Vísperas – Viernes III de Pascua

VÍSPERAS

VIERNES III DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya!

Muerte y Vida lucharon,
y la muerte fue vencida.
¡Aleluya, aleluya!

Es el grano que muere
para el triunfo de la espiga.
¡Aleluya, aleluya!

Cristo es nuestra esperanza,
nuestra paz y nuestra vida.
¡Aleluya, aleluya!

Vivamos vida nueva,
el bautismo es nuestra Pascua.
¡Aleluya, aleluya!

¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya!

SALMO 134: HIMNO A DIOS, REALIZADOR DE MARAVILLAS

Ant. Yo, el Señor, soy tu salvador y tu redentor. Aleluya.

Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
—en medio de ti, Egipto—
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos,
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Yo, el Señor, soy tu salvador y tu redentor. Aleluya.

SALMO 134

Ant. Bendito el reino que llega, el que nuestro padre David. Aleluya.

Señor, tu nombre es eterno;
Señor, tu recuerdo de edad en edad.
Porque el Señor gobierna a su pueblo
y se compadece de sus siervos.

Los ídolos de los gentiles son oro y plata,
hechura de manos humanas;
tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,

tienen orejas y no oyen,
no hay aliento en sus bocas.
Sean lo mismo los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Casa de Israel, bendice al Señor;
casa de Aarón, bendice al Señor;
casa de Leví, bendice al Señor.
fieles del Señor, bendecid al Señor.

Bendito en Sión el Señor,
que habita en Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Bendito el reino que llega, el que nuestro padre David. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Cantaré al Señor, sublime es su victoria. Aleluya.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cantaré al Señor, sublime es su victoria. Aleluya.

LECTURA: Hb 5, 8-10

Cristo, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevando a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna, proclamado por Dios sumo sacerdote, según el rito de Melquisedec.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

R/ Al ver al Señor.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Crucificado resucitó de entre los muertos y nos redimió. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Crucificado resucitó de entre los muertos y nos redimió. Aleluya.

PRECES

Invoquemos a Cristo, camino, verdad y vida, y digámosle:

Te Hijo de Dios vivo, bendice a tu pueblo.

Te rogamos, Señor, por los ministros de tu Iglesia: que, al partir para sus hermanos el pan de vida,
— encuentren también ellos, en el pan que distribuyen, su alimento y fortaleza.

Te pedimos por todo el pueblo cristiano: que ande, Señor, como pide la vocación a la que ha sido convocado,
— y se esfuerce en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.

Te pedimos por los que rigen los destinos de las naciones: que cumplan su misión con espíritu de justicia y con amor,
— para que haya paz y concordia entre los pueblos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor, que podamos celebrar tu santa resurrección con tus ángeles y tus santos,
— y que nuestros hermanos difuntos, que encomendamos a tu bondad, se alegren también en tu reino.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, concédenos, a los que hemos conocido ya la gracia de la resurrección del Señor, resucitar a la vida nueva por el amor del Espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Viernes III de Pascua

1.- Oración introductoria.

Señor, dame hoy especialmente tu gracia para poder comprender un poquito este misterio de amor que es la Eucaristía. Y digo misterio porque lo que menos podíamos imaginar nosotros los humanos es que Tú pudieras tener esta idea tan grande, tan generosa, tan enorme de poder estar siempre con nosotros a pesar de tu ida al Padre. Es un misterio de amor. Y el misterio se acepta y no se discute. ¡Gracias, Señor!

2.- Lectura reposada del texto Juan 6, 52-59

Discutían entre sí los judíos y decían: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre. Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.

3.- Qué me dice el texto.

Meditación-reflexión

Ante una promesa tan fantástica de Jesús al inventar el modo de permanecer siempre con nosotros, los judíos se ponen a discutir. ¿Cómo puede ser esto? San Agustín les diría: “Dame un corazón que ame y entenderán lo que digo”. Lo lógico, lo razonable, es objeto de la razón, pero el amor no tiene lógica. Por eso dirá Pascal: “El corazón tiene razones que la razón no comprende”. Si Dios se hubiera guiado por la lógica de la razón no tendríamos ni Encarnación, ni Redención, ni Eucaristía. Afortunadamente para nosotros Dios se ha guiado siempre por la lógica del amor. Y una de las características del amor es que “el amor no se va, el amor se queda”.  Se fue al cielo y se quedó con nosotros a través de la Eucaristía. Y se quedó de la manera que mejor pudiera demostrarnos todo lo que nos quería. Porque existe el amor de padres, de hermanos, de amigos, de esposos. Pero con ninguno de estos amores se puede llegar a una intimidad tan grande como con el alimento. Al recibir a Cristo en la Eucaristía, ese alimento no lo hacemos sustancia nuestra, pero sí nosotros nos unimos sustancialmente con Dios. Cada uno de nosotros puede decir con San Pablo: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí” (Gal. 2,20).

Palabra del Papa

“Esta fe nuestra en la presencia real de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, en el pan y en el vino consagrados, es auténtica si nos comprometemos a caminar detrás de Él y con Él…. Caminar con Él y detrás de Él, tratando de poner en práctica su mandamiento, el que dio a los discípulos precisamente en la última Cena: “Como yo os he amado, amaos también unos a otros”. El pueblo que adora a Dios en la Eucaristía es el pueblo que camina en la caridad. Adorar a Dios en la Eucaristía y caminar con Dios en la caridad fraterna”. (Homilía de S.S. Francisco, 14 de junio de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar. (Silencio)

5.-Propósito: Hoy, en el trato normal con mis hermanos, voy a tener presente: “Es Cristo quien vive en mí”. Y voy a obrar en consecuencia.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración

Después de haber meditado en la enormidad de tu amor, sólo me queda una palabra que decirte: “Gracias”. Y la quiero decir no sólo con el alma sino también con el corazón; y no sólo con el corazón sino “con todo el corazón” de modo que no haya ni una partícula en mi ser que no vibre ante Ti, en adoración, en alabanza y en acción de gracias.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Comentario – Viernes III de Pascua

Las palabras de Jesús generaron una agria disputa entre los judíos. Decían: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? No lograban delimitar el alcance de estas expresiones. Entendidas en su univocidad, resultaban inaceptables: una invitación a la antropofagia; en otros sentidos más alegóricos, resultaban demasiado crípticas. En cualquier caso, el lenguaje empleado por Jesús causó desconcierto entre sus seguidores.

Pero esto no le arredró ni le llevó a suavizar su proclamación; al contrario, se mostró insistente y perseverante en su discurso: Os aseguro que, si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él… Yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí… el que come de este pan vivirá para siempre.

Toda vida requiere de alimento para subsistir; la vida que Jesús promete dar precisa de su carne y de su sangre como elementos nutrientes. Ambas, carne y sangre, son verdadera comida y bebida, de manera que el que come de ellas posee su vida, que es vida eterna, una vida sólo transitoriamente afectada por la muerte. Las palabras de Jesús tuvieron que resultar tremendamente impactantes en su momento. Basta pronunciarlas de nuevo para advertirlo: el que me come vivirá por mí, del mismo modo que yo vivo por el Padre; pero también vivirá en mí y yo en él.

Comer su carne y beber su sangre nos convierte en ‘habitados” y en ‘habitantes’ suyos; nos permite vivir en él y a él vivir en nosotros. San Pablo tenía esta conciencia de inhabitación cuando decía: No soy yo quien vivo; es Cristo quien vive en mí. También nosotros la tenemos cuando nos sentimos inhabitados por esa persona de la que estamos profundamente enamorados y cuya presencia nos inunda incluso en su ausencia física.

Comer la carne de Cristo es introducirle en lo más íntimo de nuestra vida; es convertirle no sólo en nuestro confidente, sino también en nuestro íntimo, de modo que podemos mirar hacia adentro para encontrarnos con él una vez acogido en nuestro interior. Y la carne de Cristo, hoy, no parece tener otra forma de donación que la sacramental, con su doble vertiente de signo y de misterio: el signo del pan en el que él mismo se significó en este discurso y en la última cena, y el misterio de su presencia ‘corporal-espiritual’: un cuerpo entregado a la muerte y resucitado, un cuerpo glorioso.

Por eso lo vemos en el pan de la eucaristía o pan sobre el que se ha invocado la acción del Espíritu para que lo transforme en el cuerpo (comestible y adorable) de Cristo. Esta presencia permanente –mientras duran las especies- hacen de él nuestro confidente y nuestro íntimo: alguien con el que podemos encontrarnos en un determinado lugar, el lugar del sacramento. No desaprovechemos la ocasión que nos ofrece esta presencia (sacramental y mistérica) para gozar de la amistad y compañía de tan buen Amigo y para vivir ya de la vida que un día (el último día) se hará realidad plena para siempre.

 

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Comentario – Viernes III de Pascua

(Jn 6, 52-59)

Esta parte del discurso del pan de vida habla de comer y beber a Jesús; y el pan es reemplazado por la carne. Por lo tanto ya no se refiere a la Palabra que es recibida con la fe, sino a algo más, a un verdadero “comer” a Jesús.

Es lo que sucede en la Eucaristía. Los judíos se daban cuenta de que ya no se refería al pan de la Palabra, y por eso se impresionan al escucharlo (6, 60). La expresión “comer la carne” se usaba para hablar de violencia y destrucción (Sal 27, 2; Job 19, 22). Además, beber sangre estaba terminantemente prohibido por las leyes judías. Ellos no advertían que no se trataba de una comida cruenta, de un canibalismo, sino que Jesús había inventado una forma maravillosa de comerlo, de recibirlo con nuestra boca. Es más que escucharlo, es más que recordarlo, es más que hablarle.

A través de ese gesto sensible de comer, el Cristo entero entra en nuestra vida, porque en realidad “carne y sangre” indican al hombre entero. Los evangelios sinópticos, al narrar la institución de la Eucaristía, usan la palabra “cuerpo” (Mt 26, 26-28), que siempre designa al hombre entero que se abre a la comunicación y a la comunión.

Entonces la Eucaristía no es sólo los miembros resucitados de Cristo, sino todo su ser: su mente, sus afectos, su divinidad. Al recibirlo entra en nosotros el Cristo entero y se realiza la unión más íntima que podamos esperar en esta vida.

Pero esto supone que se lo coma con fe.

La sangre, que en la celebración de la Eucaristía se consagra por separado, nos recuerda cuánto le costó a Jesús nuestra redención, cuando llegó hasta el derramamiento de sangre por nosotros (Heb 2, 14; 9, 22).

Oración:

“Señor, toca mis ojos con la luz de tu Espíritu para que pueda reconocer tu presencia en la Eucaristía, para que cada vez que te coma me deje poseer por tu vida, por tu plenitud, por tu amor inmenso, por todo tu ser resucitado”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

Ayuda que la Iglesia procura prestar a cada hombre

41. El hombre contemporáneo camina hoy hacia el desarrollo pleno de su personalidad y hacia el descubrimiento y afirmación crecientes de sus derechos. Como a la Iglesia se ha confiado la manifestación del misterio de Dios, que es el fin último del hombre, la Iglesia descubre con ello al hombre el sentido de la propia existencia, es decir, la verdad más profunda acerca del ser humano. Bien sabe la Iglesia que sólo Dios, al que ella sirve, responde a las aspiraciones más profundas del corazón humano, el cual nunca se sacia plenamente con solos los alimentos terrenos. Sabe también que el hombre, atraído sin cesar por el Espíritu de Dios, nunca jamás será del todo indiferente ante el problema religioso, como los prueban no sólo la experiencia de los siglos pasados, sino también múltiples testimonios de nuestra época. Siempre deseará el hombre saber, al menos confusamente, el sentido de su vida, de su acción y de su muerte. La presencia misma de la Iglesia le recuerda al hombre tales problemas; pero es sólo Dios, quien creó al hombre a su imagen y lo redimió del pecado, el que puede dar respuesta cabal a estas preguntas, y ello por medio de la Revelación en su Hijo, que se hizo hombre. El que sigue a Cristo, Hombre perfecto, se perfecciona cada vez más en su propia dignidad de hombre.

Apoyada en esta fe, la Iglesia puede rescatar la dignidad humana del incesante cambio de opiniones que, por ejemplo, deprimen excesivamente o exaltan sin moderación alguna el cuerpo humano. No hay ley humana que pueda garantizar la dignidad personal y la libertad del hombre con la seguridad que comunica el Evangelio de Cristo, confiado a la Iglesia. El Evangelio enuncia y proclama la libertad de los hijos de Dios, rechaza todas las esclavitudes, que derivan, en última instancia, del pecado; respeta santamente la dignidad de la conciencia y su libre decisión; advierte sin cesar que todo talento humano debe redundar en servicio de Dios y bien de la humanidad; encomienda, finalmente, a todos a la caridad de todos. Esto corresponde a la ley fundamental de la economía cristiana. Porque, aunque el mismo Dios es Salvador y Creador, e igualmente, también Señor de la historia humana y de la historia de la salvación, sin embargo, en esta misma ordenación divina, la justa autonomía de lo creado, y sobre todo del hombre, no se suprime, sino que más bien se restituye a su propia dignidad y se ve en ella consolidada.

La Iglesia, pues, en virtud del Evangelio que se le ha confiado, proclama los derechos del hombre y reconoce y estima en mucho el dinamismo de la época actual, que está promoviendo por todas partes tales derechos. Debe, sin embargo, lograrse que este movimiento quede imbuido del espíritu evangélico y garantizado frente a cualquier apariencia de falsa autonomía. Acecha, en efecto, la tentación de juzgar que nuestros derechos personales solamente son salvados en su plenitud cuando nos vemos libres de toda norma divina. Por ese camino, la dignidad humano no se salva; por el contrario, perece.

Misa del domingo: misa con niños

DOMINGO IV DE PASCUA

1.- ACOGIDA

Hermanos y hermanas:

Este cuarto domingo de pascua, el evangelio nos presenta a Jesús como el Buen Pastor, como el único guía seguro que nos va abriendo el camino. Él nos conoce a cada uno, nos llama por nuestro nombre y nos ama uno a uno, incluso en los momentos más difíciles o dolorosos de la vida. Jesús ha dado su vida por nosotros y la sigue dando cada domingo hecha pan crujiente, fresco, que nos hace fuertes en la eucaristía. En este domingo anterior al mes de de mayo, mes de la Virgen, pedimos a la Divina Pastora y a nuestros pastorcitos que nos preparen para la novena, y que cuiden de todos nosotros.

 (En el panel colocamos un dibujo del buen Pastor. Dibujamos una oveja graciosa y le damos una copia a cada niño donde escribirán su nombre. Al final podemos regalarle una ovejita a cada niño que hacemos o compramos. La ofrecemos en le ofertorio).

En el nombre… -Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, nuestro pastor, camino y vida, esté con todos vosotros.

 

2.- PETICIONES DE PERDÓN o ASPERSIÓN

Pidamos perdón al Señor:                                                                                                              

• A ti que eres el Buen Pastor y has dado tu vida por todos nosotros, te pedimos: Señor, ten piedad.

• A ti que eres el Pastor y guardián de nuestras vidas, te rogamos: Cristo, ten piedad.

• A ti que cargaste con nuestros pecados y has curado nuestras heridas, te décimos: Señor, ten piedad.

(En vez del momento de perdón se puede realizar la aspersión):

Comencemos la celebración recordando nuestro bautismo, aquel momento en que entramos a formar parte de la comunidad de los seguidores de Jesús (Aspersión con un canto bautismal).

-Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar en el banquete de su Reino. Amén.

 

3.- MONICIÓN A LAS LECTURAS

En la primera lectura escucharemos el testimonio de  Pedro y los apóstoles tras la Resurrección de Jesús, un acontecimiento que transformó su vida llenándoles de fe y alegría y por ello invitan a todos a unirse a la nueva comunidad. La Carta de S. Juan es una invitación a seguir a Jesús en concreto, con hechos, no sólo con buenas palabras. En el evangelio Jesús nos dice que vamos por la vida siguiendo a Jesús que es nuestro Pastor y guía, el Camino, la Verdad y la Vida.

4.- CREDO O RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS BAUTISMALES:

  • Renunciáis al pecado para vivir verdaderamente como hijos de Dios?. Sí renuncio.
  • Renunciáis a todas las obras del mal en vuestra vida. Sí renuncio.
  • Renunciáis a vivir pensando solo en vosotros mismos, olvidándoos de los demás y de Dios?. Sí renuncio.
  • ¿Creéis en DIOS PADRE cuya palabra liberadora sostiene la vida de las personas y su trabajo creador. Porque Él es la Vida?.  Sí Creo
  • ¿Creéis en su HIJO presente entre nosotros que caminábamos en tinieblas y nacido entre los más pobres para manifestar el amor a Dios. Porque El es el Señor?
  • ¿Creéis en el ESPÍRITU SANTO que nos ha hecho renacer a la vida de Dios y que nos llena de fuerza y valor en nuestras luchas por seguir a Jesús. Porque El es el Amor?
  • ¿Creéis en la IGLESIA, puesta al servicio de los hombres para que todos reciban la plenitud de Dios. Porque ella es mensajera de Buena Noticia?
  • ¿Creéis en la VIDA ETERNA de todos los testigos del amor de Dios en el mundo. Porque  esa es nuestra Esperanza?

Esta es nuestra fe, la fe de la Iglesia, la que se proclamó en nuestro bautismo y que ahora hemos renovado.

5.- PETICIONES

      Necesitamos que el Pastor Bueno nos atraiga hacia él, nos haga escuchar su voz y nos de su vida. Por eso le pedimos:

Buen Pastor, acompáñanos y guíanos. /Madre del buen pastor, ruega por nosotros.

1.- Para que nuestras parroquias sean comunidades vivas, unidas, abiertas y acogedoras, que se sienta la presencia de Jesús. Oremos.

2.- Para que los pastores de la Iglesia y los catequistas vivan su fe con ilusión y anuncien con la Buena Noticia de Jesús.Oremos.

3.- Para que conozcamos mejor a Jesucristo, nuestro Pastor, escuchemos su voz y le sigamos dócilmente. Oremos.

4.- Por las madres, los sacerdotes, los educadores, profesores y catequistas: para que imitemos al buen Pastor con nuestra tarea callada pero imprescindible para el desarrollo de la persona y la integración en la sociedad. Oremos.

5.- Por los que celebramos la eucaristía para que vivamos siendo luz, acogida y perdón. Oremos.

6.- Por los chicos y chicas que se prepara para el sacramento de la confirmación, la fuerza del Espíritu, para que siempre sean testigos de Jesús y se alimenten cada domingo con el Pan de la Eucaristía. Oremos.

En ti, Señor, ponemos nuestra confianza. Guíanos, cúranos, llénanos de tu alegría. Por JCNS.

6.- OFRENDAS (escoger)

-LA CRUZ DEL BUEN PASTOR: El Papa Francisco usa una cruz con el buen pastor y las ovejas. El Espíritu, simbolizado en la paloma, nos regala los dones y carismas que nos complementan y nos unen. El rebaño es el pueblo de Dios que sigue a Cristo en su caminar. Cristo, es el buen Pastor, que da la vida y recoge a la oveja extraviada. Señor, sé nuestro pastor, danos tu Espíritu.

-UN ROSTRO DE JESÚS BUEN PASTOR: Jesús Pastor que da la vida que cuida y guía es modelo para nuestros pastores. Hoy damos gracias a Dios por nuestro sacerdote y por todas aquellas personas responsables de tantas tareas pastorales que realizamos en nuestra comunidad parroquia.

-UNAS OVEJITAS (cada niño ofrece una ovejita con su nombre): Ofrecemos estas ovejas de papel que expresan nuestro deseo de seguir a Jesús siempre y de forma un gran rebaño, una gran familia en torno a él.

-ZURRÓN CON UNA BIBLIA: También te presentamos este zurrón con una Biblia. La Palabra de Dios es la fuerza del buen pastor y de todos los consagrados al Señor. Con esta ofrenda queremos entregarte, Señor, la vida de tantas personas que día a día viven y se entregan por ti.

-PAN Y VINO: Cada domingo Cristo se hace Pan sabroso y caliente que alimenta nuestra vida que fortalece nuestra fe y nos une a él y a los hermanos y hermanas.

Jesús, el auténtico y único pastor

1. – Alguno de vosotros conocerá el Monumento al Pastor en la carretera vieja del desfiladero de Pancorbo, en tierras castellanas, en el camino de Burgos a Miranda de Ebro. Y para quienes no lo conozcan o ni siquiera vivan en España, diré que se trata de la figura recia y simpática de un Pastor rodeado de ovejas y acompañado de un avispado perro.

La imagen que Jesús evoca en el evangelio de hoy no es tan bucólica. La escena inmediata anterior es la curación del ciego de nacimiento. Y el ciego es llamado a juicio por los fariseos, así como sus padres. Tratan de convencerles de que no era ciego. O al menos de que quien le curó es un pecador. Y como el ciego curado no se convence, lo excomulgan de la Sinagoga. Jesús sale en defensa del excomulgado y acusa a las jerarquías de todo lo que sigue

  • De no importarles las ovejas como asalariados que son.
  • De entrar en el redil saltando la cerca como ladrones.
  • De cobardes, huyendo ante el lobo, porque las ovejas no son suyas.

A la luz de estas duras palabras el cayado y la honda del pastor vuelven a tomar su fuerza y energía de armas defensivas contra lobos y bandidos. La parábola del Buen Pastor no es nada bucólica.

2. – Jesús no es un anarquista. Reconoce la autoridad y la establece en su Iglesia. Pero para desilusión nuestra, pone la autoridad, no en mandar o en excomulgar, sino en servir, en dejarse la vida a jirones, buscando la oveja perdida.

Jesús es el Buen Pastor y por tanto el auténtico y el único, porque es el único que ha entregado su vida por mí. Pero hay más:

  • porque me ha dado. su vida. Ese principio vital sobrenatural con Él que vive unido al Padre. Y ello es lo que me hace de verdad, por “auténtico documento notarial, verdadero hijo de Dios
  • es autentico pastor porque nos conoce uno a uno. Sabe nuestro nombre, nuestra historia, no soy uno del montón ante Jesús. Soy yo mismo. Nadie tiene que presentarme a Él.

Me conoce mejor que yo mismo me conozco, como pasa tantas veces con nuestras madres…

Si venimos ante el Sagrario basta decirle aquí estoy. Nos conoce por el timbre de voz, como el amigo que llama por teléfono.

3. – Y Jesús es el autentico Pastor, porque no lo es de un redil pequeño y cerrado, sino también de todos aquellos que sin estar en el redil le conocen y le siguen.

Redil y rebaño no son lo mismo. El redil es pequeño y cerrado. Y el rebaño del Buen Pastor no se limita a los inscritos en los libros parroquiales. No es seguro de catolicidad estar inscrito en esos libros, ni tener una antigua tradición católica, ni una amplísima literatura religiosa, ni miles de magníficos templos. Es católico –pertenece al rebaño de Jesús— el que conoce a Jesús y le sigue sin más.

4. – San Juan recordaba esta parábola y la escribía en su ancianidad con un escalofrío. Una incipiente jerarquía empezaba en la nueva Iglesia y ya se iniciaban las disensiones. “Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Islas” Y Juan temblaba. ¿Llegaría el día en que la nueva Jerarquía merecería la condenación del Buen Pastor?

  • ¿Sabrían dar la vida por las ovejas? Lo hicieron, desde luego, los primeros Papas y muchos obispos y sacerdotes a lo largo de la Historia.
  • ¿Servirían a los demás, o se harían servir?
  • ¿Denunciarían al lobo y al ladrón, o pactarían con él?
  • ¿Amarían a quienes tenían encomendados o se convertirían en funcionarios más

preocupados por papeleos, leyes escritas y horarios que por el verdadero bien de los fieles?

Estas dudas de Juan nos interpelan a vosotros y a mí.

4.- Hoy es la Jornada de Oración por las Vocaciones. Si algunos de los jóvenes que nos leen –o cuando oiga estas consideraciones en el templo—sepa que es una llamada a servir, a dar la vida, a desvivirse, a luchar como el pastor con el cayado y la honda, entre lobos y bandidos.

José María Maruri, S. J.

Pastor de tu pueblo

 

Pastor de tu pueblo,
Tú nos guiaste por mesetas montes y cañadas,
con paciencia, ternura y sabiduría,
como los viejos pastores guían sus rebaños.

Hoy estamos desorientados y sin sueños.
¿Por qué no vienes a estar con nosotros un rato?
¿Por qué no nos sacas de estos apriscos vanos?
¿Por qué sigues sentado en tu trono de nubes?

Andamos errantes por campos agostados
sorbiendo el polvo y nuestro llanto;
nos flaquean el ánimo y las fuerza
y no encontramos un lugar de descanso.

Hemos perdido el horizonte que nos señalaste
y somos víctimas de nuestros miedos,
de nuestros anhelos frustrados en el camino,
de nuestros egoísmos y laberintos diarios.

Pero somos los mismos que sacaste de la esclavitud,
que guiaste y acompañaste por el desierto
y después invitaste a vivir en todos los rincones
y países que tú amas, cuidas y mantienes.

Crecimos como las estrellas del cielo.
Llegamos hasta los confines de la tierra.
Nos hicimos presentes en todos los continentes,
y ahora estamos aletargados, encogidos, con miedo.

Nos dijiste que éramos tu rebaño escogido,
tu pueblo, tu iglesia, tus hermanos…,
y nos hemos convertido en el cachondeo diario
de quienes caminan a nuestro lado.

Tú, que eres buen pastor, con entrañas y corazón…
Tú, que conoces a los tuyos por su nombre…
Tú, que los defiendes de lobos y otros peligros…
Tú, que prometiste darnos vida siempre…

¡Sílbanos tus alegres canciones que motivan,
llévanos por tus caminos preferidos,
condúcenos a los pastos que alimentan
y a las fuentes refrescantes que Tú conoces.

¡Muéstranos tu rostro alegre y luminoso,
como el sol nos ofrece generoso el suyo!
¡Guíanos, en estos tiempos de duda e incertidumbre,
con paciencia, ternura y sabiduría!

¡Reúnenos,
cúranos,
defiéndenos
y danos tu Espíritu!

Florentino Ulibarri