre Eterno, fundada en el tiempo por Cristo Redentor, reunida en el Espíritu Santo, la Iglesia tiene una finalidad escatológica y de salvación, que sólo en el mundo futuro podrá alcanzar plenamente. Está presente ya aquí en la tierra, formada por hombres, es decir, por miembros de la ciudad terrena que tienen la vocación de formar en la propia historia del género humano la familia de los hijos de Dios, que ha de ir aumentando sin cesar hasta la venida del Señor. Unida ciertamente por razones de los bienes eternos y enriquecida por ellos, esta familia ha sido “constituida y organizada por Cristo como sociedad en este mundo” y está dotada de “los medios adecuados propios de una unión visible y social”. De esta forma, la Iglesia, “entidad social visible y comunidad espiritual”, avanza juntamente con toda la humanidad, experimenta la suerte terrena del mundo, y su razón de ser es actuar como fermento y como alma de la sociedad, que debe renovarse en Cristo y transformarse en familia de Dios.

Esta compenetración de la ciudad terrena y de la ciudad eterna sólo puede percibirse por la fe; más aún, es un misterio permanente de la historia humana que se ve perturbado por el pecado hasta la plena revelación de la claridad de los hijos de Dios. Al buscar su propio fin de salvación, la Iglesia no sólo comunica la vida divina al hombre, sino que además difunde sobre el universo mundo, en cierto modo, el reflejo de su luz, sobre todo curando y elevando la dignidad de la persona, consolidando la firmeza de la sociedad y dotando a la actividad diaria de la humanidad de un sentido y de una significación mucho más profundos. Cree la Iglesia que de esta manera, por medio de sus hijos y por medio de su entera comunidad, puede ofrecer gran ayuda para dar un sentido más humano al hombre a su historia.

La Iglesia católica de buen grado estima mucho todo lo que en este orden han hecho y hacen las demás Iglesias cristianas o comunidades eclesiásticas con su obra de colaboración. Tiene asimismo la firme persuasión de que el mundo, a través de las personas individuales y de toda la sociedad humana, con sus cualidades y actividades, puede ayudarla mucho y de múltiples maneras en la preparación del Evangelio. Expónense a continuación algunos principios generales para promover acertadamente este mutuo intercambio y esta mutua ayuda en todo aquello que en cierta manera es común a la Iglesia y al mundo.

Anteponer el cumplimiento de la misión

1.- Entre los muchos rasgos que definen la personalidad de Jesús hay uno que destaca: Su esforzada y sacrificada fidelidad al designio de Dios. Jesús vive para dar cumplimiento a la misión que le ha sido confiada. La dramática peripecia de su muerte en la cruz no es una representación de un texto trágico escrito con antelación. Es, sencilla y estremecedoramente, el resultado de un cumplimiento fiel del cometido que Cristo asume.

Por ser fiel a la misión que se le ha encargado, por hablar claro un mensaje que revoluciona las escalas de valores que los intereses y los poderosos tenían establecidas, por llamar “pan al pan y vino al vino”, por abrir las dimensiones del hombre a un destino de transcendencia y por negarse a guardar silencio frente a las explotaciones y esclavitudes…, Jesús es arrastrado a la muerte. Todo lo que le ocurre es lógico, entra en la dinámica de la lucha entre el profeta y los poderes.

Lo propio y personal de Cristo estriba en que, pudiendo callar, acepto hablar; en que pudiendo acomodarse a lo estatuido, osó desafiarlo; en que, complacer los intereses de los fuertes, elogio al pobre y llamo bienaventurados a los mansos, a los pacientes, a los que trabajan en favor de la paz, a los que padecen persecución por la justicia, a los que tienen hambre y sed de una sociedad más humana, a los que son limpios de corazón y saben esperar en la salvación de Dios. Cristo no esquiva su misión y acepta de antemano todo trágico desenlace que su cumplimiento fiel puede acarrearle y de hecho le acontece. “Yo entro mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo, libremente, la entrego. Tengo poder para quitarla y tengo poder para recuperarla. Este mandato he recibido del Padre”.

2.- Para los creyentes en Jesús hay aquí una tremenda y singular norma. Lo nuestro, lo específico del cristiano, es anteponer el cumplimiento de la misión a los intereses personales. Es ese ser capaces de entregar hasta la vida en beneficio del mundo, aunque éste no acabe de entender tamaño despropósito y tamaña longanimidad.

El creyente no es un asalariado de los hombres, a los que presta servicio en la medida en que se le agradecen y pagan. No es el creyente ese tipo de hombre que vive en la faena de la vida mientras las cosas discurren tranquilas y se margina cuando las nubes de la tormenta aparecen en el horizonte y pueden comprometerle en demasía.

El autentico creyente, como Jesús e inspirado en Él es el buen pastor que da la vida por las ovejas”. La expresión evangélica no se refiere ––como tantas veces se ha dicho–– a solo los ministros o servidores de la Iglesia, obispos y sacerdotes. Marca un nivel de definición que se alarga a todo creyente, verdadero servidor del mundo según los dictados del Reino de dios. El “yo soy mi vida por las ovejas” es cita de compromiso para todo seguidor de Jesús.

3. -Y la razón es clara. Se nos recuerda una vez más en la segunda de las lecturas de este domingo post-pascual. Nuestro titulo radical de dignidad fundada y de compromiso cara a los demás, es el ser “hijos de Dios”. este titulo hace del creyente un hermano servicial de todo hombre, puesto que la paternidad divina a todo hombre alcanza. La del cristiano es siempre una vida en tensión para hacer realidad en su carne y sangre lo que ahora solo es programa y promesa apenas entreabierto. “Ahora somos hijos de dios y aún no se ha manifestado o lo que seremos”. Nuestra filiación divina y, en consecuencia, nuestra fraternidad humana son, en el tiempo, meros comienzos de lo que serán un día en la salvación de Dios; pero comienzos que postulan un desarrollo, una dinámica, una tensión dirigida hacia la plenitud que ya se nos ha dado en promesa y esperanza.

4. – Esa plenitud nos viene por Cristo; la insatisfacción humana es un dato insoslayable en nuestro peregrinar terreno. Sólo Jesús “puede salvar” y “no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos”. Esta certeza justifica toda la voluntad de servicio hasta la muerte que debe caracterizar al creyente. Por eso nuestra esperanza es capaz de hacer el “milagro” de transformar el miedo en audacia y la debilidad en fuerza. Así nos lo recuerda hoy la página del libro de los Hechos de los Apóstoles.

Antonio Díaz Tortajada

El buen pastor da la vida por las ovejas

Ellos contaron lo del camino y cómo lo reconocieron al partir el pan. Estaban hablando de todo esto, cuando Jesús mismo se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con vosotros». Aterrados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Él les dijo: «¿Por qué os asustáis y dudáis dentro de vosotros? Ved mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tocadme y ved que un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como ellos no creían aún de pura alegría y asombro, les dijo: «¿Tenéis algo de comer?». Le dieron un trozo de pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. Luego les dijo: «De esto os hablaba cuando estaba todavía con vosotros: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito acerca de mí en la ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos». Entonces les abrió la inteligencia para que entendieran las Escrituras. Y les dijo: «Estaba escrito que el mesías tenía que sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y que hay que predicar en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas. 

Lucas 24, 35-48

COMENTARIO AL EVANGELIO

Cuando Jesús vuelve a presentarse a los apóstoles, les pregunta: ¿Por qué os asustáis y dudáis dentro de vosotros? Y es que muchas veces como cristianos tenemos dudas y miedos. Nos cuesta vivir de forma sana y completa nuestra fe y preferimos dar un paso atrás y no vivir la fe con intensidad.

Y después les dice que era necesario que todo lo que le había pasado a Él, le pasara. Con esto nos quiere dejar muy claro que es clave la muerte y la resurrección de Jesús. Sin esto, no hay fe cristiana, no tiene sentido la Iglesia. La resurrección de Jesús, la victoria sobre la muerte es lo que sostiene a nuestra fe. Tengámoslo siempre presente.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • ¿Crees que vives la fe con algo de miedo? ¿Sueles decir con naturalidad que eres creyente?
  • ¿Qué quiere decir Jesús cuando nos insiste en que no tengamos miedo?
  • Toma un compromiso esta semana que te ayude a vivir la fe con naturalidad. Puedes pensar en llevar algún símbolo de la fe (una cruz, por ejemplo).

ORACIÓN

Vivir pascualmente
es vivir cada momento intensamente,
como si fuese el último,
y dar cada paso, con sorpresa y gozo,
como si fuese el primero.
Es compartir lo que tenemos,
con generosidad y gozo,
con los hermanos necesitados
aunque no los conozcamos
y sólo sea un trozo de pez asado.
Es no perder la capacidad de asombro,
abrir nuestro entendimiento,
aprender día a día en cada encuentro,
alegrarse por todo lo bueno,
y ser testigos de lo vivido.
Es ver en cada paso humano
tu paso divino de enamorado,
tan pascual y cercano,
tan rompedor y solidario,
tan al lado de nuestros pies cansados…

He salido a buscarte

Señor, hoy he salido a buscarte.
He dejado mi casa,
mi calle,
mi barrio,
y me he adentrado por otros caminos,
por otros lugares y arrabales.

Pronto he sentido la noche
de la soledad,
del agobio y del miedo,
y, como un niño huérfano,
he comenzado a buscarte
en sombras y rincones,
en esquinas y cruces.

Tropecé con personas semejantes,
con niños de la calle vendiendo dulces
lustrando botines, pidiendo limosna,
cargando miseria,
comerciando un soplo de vida;
con hermanos a la intemperie,
sin padres,
sin cariño,
sin nombre,
sin futuro,
sin hambre,
hermanos de nadie.

Señor, hoy tropecé contigo;
he visto tu rostro más cerca
y con más detalle.

Florentino Uribarri

Notas para fijarnos en el evangelio

* En este pasaje a “pastor” se le añade el calificativo de “bueno” (11. 14). Esta expresión no nos debe hacer pensar en lo que sugieren determinadas esculturas o pinturas -incluso cierta literatura piadosa-, de un Jesús blando y pasivo, que se resigna y hace que nos resignemos ante la “maldad” de los demás. No tiene nada que ver. Jesús es “el pastor bueno”, es decir, el de verdad, el auténtico. Se expresa, por tanto, la calidad de este pastor, igual que se decía que era “el vino bueno” (Jn 2, 10), o que se dirá de sus obras (Jn 10, 32), o que la parábola de los sinópticos lo dice de la tierra (Mt 13, 8). Más que el buen pastor, Jesús es el pastor bueno.

* Cómo habían hecho los profetas (Jr 23,3ss; Ez 34,10ss), esta calidad de Jesús como pastor bueno es puesta en contraste con el que no es bueno: “quien va por el jornal – el asalaria- do” (12), el mercenario. Con este contraste se da relieve a lo que se está diciendo sobre Jesús y su misión: viene “a dar la vida” (11) sin pedir nada a cambio, de forma totalmente gratuita. Es lo que celebramos en la Pascua.

* Que “da la vida” (11.15.17.18) quiere decir que se expone, que se arriesga por defender sus ovejas (12-13). Es decir, Jesús se compromete con nosotros, se acerca a quienes están al margen, a los enfermos, a los pobres. come con los pecadores y los incorpora a su grupo. Se compromete.

* Jesús “da la vida” en la medida que Él es “la vida” (Jn 14,6; 1,4; 11,25). La fe en Él –que hemos renovado en la Pascua– nos conduce a participar de esa vida (Jn 20,31; 3,15). La consecuencia: los creyentes en Él daremos la vida por los otros (Jn 15,13; 1Jn 3,16).

* “Conocer” (15.16) es una palabra que en la Biblia, y en Juan especialmente, está estrechamente relacionada con “amar-estimar”. Así, Jesús está hablando del amor entre Él y nosotros (14), un amor que viene del amor entre el Padre y el Hijo (15).

* La unión entre todos los hijos de Dios dispersos (Jn 11,52), toda la humanidad, que incluye “otras ovejas” (16), no sólo los judíos, será una realidad gracias a Jesús y a su muerte generosa.

* “Dar la vida y recobrarla” (17-18): es la Pascua, la Muerte y Resurrección de Jesús.

Comentario al evangelio – Jueves III de Pascua

Hace una semana le escuchábamos a Jesús decir a Nicodemo: “… el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo el que ha nacido del Espíritu”. Y, en efecto, así ocurrió con los discípulos en la primera Iglesia: lo hemos escuchado en el relato de Hechos de hoy. Felipe, impulsado por el Espíritu, se encuentra con el etíope a quien anunciará la Buena Nueva de Cristo Resucitado y al que bautizará. Y de nuevo, llevado por el Espíritu, aparecerá en otro lugar, para seguir anunciando el Evangelio.

De otras maneras, quizás, pero también hoy en la Iglesia sigue habiendo hombres y mujeres que nacen de nuevo, del Espíritu, y llevados por él, siguen dando testimonio de la Vida Nueva en Cristo en todos los rincones del mundo, hasta en los más oscuros y perdidos. En Jesús, el que murió y resucitó por todos, encontramos el alimento que hace nacer en nosotros esa Vida Nueva, que a su vez se convierte en nosotros en pan multiplicado que podemos llevar donde el Espíritu nos lleve para que otros puedan encontrar también la fe, el amor, la esperanza que necesitan.

Jesucristo es el Pan de Vida Eterna, sí. Los que hemos tenido la suerte de gustarlo y hemos recibido su Espíritu, ahora hemos de llevarlo, multiplicado, a tantos y tantas que hoy andan en la oscuridad, en la desesperación o en el engaño de falsos sentidos para la vida, de falsos dioses. Sólo Él da verdadero sentido a la vida; sólo Él es fundamento y origen de una Vida realmente plena, a la que ni la muerte podrá poner fin. Llevemos este mensaje, esta alegría, a tantos y tantas que en este mundo asolado por tantas “pandemias” buscan sentido sin encontrarlo. Transmitamos Vida Nueva. Dejémonos llevar por el Espíritu sin miedo.

Feliz viaje.

Javier Goñi