Comentario al evangelio – Viernes III de Pascua

En este tiempo de Pascua vamos escuchando relatos y personajes de los primeros años de la Iglesia naciente. El testimonio de los Apóstoles, los discursos de Pedro, los signos que les acompañaban, la persecución de los judíos, el martirio de Esteban, la actividad misionera de Felipe … La Iglesia iba avanzando, perseguida, pero a la vez asistida por la fuerza del Espíritu del Resucitado.

Hoy escuchamos un nuevo episodio de los sucesos de aquellos primeros tiempos: la conversión de Saulo, el gran perseguidor de los cristianos. El encuentro personal con el Señor, que le sale al paso tirándole del caballo, transforma radicalmente su vida. Conversión radical a una Vida Nueva, provocada por su encuentro en persona con quien nos hace nacer de nuevo, Jesús, el Pan de la Vida. Y así nació Pablo, el gran apóstol de los gentiles. De perseguidor a apóstol.

San Pablo respondió a la llamada de Jesús con un cambio radical de vida, pasando de ser perseguidor de los cristianos a anunciar a Cristo a los gentiles. Es el encuentro con el Señor el que le cambió la vida; también es así en nuestra experiencia como cristianos. Eso sí, de maneras diferentes: ese encuentro puede ser repentino o progresivo, puede ser desde fuera de la fe, o ya participando en alguna comunidad cristiana. Pero siempre la conversión, la escucha de la llamada y el compromiso evangelizador surgen del encuentro personal con Jesús. No hay otro camino: sólo el encuentro con el Señor cambia nuestro corazón y nuestra vida; sólo Él es capaz de hacernos nacer de nuevo, a una vida nueva, y sólo Él es capaz de alimentar esa vida en nosotros …

Necesitamos encontrarnos con Jesús. Todo lo nuevo nace de ese encuentro: la novedad del Reino, y con ella, la novedad de una humanidad justa, pacífica, fraterna y respetuosa con la naturaleza. En Él la vida renace, renovada, plenificada.

Danos siempre de ese Pan…

Javier Goñi

Meditación – Viernes III de Pascua

Hoy es viernes III de Pascua.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 6, 52-59):

En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.

«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros»

Hoy, Jesús hace tres afirmaciones capitales, como son: que se ha de comer la carne del Hijo del hombre y beber su sangre; que si no se comulga no se puede tener vida; y que esta vida es la vida eterna y es la condición para la resurrección (cf. Jn 6,53.58). No hay nada en el Evangelio tan claro, tan rotundo y tan definitivo como estas afirmaciones de Jesús.

No siempre los católicos estamos a la altura de lo que merece la Eucaristía: a veces se pretende “vivir” sin las condiciones de vida señaladas por Jesús y, sin embargo, como ha escrito San Juan Pablo II, «la Eucaristía es un don demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones».

“Comer para vivir”: comer la carne del Hijo del hombre para vivir como el Hijo del hombre. Este comer se llama “comunión”. Es un “comer”, y decimos “comer” para que quede clara la necesidad de la asimilación, de la identificación con Jesús. Se comulga para mantener la unión: para pensar como Él, para hablar como Él, para amar como Él. A los cristianos nos hacía falta la encíclica eucarística de Juan Pablo II, La Iglesia vive de la Eucaristía. Es una encíclica apasionada: es “fuego” porque la Eucaristía es ardiente.

«Vivamente he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer» (Lc 22,15), decía Jesús al atardecer del Jueves Santo. Hemos de recuperar el fervor eucarístico. Ninguna otra religión tiene una iniciativa semejante. Es Dios que baja hasta el corazón del hombre para establecer ahí una relación misteriosa de amor. Y desde ahí se construye la Iglesia y se toma parte en el dinamismo apostólico y eclesial de la Eucaristía. 

Estamos tocando la entraña misma del misterio, como Tomás, que palpaba las heridas de Cristo resucitado. Los cristianos tendremos que revisar nuestra fidelidad al hecho eucarístico, tal como Cristo lo ha revelado y la Iglesia nos lo propone. Y tenemos que volver a vivir la “ternura” hacia la Eucaristía: genuflexiones pausadas y bien hechas, incremento del número de comuniones espirituales… Y, a partir de la Eucaristía, los hombres nos aparecerán sagrados, tal como son. Y les serviremos con una renovada ternura.

Rev. D. Àngel CALDAS i Bosch

Liturgia – Viernes III de Pascua

VIERNES III DE PASCUA, feria

Misa de feria (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio Pascual.

Leccionario: Vol. II

  • Hch 9, 1-20. Ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a los pueblos.
  • Sal 116.Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.
  • Jn 6, 52-59.Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

Antífona de entrada           Ap 5, 12
Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. Aleluya.

Monición de entrada y acto penitencial
Un día más, nos hemos reunidos como comunidad cristiana para celebrar la Eucaristía, presencia viva de Jesús resucitado, que se hace alimento permanente para cuantos queremos seguir su camino. La Pascua nos recuerda siempre el momento en el que, por el Bautismo, empezamos a formar parte de esa comunidad de Cristo y recibimos su Espíritu.

• Tú, que eres nuestra luz y salvación. Señor, ten piedad.
• Tú, que eres la defensa de nuestra vida. Cristo, ten piedad.
• Tú, que nos das el verdadero alimento. Señor, ten piedad.

Oración colecta
DIOS todopoderoso,
concédenos, a los que hemos conocido ya
la gracia de la resurrección del Señor,
resucitar a la vida nueva
por el amor del Espíritu.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
En medio de la alegría de la Pascua, queridos hermanos, oremos a Dios con insistencia para que, del mismo modo que escuchó las preces y súplicas de su Hijo amado, se digne atender nuestras humildes peticiones.

1.- Por la Iglesia, para que sea fortalecida por el triunfo de la resurrección de Cristo, y enriquecida por los dones del Espíritu Santo. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones al ministerio sacerdotal; para que nunca falten pastores a nuestras almas, que puedan gobernar y cuidar el rebaño encomendado a ellos por el buen Pastor. Roguemos al Señor.

3.- Por todo el mundo, para que disfrute verdaderamente de la paz de Cristo. Roguemos al Señor.

4.- Por nuestros hermanos afligidos, para que su tristeza se convierta en un gozo que nadie les pueda arrebatar. Roguemos al Señor.

5.- Por nuestra parroquia (comunidad), para que, con mucha fe, dé testimonio de la resurrección de Cristo. Roguemos al Señor.

Oh Dios, que conoces que la vida de los aquí presentes está sujeta a muchas necesidades, escucha los deseos de los que te suplican y acepta las promesas de los creyentes. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
TE pedimos, Señor,
que, en tu bondad, santifiques estos dones,
aceptes la ofrenda de este sacrificio espiritual
y nos transformes en oblación perenne.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio pascual

Antífona de comunión
El Crucificado resucitó de entre los muertos y nos redimió. Aleluya.

Oración después de la comunión
SEÑOR, después de recibir el don sagrado del sacramento,
te pedimos humildemente
que nos haga crecer en el amor
lo que tu Hijo nos mandó realizar
en memoria suya.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre el pueblo
T
E pedimos, Señor,

que instruyas a tu pueblo con las enseñanzas del cielo,
para que evitando todo lo malo
y siguiendo todo lo bueno,
no merezca tu indignación,
sino tu incesante misericordia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 23 de abril

SAN JORGE, Mártir, Patrono de Inglaterra (¿303? d.C)

La vida de San Jorge se popularizó en Europa durante la Edad Media, en la forma en que la presentó el Beato Jacobo de Vorágine en la “Leyenda Áurea”. William Caxton tradujo dicha obra al inglés y la publicó. En ella se cuenta que San Jorge era un caballero cristiano, originario de Capadocia. Un día en que cabalgaba por la provincia de Lidia, llegó a una ciudad llamada Silene, cerca de la cual había un pantano. Ahí habitaba un dragón “que asolaba toda la región”. La población entera se había reunido para darle muerte pero el aliento de la monstruosa fiera era tan terrible, que nadie se atrevió a acercársele. Para evitar que atacase la ciudad, le arrojaban todos los días algunos corderos; pero cuando se agotaron los animales, hubo que sustituirlos con seres humanos. Las víctimas se escogían por sorteo. Cuando San Jorge llegó a la ciudad, la elección había recaído sobre la hija del rey. Como nadie se prestó para sustituir a la princesa, ésta tuvo que salir al encuentro del dragón, vestida de novia. Pero San Jorge se adelantó hacia la fiera y la atravesó con su lanza. En seguida pidió a la princesa su ceñidor, lo ató al pescuezo del monstruo y lo entregó a la joven quien lo llevó cautivo a la ciudad.

“El dragón siguió a la princesa como un perrito”. El pueblo sobrecogido de temor, se disponía ya a huir, cuando San Jorge dijo que bastaba con que creyesen en Jesucristo y se bautizasen para que el dragón muriese. El rey y sus súbditos aceptaron al punto y el monstruo murió. Hubo que emplear cuatro carros tirados por bueyes para trasportar el cadáver del dragón al pudridero. “Hubo pues, unos veinte mil bautismos, sin contar los de las mujeres y los niños”. El rey ofreció grandes riquezas a San Jorge, quien le pidió que las diese a los pobres. Antes de partir, el santo caballero formuló cuatro deseos: que el rey mantuviese las iglesias, honrase a los sacerdotes, asistiese sin falta a los oficios religiosos y se mostrase compasivo con los pobres.

Por entonces estalló la cruel persecución de Diocleciano y Maximiano. San Jorge, para alentar a los que vacilaban en la fe, empezó a gritar en una plaza pública: “Todos los dioses de los paganos y gentiles son demonios. Mi Dios, que creó los cielos y la tierra, es el verdadero Dios.” Daciano, el preboste, le mandó arrestar. Como no consiguiese moverle con promesas, ordenó a los verdugos que le azotasen y le torturasen con hierros al rojo vivo. Pero Dios curó, durante la noche, las heridas del caballero. Entonces, Daciano ordenó a un mago que prepararse una pócima para envenenar al santo, pero el veneno no hizo su efecto. El mago se convirtió y murió mártir. El tirano intentó después dar muerte a San Jorge, aplastándole entre dos piedras erizadas y sumergiéndole en un caldero de plomo derretido; pero todo fue en vano. Viendo esto, Daciano recurrió nuevamente a las promesas. San Jorge fingió que estaba dispuesto a ofrecer sacrificios a los ídolos. Todo el pueblo se reunió en el templo para presenciar la rendición del osado detractor de los dioses. Pero San Jorge se puso en oración, y al punto bajó del cielo una llama que consumió a los ídolos y a los sacerdotes paganos, y la tierra se abrió para tragarles. La mujer de Daciano, que había presenciado la escena, se convirtió; pero Daciano mandó decapitar al santo. La sentencia se llevó a cabo sin dificultad. Cuando volvía del sitio de la ejecución, Daciano fue consumido por el fuego que bajó del cielo.

Aquí no hemos hecho más que dar una versión bastante sobria de las actas de San Jorge, que se popularizaron desde muy antiguo en Europa en diferentes formas. Notemos que la leyenda del dragón, aunque ocupa un lugar tan prominente, es una adición no anterior al siglo XII. Con ello caen por tierra las hipótesis de quienes presentan la leyenda de San Jorge como una reliquia de la mitología pagana; según dichos autores, San Jorge no era más que otra personificación de Teseo, quien venció al minotauro, o de Hércules, el vencedor de la hidra de Lerena. Todo nos induce, en realidad, a pensar que San Jorge fue verdaderamente un mártir de Dióspolis (es decir, Lida) de Palestina, probablemente anterior a la época de Constantino. Fuera de eso, nada podemos afirmar con certeza. El culto de San Jorge es muy antiguo. Su nombre no aparece en el “Breviario” sirio, pero el Hieronymianum le menciona el 25 de abril y sitúa su martirio en Dióspolis. Los peregrinos del siglo VI al VIII, como Teodosio, el llamado Antonino y Arculfo, dicen que el centro del culto a San Jorge y el sitio donde se hallaban sus reliquias era Lida o Dióspolis. La idea de que San Jorge era originario de Capadocia y de que sus actas habían sido escritas ahí “proviene sin duda alguna de un copista que le confundió con el célebre Jorge de Capadocia, el arriano enemigo de San Atanasio que se apoderó de la sede de Alejandría.” (P. H. Delehayc).

No se sabe exactamente cómo llegó a ser San Jorge patrón de Inglaterra. Ciertamente, su nombre era ya conocido en las Islas Británicas antes de la conquista de los normandos. El “Félire” de Oengus menciona el 23 de abril a “Jorge, sol de victoria, con otros treinta mil”; y el abad Aelfrico narra toda la extravagante leyenda en una homilía en verso. Guillermo de Malmesbury afirma que los santos Jorge y Demetrio, “los caballeros mártires”, lucharon en las filas de los francos en Antioquía, en 1098. En todo caso, es muy probable que los cruzados y especialmente Ricardo I, hayan vuelto del oriente con una idea muy elevada sobre el poder de intercesión de San Jorge. En el sínodo nacional de Oxford de 1222, se incluyó la fiesta de San Jorge entre las festividades menores. En 1415 el arzobispo Chichele la convirtió en una de las principales. En el intervalo, el rey Eduardo III había fundado la Orden de la Charretera, de la que San Jorge ha sido siempre el patrón. En los siglos XVII y XVIII, basta 1778, la fiesta de San Jorge era de obligación en Inglaterra. El Papa Benedicto XIV nombró al santo Protector de Inglaterra.

En 1960 la Sagrada Congregación de Ritos suprimió del calendario la fiesta de San Jorge.

Existen muchas recensiones de las pretendidas Actas de San Jorge, no sólo en griego y en latín, sino en sirio, copto, armenio y etíope. Dichas recensiones presentan considerables variantes. Acerca de esos textos ver K. Krumbacher, Der heilige Georg, en Abhandlungen der K. bayerischen Akademie, vol. XXV, n. 3. Probablemente la más importante entre las numerosísimas obras sobre San Jorge es la de H. Delehaye, Les légendes grecques des saints militaires (1909), pp. 45-76, e n cuyas notas se encontrarán múltiples referencias bibliográficas. Sir E. A . Wallis Budge publicó un volumen sobre los manuscritos etíopes, con el título de St George of Lydda (1930). Acerca de los aspectos más populares de la vida del santo, cf. G.F.Hill, St Georgethe Martyr (1915) y G. J. Marcus, SaintGeorge of England (1929). En la Catholic Encydopaedia, vol. vi, hay un excelente artículo del P. Thurston.

Alban Butler

Laudes – Viernes III de Pascua

LAUDES

VIERNES III DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

La bella flor que en el suelo
plantada se vio marchita
ya toma, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo.

De tierra estuvo cubierto,
pero no fructificó
del todo, hasta que quedó
en un árbol seco injerto.
Y, aunque a los ojos del suelo
se puso después marchita,
ya toma, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo.

Toda es de flores la fiesta,
flores de finos olores,
mas no se irá todo en flores,
porque flor de fruto es ésta.
Y, mientras su Iglesia grita
mendigando algún consuelo,
ya toma, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo.

Que nadie se sienta muerto
cuando resucita Dios,
que, si el barco llega al puerto,
llegamos junto con vos.
Hoy la cristiandad se quita
sus vestiduras de duelo.
Ya torna, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo. Amén.

SALMO 50: MISERICORDIA, DIOS MÍO

Ant. Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado. Aleluya.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

¡Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío!
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado. Aleluya.

CÁNTICO de JEREMÍAS: LAMENTACIÓN DEL PUEBLO EN TIEMPO DE HAMBRE Y GUERRA

Ant. Cristo, cargado con nuestros pecados, subió al leño. Aleluya.

Mis ojos se deshacen en lágrimas,
día y noche no cesan:
por la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo,
una herida de fuertes dolores.

Salgo al campo: muertos a espada;
entro en la ciudad: desfallecidos de hambre;
tanto el profeta como el sacerdote
vagan sin sentido por el país.

¿Por qué has rechazado del todo a Judá?
¿Tiene asco tu garganta de Sión?
¿Por qué nos has herido sin remedio?
Se espera la paz y no hay bienestar,
al tiempo de la cura sucede la turbación.

Señor, reconocemos nuestra impiedad,
la culpa de nuestros padres,
porque pecamos contra ti.

No nos rechaces nuestra impiedad,
la culpa de nuestros padres,
porque pecamos contra ti.

No nos rechaces, por tu nombre,
no desprestigies tu trono glorioso;
recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cristo, cargado con nuestros pecados, subió al leño. Aleluya.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Ant. Entrad a la presencia del Señor con vítores. Aleluya.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Entrad a la presencia del Señor con vítores. Aleluya.

LECTURA: Hch 5, 30-32

El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios los exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R/ El que por nosotros colgó del madero.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Aleluya.

PRECES

Dirijamos nuestra oración a Dios Padre, que por la resurrección de Jesucristo nos ha dado vida nueva, y digámosle:

Ilumínanos, Señor, con la claridad de Jesucristo.

Señor, tú que nos has revelado tu plan de salvación proyectado desde antes de la creación del mundo y eres fiel en todas tus promesas,
— escucha con amor nuestras plegarias.

Purifícanos con tu verdad y encamina nuestros pasos por la sendas de la santidad,
— para que obremos siempre el bien según tu agrado.

Ilumina tu rostro sobre nosotros,
— para que, libres de todo mal, nos saciemos con los bienes de tu casa.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que por Cristo nos reconciliaste contigo,
— danos la paz a nosotros y a todos los hombres del mundo.

Digamos ahora, todos juntos, la oración que nos enseñó el mismo Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, concédenos, a los que hemos conocido ya la gracia de la resurrección del Señor, resucitar a la vida nueva por el amor del Espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.