Comentario – Jueves III de Pascua

(Jn 6, 44-51)

Quien come de este pan no muere, sino que vivirá siempre. Evidentemente Jesús no se refiere a la vida biológica, porque todos los que han escuchado su Palabra y han creído en él han muerto. ¿Qué significa entonces?

Significa que hay otra vida, diferente de la vida biológica, que necesita un alimento sobrenatural.

Hay una dimensión de nuestra vida que se mantiene con comida, medicamentos, respiración, gimnasia; hay otra dimensión de nuestra vida que se alimenta con los libros, el estudio, las clases. Pero hay una dimensión de nuestra vida, la más profunda, la sobrenatural, que depende directamente de la gracia de Dios, que sin esa gracia desaparece.

Decir que quien cree en Cristo no tendrá jamás hambre, o que quien lo recibe no muere, significa que unidos a él superamos nuestros límites humanos, saciamos nuestros deseos más profundos y nos liberamos de nuestros temores más terribles; hallamos una plenitud de vida que nadie nos puede quitar, ni siquiera la muerte, con tal que aceptemos depender siempre de Jesús que nos alimenta por dentro.

Reconozcamos que en lo más hondo de nuestro ser somos seres hambrientos, insatisfechos, necesitados; que allí no podemos llegar nosotros solos, sino Jesús; que sólo él tiene el alimento que puede fortalecer ese centro profundo de nuestra vida que puede estar raquítico, enfermo, frágil. Ese vacío y esa debilidad es lo que a veces nos hace sentir tristes también cuando no nos falta nada, esa falta de alimento en el fondo del corazón es lo que a veces nos hace sentir que nuestra vida no tiene sentido, cuando en realidad no tenemos graves problemas, cuando otros, en nuestra misma situación, pueden vivir alegres. Busquemos el alimento de eternidad.

Oración:

“Señor, reconozco que tú eres mi vida, que tú eres el alimento que me da la vida verdadera, que sin ti mi vida se enferma en la mediocridad, los miedos, la insatisfacción. Confío en ti Señor, Pan de Vida, voy a ti para escucharte y recibir tu alimento”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día